CARLOS APREA: La intemperie y otros poemas

La intemperie

La dispersión
(1981-1994)

_____
la palabra perdida

si nos hace falta
tanto tiempo
para decir/decirnos
la palabra verdadera,
la palabra que cura,

si nos hace falta
tanto
solidaridad
compañía
descanso
ganas

si nos hace falta
decir
las palabras únicas,
las tan nuestras,
la palabra enjaulada,
la temerosa
que ronda el laberinto izquierdo
y no acierta a salir
al sol o a la sombra de los demás

si nos hace falta tanto la verdad,
por mas dura que sea,
habrá que ver el miedo de los años
disfrazado
de humanidad,
buenos modales,
humor y suficiencia

si nos hace falta,
tanto
habrá que ver el miedo
propio y ajeno,
acorralarlo
y tirarle a matar,
con el amor más certero que tengamos
con la sed más honda que aún nos quede

después...
después vendrá la esperanza.


_____
también vivimos

de recuerdos,
de evocaciones,
también vivimos

en la playa desolada,
desguarnecidos,
llamando inútilmente
en la tempestad,
también vivimos

la marea baja lenta
y se vislumbran
manchas,
basuras,
restos
sobre la playa,
caminamos
sobre la anatomía descuartizada
de la derrota,
aún son tenues los llamados,
tenues y temerosos,
un horizonte en brumas,
así
también vivimos

entre ceremonias de exhumación
y primaveras
esta nueva estación
y sus milagros
de horas dilatadas,
de reencuentros,
de homenajes tardíos y delirios,
del sabor amargo de la nada
y el hambre
de lo imposible,
y la fe y los rencores,
también vivimos.

_____
Uno

Uno sabe que tiene un lado amargo
que no cambiará más
y Uno sigue,
algo como echado a perder,
podrido,
el costado desgraciado de la historia.
Y es cierto que la vida continúa,
y que Uno sabe qué calla, qué distrae,
en cada acto personal, en cada cruce.

Pintado de bufón sale a la calle
esquivando fantasmas
y encuentra una ciudad con el rostro velado
que como Uno, calla, como Uno, distrae,
los fantasmas de todos en esquinas amargas.
Uno sale
pues tiene tiempo también para los juegos,
los divertimentos,
los maravillosos soles del espíritu...
pobre Uno,
puro engaño:
entre la luz hermosa
del día en que se siente
serenamente Uno,
permanece
agazapado
el dolor,
gritará una vez más
y con su voz,
Uno y la ciudad
deberán seguir.

_____
El rescate

Cavó en su jardín
de malvones y rosas,
por días y días,
y la tierra negra
cubrió todo perfume, todo color.

Cavó en su patio solariego,
después de levantar
baldosa por baldosa,
en días y más días.

cavó cuarto por cuarto
su casa entera
durante meses,
y cada palmo de su casa,
naufragó en un mar de humus.

colo se le escuchaba murmurar,
de tanto en tanto:
“no era aquí... no era aquí... "
y seguía cavando.

_____
El exilio que sigue

Perdió pié en tierra firme,
se va corriente abajo.
¿detrás de qué?

está en un pozo,
resguardado.
¿oculto de quién?

ahora que sobran espectáculos,
neón y lentejuelas,
y lentamente la modernidad se impone,
tarde ya
(es cierto),
como un clasicismo,
tarde pero infalible,

ordenando espacios,
nuevas formalidades
y un gesto liberal leve y cínico
inaugurando desparpajos huecos,
meticulosamente estudiados
para el efecto preciso y contundente
en el Mercado

corriente abajo
oculto,
ensimismado,
abroquelado en la familia
sin confiar demasiado en las familias,
nutre también,
meticulosamente,
su propio silencio
para no devaluar mas las palabras,
desarmando,
meticulosamente,
máscaras, espejos, laberintos
y dolorosas ilusiones

corriente abajo,
oculto,
ensimismado,
buscando rostros verdaderos
que escuchen su silencio,
repite para sí, meticulosamente:
hay que empezar a hablar todo de nuevo…
hay que empezar a hablar todo de nuevo.

_____
Los puentes

tendidos
entre la soledad y la alegría,
entre el mañana neblinoso
y el presente cautivo,
no esperan otra cosa
que seguir uniendo
orillas lejanas.

en el mapa escondido del mundo,
las líneas firmes
de sus brazos extendidos
dibujan una red fortísima.

ella nos sostiene en la vida.

_____
Perdido

ni asombro
ni fervor,
solo monotonía,
ausencia de sentido,
soledad en un cuerpo
extraño y mudo,
atraviesa impasible
todos los lugares,
todas las emociones.

la ruta de sus días
hace mucho tiempo
naufragó en su corazón.

_____
Orillas del Quequén
(a Toto Casado, in memoriam)

La fuerza del agua y los años
han moldeado las orillas paralelas,
el movimiento dibuja su persistencia
sobre la llanura quieta.

Sobre los ojos, clavados en el agua,
algo quiere desvanecerse, lavarse, desaparecer...
Rocas entre rápidos, mojones
que el agua tardará en socavar.

Voces que en el rumor del agua
no callan, no se dispersan ni disuelven...

“...fue el despido injusto, vengativo...”;
“ ...la suma de cuentas sin pagar...”;
“...los amores fugaces, complicados...”;
“...los dos hermanos desaparecidos...”;
“...la muerte del padre, tan lejos...”;
“...la madre, taciturna, inexpugnable...”

Exhumación y desfile de miserias
frente a un cuerpo inerte,
una roca extraña en el lecho del río
que nunca contará su historia...

¿Pero qué hemos hecho de la historia?
¿Un asunto cerrado?,
¿un juego individual donde se gastan
las fichas prefijadas del azar?.
¿Qué hemos hecho de la vida?
¿Un mísero terreno irrespirable
donde repasamos en silencio
las mil conjugaciones del olvido?

Sobre el agua pasa un bote
y en el bote,
un hombre rema contra la corriente.
Se nota que lo ha hecho antes,
que han sabido enseñarle. Impasible,
cruza mi mirada y sigue.
Los remos se hunden, una y otra vez,
con calma, con firmeza.

Las voces languidecen,
la roca se oculta con el limo removido,
una brisa del mar seca mi rostro.
El río sigue su curso, indiferente.

_____
Estaciones de Pedro

Verano

ese instante,
cuando las sienes ardían
y los ojos se encandilaban
desnudos,
como mirando el inmenso mar
por primera vez,
el mar inmenso
del cuerpo amado.

Otoño

algo comenzó a caer en él,
dejando apenas
rastros exteriores,
todos cuidan las maneras,
miran y no dicen nada,
mientras crece la pérdida
y él se siente perdido.

Invierno

como parientes de su misma sangre,
el frío y la humedad lo abrazan
y él abre sus costados,
cierra los ojos,
ignora sus temblores
y sigue levantando la casa de otros.

Primavera

escucha los sonidos de la multitud,
busca esos ojos,
iluminados.
le sube el calor a la cabeza
y abraza,
abraza enteramente el aire mudo
y no para de hablar,
de hacer planes y cuentas.


_____
La ficción y la historia

en el ahora,
cuando los amaneceres
parecen
definitivamente grises
y solo el ocaso es rojo
y uno se recluye,
casi solo,
a recordar o reconstruir viejas historias,
con héroes o antiaéreos,
y malvados reconocibles y traidores
(como antaño,
cuando lo predecible de éste mundo
apuntalaba nuestra fe
y se alimentaba de ella ferozmente);

en el ahora,
en noches como ahora,
casi solo,
retomo el juego amargo
de cerrar los ojos
y dibujar
cariñosamente,
el rostro
de los muertos,
casi en vano, de mi generación;

cuando el sol despunte
y la bruma se haya ido,
mirando los ojos de mi hija
contaré una historia,
con héroes y antihéroes,
y malvados reconocibles y traidores.

pero le cambiaré el final,
tiene derecho a la esperanza.


_____
Mediodía
(a Ricardo Herrera)

está servido el vino, tibio el pan,
y el mantel impecablemente blanco,
cruzamos las miradas
y el río de los años
y el mar de la distancia desaparece:
estás por un momento frente a mí

hemos visto un país de sirenas frenéticas
y de rostros desencajados por la angustia,
el terror blanqueando muros y organizando
el miedo,
hemos asistido mudos a la lenta agonía
de las palabras más bellas y más nuestras,
hemos usado el disfraz de los idiotas
para salvar el pellejo,
y nadie hoy puede asegurar que salimos
indemnes,
hemos compartido oráculos, alcoholes
y cigarros dudosos
esperando que amaine el temporal,
rumiando a solas una historia que no pudo
ser,
pasaron años, se fue la juventud
con la voz de Violeta y un candombe
uruguayo,
sin poder decir lo que hacía falta,
sin poder saber cuántas verdades
y cuantas mentiras nos pertenecían,
el único tesoro fue obstinarse en cuidar
un espejo verdadero en la memoria,

así cumplimos la helada travesía
de buscar desde la nada las certezas

y aquí contigo tan presente, amigo mío,
saboreo la comida y me doy cuenta
que nos hemos criado a mucho amor,
en esos arrabales despreciados por todos,
y el mundo nos ha correspondido
con el desprecio al niño que aún habita
en nosotros,
trozo el pan y siento melancolías,
pienso en aquellos que vendrán
para decirnos
que este no es el tiempo de los vencidos,
que todo lo pasado es un mal sueño
y merece el pozo negro del olvido,
me basta que tu corazón siga latiendo
dondequiera que estés,
para saber que es imposible creerlo,
tomo el vaso de vino y vos me hablas,
me hablas con esa forma de llegar,
sonriendo
un sol sereno brilla en tus pupilas
y el vino empuja la luz de tus palabras:
"no importan la certezas, no importa el precio
injusto por la vida, ni la exacta verdad de lo vivido,
si el recuerdo de los mejores días
sigue entibiando nuestro corazón”.


_____
La intemperie y otros poemas (1995/1999)

Oh, vida, da a los vivos, si es tiempo aún,
un poco de tu buen sentido sutil sin la vanidad que abusa,
Y por encima de todo, quizá dales
La certidumbrede que no eres tan accidental
Ni privada de remordimientos como se dice.
La flecha es horrorosa, el garfio sí.

René Char

_____
la intemperie desbordante

todas las llagas, la sangre,
los párpados huyendo de la hiriente luz,
las viseras ante el horror primordial:
el vacío, la separación, el frío,

la memoria del principio de las cosas
es el peso de la carne, de la propia carne,
“en el principio fue el dolor”
un sobrevuelo a ras de tierra,
imposible ascensión con tales contrapesos,

solo la fiebre eleva mientras consume
y despliega el mapa de la intemperie rebosante,
se desenrolla la columna Schwitters
arrastrada por el pedaleo de un niño oscuro
sobre un triciclo oxidado y el viento niño
enloquece al gallo de la veleta,

ruta,
perdida hacia el extraño destino de lo sin valor,
lo abandonado entero,
“es infinita esta riqueza ...”,
leucocitos, plaquetas, bosta, humus,
huesos de perro y sus ladridos
bajo las tres ruedas mínimas,
gritos de teros , batir de ramas de eucaliptos ,
aire cargado de eucaliptos sobre el primus,

el camino de escarchas y la línea del agua congelada,
“mantener las manos sumergidas en el agua helada
para conocer el dolor,
para aprender a soportar el dolor”,
el frío es la ausencia del calor, el calor no abunda,
el Universo es frío, abrigarse es acercarse al calor,

el pedaleo incesante alrededor del fuego de San Juan,
de San Pedro, de San Pablo, de todas las hogueras
de todos los santos condenados sin ropas y sin nombres,
el crepitar de ramas
ramas de siempreverde, de ligustro, de paraíso,


el camino de hojas, lajas, latas, a los confines del palomar
y alrededor de la niña desnuda y el ojo vertical
que atrae como imán,
y las compresas, el untisal, pan mojado en leche
y hojas de coliflor, las camas paralelas y los palillos giratorios
del respaldo, gimiendo, como Ella al arder la carne quemada,
electrificada, “niño, mi niño, vendrás en primavera”, “ven al encuentro de la primavera”, “...la primavera volverá, tu florece...”,

el ciruelo serruchado, las ramas taladradas por los gusanos,
los brazos excoriados, pustulosos, por los gusanos,
golondrinas en las axilas, sabañones en las orejas:
escuchar es dejarse llevar, como un pájaro;
el pedaleo incesante entre los tímpanos, fugas sonoras
“primero hay que saber partir”;
la Danza del Fuego y el ardor entre las piernas, sobre las piernas de
la niña: “tocá, tocá” y la carne enmudecida
la espada del Arcángel amenaza con su fuego frío,
las estampitas, el misal, el brazalete de primera comunión
manchado de chocolate, sobre el barro oscuro marcan la señal:
el camino esta lleno de peligros,
“¿para qué andar, si no llegaremos mas que al mismo sitio?”,

la carcajada de la niña, los dientes sanos,
la lengua nueva, “tocá, tocá”, los dientes inmensos
del compañero indoblegable, “saltá, saltá”,
abajo el agua verde, gelatina podrida, la sangre de las zanjas
o saltar, saltar, escapar a un pinar donde hay un dios
encerrado en una piedra que ilumina otros dientes, otras piernas
y la sangre late, salta, toca,

dale abrigo, dale refugio, date revancha,
que venga el fuego y el fuego arde en el centro del mapa
como bonanza y el banjo y el tambor resuenan bajo los
pies que andan como rey por la calle ultima del ultimo suburbio
de la ultima ciudad del mundo,
donde comenzara el Gran Fuego de la revolución,
donde los hombres
resguardaron, murmuraron y gritaron el nombre del Gran Ausente,
“y un solo, y un solo corazón” y conservaron su sombra
y prepararon su llegada con fósforos en las manos,
“se escucharan las grandes campanadas,
los muertos serán liberados y avanzaran con nosotros hasta la victoria”,


pedalear empujado por el viento embriagador,
el cielo cubierto de estrellas rojas hace de la noche
un incesante amanecer, y el perfil de lenin, y el índice de trotsky,
constelaciones del futuro inminente,
y los prendedores de guevara en la solapa de la burguesa en el casino, la sonrisa burlona del abuelo marx, el cuello de mao
multiplicado como los libros rojos
por cardin, saint lorent, balenciaga...

el cielo era un pobre tapiz urdido a mano,
por generaciones,
ocultando la noche verdadera,
arrancado y deshecho, apenas se adivina entre el lodo
de los borceguies,

las tres ruedas resbalan en el río de fango, estiércol, sangre,
los gorriones llevaron las semillas furtivas, crecer es fruto de la dispersión, de otra tierra, otro cielo, otros silencios y esperas,
“hiciste bien en partir Arthur Rimbaud”,
errar por el lecho helado de un mar que se seco,
confiar en el recuerdo del abrigo ausente sin esperanza alguna,
y escapar a la jauría de manos que emergen de la sombra,
sin rumbo , manos recordadas, manos que acariciaron, que alzaron copas, que abrigaron otras manos, torsos, muslos, nucas, desesperanzas, que tomaron ladrillos, palas, herramientas, válvulas,
cigarros, gatillos, cuerdas, y sintieron la fiebre entre los dedos,
ahogar el viento de los gritos, lamentaciones, carcajadas del
siniestro
humano, sirenas del naufragio travestido de conmiseración,
abroquelarse y pedalear, las rodillas heladas, los pies en carne viva,
desencajarse con las agujas de la autoironia,
“es el mal bailarín el que se queja de la pendiente de la colina”,

pedalear, sin tierra firme a la vista,
alentado por el camarada insustituible
que escribe absurdas cartas desde el otro lado del mar,
“sentir que veinte años no es nada”,
nada mas que un peligro y un agujero que crece en el alma, sentir
otros vientos murmurar, el viento davis ,el viento parker,
perseguidor, empujador, entibiador,

desentender la palabra apenas dicha, apenas
susurrada, apenas libre pero única ligazón, única señal en el camino,
entre tanto silencio de la salud de los enfermos,
viento de alcoholes, bronces ensordinados,
el llamado de la distancia, la huida,
y caballos, y el sur,
sur ausencia,
sur sol,
sur resolana sobre las ruedas del triciclo volador,
sacha puma, sacha guitarra en tamel aike,
bandoneón, vino espeso y barato en las gargantas secas
por el polvo de los volcanes,
las comparsas de esquila en su huir arrastran todo dolor,
en una nube suspendida de aguardiente, guitarras, carcajadas,
el alma huye tras el reguero de vida, el cuerpo queda plantado,
árbol torcido señalando el este oscuro de las ciudades,

esquiladores, cosechadores, recolectores de frutas,
otras aves esparciendo simiente desde el sudor,
el fervor del músculo y la miseria y la desconocida riqueza,
esperma derramado en hembras de granito y liquen,
sin voz, sin reparo, intemperie de la desolación, mojones del camino, “vivaqueando el sol, y no tenían nada que ponerse”,
“la esperma derramada no será traicionada” ,criaran hijos que huirán
perseguidos por el recuerdo de la nube suspendida, la heredad y el hambre,
río senguer, gregores, río mayo, cordillera perdida,
mar de las piedras rodadas como el corazón que huye,
cementerio de corazones tehuelches en la meseta derrumbada,
cuarzo, berilio, basalto, el oro de los tontos cegando
las manos congeladas en la piedra,

pedalear siguiendo el galope del caballo baquiano,
animarse en el laberinto embriagador de las ciudades,
el sexo erecto apretado en las grupas, sirena muda llamando
al esplendor de otros muslos, otros senos,
golpeados, casi inmóviles en sus propias jaulas,
jaulas que se entreabren, que ofrecen claves y combinaciones
al solicitante licencioso y paciente, que ofrecen trueque de calor,
olores, tactos y fluidos y vuelven a cerrarse a la espera de otro
descifrador,


la condena del hígado de prometeo, “por probar el vino y el agua salada”,
seguir el rastro de una naranja de ruta impredecible y
entibiecer la espalda helada, la carne entumecida, con el reflejo del sol
a través de las ventanas, peregrinar hasta el viñedo perdido
a rescatar el ultimo vino y saludar al otoño borracho,

pedalear con las herramientas del cerrajero y desarmar la jaula,
barrote tras barrote, menos uno, soldado a la carne como señal de
pertenencia, demasiado golpeados por la historia como para no desear que la historia termine y el descanso, relajación, calmantes,
calma, el vaivén del oleaje, calma,
el canto de los benteveos, calma,
la gran V de las migraciones sobre el cielo , porcelana azul, calma,
el sol recién nacido, calma,
el florecimiento de un diente de león, calma,
calma el vino carmesí,
calma entonar una canción perdida,
criar hijos, aprender a amarlos, calma,
calma llorar, reír, freír cebolla con orégano fresco, calma,
calma ver crecer el verde luminoso sobre el lecho del mar que se
secó,

sin embargo la fiebre, el enigma de las rosas de cobre,
el calor presentido, agazapado entre la yema de los dedos,
en los ojos infinitos del camarada insustituible,
“trayendo a casa, todo aquel fulgor”,
saber que empuja al viento adormecido, aliento de lo humano mas humano que empuja otra veletas, y los boletos, los pasajes, los pasaportes de todas las travesías,
el espiral de los viajes inútiles
sobre el mapa, las huellas al borde de los abismos,
la selva de las palabras, ajenas como el dinero,
y cargar el machete y a la carga motorizado en las tres ruedas
y abrir un surco apenas perdurable, aunque giman los queridos sustantivos,
y perseguir al huidizo perfume de las palabras amadas, las que rondando corazón, abriendo los sentidos, curan,
y pedalear, pedalear sobre el plano, sobrevolando alturas, montes suaves, y vislumbrar estremecido al propio rostro de uno
bosquejado
en el mapa de la intemperie desbordante.


_____
el cielo clausurado

en la edad de la mecánica
la historia desafiaba la gravedad,
como antes enfrentó la física del Cielo,
“eppur si muove” resquebraja los palacios;

la historia como máquina perfecta,
indestructible, inacabable en su devenir,
“hay otros mundos pero están en este”,
máquina del deseo inmensurable
alimentada por la sangre de generaciones,
por el sueño y el desvelo de generaciones,

nadie recuerda el rumor de sus motores,
ni a sus maquinistas ni a sus ingenieros,
nadie mide el transcurrir de sus revoluciones
salvo en la resaca de alguna pesadilla,
“el peso de las generaciones muertas...”

el presente es un nadador encerrado en una charca,
un cardumen de pececitos aturdidos en la pecera,
un viejo topo aletargado y vacilante,
una riff estridente colgado al infinito
en una soga de ropa,
velocidades y fashion a cegar los sentidos
en el paisaje muerto a las sorpresas y revelaciones
del trabajo humano,
¿trabajo humano? ¿qué trabajo humano?,
paisaje que escamotea el dolor tras el brillo
de las mercancías más diversas del mundo,

solo chispazos, esquirlas, devaneos de pobrecitos,
invocación de amaneceres dibujados en la arena,
quisieran incendiarlo todo con el fuego inclemente
de sus ojos jóvenes,
ojos paridos en rencores ajenos,
ojos que quisieran vengar,
que barrer quisieran todo dolor y todo olvido,

ojos como candelas anhelantes
y que el calor
despierte a la parturienta y una nueva historia se eche a andar,
como quien rasga una guitarra antigua
o frota una lámpara en el basural y espera,


ojos que se abren y sienten al mundo recién nacido
y se sienten con la edad de ese mundo nuevo,
y sienten en su aire y su rumor
el eco de los sueños que creen nuevos y suyos
y son los sueños de todas las generaciones que nos precedieron,
negados, clandestinos, disfrazados de insensatez o desatino,
pero vivos,
perseguidos por las malas y las buenas conciencias,
pero vivos,
analizados, desmenuzados, viviseccionados
por todos los poderes constituidos,
pero vivos,

un pequeño legado,
una pesada carga invisible y seductora,
una canción desconocida que nos resulta extrañamente familiar,

apenas la entonamos
el horizonte marcha y nosotros con él.


_____
la sequía

después de los grandes incendios
la sequía
solo el rencor conserva humedades, cactus
solitario en los altiplanos de la desmemoria;

cactus somos, mareados por el resplandor,
inhabilitados para ver las sombras por las luces vigilantes del progreso,
los mismos wats en auschwitz y en el shoping
“el ocio dignifica” brilla el neón en los palacios del consumo;

cactus entre objetos del deseo mas breve, al acecho
en laberintos de cemento, vidrio, acero,
falsas fieras que esconden bajo el envase de la fascinación
toda la miseria de su origen,
toda la miseria de su destino,
oh jorge luís, en que se convirtieron las alquimias de la rosa!
papeles amarillentos guardan el breve aleteo de la razón
sobre el cielo de occidente,
el que persiga su vuelo queda en sombras y con irremediable
sed, pero le consuela , al menos el recuerdo de una humedad desconocida;

un sol mecánico multiplica las antiguas pesadillas de la noche
y las trueca en paisajes del juego de perderse, del juego de encerrarse,
del juego de mirarse , del juego de ser copia de otra copia de otra copia;

un rayo perfecto cae sobre el paisaje de lo cotidiano
todo brilla sin mácula y sin perspectiva
la vida es una pantalla virtual,
holograma perfecto que nos integra y multiplica,
fina arena catódica, erosionando lentamente los ojos
de todo aquel que mire y quiera ver,
civilizarse es perder los ojos,
o cambiarlos por otra visión,
otra identidad de lo humano,
que siempre escamotea el viejo origen de la energía;

las promesas de igualdad clonal,
la fraternidad de los replicantes,
la libertad como un tour a crédito eterno,
la revolución permanente de lo efímero,
apetito insaciable por cadenas mas fuertes,
alarmas para no olvidar el menú fijo de la visión,
la pasión en cuotas, la adrenalina dosificada,
la sensualidad high-tech del dato ultimo,



temporales de arena,
las pantallas parecen invadir toda humedad vital
y secarla,
nada lubrica, nada humecta en uno,
arrastrados hacia el ojo del huracán
por una infinita corriente de electrones
todo cuerpo es una mera alternancia binaria
un dato mas en la corriente,
arena en un arenal,

la vida
lo que hemos llamado vida tanto tiempo,
huye como la nubecita única en el cielo perfecto,
afuera en el descampado, cactus
otros, extraños, oscuros, miran las señales,
las sonrisas de dientes perfectos de la modernidad,
sudan
moquean
lloran soledades ancestrales,
hijos de hijos de hijos de la pobreza y de los sueños evaporados
cactus espinosos
juntan humedades,
sin saber
sin poder
sin entender
y la humedad se eleva invisible como un rezo,

no llueve aun,
no llueve,

pero lloverá.


_____
el miedo

palpitaciones,
temblores,
acompañan el cruce de los días,
un nadar silencioso en las aguas del Leteo,
y ladran perros rabiosos en la orilla del alma,
perros rabiosos en el alma,

y hay quienes no se cansan de humillarse,
y hay quienes no se cansan de humillarse
implorando por lo que les pertenece,
se hunden, mansos, con sangre en las mejillas,
sangre en las dos mejillas y en las manos silencio,
mortales que no oyen ningún grito sagrado
chapotean en un mar de sargazos, aguavivas,
venenos industriales,

desconocidos de si mismos,
sin una gota de fe
ni una gota de sed,
sin un gramo de esperanza secándose al sol,
sin sol o sin algo que parezca el sol,
sin labor del minuto ni prodigio del año,

“como quien se hunde en la noche
para buscar el fin de su propia noche,
y pierde el camino,
pierde el camino y el buscar”,

lo inadmisible,
lo indescifrable,
acecha los sentidos y los nubla,
resaca de pesadillas, niebla
envenenada en las llanuras del país,

¿qué nos ha quemado,
qué dejó tanto humo gris, tanto mareo,
tanta clausura de vida?,
silencio
silencio en la noche y con un buen calmante
el músculo duerme , etc., etc.


solo la pequeña voz:
“libérate y arde”,
“libérate y arde” y alumbrarás,


la noche de quien no quiere abrir los ojos
también esta poblada de fantasmas,
¿olvidar todo para soñarlo todo?
después del miedo, el territorio
continúa
y la vida también.


_____
los perdedores
(a Pancho)

gozosa herida,
insistencia absurda de golpearse y golpearse
con la misma miseria los oídos,
noble madera carcomida, herrumbre de los años,
persistencia,
canción cortada por el hacha de un carnicero
viva en sus pedazos,
crece en tiempo de descuento,
cuando la edad comienza a ser una amenaza,
crece
una música tatuada en las entrañas,
para que la clasifiquen los imbéciles
y le teman los traidores,
y los asesinos sepan que nunca descansarán
y aunque sea
les sirva de condena,

no hay llanto tan feroz,
ni dolor tanto,
melodía embrujada que nos arrimas al borde aquel
de la derrota,
y nos empujas seductora a ese otro lado donde todo calla
para siempre,

quizá no fuimos fieles a patrones o ejemplos,
quizá el azar marcó de canto una baraja mala
y nos dejo sin falta ni resto,
o tal vez temblamos mas de lo que el tiempo exige
a los verdaderos triunfadores,
y perdimos el fiel, el equilibrio, la mesura,
el cinismo de los escaladores,
y la alegría de los exitosos sin culpa y sin memoria,

pero aun nos conmueve
una “esperanza absurda , que es toda la fortuna...”,
melodía embrujada,
sirenita,
te reís de nosotros que no queremos cera en los oídos,
aunque tu canto convoque los dolores mas hondos,
y persistimos en hacer el viaje
atados al palo mayor,
sin brújula ni timón, sin cartas ni astrolabios,
sin marea ni mar,
despidiendo a los muertos que mueren todavía,
sin llegar a saber
si la nave parte, si sube la marea,
atados al palo mayor, de una nave varada y descompuesta,

no hay otra cosa que sea tan inútil
no hay otra cosa que nos importe tanto.


_____
la alegría
(a Pucho Contreras)

desde las alturas de la infancia,
desde la música de los Cuatro Elementos,
grito, arrebol, viento en el rostro,
sobresalto y sorpresa,
la vida que se esfuerza en ser más ancha que la pena,

entre tanta ingeniería de lo obvio,
tantas estrategias de la miseria,
buscamos reparar los viejos puentes
por donde escaparemos del pantano,

hijos de un mar de mieses, indescifrable y falso,
laberinto de historia escamoteada en los rastrojos,
a estribor nos empujaron como vacas
para entregarnos a los matarifes,
y después, la papilla de la resignación
en los manteles rotos de la europa emigrante,

ya no se puede,
sin embargo,
ya no se puede olvidar lo que nos ha colmado;
aunque duerman en el abismo de la ausencia
“timbres de la primera poesía de la vida”,
estatuas de sal,
naves espléndidas, hundidas por el canto de las sirenas,
y el mapa exacto del paraíso,

todo el que pierde espera una revancha,
“todo el que espera sabe que la victoria es suya”
y lucha para tener a raya a los tres cancerberos:
Venganza, Olvido, Justificación,
y en esa lucha corre el riesgo
de convertirse en luna de un planeta de escorias,

solo y solo soledad
monólogo de una voz que sin embargo sigue viva:
“alguien te rescatará, alguien te rescatará”,
grito, arrebol, viento en el rostro,
ese sobresalto de las horas,
esa sorpresa del otro en la mirada,
las perlas de la risa en los labios amados,
el oro musical de las palabras
en la boca del amigo,
el pez dorado y escurridizo en el anzuelo del amigo,
paciente pescador que ríe y con su risa ilumina el mundo,

salir con el sol en los bolsillos,
moneda de fuego que guardamos amorosamente
como único legado,
buscarse entre la niebla y la tormenta,
“errante en las sombras”
embarcarse en la noche como un fugitivo,
y perderse,
desviar los pasos cotidianos sin objeto aparente,
nos reencontraremos,
nos reencontraremos en el lugar donde acaban
todas las pérdidas, todas las desgracias y los olvidos,
en el lugar más inhóspito y absurdo,
para abrazarnos el alma y ver el rostro
de la felicidad prohibida


_____
el umbral
(a Beto Bozza)

nacidos en la mitad de un siglo que se acaba,
sin pompa y circunspecto,
cruzaremos sin grandes esperanzas
el umbral del milenio,
mas en las pobres alforjas llevaremos
el recuerdo de un mundo no nacido,
como un ajado mapa del tesoro de todos,
y algunas presencias imborrables
en el rincón más puro que aún nos queda,
como único legado,

en la asunción de la pobreza de estos días,
y en esta soledad reconcentrados,
somos testigos aún de la Belleza,
todavía indomable, todavía cruelmente seductora,
somos testigos de insobornables dignidades,
somos testigos de heroísmos mudos,
somos testigos de los que insisten con vivir,
mas allá del desprecio y el cálculo perfecto
que los da por muertos irremediablemente,

no han podido clausurarnos los ojos
ni tapiarnos los oídos,
nos han emputecido la palabra,
y nos empujan unos contra otros
para contabilizarnos y tenernos a tiro
ante cualquier eventual cambio de rumbo,

por eso desconfiamos de la fácil alegría,
estamos duchos en detectar a los imbéciles
que por cuatro monedas son bufones del rey,
y por eso callamos y nos cuesta la risa,

pero también gozamos todavía
porque el camino es infinito y
todavía hay un encuentro inesperado,
todavía nos estamos descubriendo,
todavía nos estamos conociendo
y todavía seguiremos festejando
el solo y simple hecho de estar vivos.

_____
la esperanza

no el lugar de la quietud,
no,
no la melancolía por la luz que se va,
no es lo que se cae, se acaba o se termina,
no lo que recordamos con dolor o alegría,
no,
solo lo que parece moverse allá,
en la sombra, en la incertidumbre, en la sospecha,
adelante de nuestros días y nuestras narices,
lo que no sabemos si nace dentro o fuera
de nosotros,
si no existiera el mar cambiante,
si no existiera el viento y sus rumores,
si no existiera el movimiento libre
de las aguas y el aire,
lo inventaríamos,
lo inventaríamos,
como inventamos amores y amistades,
y festejos y vestido y música y comida,
como inventamos la preciosa compañía
de nuestros semejantes,
como inventamos las artes y el dinero,
como inventamos el trueque y el trabajo,
el dar las gracias y el desamor,
un soplo,
una palabra absurda,
un ademán sin sentido ninguno,
para despertar al tiempo,
lo inventaríamos,
como inventamos un sentido
y llenamos con él
la espera más amarga,
y mientras esperamos,
andamos con el rumor del viento,
la frescura del mar
y la amenaza de las tempestades,
reales o inventadas por otros semejantes,
que han andado el camino que nosotros seguimos,
entonces no hay engaño,
entonces no hay quietud definitiva,
un soplo,
una palabra como conjuro absurdo,
un ademán sin sentido aparente,
pueden mover un mundo y al mismo tiempo,
ser constancia de que la vida sigue

_____
el trabajo

éramos niños y pasábamos horas
picando piedras de la casa,
luchando en guerras de miniatura,
persiguiendo hormigas, sapos, mariposas, monstruos del jardín,
esperando la lluvia y el barro en un descampado,
el mundo era un baldío, una casa abandonada,
o un patio con baldosas y macetones,
y el tiempo
el paso lento
de los días y las estaciones;

otros salían entre sombras,
volvían con sudor, cansancio, pena,
y algunas alegrías a principios de mes;
como entender el mal humor, el sueño a deshora, los gritos imprevistos,
solo resuena el eco pobre de las explicaciones:
sacrificarse, darle duro, ahorrar, cuidar la ropa nueva y los platos de loza,
y ser honesto y no olvidar ni el pañuelo ni los documentos,

entramos a la calle como a un libro de Verne o de Salgari,
pero nos perdíamos en la ciudad y nos mareaba la cerveza
y comenzamos a dudar...
¿ en el espacio entre los átomos vaga
el misterio del pulso desbocado, los rubores del sexo,
la noche con su ansioso interrogante solitario?,
pequeños peces frente un océano infinito y oscuro,
¿que traerá el sol, que traerá la madrugada?,
la angustia era saber si esa arquitectura de partículas mudas,
las fórmulas, los números, la tabla de elementos,
podrían contener los horrores del mal, la enfermedad, el abandono,
y el pasaporte a la aventura del cuerpo y a los lugares más extraños del globo;

los malabares aumentaban en casa,
un circo pobre cuida las escasas pertenencias,
todo para soportar el crecimiento
de nuestras exploraciones, “para vosotros la libertad”,
mamá zurcía, estiraba los billetes,
papá vendía verduras en la feria,

la destilería en huelga y él girando por la casa
como un perro encerrado,
el paraíso era volver, el turno rotativo, el calor sofocante
de los hornos, los gases venenosos y la paga segura, volver
con la frente marchita, pero volver, y esperar otro tango distinto,

pero yo no entendía nada aun,
y solo recuerdo el eco de sus explicaciones,
traidores, carneros, quesistas, los ingenieros no saben nada,
la gendarmería en los vestuarios, estas en la próxima lista,
y el solo repetía
“serás lo que debes ser o no serás nada”,

mientras tanto los libros no mordían,
ajenos a la angustia y al dolor,
la técnica,
las maquinas,
las herramientas,
el ruido de la materia más diversa
que gime, cruje, grita,
transformada por mil operaciones;
la sinfonía moebius del progreso
ocupaba el espacio de la soledad,
el hambre, el temor y los dioses castradores,
y un muchacho virgen de sudor y rutina
aprendiendo a manejar sus manos
bailando entre martillos, limas, tubos de ensayo, ácidos y bases;

en el peso y la medida perfecta de las cosas
el ansia por un mundo predecible,
en el rostro concentrado de los ingenieros, de los doctores,
y en el ojo de los constructores,
“mañana es la mentira piadosa con que se engañan
las voluntades moribundas”,
ellos parecían encerrar el mundo en el objeto de sus desvelos
huían de la imperfección como de la música de la calle:
interrogar a los elementos con las armas de un torturador,
y nadar después en la abundancia de los datos,

marea que se esfuerza “paso a paso, centímetro a centímetro”
en ahogar la violencia de los días, la furia, el crimen,
“el trabajo evita el exceso de los sentimientos”,
mas tarde uno descubre,
mas tarde o más temprano,
que también los mata, y entonces
cree escuchar en el eco de las explicaciones,
mas allá del tardío consuelo de la experiencia,
el rumor de los desvelos y afanes incompletos,
la posta que nos pasan:
“ojalá vos puedas”;

el tiempo no alcanza
nunca
a lavar nuestros remordimientos,
lavar el maquillaje que nos oculta el rostro
deseado y temido,

y aceptamos la paga, el sueldo, los billetes,
para ocultar pobremente
la miseria del esfuerzo cotidiano,
la distancia de los encuentros,
la picazón molesta de la vergüenza;
así andamos, ajenos de nosotros mismos,
felices de estar enfermos,
la gripe, el asma, el cáncer, como la medida de un respiro,
tabaco, alcohol, venenos de variado precio, duración y consuelo,
“promesas vanas del ayer”
golpear los espejos para que dejen pasar,
interrogar a los objetos, ansiosos
de su insurrección,
el accidente que libere de la caída hacia la nada,
“nada, nadie, nunca”,
y como los espejos no dejan pasar,
y los objetos permanecen mudos,
buscar un dios, un héroe, uno que llegue al otro lado,
héroes que nacen de la angustia
“dioses con falsa alegría”,
un vino malo con largas resacas;

hay otra plusvalía clandestina, escondida, permanece
en el eco de las explicaciones, las nuestras que ahora
otros escuchan,
pequeña promesa, lucecita,
que se genera solo con las propias manos,
y con las manos de otros que también palpan la oscuridad,
“encontré compañeros encontrándome yo”
florece en el cerebro como el deseo verdadero,
por ella estamos vivos.

_____
el progreso
(a G. L.)

¿Ambicionar un mundo por conocer
es traicionar el mundo conocido?
¿Despreciarlo?, ¿borrarlo?, ¿desecharlo?
¿Es el azahar el que incendia los recuerdos y los desaparece?
¿Es la fortuna la que nos cambia el sentido de orientación?
¿Dejamos de ser algo para ser otra cosa, vacíos de todo,
sin culpas, sin remordimientos, como emergidos de un Jordán?
¿Se borran de un plumazo los afectos, los dolores,
aquello que hacía reír,
que provocaba el llanto, la ira o la esperanza?
¿Adónde van?
¿Se quedan en el desván oscuro tras un espejo abandonado?
¿Se quedan en la piedra del odio oculta en el fondo del bolsillo?
¿Se ocultan entre las líneas del rostro?, ¿pesan sobre los hombros?,
¿Hay olvido, temor, odio o espanto cuando asoma el recuerdo?
¿Son viejas pieles de serpiente, crisálidas resecas,
los amores perdidos, los amigos nunca vueltos a ver?
¿Solo queda memoria de lo por venir?


_____
el camarada insustituible
(a Carlos Abalos y Gerardo Fabris)

allá, en el fondo, hay alguien
con quien comparto viejas deudas
de amor, de vida, de sinrazón, de muerte,
y mi falta de tiempo las posterga,
no hay balance final todavía
ni siquiera intención de rendir cuentas,
vivimos demasiado a prisa

mas cerca de la carne, el dolor y los huesos,
en el trajinado curso de los días,
juego a esconderme en la tarea bien hecha,
juego a esconderme en la tarea mal hecha,
juego a esconderme en la tribuna,
a que no me despierten
ni me tengan en cuenta,
puedo disparar una sonrisa,
un leve comentario de ocasión,
poner cara de nada, fingir sordera, desconsideración,
si contribuye a que me dejen en paz,

y aún así, de vez en cuando,
con el acto dominado,
pasa una brisa que mezcla los papeles
siento el escalofrío de la soledad
y un llamado lejano, incomprensible,
confirma la estrechez irremediable
del soliloquio,

¿quién llevaba la linterna conmigo,
allá lejos, como un siglo atrás,
por las calles más oscuras del suburbio,
con una fe fanática en el pueblo
iluminado,
y en los versos rimados
con metáforas de acero,
y en una historia con mano única y destino certero,
flecha justiciera de la revolución?

¿quién incendiaba conmigo los inviernos
en casas de alquiler y cuartos desnudos,
con palabras ardientes como brasas,
adorando el pequeño fulgor que despedían
y era otra manera de escaparse muy lejos,
mientras la ciudad entraba en el hielo,
un barco ebrio de sangre congelada?

¿quién era el desesperado ayunador
con quien gritábamos razones y delirios,
para alejar el miedo y darnos ánimo,
entre alcoholes y humos novedosos,
siempre al borde de la sobreactuación,
conjurando alguna fe desconocida
ante el cuerpo de una nueva mujer,
o del verano perdido?

no sé, no sé,
lo olvidé todo,
olvidé todo
salvo esta leve resaca,
cosquilleando en la espalda

allá en el fondo hay alguien
lo presiento,
con quien tengo un asunto postergado,
tal vez es el balance detallado de cuestiones inútiles,
de las causas perdidas,
tal vez guarda un espejo con la edad
del olvido,
de la tristeza infinita,

juego a escaparme de él
y aún lo consigo.

_____
un cuerpo baila
(a Hebe)

en el silencio oscuro un cuerpo baila
baila y despliega luz como un recuerdo
viejo como el cuerpo que baila
baila y no hay frenesí y no hay urgencias
crece su luz
en soledad y desplegando goce
en el silencio de un desconocido disfrute,
alumbra y se ilumina el cuerpo viejo
en danza con la vida,

y con la danza llueve ahora
llueve sobre el rostro
brota una lluvia de años contenida
sobre cada surco del rostro
en soledad y en silencio
humedad que calma
y es promesa de vida
de continuidad de la vida
de reverdecer

el cuerpo que es recuerdo
festeja desde el viejo dolor
sonríe en calma con la vida
en paz con su recuerdo
un asesino menos queda libre
un poco de justicia sobre la tierra.
atemorizados, aturdidos, confusos

allí donde se demuelen las grandes construcciones,
allí donde el desierto avanza,
allí se guardan los restos del pasado;

¿cómo ver entre el polvo del derrumbe,
qué queda aún para el rescate?
¿qué para la reconstrucción?
¿es el aire viciado o son los ojos
que no nos dejan saber?

algo quiso que todo esto caiga
¿nosotros no?
¿nosotros no?
algo quiso que todo esto caiga
algo ambicioso, poderoso y convencido
mas allá de razones, justicias o medidas,
y ya no vale golpearse el pecho, lagrimear,
lanzar el grito no nos volverá al pasado
ni construirá otra casa idéntica

ya no somos aquellos y todavía
no sabemos que somos ahora,
hay palabras que eran luz y ahora oscurecen
o agobian o confunden,
y no esta nada mal que pase,
y no esta nada mal que así sea,
nadie nos obligó a atarnos al canto
de los falsos profetas o la calma aparente
de una felicidad en cuentagotas,

así dejamos a otros el timón de los cambios
sin que cambie la vida para nosotros,
así dejamos que se consuma la belleza posible
sin mirarle por una vez el rostro,
por no correr el riesgo de perder de nuevo
pero perderlo todo de una vez
y no tener ya mas nada de que quejarnos.

_____
la intemperie desnuda

no soy yo
quien te echó a rodar
canto, bolita
de entre los dedos de un niño
a recorrer un mundo

en el arco de una vida cabe de biafra a bosnia
referencia del horror, siempre mas lejos,
mas cerca el viejo de la bolsa
trocando en Hombre de la Bolsa y
asustando aún,
falsos conjuros de la ignorancia del arrabal,
pero es que había un país en tu partida,
bolita,
y la plumita del caburé
y yo era aquel que ayer nomás vestía
el guardapolvo blanco y la canción sagrada,
banderita,
banderita esplendorosa bajo un cielo refulgente,
creía que en tus pliegues
dormía Evita, se escondía el Che,
y el viejo sanaba sus dolores, curaba su cansancio eterno,
creía que en tus pliegues
jugaban y reían
los huérfanos del mundo,
"nunca el pan y la comida han de faltar"
me dijo un tigre antes de
jubilarse y saber
lo que es el hambre,
banderita argentina,
ese cielo se nubló y un viento helado
se ensañó con tu trama delicada,
te usaron para esconder,
te usaron para tapar,
con vos violaron, robaron, torturaron,
ya no cubrís, no calentás,
entre tus hilachas pasa solo el viento helado,
cuerpitos que tiritan,
criollitos de mi pueblo,
pebetas de mi barrio,
te quieren remendar y
ni un hilo de voz les queda,
y las golondrinas de su solo verano
vienen como parteras y
se los llevan como enterradoras,
y es un soplo la vida y
vos rodás
bolita japonesa
entre las tumbas incesantes
brillando por el barro
tierra pampa, humus planetario hediondo
de polistas y
golfistas y
surfistas y
caballitos criollos
argentino handicap
occidental y crestiano
campo pampa roturado,
fragmentado,
parcelado,
por cargil, nidera, kellog y mckein
espejismo de un mar
siempre es ajeno
ajenjo,
añejo,
anexo,
al pedo
al pan hay que pagarlo
rodás bolita,
rodás
por los fueguitos que encienden
con rastrojos,
los niños
en los caminos oscuros
bajo los puentes,
en las estaciones,
en los baños podridos,
en las plazas heladas,
en las playas vacías,
¿en qué cruzada están los niños
perdidos?
anteayer los arrojábamos jalonados de flores al
fondo del volcán a calmar a los dioses,
ayer los arrojábamos a las calderas hambrientas
de las locomotoras del progreso humano,
ahora no hay dios ni porvenir,
y los arrojamos a la oscuridad,
vagan por los caminos comiendo vidrio,
heridos por la espada del padre ausente
y vejados por los cuchillos más sucios,
vagan con brasas en las manos pero riendo,
bolita, acerito,
los niños sucios, piojosos, cagados,
con piedras en las manos,
vagan acechando,
sin rumbo
con hambre en los bolsillos,
con hambre en los tobillos,
¿y que gusto tiene la sal?
ninguno:
ni la bolsa ni la vida
bolita, bolón,
rodás por las ciudades
el brillo engaña, la vidriera embruja,
la espuma del consumo se derrama
y esconde la ventana de los inviernos,
temperatura y humedad controladas
en la incubadora del ciudadano ubicuo,
y cuando la unidad esta saciada se ofrece colección
"comprándolo todo ortega y gases"
hay que tener otra, hay que tener mas,
no importa para que 100 muñecas 100
serie fin del milenio exclusiva
aproveche
compre ya
ya
ya
todos los modelitos para
los nenes de la casa
no saben de cuchillos
no han sido heridos por ninguna verdad
no ven
sucios,
piojosos,
cagados,
fuera del brillo y el perfume
no ven
no escuchan
rodá bolita
rodá
y contame un poco:
¿quién derrumbó el paisaje de tu partida?
¿quién sembró el viento helado en la llanura?
¿quién desnudó la intemperie?
y sobre todo
¿quién arrojará la primer piedra?

_____
la vuelta

afuera,
fuera de todo,
distancia, vacío,
¿todas las ausencias cuanto pesan?
¿toda la soledad cuanto aire roba?

girando alrededor
y a la vista
nada,
hacia arriba y abajo
y a la vista
nadie,

allí,
así,
un punto,
un punto de final: .
el blanco de una bala
invisible
envuelve la mirada,
en sí
vuelve la mirada,
vuelve la mirada el bienaventurado,
a su propia mirada y a mirar
a sus propios oídos y a escuchar,
a su propio cuerpo y a palpar la piel,
y
hay un espacio que permanece,
hay un latido
y
hay respiración:
aire entorno a un cuerpo desnudo,
desnudo en un espacio desnudo,
sin relaciones, sin referencias,
apenas
uno
un punto de comienzo,
vuelto en sí,
vuelto a sí,
recuperado,
recobrado,

mas allá del espiral angustia y caída,
mas allá de lo perdido todo,
reconocer la vida,
dice,
se dice,
aún,
reconozco,
mas allá la vida,

y más allá no es afuera
ahora,
mas allá es adentro,
el otro abismo,
llamando todavía.

_____:
Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Tiene dos libros de poemas publicados: La intemperie, 1999 (cuya versión completa editamos en POESÍA LA PLATA) y Abrigo, 2006. Más poemas: http://www.laintemperie.wordpress.com

NÉSTOR MUX: Papeles a consideración

Néstor Mux:
Papeles a consideración


Libros de la talita dorada, 2004. (c) Derechos reservados


1.
Música imprecisa


“ya es hora de que vuelvas
de que tejas otra vez tu camino”
Edgar Bayley


Conversaciones con Pallaoro

Conversamos.
Como si todo el viento en contra del mundo
no hubiera podido terminar con el aliento
desvencijado que quedaba.

No se sabe si el caos personal se ordena.
Si la pena se ordena.
No hay certeza si se alcanza
la convicción de una nueva claridad.

No se acierta del todo si tiene
mayor significación discurrir
sobre la herramienta que pule a la poesía,
sobre la gracia que salpica un dibujo de Elena
o sobre las comunes maneras
con que se construye el jardín de nuestras casas.

Pero conversamos.
Como si se tratara de empezar de nuevo.
Como si se entreabriera una puerta inesperada
al extranjero agradecido.


Otra mirada

Siente como si finalmente
apagara la luz en un sitio
que no volverá a convocarlo.

Bajo el brazo carga el envoltorio breve
que le permitió la vida:
una camisa, el resplandor de un momento,
el encendedor, el documento de identidad,
las migas de lo injusto,
sombras de la belleza que buscó,
música del amor y del mal de amores,
del abandono y del desprecio.

Escucha que el ángel deshilachado de la guarda
no quiere abandonarlo del todo
porque caminan a los costados
sus fantasmas y sus muertos.

Y trepado al ómnibus
-del que desconoce su destino-
mira la transparencia de la mañana
con lo que quedó de él.


Música imprecisa

Como se sabe,
cada uno es lo que hace
y las dificultades de la época
(mezcladas con nuestras propias carencias)
ponen en cuestión la identidad de nosotros.

Después de años, equivocaciones
y vacíos sobrevividos en silencio
vuelvo a reconocer por azar en la poesía
– aunque imprecisa – una música de mi pertenencia.

Ella me hace respirar otra vez
la convicción inocente que la intemperie
no nos alcanza del todo
si regresamos a bailar con nuestro propio ritmo.


Fotografía en el hospital

a Julieta, Juanpedro y Griselda Mux.

No era que el cuchillo
careciera de filo
o que la pera
resbalara en su propio jugo.

Eran sus manos que entonces
sólo podían saludarnos.

En la insignificancia del anillo de plata
que me entregara la enfermera
parecía caber el jugo inútil de la fruta
y toda la belleza y toda la sombra
que nos quedaba.


Preguntas de carácter personal

Si con errores y desaciertos
también pudiera construirse
hubiéramos levantado paredes
como para tapar el mediodía

si el arrepentimiento alcanzara
para retomar lo mejor de uno
es posible que volviera a despertar
a nuestro lado
el cuerpo más amado

si la sombra de la culpa nos sigue
caminando por el camino que intentemos

dónde otra construcción de nosotros
otro cuerpo único
otra sombra sin sosiego?


Acerca de lo imprevisto

Un aire inexplicable
nos hace andar por el aire puro

nuestros ojos de siempre
por primera vez
ven hasta el otro lado del mundo

la quietud de corazón
es una estación que nos faltaba
y deja en la boca el gusto
ecuánime de todas las estaciones

llueve y es como si lloviera
para nosotros

el pájaro en el hilo telefónico,
la vecina que barre, el ciclista,
los árboles de la mañana
cantan para nosotros:

la alegría.


En una fecha cualquiera del calendario

La vida, la realidad, los otros
sorprenden a cada uno
haciendo lo que puede
o lo que le dejaron.

Está quien dirige para ensanchar su espacio
y el que obedece para no sentirse
extraviado en la vastedad del mundo.

Quien ejerce la crueldad
y no espera nada porque está cumplido.
Y aquel que espera el tren, la primavera,
el correo, una silueta en la puerta
o el milagro.

El que trata de recordar
para vislumbrar el camino
y quien se desprende de toda memoria
para que el dolor no sea tan grande.

Está el hombre pleno
en su paisaje respirable
y está aquel que duerme en el umbral
tapado con cartones.

Hoy, en una fecha cualquiera del calendario,
me llegan los 58 años. Y la vida, la realidad, los otros,
me sorprenden escribiendo versos.
Digo escribiendo versos: con dudas,
con aproximaciones y desamparos,
con ventanas, flores encendidas, fracasos y alegría.
Tratando de no desafinar.
Intentando no mentirme.


Remolques y memorias

Con el cascajo llevábamos
a los chicos a la escuela;
hacíamos las compras y las mudanzas
o cargábamos las hortensias desde el río.

Un día echó un humo desinflado
y se agotó provisoriamente en las afueras.
Con su automóvil, mi padre
lo traía con una cuerda
que no dejaba de cortarse
y yo insultaba a dios y al aire.
El manejaba con el silencio natural que lo rodeaba
ya que sentía cumplir un deber más
de todos los que cumplía.

Me aseguran que el cascajo todavía recorre
los itinerarios modestos que le imponen.
Mi padre, cada tanto, me recorre
la memoria con su ausencia
y la cuerda apagada de otros días
con la que dejó de remolcarme.


Nadie le pide que escriba

Nunca llegará hasta la casa
en la que no es esperado.

No habla si no le piden opinión
porque entiende que la palabra
no modifica la historia
y en algunos casos puede ser
invasión al otro,
como de intruso que atropella la puerta.

Tampoco, nadie le pide que escriba.
No obstante, cuando nadie lo ve,
cuando todos están lejos
- con su confusión y sus convicciones,
con su sombra y sus jardines –
él coloca en la máquina el papel en blanco
como una forma de desobediencia,
de alivio o de revancha.


Ignorancias

Creí que aún desde la muerte
me guiarías de algún modo.
Pero la muerte
no sólo es ausencia cruda.
Es también señales que desconozco
o hilos que se cortaron para siempre.


El compact que me regaló mi hija mayor

En la pared de un alojamiento de Mallorca
Aurore Dupin, baronesa de Dudevant,
llamada George Sand, en 1842 anotó condescendiente:
pobre Chopin.

Ahora, solo en la casa, escucho el compact
que me regaló mi hija mayor la última navidad:
un piano prodigioso recrea sonatas de sencillez esmerada.

Algo dice que esta confortabilidad provisoria
desprende cierta atmósfera anacrónica
cuya melancolía no encaja en nuestros días.

Pero la realidad, más allá de la ventana,
suena hosca, estridente, fuera de escala humana.
Y por un rato – sólo por un rato –
aquí se está bien con uno
y con el pobre Chopin, un siglo y medio después.


Sentidos

Esta vista, a simple vista,
pudo diferenciar –algunas veces-
al hombre maligno del misericordioso.

Este oído alcanzó la catástrofe
del crujido de una rama lejana.

Este tacto tomó conocimiento
de la insólita belleza del mundo
al recorrer el cuerpo de ella.

Este gusto paladeó los vinos
del desencuentro con los otros
y los vinos fraternales.

Este olfato de animal lógico
prefiguró su ración de alimento,
la adversidad y la tormenta.

Un esquivo sexto sentido, en cambio,
no alertó que uno construía
la materia de su propia disolución
porque ciertos pasos fracasaban por su base.


2.
Contingencias



Ferrocarriles

De afuera, viene hasta las ventanillas
destartaladas la belleza de la tarde
haciendo esfuerzos por permanecer.
De adentro, la sensación desoladora
que todos aquellos cuerpos y rostros
se parecen a ganado camino al matadero.

Curiosa metáfora del país estos vagones:
basura en los pisos y en los asientos,
indumentaria raída, ambulantes miserables
ofreciendo su común miseria, puertas golpeadas
por el viento de nadie y el silencio
cada día más espeso sosteniendo la escena.

¿Tendrá destino, alguna vez, todo esto?


En el gimnasio de la escuela

La maestra apoyada en la modestia
de sus propias palabras
roza la intensidad de lo irreductible.

Si no podemos educar aun en la adversidad
y las carencias de hoy
no habremos logrado hombres sino esclavos
.

Después la tribu adolescente
repite al unísono
o juremos con gloria morir.

Uno piensa que no estamos
en condiciones de pretender la gloria
ni la muerte.
Con que nos dejaran vivir alcanzaría.
Porque la fe sin asidero de la maestra
de algún modo nos incluye a todos.


Espectros al mediodía

A la hora afiebrada y ajena de los bancos.
De los hipermercados con sus promociones convenientes,
los espectros caminan persistentes por la calle.

Pocos y solos, ni sus hijos acompañan
y los perros agotados
siguen por la vereda de la sombra.

Deteriorados por los años
y por la utopía dificultosa que alimenta la marcha
en las pancartas se leen todavía abstracciones remotas:
Solidaridad. Ética. Liberación.

Pareciera que el país, el mundo
y la vida ahora estuviesen en otro lado.

Sin embargo, uno está tentado a pensar
que si bien la escena guarda cierta naturaleza patética,
es la escena que hay.
Y que estos pocos obstinados que sobrevivieron,
a su manera siguen soñando por nosotros.


Esta tierra

Hubo una vez un rincón
que amamos: esta tierra.
Esta periferia de ahora sin incidencia
en el mundo. Este amontonamiento
en el que sobreviven
la vergüenza del excluido
con la vulgaridad de los famosos.

Ninguna peripecia le fue ajena,
ninguna usurpación dejó de sucederle.

Pero aquí estamos. Aquí somos.
En medio de una noche
de bordes que parecieran invencibles.

Tierra del dolor y del desprecio.
Tierra de nuestra pasión
y nuestras reflexiones más arduas.

Tierra de la obscenidad.
De los muertosvivos arrojados al mar
desde aviones nocturnos.

Tierra de nuestros encuentros más modestos
y más hondos. Y de todo lo que perdimos.
Tierra poblada de enemigos
y tierra de nuestros hijos desorientados.

Pero como cualquier otra tierra,
como cualquier otra historia
también torcerá hacia la mañana inesperada.
Y este rincón, esta tierra incesante
volverá a cantar por su recomienzo
y por todos nosotros.
Aunque todos nosotros,
entonces, estemos bajo tierra.


3.
Ojalá el invierno no sepa extraviarte



Una de Altman

No era la oscuridad
de quien va cayendo al fondo.
Era la oscuridad de la sala
donde veíamos una de Altman.
Pero tu mano buscó mi mano
y sentí el temblor feliz
de quien volvió a salvarse.


Soles de ella

Como casi nadie usa conmigo
alternadamente el elogio y la diatriba
con énfasis parejo.

Tocado por esa lluvia
- siempre fuera de pronóstico –
aguardo con impaciencia
la salida del sol
del modesto consuelo:
que sus gestos vuelvan a sostenerme.


Cuerpos juntados

Algunos esperan que vuelva a salir el sol,
otros esperan ser absueltos, la mayoría
espera el salario amargo de la sobrevivencia.
Nosotros, con el egoísmo inusual del deseo,
nos esperamos a nosotros.

Damos rienda suelta a la ambigüedad
de las relaciones humanas – las nuestras –
y dejamos acontecer los cuerpos juntados,
dóciles, invictos, disueltos.

Poesía subida a la otra poesía,
manos en las manos,
cielo de lo que queda para ascender
y hundirse en un mismo instante.

Y si nos fuera dado, con igual sed,
liviandad y fuego parecido:
la esperanza que los cuerpos vuelvan a juntarse.


Residuos

El último verano
fue dejando en el automóvil
tickets del peaje,
restos de comida,
un libro que nunca leí
y caracoles que ella juntó
para que el mar nos recordara.

Como podría creerse
no se escuchan en éstos
los sonidos del océano.
Sólo voces, apenas audibles.
Aquellas con las que nos esforzamos
en encontrarnos. Aquellas
con las que confrontamos con lealtad.
Aquellas con las que
uno cerca del otro
nos quedamos en silencio.


La intensidad

Después de atravesar
la sequedad del desierto hasta envejecer
quería esto y no sabía.

La intensidad de esa campana
que suena dentro. La intensidad que nos excede,
sacude, aturde y obliga
a volver a respirar hasta el dolor.

Quería esto y no sabía.


Expresiones de deseo

Los recuerdos también
son de naturaleza provisoria.
Una llovizna amable
bajo los árboles de la calle 53.
El reloj estival que me diste
y que sin sentido aparente
llevo en la muñeca.
Olores tuyos que se las arreglan
para acompañarme. Lámparas secretas
que nos escucharon en lo más alto
y en lo más común de nosotros.

Has vuelto a tus tareas,
a las confrontaciones, a la ciudad,
a los otros.

Ojalá el invierno no sepa extraviarte.


Papeles a consideración

Ella hojea lentamente mis papeles
con un afecto que hace creer
que alguna línea pudiese ser feliz.

El abismo verde de sus ojos próximos
se entrecierra como si necesitara
descubrir insignificancias de la verdad
en esas fotografías que la incluyen.

“ – El poema es la propia respiración
de quien escribe
”, dice.

Yo no digo nada. Pero respiro tranquilo.


Opciones en el abismo

En ella la impostura
brilla por su ausencia.

Alimenta el desatino
de la juventud que no tengo.

Hace creer que el corazón de todos
ha retomado el equilibrio.

No obstante uno no acierta
si camina desprevenido
- con naturalidad inusual –
hacia el patíbulo o hacia días mejores.

Sustancia de la dualidad,
opciones en el abismo:
huir para ponerse a salvo
o quedarse con ella para siempre.


Habitante excluido

La furia clausurada
de su danza mental

su propia locución
como lazo afiebrado
con el mundo

la libre arbitrariedad
de los pájaros libres
que pone en duda
sea esto encuentro,
tregua o malentendido

mientras tanto
– habitante excluido –
afuera, lejos,
yo espero
con una esperanza
con que nadie la espera.


(*) Néstor Mux nació en La Plata en 1945. Es uno de nuestros grandes poetas. Publicó: La patria y el invierno, 1965; Nosotros en la tierra, 1968; Cartas íntimas para todos, 1974; Como quiera que sea, 1978; Perros atados, 1982; Poemas, 1985; Poesía reunida, 2000 -incluye un libro hasta ese momento inédito, Cosas que nos rodean, 1986-; Papeles a consideración, Libros de la talita dorada, 2004. Tiene en preparación un nuevo libro: Disculpas del irascible y poemas anteriores, que saldrá en 2008.

GUILLERMO PILÍA: Mudanzas y otros textos


Mudanzas y otros textos

Mudanzas

Las mudanzas son buenas para hacer
limpieza de las cosas que a otro sitio
ya no van a acompañarnos: de libros
que ayer nomás llenaban nuestras grietas,
certeros como un padre o como un credo,
junto a los cuales se crece con culpas.
Igual que aquellos libros —o el dios de la niñez—
algún día el maestro deja de ser tan grande
e infalible, como antes lo pensábamos:
le encontramos olores, ajaduras, resquicios,
y en sus fisuras vemos que tan sólo
era tierra iluminada, que apenas
si la luz lo tocó cuando nosotros
aún íbamos a tientas. Quizá pasen
muchas mudanzas hasta descubrir
—en los ojos vidriosos de un discípulo
por amor o por celos lastimado—
cuánto pesó el maestro realmente en nuestra vida.
Y olvidemos entonces sus miserias,
su pequeño egoísmo, su miopía
—padre él también, severo y amoroso—
de no ver que ya estábamos crecidos.


Los maestros

Ocho horas diarias de estudio: era el tiempo
que me recomendaban los maestros, en mis años
de estudiante de griego y latín. Cuántas
mañanas, cuántas noches, cuántas tardes
de sol o de lluvia sobre Píndaro y Virgilio...
Tanta seca gramática para escribir
estas tres palabras, maestros, algunos versos
medianamente venturosos... Qué tristes meses
aguardando un examen, repitiendo
aoristos y declinaciones... Pero también,
qué añoranza siento ahora al recorrer los lomos
de libros que hoy no tengo obligación de leer...
Si hoy ya no existe el profesor de griego
al que tanto quería, el de latín
que me aterrorizaba, si ambos son
hierba y sonido, igual que lenguas muertas...

Yo soy también vosotros, maestros: soy el hijo
que aprendió a vuestro lado la nostalgia
de la luz antigua, pero no a morir; el hijo
que hoy en Píndaro y Virgilio os recuerda.


El milagro

Contaba mi padre que mi abuelo tenía
un ojo que siempre le lloraba, producto
de un golpe que le dio —brutal— mi bisabuelo.
Tendría entre ocho y diez años entonces
y con esa marca vivió hasta los setenta.
Nunca supe qué falta nimia le acarreó
un castigo tan dilatado en la distancia
y el recuerdo: ese ojo lisiado que no obstante
no logró hacerlo cruel ni resentido.
Cuando hoy mi vista llora de cansancio
—como esta mañana que tanto se parece
a aquellas en que escuchaba de niño
la historia de mi abuelo— pienso en el milagro
de mi padre que no sufrió la misma suerte,
de mis ojos sanos y de los ojos
más sanos aún de mi hijo; en el milagro
de que esa infancia dolorosa de mi abuelo
se haya quedado allá en su isla, y solamente
trajera aquí sin odio un ojo humedecido
que hoy bien podría estar llorando por piedad.


Quijotes

Con el de hoy ya son tres
los Quijotes que entraron a esta casa:
uno de letras grandes —que leíste
cuando sufrías de los ojos—, otro
que fue conmigo y con mi hijo un verano
en un viaje a Misiones, y el que ahora
editó la Academia —tu presente
de nuevo aniversario—. Como Sancho
sobre el rucio este libro me ha seguido
desde los diez años en que mi padre
me lo dio con inocencia a leer,
en su vieja edición a dos columnas
—de él me queda solamente el recuerdo
de una cama abrigada y confortable
y un olor a papel con humedad
que aún siento y me entristece—. Como Sancho
desde entonces con torpeza he servido
siempre a algún ideal: con esperanza
peregrina de cambiar ciertas cosas
y certeza de acabar apaleado.


Lo que a nadie le importa

Ahora que el tiempo va trayendo sosiego
y que hallo cada cosa en su lugar
—cada cuerpo geométrico en su sitio
como en un test de inteligencia—, ahora
que cada sentimiento ocupa su baldosa
y lo que de mí me avergüenza se equilibra
con lo que de mí me enorgullece,
ahora —precisamente— me acuerdo
—ya casi sin dolor — de las miserias
que ayer nomás pensaba que tal vez
no iban nunca a concederme reposo:
el color azul gris de mi uniforme
de soldado, el amigo o la mujer
que traicioné, el amigo o la mujer
que a mí me traicionaron, la sonrisa
que alguna vez le di —por miedo— a un asesino
y la imagen de mi abuela que comía en silencio
la manzana de sus cien años de pobreza.
Sólo lo que a nadie le importa sino a mí,
lo que no he vivido y lo que siempre he callado,
lo que nunca conoceré ni escribiré,
lo que conmigo se muere: sólo esto me acongoja.


Otros poemas publicados en libro:
Isla en el pensamiento

Noche junto al río. Serena emerge
esta isla en el pensamiento,
en el recuerdo de los días infinitos:
grandes vigas de madera que se elevan
desde el agua, gigantescas agujas
de relojes lunares, o tal vez plegarias
por los muertos insepultos. Maderas
de pie como cimientos
de antiguos palafitos,
despojadas de vida, olorosas a peces,
negras por el alquitrán
de los buques petroleros.
Retorno del canto: amarran en las vigas
los barcos de huesos que arriban
desde el fondo del río;
y grandes hortensias
llevan a sus tumbas subfluviales.


Allí también la vida estuvo en otro tiempo

Río de invierno: ya más escaso
se hace el bajar de las lanchas a las islas
a pleno sol, ya más escaso
se hace el contingente de viajeros
que retornaba a la otra orilla,
en las noches pesadas de calor y acetileno.
Allí también la vida estuvo en otro tiempo
primitivo, allí también los huesos
se desgastan y se suavizan
como las valvas de los caracoles muertos.


Para que se cumpla la ley que me obsesiona

He colgado a mis víctimas de un árbol,
las he desollado.
Las he partido en cuartos,
del tronco he extraído las vísceras azules.
He preparado el festín sobre la hierba,
salvajemente he comido carne humana.
He sacado los tendones más robustos
para cuerda de arco, para punta de flecha
los huesos más potentes he afilado.
Para que se cumpla la ley que me obsesiona
y cada hombre tenga parte
en la muerte del prójimo.


Niebla

Hay sobre la madrugada un vidrio opaco:
caminamos a tientas, en lo ambiguo
entre la tierra y el cielo: así creemos
que caminan también nuestros difuntos.

Quizás se esparcirá también la niebla
sobre campos y canales, contra el muro
verdinoso de la infancia,
entre los juguetes y el incienso de Rimbaud.

Es este humo de Dios como una llaga
que se percibe apenas con dolor: la pupila turbia
del milagro evangélico, quizás
un ojo lisiado de la mañana y de la vida.


Luna de Alexis

Ha cambiado la calle: en otro tiempo
la noche era aquí más selvática: oscilaba
en la esquina un farol con el viento
del verano, grillos y ranas presagiaban tormenta
y venía del fondo de lo oscuro
un perfume profundo de quintas y de albahaca.

Pero allá sobre las casas, en la linde del cielo,
los mismos árboles refrescaban la atmósfera:
los tilos olorosos de noviembre, los pinos y cipreses,
los eucaliptos balsámicos: de aquellas
maderas inmortales brotaba a veces esta luna
que mi hilo contempla con mis ojos de asombro.


Amor más misterioso que los muertos

...odore dell’infanzia
che grama gioia accolse...
Salvatore Quasimodo

Creíamos olvidado el olor
de la vieja casa, cuando de pronto,
al abrir una puerta de madera,
volvieron las noches de verano y el acoso
de los mosquitos,
las fiestas, sus vísperas y el misterioso
resucitar de nuestros muertos.
Solían nuestros años añejar
también estos recuerdos, solían traer
otras noches de verano superpuestas,
otras fiestas, otras vísperas, otro amor
más misterioso que los muertos.
Hasta que en un instante retornaba
el olor de la infancia y su enfermiza alegría.


Caballo de Guernica /22

Días de seca prosa, tan lejanos
al látigo del verso. Un murmullo bastaba
a quebrar nuestros labios.

El mundo resonaba en voz muy baja,
como nos hablan tácitos los muertos.

La añoranza de un canto
a veces nos sacude el corazón
como trapo con viento.


Caballo de Guernica /52

Cae la tarde, el perdón, una niebla
suburbana. Tu pena es solidaria
con el dolor de todo lo que nace.

Es sencillo tu mal:
crece como la barba y el cabello,
como malezas de un bosque difunto.

La boca abierta a las estrellas,
lloras como el caballo de Guernica.


Sonidos como peces

Busco a veces con mi dedo un idioma
como el ladrón de tumbas busca el óbolo
en las bocas selladas de los muertos.

Pasa de labio en labio el alcanfor,
una brizna de hierba, un sustantivo
ruinoso y obsoleto:

la leche, una sortija, el pan y el vino,
una carne cubierta por las moscas,
las lluvias de Valdivia o Grazalema.

Arrojo al agua un anillo precioso.
Y sólo de tanto en tanto recojo
sonidos encarnados, como peces.


Mi casa y mis palabras

Me empecino en leer con ojos limpios
los frutos de otras vidas: sólo voces
sin ilación, sólo ajeno lenguaje.

Lo que otro amó, yo lo odié; lo que odiaron
fue para mí una devoción. Ninguno
de nosotros escribió el mismo verso.

Con tal pan de mendigo aún me alimento
y no hay tiempo peor que el que va en blanco.
Pasaron días huérfanos de sílabas.

Lectura, amor primero: todo amor
fue tan distinto después de esos libros
en que fundé mi casa y mis palabras...


El milagro

Contaba mi padre que mi abuelo tenía
un ojo que siempre le lloraba, producto
de un golpe que le dio —brutal— mi bisabuelo.
Tendría entre ocho y diez años entonces
y con esa marca vivió hasta los setenta.
Nunca supe qué falta nimia le acarreó
un castigo tan dilatado en la distancia
y el recuerdo: ese ojo lisiado que no obstante
no logró hacerlo cruel ni resentido.
Cuando hoy mi vista llora de cansancio
—como esta mañana que tanto se parece
a aquellas en que escuchaba de niño
la historia de mi abuelo— pienso en el milagro
de mi padre que no sufrió la misma suerte,
de mis ojos sanos y de los ojos
más sanos aún de mi hijo; en el milagro
de que esa infancia dolorosa de mi abuelo
se haya quedado allá en su isla, y solamente
trajera aquí sin odio un ojo humedecido
que hoy bien podría estar llorando por piedad.


Lo que a nadie le importa

Ahora que el tiempo va trayendo sosiego
y que hallo cada cosa en su lugar
—cada cuerpo geométrico en su sitio
como en un test de inteligencia—, ahora
que cada sentimiento ocupa su baldosa
y lo que de mí me avergüenza se equilibra
con lo que de mí me enorgullece,
ahora —precisamente— me acuerdo
—ya casi sin dolor — de las miserias
que ayer nomás pensaba que tal vez
no iban nunca a concederme reposo:
el color azul gris de mi uniforme
de soldado, el amigo o la mujer
que traicioné, el amigo o la mujer
que a mí me traicionaron, la sonrisa
que alguna vez le di —por miedo— a un asesino
y la imagen de mi abuela que comía en silencio
la manzana de sus cien años de pobreza.
Sólo lo que a nadie le importa sino a mí,
lo que no he vivido y lo que siempre he callado,
lo que nunca conoceré ni escribiré,
lo que conmigo se muere: sólo esto me acongoja.


Guillermo Pilía nació en La Plata, Argentina, en 1958. Es egresado en Letras. Su obra poética está integrada por Arsénico (1979), Enésimo Triunfo (1980), Río Nuestro (1988), Río Nuestro / Cazadores Nocturnos (1990), Huesos de la Memoria (1996), Caballo de Guernica (2001), Ópera flamenca (2003) y Herido por el agua (2005); y por dos plaquetas: Viento de lobos y Visitación a las islas (2000).Tiene publicados también cuentos (Viaje al país de las Hespérides (2002), Días de ocio en el país de Niam (2006) y ensayos, entre éstos, Historia de la literatura de La Plata (2001). Ha obtenido numerosos premios en la Argentina, España, Francia, Estados Unidos, Ecuador y Chile. Es director de la Cátedra Libre “Francisco López Merino” de la Universidad de La Plata. Comunicación: lapuertadelprincipe@hotmail.com Foto: JMP, 2007. Pilía en la redacción de el espiniyo.

JOSÉ MARÍA PALLAORO Poemas

Son dos los que danzan

1.
Interior con pájaros


«En el jardín, pájaros inocentes
picotean el césped encendido.»

Horacio Núñez Wes
t

Sibelius

un piano en el aire
de la casa

la música
quema
la leña brillante
de la estufa

sentados
cada uno de nosotros
invoca
a su dios o no dios

unidos en la ceremonia


No sé
para Elena

no sé
por qué
si afuera llueve

elijo una música
diferente

en el adentro
los sonidos se besan

son dos los que danzan


Otra casa

de un cielo gris
con destellos
anaranjadamente
oscuros

los pájaros de la tarde
caen

vacíos
sin peso

como hojas
que sopla

la muerte

quizás queriendo
otra casa


Otra oscuridad

como un viajero
a su sombra
la sigo

no hay hambre
sólo deseo

cuando me pierdo
o ella se deshace
de mí

el pensamiento
deja de aventurar
conjeturas

y quedo solo
en mi otra oscuridad


La claridad
para Irina Bogdaschevski

la claridad
de la ausencia
pesa y aturde

silencio quebrado

viento que no acaricia


Lunas

no me despojo
de lo que más
quiero

sino que
lo que quiero
se despoja
de mí

luna
que en la noche
callas


Para qué

para qué dormir
si en sueños

el cielo es el cielo
la tierra es la tierra

y nosotros
dos pájaros

que se cruzan

y no se reconocen


Certezas
para Gaby

sé que hay un pájaro
en tu mirar

sé que en ese mirar
la dicha es luz

además sé
que en vos
la dicha es

un pájaro
que no me ve


Mares

hace tiempo
el mar
dejó de visitarme

sin embargo
la arena persiste
en tus pies

desnudos y fríos


Aguas

la quietud del agua
es rota
por la hoja caída

un cuerpo
apenas sumergido

ondas que llevan
a la otra orilla

la soledad del mundo


Saberes

sé que soy

la garra en la puerta
de la jaula

y soy el pájaro

que se queda

en un rincón
sin querer salir


La enredadera

Las rejas desaparecen

es indudable que ese jazmín crece
para recordarnos
que la belleza es
aún posible

dentro de pocos días
sus flores perfumarán

la intimidad de esta habitación
donde consumo mis horas

en busca de un tesoro que no encuentro
y que no sé si existe


2.
La claridad



«Escribir es ofrecer
desde el primer momento
la última palabra a otro.»
Roland Barthes


El poder

El poder de una palabra
no radica en la voluntad
de poder

decir aquello
que los demás
quieren escuchar

El poder de la palabra

es un certero golpe
en la cabeza del silencio

Y de esa cabeza
–estallada en el aire–
se arma el mundo

a imagen y semejanza
de la poesía


Nuestra pequeñez escrita

Escribir
ser uno
entre tantos otros

pensar
nuestra pequeñez
como lo más importante
que nos pudo haber pasado


Los ojos

Cómo hacer para mirar
a los ojos del otro
y que entienda

Cómo hacer para que los ojos
del otro nos encuentren
y comprendamos


Escrituras

Escribo
sobre el charco
azul

palabras

que se hacen
nube

y lluvia


Los pájaros de nuestra memoria

tal vez el poema sea
un campo dorado
a la espera

de la lluvia

y del viento

que mecerá
los árboles

donde descansan
los pájaros

de nuestra memoria


Manos

Convertiré mis manos
en hojas de fuego

para que vuelen

incendiaré la noche
con palabras


La búsqueda

Muy pocas veces
estuvo cerca
de hallarlo

Está oculto
en algún lugar
de la casa

entre libros
y palabras

y en contadas noches
en el silencio aparente de los objetos
junto a luces ahora dormidas
presiente

que un fugaz conocimiento
pareciera
revelarlo todo


3.
Aguas de nuestra sed



«Quien lanza barquitos de papel
lanza deseos.»
(de un libro de Mary Shelley)


Aguas de nuestra sed

Ella acomoda los barquitos de papel sobre la mesa
Esos barquitos están detenidos en el cómplice mirar
La tarde pasa para que las aguas de nuestra sed empujen a los barquitos


Las alas del deseo

Ella es un pájaro que de noche vuela a lugares desconocidos
Lleva entre sus alas el sabor de los que la amaron durante el día
Viaja sola por temor a que la soledad la abandone

Ella se entrega a los brazos que la oscuridad le proporciona
Esos brazos la abrigan de la posibilidad cierta de la muerte
La muerte siempre la descubre amparada por la noche

A veces se detiene a beber agua de los arroyos quietos
Y un nombre que se dibuja en la momentánea transparencia del mundo
le recuerda que no todo lo escrito podrá ser leído


Al natural
para Maite

Desnuda subes
la escalera de madera

cierro los ojos
para perpetuar
la suavidad de tus pasos

el vaivén de tus pechos

dejar afuera
–aunque más no sea
por esta noche–
la ciudad y la tristeza

decidida te acurrucarás
a mi lado
en un instante

en el instante preciso
en el que el cielo
se abrirá
a la fiesta de los cuerpos
al amor de los dos


Ella sabe
para L. Andreas

Sabe separar el árbol
del bosque

Ella oscurece
con su boca
el sol

Para nuestra dicha
pronto lloverá


Los pájaros de la vida

Sólo algunas estrellas guían
a la pequeña pasajera

que dentro de un soplo besará
al hombre
en la playa encendida

para que los pájaros de la vida
canten

canten
junto a tu pensamiento

que canta


Colores
para Gaby

No entiende de colores
confunde el encarnado con la lealtad
lo racional con la esperanza
y la pureza con la obscenidad

No entiende de colores
por eso pinta


Tarde de perros

Como si la tarde pasara por la sencilla razón
de que hay silencios que se hacen
los muertos

Como si los perros que duermen bajo el sol
ladraran en sus sueños
al desconocido

Como si nada quedara
Sólo la ceniza

que nos tuvo de testigo
Señales de mirarnos
Cómplices
de un dolor que pena


Música

En otros atardeceres
los cuerpos eran música

Separados o unidos

cuerpos que sin palabras
se eternizaban en esa escisión
en que la música
parecía detenerse

para empezar
otra vez
la rueda fugaz
de nuestra danza

Esa tarde y siempre


4.
Nada fuera de lugar


«... y que sea lo que sea.»
Jorge Drexler


Los muertos

¿Qué se hace con un muerto?
¿Se lo deja en casa?
¿Se le cierran
las ventanas y la puerta
de la habitación?
¿Se habla en voz
baja
para no despertarlo?

¿Se lo comienza a olvidar
para no sentir
culpa de su abandono?


Cara y Cruz

Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben

y de inmediato
nos revolean al aire
como a una moneda

por si una vez el azar
por si falla el juego
de la vida

pero la suerte sigue echada
y caemos siempre
irremediablemente cruz

Luego juntan
nuestros pedazos

Nos olvidan

en uno de esos lugares

oscuros y fríos


Preguntas

¿No hay sol
para el desolado?

¿El desolado
no hace luz
desde su mirar?

¿En el mirar
del desolado
la luz
se transparenta
en claridad?

¿Desaparece la luz
para sólo ser
oscuridad?

¿Acaso
el desolado
tiene alergia
a la luz?


Lecturas

Enfrascado en la lectura de Proust
no llegaba a percibir que
desde el tren
los árboles eran más lentos

tampoco
cuando el muchacho cruzó el vagón
arrebatando a justos y pecadores
las cadenas de un oro imposible

para saltar sin tiempo
y violentamente perdido
hacia otras formas del mundo


Ella dijo

empujá la desdicha a un lado
porque para el dolor
siempre hay tiempo

y recordá
la vida
no es más que estos pedazos de nosotros
compartidos con los demás

**
José María Pallaoro nació el 28 de febrero de 1959 en La Plata, Argentina. Vive en City Bell. Cursó estudios de Castellano, Literatura y Latín. Como difusor cultural de poesía, música y literatura realizó en diferentes FM los programas: La máquina del tiempo, En la vereda del sol, Mariposas de madera y La talita. Es director de la revista de poesía el espiniyo y editor de Libros de la talita dorada. Como escritor publicó plaquetas, cuadernos y tres libros de poemas: El viaje circular (1998), Pájaros cubiertos de ceniza (1999) y Son dos los que danzan (2005). Junto al poeta Néstor Mux seleccionó los textos de la antología Naranjos de fascinante música: poesía contemporánea de amor en La Plata, 2003, que reúne a 34 autores de la ciudad de las diagonales desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente. Para comunicarse con el autor:
delatalitadorada@yahoo.com.ar
jmpallaoro@gmail.com
http://josemariapallaoro.blogspot.com