DANIEL OMAR FAVERO: Poesía inédita


Daniel Omar Favero

Nosotros, Ellos y un Grito (Selección)

Publicado en el espiniyo, revista de poesía, nº 5/6


RESPONDEME EN TU SANGRE: MI SANGRE TE INTERROGA

desde el principio, muerde con dientes absolutos,
rasga y destroza, cruje con la voz del volcán,
padece mi destino de perseguir estrellas,
mi destino de ver sin fin la caminata
de los ensimismados, la dimensión del muro.

Dame un signo evidente de desnudez, de venas
sueltas, como cabellos, dispuestas a mis manos
que son diez ignorancias para garabatearlas,
son diez fieras convictas, hambrientas de universo,
son diez enredaderas en tu totalidad
que no se detuvieron aún, ni te conocen.


AHORA ENTRE SONIDOS DE METALES LLORANDO,

en el anonimato que cruza la ciudad
que como un reloj mueve engranajes ocultos,
pasa un aire glacial y parece que clava,
sutilmente, cuchillos en los ojos perdidos
de la gente que va en la inercia del día.

Se diría que aquí nada puede cambiar:
voy por la misma calle que ayer, antes de ayer...
de verme por acá ya se aburren las casas
y se notan, más pálidas, ventanas pensativas.
Vivir, morir buscando el fin de esta cadena...
Acaso es mi destino de duelos cotidianos.


MIREMOS ESTA CALLE: ESTE BARRIO ES DE NIÑOS;

otra vez aparecen jugando entre nosotros
como imposibles duendes en estos cementerios,
como cosa que el cielo no ha querido admitir
y les llueve y los quema y ellos siguen sus juegos
y llamándonos siempre con miradas de barro.

Nosotros nos quedamos llorando algunas veces
porque una sola gota se nos cayó en el alma.
Ellos siguen jugando contra el sol y la tierra.
Nosotros renunciamos al combate algún día
por no sé qué valores o sabios pensamientos.
Ellos, contra el cansancio, morirán dando golpes.


QUIERO DESENLAZARTE DE LA RED DE OCCIDENTE

crepuscular y triste, de lánguidas alturas
de cemento con ojos que miran y no ven.
Aquí somos las islas: quiero hacer un camino
en el mar riguroso con mis pequeñas ramas
hasta tocar el centro de tu tierra dormida.

Quiero entrar, destruirte, devorar las raíces
(tu palabra no es tuya ni tu mano ni el tiempo).
Quiero que en las cenizas te levantes, genuina,
hecha entre relámpagos que anunciarán el parto
del agua y de la arena. Entonces sí, serás
y hablaremos, en calma, de la unidad futura.


SUBO POR TUS CAMINOS Y DOS PÁJAROS HUYEN

de planetas marinos a lejanos misterios
en un pleno vacío. Dos vidas silenciosas
no responden a nada, nada son ni recuerdan
pero desesperados de sed se detuvieron
en un sueño implacable e incendiaron el mundo.

Olvidaron los barcos, el mar y las campanas
y se quedaron solos, cómplices de la arena,
robándole secretos al bosque de madrugada,
secretos a las olas que llegan con el viento...
¡Subo por tus caminos de palomas errantes!
En un árbol, clavado, me espera mi cuchillo.


NUESTRA CALLE, PACIENTE, ENFERMA DE NOSOTROS

(nosotros que no somos sino significados
de palabras mayores y de antemano escritas)
larga, lánguida amiga, moribunda sin muerte,
nos tiende cada día sus veredas gastadas
como preguntas tristes... a dónde... para qué

A dónde los incógnitos, para qué los incógnitos
compañeros de suela sin propiedad privada,
compañeros de huella con madrugada y barro,
compañeros, monólogos, confesiones, amores,
y perros, compañeros de basura en basura...
Qué paciente la calle nos sirve de bandera.


¿DÓNDE VAN LAS COSAS QUE NUNCA SUCEDIERON

si alguna vez lograron ocupar el futuro,
la esperanza y el ánimo de los que dan la vida?
Las cosas subterráneas que allí son amenazas
y aquí son las desnudas llamaradas –expuestas
a la humedad del alba- y el aguardado triunfo.

En dónde están las cosas que no pudieron ver
aquellos que, resueltos, salieron a buscarlas
por montes intrincados, por villas y miserias,
llevando en cada mano herramientas del alma?
Y quién conoce el arma que logre enmudecer
la intensa resonancia de los héroes caídos.


Daniel Omar Favero, poeta y músico, nació en la ciudad de La Plata el 30 de julio de 1957. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional y en junio de 1977, en el momento de ser secuestrado por un Grupo de Tareas de la Brigada de Investigaciones que dependía de Ramón Camps y del Comando Militar I de Suárez Mason junto a su compañera Paula Álvarez, se encontraba estudiando Letras en la UNLP. Tenía 19 años y era militante de la Juventud Universitaria Peronista. Sus poemas fueron conservados por su padre durante los años de la represión hasta 1992, cuando la editorial Libros de Tierra Firme de José Luis Mangieri publicó Los últimos poemas, por iniciativa de sus amigos y en honor a Dane, como aún lo llaman quienes lo siguen queriendo. También en su honor, el 29 de marzo de 2001 se inauguró el “Centro Cultural Daniel O. Favero”, ubicado en la esquina de 117 y 40 de La Plata (www.culturalfavero.com.ar). Los textos que aquí presentamos se encontraban inéditos hasta el momento y pertenecen al único libro que Favero dejó preparado: Nosotros, Ellos y un Grito. Dibujos: Daniel Omar Favero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que destrución de talentos y que vacio de cultura dejan los regímenes totalitarios
Duele en lo más profundo de la médula las atrocidades cometidas
Nos dejan sus letras , sus ideas para continuar el camino
Gracias a todos ellos que nos otorgan la posibilidad de seguir creciendo
CC ( Ciudad Autónoma Buenos Aires)

Anónimo dijo...

Excelente trabajo. Con sólo 19 años se ve talento y angunos versos son enviadiables. Gracias por mostrar estos textos. Otros poetas fueron también desaparecidos. Bien es recordarlos.

©Claudia Isabel dijo...

Leí los poemas de Daniel que son un placer absoluto. Su historia maravillosa me sensibilizó al igual que su poesía. Gracias José María

luis schinca dijo...

Un talento y una sensibilidad fuera de lo común, 19 años!Y los portadores de la muerte no perdieron tiempo al cazarlo, al masacrarlo. Tengo una percepción ingenua sobre los energúmenos asesinos de la sensibilidad: más allá de los intereses de seres ocultos a los que obedecen, a esas Sombras del Ctuluh que de apoco van siendo conocidas, más allá de todos los discursos fachistas, se motivan en gran parte por una enorme envidia de aquello que ellos nunca podrían ser:seres angelados, seres con alma, los que no la tienen, odian profundamente a los poetas valientes.
Luis Schinca