INÉS APREA: Folclore y otros poemas


Folclore y otros poemas


Luna del pelele

sube la redonda
demasiado inmóvil
en cada casa
empecinados
con la maraña del día
tiran sin querer
los hilos de la noche



Estigma

es el sudor
pienso
lo que hace a Cristo
intocable

cientos de hermanos
con la sangre reseca
pegada en la frente

todo por una corona
de resurrección.



El hambre

parado en la puerta
empolvada
sostiene una cazuela cóncava
resueltamente vacía
los chinchulines humeantes tientan
en la fosa del cráneo



Folclore

un viejo poseído
por la herencia de su padre
tocaba y tocaba
rasgando con pasión las cuerdas
vocales de los nietos



Japón

en la tintorería Japón
un viejo sube la plancha
levanta la camisa humeante
nuevamente la apoya
baja la plancha

y ve pasar las horas
ahí
en Japón

sube la plancha
levanta la blusa blanca
vaporosa
continúa esa necia ,
rebelde, persistente mancha roja
redonda como un punto de sangre
sobre el lienzo

baja la plancha
oculta la porfiada
terca mancha
como salpicada por años veteranos
instalada
por átomos viejos

pero la calma es toda
del tintorero:
sube la plancha y la baja
sobre una avenida platense
en Japón.



Jorge Julio

dónde

dime con quién andas
a quiénes nombra
tu nombre, de cuántos habla
tu gesto
y te diré dónde acabas
de qué muerte
se rehace lo que callo // dime
a dónde me lleva tu palabra
y te diré hasta dónde llega
tu palabra // dime
cuánto mide la verdad
cuánta verdad
se para sobre sí
como una mujer
como un hombre
recuperados de sí
y te diré en qué pozo
zona abisal
en qué ciénaga o baldío
eché tus años
para que no contagie
para que no camine
tu palabra // dime
quiénes te buscan
y te diré quién eres.



El escultor
A Enrique Arau

despojaba su piedra de la materia
que oculta la forma
me dijo el éxito
es un fracaso adulto

despojaba su piedra

me dijo la victoria
es una derrota madura, Inesita
golpeando su espátula con la maza

o no sé qué me dijo, tanto fijaba yo
la vista en sus dos manos:
despojaba su piedra de harinas blancas
que se fundían en las nubes
endémicas de las sierras



Llamando

Evocación


fécula de los huesos
de los antepasados del odio
almidón de la raza que ama
harina de los días / migas / años


soplando con el viento

venimos y vamos.



I

y sin embargo
sigue arando
garra de la inquietud
surca el adentro del pecho
como si algo sembrara

no hay soporte
ni fértil
para semillas que flotan


II

detrás
debajo
oculto de lo que
digo entonces
como muy de este tiempo
de silencios con guirnaldas
de este tiempo de abismos con arreglos
no es un esqueleto
es
el músculo vacío:


III

sale a la calle
de muy llenar el torso
y huele
el ocio de las veredas
la vacación del llanto
incluso el estertor
del más mínimo obsequio de la razón


IV

( todos los que hablaban se callaron
con un revés de bocanada
una aguja implacable
les cosió de un giro los labios
enfundaron el aliento )


V

sale a la calle
de muy abarcar la vida que anda
el mundo que gira en remolinos de bolsas
el tiempo que avanza en sombras que se estiran
y el espacio del asfalto
que sigue sin fin
hasta algún oriente


VI

( los que llegaron pusieron
las suelas en la alfombra:
los recibe una mirilla
demasiado ciega )


VII

sale y camina
de muy comprobar la tarde
da la vuelta a la fruta y muerde
su desconsuelo


VIII

así será se dice
mientras dure esta vajilla rota
sangrando las paredes solas

un antiguo brindis
que estalló


IX

después no hay volver
ni buenos aires querido
sólo el desencuentro:
montamos puentes inmensos
y hacia ambos lados no hay nadie


X

los que llegaron
dejaron la casa vacía
y una puerta que nadie tumbó
se desploma en el horizonte.


IV (De la serie Erectas)


Yo no podría escribir pezón,
escribir mi perla pubis de niña ostra mecida por tus olas,
como si yo fuera mujer de raza.
Tengo arriba del sexo otro sexo,
un eterno juego de apilar las manos,
poniendo la de abajo arriba,
alternando las manos una y otra vez,
sin ver lo que está en el fondo.
No puedo hablar a un ritmo menstrual,
en el tono secretamente acustizado del útero.
Tengo arriba del sexo
una cabeza de vaca,
abiertos los ojos muertos,
rodeada de moscas.



Proclama dominical

quién los necesita
si nosotras bien solas
nos hacemos el mundo
levantamos casas
escuelas
gobiernos
rosas de papa
y bien nos damos
bien podemos meter pala
y que siga la huerta
para las hijas sin rito menstrual
sin calendario hemorrágico
bien podemos hacer el mundo
y al fin
echarnos a planchar



Vanguardistas


supe de un pájaro
que voló antes
de emprender el vuelo
quedó una pluma
agitando el aire



Póstumo


si lograste barrer tus desastres
soplar con plumas en alto
la escoria de tanta ruina

o volcar líneas de tu sangre
que endurezcan en la arena
como limas de bronce



Partida

yéndome ida
de un solo pie
mitad partida
mitad todavía
y lejos




Inés Aprea nació en La Plata en 1985. Estudia Historia en la UNLP y tiene un libro inédito de poemas.

LORENA FERNÁNDEZ SOTO: Poemas

(de Work, en Core)

XIX

El jefe me dice: -“hey you can have a car
if you want, just keep on working hard”-
Prefiere vivir preso en los States que volver
a su país con el mismo estado.

Sin embargo, todos los días prepara
el almuerzo de su tierra:
Injera, Shiro, Yemisir Wat, Gomen Alicha,
Yetakelt Wat, Zigni, Yebeg Wat, Kik Wat,
Yeodoro Alicha, Mincheta Bish, Lega Tibs, Doro Wat.
Me dice: - don´t call me boss!
“here we are all brothers and sisters”.

Caminó hasta Sudán diecisiete días descalzo
para llegar al país donde cumplió su
sueño americano.

Me dijo: “don´t worry, you don´t have to be nervous,
just do what you know and remain strong in your mind,
everything will get solved.”

Todas las tardes escuchaba la música de su plebe,
/ the poetry of the exilium ]
la música que terminé cantando:
“Oumou is the songbird/
el pájaro canta en el bosque,
a fatherless child always thinks about a father
a desperate person is always with hope
a childless woman is constantly thinking of a child.

In Wassoulou se cree que ciertos pájaros
pueden comunicar su visión del mundo
a los humanos.
Oumou es la canción del pájaro”/


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De Phoenix a Nuevo México


Nos trepábamos a los techos para ver el desierto desde la ciudad.
Desde la casa alquilada y sin terminar subíamos al mismo tiempo en que las luces
cambiaban su magnitud casi como para anunciarnos.
El silencio y los ruidos de las bocinas del fin del día nos fundían a contramano.
Nosotros despertábamos.

Éramos otro lado, un espacio inventado para amar y hacer todo lo contrario.
Enfrentados a la montaña Limón o la montaña A,
sabíamos que la batalla iba a llamarnos, batalla entre los dos.
Batalla para desenterrar propios entierros por prioridades nuevas y urgentes.
Prioridad transversal, carnal e intransigente.
Locura del olvido por piedad desentronada.

Subidos al techo de lonjas estalladas, la amistad nos conseguía equilibrio.
Una mano estiraba la llegada de la otra
como epígrafes estiran capítulos sin terminar de otros libros,
y otras voces queriendo llegar..
Stretching, enduring, searching and reaching out for some mate.
More mate.
Soul mate desengranada para decirme al fin; -este es tu verdadero andamio-.
Lo que quede por dentro o detrás de él,
lo que se levante de este esqueleto
es la oferta del desierto.

Infinito misterio la tristeza trastornada, amenazada
hasta no querer más nunca bajar del techo.

Y si los vecinos calumniaban, sabíamos que estábamos en lo cierto.
Mientras casas enteras viajaban por la ruta de Phoenix a Nuevo México,
Vos me decías -llevate mi aliento-.
Y te decía -el desierto es el fondo del mar-.



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Another constellation

sometimes i feel so fucking lost
thinking of you
can you hear me?
Tracey Emin


……porque Bretón…]
si la belleza será compulsiva
o no será/

el amor será
un impacto violento
hasta languidecer su estruendo
y transformarse en tiempo.

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Tríptico a tril

A Cesar Vallejo
i. m.


II


Zigzaguear con el filo de mis dientes
la roja sangre desnuda
de tu lengua para mí
y ofrecerte toda entera mi alegría
rogando clemencia: ven/

Ven a ver,
regocíjate/ regocijate
acaríciale/ acaricialo/ unítenos
únetenos en esta danza de agonías
tertulia que rumia obsesiones
en su despedida del bajo a lo adecuado/

Ven, te invito a esta osadía
abrirse así/
a puje e cerúleas yemas
manando la apertura de tus pliegues
a mis pagos/

Oh ven!
si es que quieres resentir
este otro lado
y saciar a la razón y los pecados
de ternura/ de sanura
y nuestra alma
lengua
oh ven.


III


Absoluta en mi

ya sin más soberbios BEMOLES

un disparador constante

aguja de sismógrafo

zigzagueando el ritmo

electrizante de insurgentes

alegrías

estéticamente

tan divinas

tan a

legrías.


I


Tus palabras se encastran
en mi trama/
Quiero hablar, pero no puedo
puedo escribir
creo

/“quiero escribir, pero me sale espuma”/
decías
mas aun la tinta baja afilosada
cuesta en pique
por las venas como
como mercurio en declive por
túneles de acero
/-Sólo de aceros-/
Féretros-/
Caños de bronce-/
dijiste también
y yo te digo/
y tajo
.
.
yo te digo muero

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Surda

(or haikus variations)

rais de una turbulencia
trémulo constipado
vibración yerta

desprendimiento
crocante y ligero
cuerpo despellejado y sediento

saturación de
hospicios senisientos
sin lindes en el centro

resacas de sueño industrial
neblina dentro de las gafas
horizonte sin viento

on choir/
cruzada de salmos
de agradecimiento

aire hecho vapor
sonidos y cuerpos
viajando son decibelios

música
ohnestidad en las bocales
armónicamente abiertas

voces de renacuajos
y camarones entonan
al unísono aliento

do/ do/ do/ re/ do
mi/ sol
mi/ si-miento

una ekstrania corriente
-perceptible-
(sin extrañamiento)
atraviesa y lleva.


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Oceanchild

a P. D.

who sounds to me like
glistening Electronic violins
melting smoothly
into the water
of the air
like a delicate trumpet
with sordina
calling us
everyone
to join you
in front of the striking
glowing beauty
of an ocean gale
crashing
against your eyes
like the white whale’s echoes
releasing your emotions
wiping them
with softened colours
drawing an endless circle
under the joyful lips
of the oceonchild.


Lorena Fernández Soto nació en Buenos Aires en 1978. Vive en La Plata donde es estudiante de traducción literaria en la UNLP. Tiene dos libros de poemas inéditos: Andamios (2006) y Core (2007); actualmente trabaja en el tercero con el título tentativo de Mandragorial. Coordina el ciclo Leyendo, leyendo en La Farfalla Poética.

GUSTAVO CASO ROSENDI: Soldados


Soldados
Gustavo Caso Rosendi


Para Analía, Victoria y Valentín.
A mis amigos.
Por los que quedaron y por los que quedamos.
Por la Memoria.



Las casas flamean porque partiremos
para no volver jamás
GUILLAUME APOLLINAIRE




Se asoman cada noche
uniformados de musgo
desde la tierra parturienta
Miran las luces del muelle
y todavía sueñan
con regresar algún día
Oler de nuevo el barrio
y correr hacia la puerta
de la casa más triste
y entrar como entran
los rayos del sol
por la ventana
en la que ya nadie
se detiene a mirar
donde ya nadie
espera la alegría

**

Se está como
en otoño
las hojas
en los árboles
GIUSSEPPE UNGARETTI



Yo los saludo
soldados que salen
marchando de mí mismo
entre temblores de frío y de resaca
Hojas perennes en la rama
Florcitas de ceibo incendiadas con la tarde

**

TRINCHERA

Comenzamos cavando como si
fuera nuestra propia tumba
Pero cuando el cielo escupía fuego
nos dábamos cuenta
que era un buen hogar
después de todo

**

...que quien gana batallas botellas pierde
JAMES JOYCE



MOMENTO

Tirados sobre una gran roca
bebemos unas scotch ale
que no sé de dónde sacó
el soldado Villanueva

Es el atardecer y en la única radio
de las islas están pasando Let it be
Bebemos y reímos
porque mientras en el continente
lo único que explota es el rock nacional
y Charly pide que no bombardeen Buenos Aires
¡aquí los milicos pasan The Beatles!

(Cae una lenta llovizna
una verdad silenciosa
junto a la melancólica metralla
de las latas vacías)
Se persignan los tatadioses
mientras comulgan un pedazo de luna
Rezan rezan casi sin fe
mientras se alza otra bengala

**

Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos los abuelos los primos
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia

Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra
todos los gorriones todas las persianas

**

PASE INGLÉS
Dados tirados al sol
Luego de una noche
en que la mano del destino
nos agitó por las colinas de Wireless Ridge

**

MONTE LONGDON

es como un corso es como si fuera el último febrero desde una vitrola oxidada canta castillo siga el baile una mujer con rostro de ibis pasea en el chingui-chingui llueven serpientes de papel la avenida con lamparitas de colores gualeguaychú todo nevado pero no le parece raro porque sabe que le tocaba mirar hacia el frente y ganas de tomarse una cerveza y un cabeceo y otro y otro más y ahí está buscando a la marcela entre la gente pero una estatua lo detiene le besa la frente la bufanda se le escapa como un pájaro ciego se va enganchando entre las ramas se deshilacha escocesa en el cielo y llega un frío oscuro oscuro oscuro y ya no puede enterarse de aquel filo que se le apoya en la garganta justo cuando se encienden los primeros alaridos de la noche

**

GURKAS

Mercenarios de perfil bajo
(los únicos que los vieron
ya no están)

Cuchillos fantasmales
cortando los sueños

¿Pero acaso nosotros
no veníamos del país de
las picanas sobre panzas
embarazadas?

¿Quién le tenía que tener
miedo a quién?

**

NATURALEZA MUERTA

La tierra se abría
y nos iba comiendo
Verdes manzanas machucadas
Verdes manzanas esparcidas
en la turba amarillenta
Ese día el soldado Aguilera traía el sol
Como un ciprés harapiento
bajo la rama verde de su brazo
el soldado Aguilera traía el sol
No venía con la mirada caída de otros días no
Se recortaba triunfante en la colina
apretando al sol-rehén bajo su axila
contagiado por la luz
Se acercaba como el amanecer
agigantándose a cada paso
Ya entre nosotros lo sujetó contra el suelo
clavó su bayoneta en el ojo dorado
y rápidamente nos llenamos manos
y bocas con esa carne de cíclope
que sabía a dulce de batata

**

A veces mirábamos nuestra sombra
sobre el camino escarchado
para cerciorarnos de que aún estábamos
Entonces sí
bebíamos de la cantimplora
el agrio sabor de la existencia

**

MAOL-MHIN

Era terriblemente bello
mirar en pleno bombardeo
la suavidad con que caían
los copos de la nieve

**

COSTUMBRE

Justo cuando los dragones
vomitaron desde el cielo
yo orinaba hacia el frente
mientras contemplaba la luna
Despreocupadamente feliz
troté hacia la trinchera
El casco bailaba
un fox-trot sobre mi cabeza

**

NEVERMORE

Ojalá pase el Sea Harrier
de nuevo por aquí
graznando esa palabra
que no entiendo
El muy cuervo viene a
picotearnos los nidos
Prometo que esta vez
lo voy a desplumar de una escupida
Ojalá pase y estemos atentos
y no pueda posarse sobre
los cascos que aún sueñan
entre las piernas del amor

**

UNA RECETA PARA EL GATO DUMAS
Primero: robarse un paquete de fideos
del cuartel “Moody Brook”
Segundo: ponerlos a hervir en el casco
con agua de una charca cercana
El secreto es el condimento
(la pintura va saltándose del acero
a medida que se recalienta)
Tercero: servir en marmita
preferentemente abollada y tiznada
Cuarto: sentado sobre una piedra
comer lentamente como si fuese
el último bocado que se vaya a saborear

**

POR ROBAR COMIDA

¿Y si no fuera la atadura
que hizo el cabo y si yo fuera
un bicho verde sostenido por
alfileres y si fuera Gulliver
en el país de los enanos
y si fuera Cristo y si fuera el
costillar al asador del último
cumpleaños y si fuera el cordero
que maté esta mañana
y aún me mira y no me quita
ni un pecado y si fuera el mismo
cielo que se mete por los ojos
con este dolor titilando de tobillos
y muñecas y si yo fuera
todas las estrellas estaqueadas
constelando el desamparo
de esta noche?

**

BOMBARDEO

Caían los barriletes
regresaban todos juntos
envueltos en llamas
con sus colas de trapo
de sábanas del cielo
desde donde alguna vez
abrazados a un oso
nos besaron la frente
y susurraron al oído
buenas noches
hijo
que descanses

Caía la noche vidrio roto
desde una muy alta claraboya
y caía el sol de mayo
entre la sangrienta melena
de ese roble
también la lombriz
en el territorio de aquel bagre
y la espera en vano
el vano regreso
la tarde colgando del anzuelo
y entre las manos un tazón
con leche hirviendo y miel
sobre una tostada casi negra
y ese tufo entre las uñas
a lata a tierra a humo
a pez ausente
y aparecían de pronto
los perros de la infancia
para echarse al lado nuestro
y nos olían el miedo y nos lamían
y luego por fin el silencio
al fin el silencio poder dormir
dormir un poco o para siempre

(Buenas noches
compañeros
buenas noches)

**

Ese soldado nunca supo de qué
mordisqueada manzana se había
asomado como gusano al mundo

Debió ser esa la causa por la que
paseaba su garbo de sauce
en la llovizna ocultando un poco
esos ojos de pescado reseco
y parecía rebotar en el paisaje
con la insistencia del bicho
que choca contra un farol

Debió ser esa la causa por la que
se retiraba a buscarse para no
encontrarse cuando regresara
y no verse y esas cosas
que se piensan

Debió haber sido así
Así nomás debió haber sido
que no oyó la voz de alerta ni el silbido
y cuando el viento negro
se le metió por los agujeros
ese soldado gritó
“mamá”

Lo único que gritó fue esa palabra

**

ÚLTIMA CARTA

Sobre la plancheta de reglaje
del mortero escribe
“Aquí no hay álamos”

Ha visto a la muerte
comiéndole el brazo
al soldado Santos
Ha visto la cara desnuda
de aquel que fue Juárez
alguna vez
y ahora escribe
“querido Pablo”

Su garganta exhala
fantasmas de niebla
alaridos de la vela
que lo alumbra
(ángel de cera
ala tuerta que crece
que pinta sombras
en la piedra)

y el soldado Raninqueo
escribe
inocencias de otros fuegos
ternuras ya perdidas
habla de tía-abuela
de una cajita de música
“no entregar Carhué al huinca”
escribe

Afuera el vivac es una toldería arrasada

**

INÉS FRENCH

¿Le hubiese temblado la tiza
a la maestra pionera en
dibujar vocales para los
indiecitos del sur? si viviera
digo ¿le hubiese temblado la tiza
para escribir paz peace love amor?
Menos mal que ya no está pensó
el soldado de uniforme mugriento
Ochentipico tenía cuando nos dejó
¿Qué palabras hubiese escrito
ahora que los indios caemos
pronunciando esas vocales?
¿Le hubiese temblado la tiza a mi
abuela inglesa? si viviera
digo ¿le hubiese temblado la tiza
hoy que la noche parece
un pizarrón borroneado? pensó
el soldado de uniforme mugriento

**

CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS

Cuando uno está por matar
es cuando más quiere la vida

Se corre se saltan cuerpos
mientras se escucha:
¡Oh! ¡Dios! ¡Ah!
como cuando se hace el amor

Corremos vaya a saber
por qué para qué para dónde
(gritos de parto gritos que parten
hacia el silencio absoluto)
y corremos como la sangre
hacia la oscuridad
sin cordón umbilical
huyendo de las vinchucas rojas
que buscan picarnos la frente

Cuando uno está por matar
puede llegar a hacerlo
o elegir esquivar el silbido
y alejarse a la orden de repliegue
o simplemente morir

Adiós soldados adiós
Ya no se debe mirar hacia atrás
Pero se mira

**

TREGUA

Arrodillado como si rezara
tiraba hacia la noche
No pude saber si era enemigo
Creo que él tampoco cuando me vio
arrastrándome como una culebra
Ambos omitimos pronunciar
una palabra que aclare la cosa

(No siempre hablando se entiende la gente)

**

DESPEDIDA

Aguardaba Caronte
en su bote inmundo
Mientras la Libertad rostro tiznado
gorro frigio ensangrentado
besaba a un soldado moribundo


**

Se cava un pozo para seguir con vida
Se cava otro pozo
para el que no le sirvió de nada cavar

**

CANTATA

Pasa la esquirla
y al soldado Martínez
le salen puentes
amarillos de la media oreja
y abajo la sangre
corre turbulenta
y Spinetta rema
sobre su guitarra
y gira el paisaje
como un cuadro de Van Gogh

Es por eso que hoy
cuando alguien le habla
adopta una postura
de figura egipcia
como si el silencio
de aquel hospital
le perdurara

(Pero yo sé bien que
cuando Martínez está solo
ese oído se le abre
como una ventana
y es cuando vuelve
a escuchar el silbido
y luego el trueno y luego
como un viento las voces
de los muertos que le cantan)

**

EN EL BOLSILLO DE LA CHAQUETILLA

Un niño cara redonda y sonriendo
Cuerpo de palotes un poco
pintarrajeado de verde pies marrones
sosteniendo en su mano una bandera
Y atrás el sol y alguna que otra
nube en el cielo redundantemente celeste
Un “¡biba la patria!”
escrito en un trazo inquebrantable

Luego seguía una inscripción
adosada por el soldado:
“La infancia con un crayón
es más poderosa que un batallón”

**

POEMA ORNITOLÓGICO

Casi todas las aves se habían ido
(Eran sabias las aves o casi todas)
No como esas gaviotas que flotaban
enrojeciendo la bahía
No como aquel Pucará que caía en picada
ennegreciendo la mañana

**

Dormíamos abrazados
Marilyn -te decía-
Todas las madrugadas
aseaba tu cuerpo tus agujeros
Sin embargo me fallaste
cuando más te necesité
Pude haberte abandonado
en medio del camino en llamas
pero me aferré de vos como si
fueras un idiota al que tenía
que proteger
Y ese amanecer te saqué
las entrañas para arrojarlas
al mar
y ya en la fila acaricié
tu cuerpo hueco
y te dije adiós
antes de tirarte en la fosa
de los fusiles rendidos

**

Los he visto
borroneados en la niebla
ocultándose del trueno
iluminados por el estallido
estremecidos por los latigazos
del viento y de las tripas
Rostros de la intemperie
Rostros mugrientos y sin ojos
Rostros sin rostro que aún esperan
dejar de partir siempre dejar
de sentir el hambre que los come

**

PÉRDIDAS

No era un billete anaranjado
caído al descuido de la Costa
de la billetera del Sr. Méndez
No tenía esos agujeros hechos
por algún pequeño infierno
escapado de la colilla del ebrio
que espera la cuenta de sus whiskies
(no era la propina de la fortuna de Fortunato)

Tampoco era un papel intacto
arrastrado por el viento de Pearl Harbor
y depositado en un banco neblinoso
allá en los mares del sur

Eran ellos que gritaban un cielo numerado
sus inocencias de espumas
flameando entre las olas
Era Manuel y tantos otros que
se mojaban ablandándose disolviéndose

Era el Belgrano que se generalizaba
en medio de los borbotones del fuego
y se abrazaba a alguna tarde
en cada pueblo allá a lo lejos
y se hundía como una bandera de sol
en plena noche

**

No sé por qué diablos
estoy escribiendo
con esta sangre tan ajena
y tan estrepitosamente mía


**

MALENTENDIDO FASHION

A la revista “Gente”

Cuando decíamos:
“¡Que se venga El principito!”
No queríamos decir:
“¡Que se venga el principito!”
No era al Andrés que reclamábamos
Era al que dibujaba boas
tragándose elefantes y sombreros
Al de los baobabs al del planeta
en el que crecía solamente una flor

Pero El principito no vino
y llegó el Andrés
Que volaba como Saint Exupéry
pero no volaba como Saint Exupéry
ni dibujaba boas tragándose
elefantes y sombreros

**

EN EL CAMAROTE DEL CANBERRA

Se fregó y se refregó
bajo una lluvia caliente
Consiguió sacarse la mugre
pero no la angustia
pero no la desolación

Se miró al espejo
y supo que ya no era
y supo que nunca
se marcharía del todo
de esas dos islas rojas
como mordida de vampiro

**

PUERTO MADRYN

Como una Moby Dick de acero
el Canberra nos derramó en la explanada

Luego el abrazo de la gente el griterío
un hogar un plato de guiso un poco de vino
el ruido del chorro del sifón y los ojos
encendidos de una chica

Partimos al atardecer

Lentas algas se amontonaban en la orilla

**

EN EL PALOMAR

Querían que comiéramos
de las miguitas del olvido
Pero no quedan palomas
después de una guerra

Pichones de cóndor desgarrando
las tripas de la verdad

**

TENÍA RAZÓN OSCAR WILDE

En el fragor del combate
no pude acertar al enemigo
Pero terminé con la alegría
pero acabé con la inocencia
pero malherí a la esperanza

Uno siempre termina matando
lo que más ama

**

A veces en la noche
entre las sábanas del deseo
cavo de nuevo una trinchera
para resguardarme del dolor

**

EL ÚLTIMO ENEMIGO

Jorge se despertaba
entre la tempestad del fuego
con esa tos de cañoneo
que no se le iba nunca
y antes del desayuno
se afeitaba en un pedazo
de espejo que latía

Esa mañana besó
a sus hijos a su mujer
besó como el sueño
profundo y suave
besó de una manera
imperdonable y dulce

Más tarde en el baño de un bar
sacó un revólver y disparó
justo en el lugar donde
se apostaba la tristeza

**

Hoy la luna parece
un templo destruido
Un trozo de queso
comido por una rata
Una cara que mira
la humana lejanía
para romper en llanto
y besar las rancias mejillas
de la playa de Goose Green

**

BRINDIS

Subía y bajaba colinas
hasta llegar al soldado Sañisky
Le daba un abrazo
le ponía entre las manos
mi paquete de Marlboro
esto es tuyo -le decía-
es todo lo que tengo
y nos dedicábamos a echar humo
igual que aquellos agujeros
que de pronto aparecían
en la turba como un
acné irremediable

Hoy cuando nos juntamos
en algún cumpleaños
y enciendo un cigarrillo
sentimos que estamos allá de nuevo
Entonces mi amigo
–que ya no fuma-
me pone en la mano
una copa de vino
y miramos cómo corren
nuestros hijos
cómo hablan nuestras mujeres

Y porque aún nos perdura
la tristeza es que estamos felices
y porque sabemos que de alguna
manera no nos han vencido
es que brindamos

**

DESPUÉS DEL HORROR

Lo hemos aprendido
Nosotros los sobremurientes
sabemos muy bien que tras el silencio
viene otro silencio atronador
Siempre será así

**

¿Puede concebirse algo más ruin,
más maliciosamente disimulado
que elogiar a un hombre por hacer aquello
que dicho hombre más desprecia?

WILLIAM BLAKE


CONDECORACIÓN
Prendieron en su pecho
una medalla barata
donde alguna vez
estuvo la esperanza
de trabajar para vivir
dignamente -por ejemplo-

Y no ver por la vidriera
cómo cena el senador
cómo putañea el diputado

**

HIMNO EN LA ESCUELA

¿Acaso oímos el llanto sagrado
el sangrado grito de rotas cabezas?
¿O coronados de gloria vivimos
mientras flotan al viento
jirones de pueblo perdido salud?
¿Están resecos los laureles
escarapelas grises que caen
desde las sienes?
¿Y escucharán ellos allá lejos
esta tarde el estribillo
ahora que mi hijo está vestido
de granaderito
ahora que canta la inocencia
ahora que la bandera
se mancha de crepúsculo?

**

BOLERO DEL NÁUFRAGO

A veces la ausencia
se nos instala en la orilla
cargada de gestos
facciones y nombres
que ya no pueden juntarse
Un pedazo de pan
una lata vacía
una carta trunca
una birome agujereada
restos de yerba
una fotografía carcomida

A veces la ausencia
es una sirena que canta

**

SANOS Y SALVOS

Podemos llegar a suponer
que no hay tiempo ni distancia
que derrote a la memoria
¿O acaso hemos regresado
hemos salido del infierno o acaso
el amor anduvo haciendo el odio
para que nazca esta ternura de añorar
a lo monstruoso?
Porque están crepitando sombras
en el crepúsculo de la salamandra
Fantasmas de humo que nos nombran
Llamas que nos llaman
Hasta que una mano nos toca el hombro
y nos rescata y nos hace darnos cuenta
que el café está frío y afuera
llueve y la gente va y viene
como si nada

**

muertos que hablo y que me hablan
en las palabras que palabro/
estas mismas palabras que
cierran mi voz como una noche/
JUAN GELMAN


CEMENTERIO DARWIN

Espectrales mohaíes que aguardan
no sé qué del horizonte
Pajaritos muertos volando todavía
en el silencio que escarbo
con desesperación de perro
Compañeros que vienen a posarse
en los omóplatos de mi sombra

**

EN EL FONDO DE CASA

Analía come una mandarina al sol
Victoria peina a sus muñecas
Valentín rompe las plantas con la pelota
Y allá abajo a la sombra del tilo
en un camino casi invisible
un puñado de hormigas
desarma una cigarra
Le sacan las alas

dos pequeños arcos iris dos velas
tornasoladas van separándose
del abdomen verde que también
se escapa de sus propias patas
mientras la cabeza de ojos negrísimos
mira cómo lo destrozado
de alguna manera sigue caminando

¿Y quién cantará ahora por
nosotros en febrero?

Valentín sigue rompiendo las plantas
y grita “gol”
Victoria ha dejado una
de sus muñecas en el piso
Analía tiene en su mano
unas semillas dulcemente agrias
entre las cáscaras de la tarde

**

OBSERVANDO EL ACERCAMIENTO DE MARTE

¿Qué viniste a buscar viejo Ares
que ya no tengas de nosotros?
Han quedado en el olvido
las antiguas batallas libradas
para poder ser
Ya hace mucho que se asesina
para tener poder
Hace tiempo también que se mata
para poder tener
¿Entonces qué viniste a buscar
que ya no tengas de nosotros?

Algún día te encerraremos
en una vasija de bronce

**

SOLDADITOS

¿A dónde fue aquella plástica infantería
que iba derrumbando con la gomera?
¿Se levantarán todavía como lázaros
para recomenzar la batalla
o seguirán durmiendo en la vieja lata
de té chino?
¿Habrán encontrado por fin a La Parca
ellos que no morían?

¿Y a dónde en qué lugar
hemos quedado nosotros?

**

THATCHER´S TANGO

Para Martín Raninqueo y Cacho Macchi

Nunca fue mi Margarita
ni mi mujer –que es de fierro-
ni esta copa bendita
de Bianchi Margaux

Es que la vieja nos mandó
a sus muchachos pa´ darnos
pa´ que tengamos
“será por eso que no me la banco”
dice el manco Santos agitando su mano

Nunca fue mi Margarita
ni vela para este entierro
Brindo porque ni siquiera vale
una deshojada
porque nunca la quise ni mucho
ni poco ni nada

Pirata mirada de serpiente
siempre mudando tapados de piel
Seguro que cada diciembre
nada le trae Papá Noel

Es por eso que hoy
mi tango te canta
podrida percanta de Pinochet
flor siempre marchita
con agua bendita yo te regaré

Pero igual nunca nunca
serás mi Margarita
Y a mi mujer ni a los talones
le llegás
Y es por eso que brindo
Porque no valés
una margarita deshojada
porque nunca te quise
ni mucho ni poco ni nada

**

el amor es una patria con luces de crepúsculo
DYLAN THOMAS



PATRIA

Yo no quería tu sonrisa ni tu llanto
y en verdad te imaginaba
como una comadreja criando
muertitos en su bolsa
Pero en la Soledad te vi
te vi y tomé tu mano
y estabas bella como la luz del dolor
Casitas de chapa salían de vos
jacarandaes ojerosos
hilachas de flores de lapacho
angelitos pordioseros salían de vos
zorzales lastimados y en los picos
banderas de jazmines y lavandas
Te vi y estabas bella y temblabas
sombras de niños salían de vos
corriendo hacia un zaguán oscuro y viejo

**

¡Fiiiirrrmes!
grita el teniente

y los soldados se levantan
en mangrullos de huesos
y se paran frente a la cama
del teniente que duerme
y lo miran

Cada noche de todos los días
que le queden de vida al teniente
se pararán frente a su cama
y lo mirarán

¿Qué quieren de mí
estos tagarnas?
–piensa el teniente
cuando despierta-

Pero todas las noches
los soldados se levantan
en mangrullos de huesos
y se paran frente a la cama
y lo miran

Qué quieren de mí repite
todas las mañanas el teniente
con la esperanza de que
alguna vez los soldados se
cansen de estar muertos

Pero cada noche de todos los
días en la vida del teniente
ellos están ahí puntualmente
firmes
parados frente a su cama
y lo miran

y esperan




Nosotros que escuchamos sobre
las cabezas el relincho del mortero
que leímos el porvenir en las tripas
de los nuestros
Nosotros que olimos las letrinas del espíritu
que tocamos el temblor de la piedra
como un corazón desesperado
Nosotros que lamimos el meado vientre
de la tierra que persistimos pese a todo
y a nosotros

Somos los que aún permanecemos
en cuclillas los que todavía tenemos
las pupilas como esquirlas candentes
los que a veces nos seguimos
arrastrando por la noche

los que todavía soñamos
con regresar algún día


**


PRÓLOGO A “SOLDADOS” 
DE GUSTAVO CASO ROSENDI

Por Martín Raninqueo (*)
La Cumbrecita, enero de 2006.



“La poesía le habla a las heridas,
no a los torturadores.”

John Berger


Corría la década del ‘80. Luego de la dictadura, los jóvenes de la ciudad se dividían, a grandes rasgos, entre quienes asumieron una posición de compromiso político frente a la realidad, y quienes, escépticos, tomaron distancia de la militancia partidaria para intentar recuperar la alegría perdida. Los primeros escuchaban a Silvio Rodríguez, Chico Buarque, la música popular latinoamericana, y se acercaban a los textos de Vallejo, Neruda y González Tuñón, entre otros. El segundo grupo, que renegaba del viejo rock nacional por su actitud complaciente frente a la guerra de Malvinas, comenzaba a escuchar los ecos del post-punk, mientras la New Wave comenzaba a pasearse bajo los tilos con sus “raros peinados nuevos”. Estos jóvenes podían ser lectores de los escritores de la generación beat hasta llegar a Bukowski y las revistas de historietas. Noches de narices frías, cuando la cocaína era “cristalitos de color rosa”.
Eran pocos los que, por entonces, tenían algún conocimiento sobre la poesía platense. Los nombres que comenzaban a escucharse eran los que luego se conocerían como los “Poetas Capitales”: Mux, Ballina, Castillo Preler y Oteriño, sumados a los de López Merino, Speroni, Lahitte y algunos otros. La música popular platense se agrupó en lo que fue la cooperativa M.U.S.A., por donde pasaron músicos como Néstor Gómez, Diego Rolón y Pablo Raninqueo, entre otros, mientras que al calor de los grupos como Virus comenzaban a nacer grupos como Sacarina, Las Canoplas, etc.
En el año 1986, alguien me habló de un poeta ex combatiente de Malvinas que escribía compulsivamente en el Bar El Parlamento, teniendo por compañeros su infaltable atado de cigarrillos y una botella de vino tinto. Recuerdo la primera vez que creí verlo tras una ventana empañada del bar. También guardo en mi memoria otra oportunidad en la que estuve en una mesa cercana a la suya. Quizás su halo de poeta maldito y mi timidez me impidieron acercarme a él. No sé cómo conseguí su teléfono, pero sí recuerdo claramente el día en que fui a su casa por primera vez a leer sus poemas prolijamente encarpetados y mecanografiados, así como nuestras conversaciones sobre los poetas franceses del Surrealismo, que ambos habíamos conocido a través de la ya mítica Antología de la Poesía Surrealista de Aldo Pellegrini. Éste fue el principio de una relación entrañable que se ha prolongado hasta el presente.
Malvinas no fue un tema que Gustavo abordara en sus comienzos como poeta. En “Bufón fúnebre”, su primer libro, sólo hace referencia a la guerra en el poema “Abril nos traería”, el cual ha sido muy difundido: “...sólo queríamos reír cantar bailar…”. Probablemente, el poeta ya intuía que no se escribe con el dolor, sino con el recuerdo del mismo. Ese dejar decantar el tema, esa distancia en el tiempo hasta llegar a Soldados, le permitió transformar un hecho doloroso en un hecho estético, para decirnos que, tal vez, se escriba porque se ha perdido una experiencia inefable, y al escribirla se realiza una experiencia del lenguaje.
El argumento de este libro es uno de los que más ha sido cantado por la poesía de todos los tiempos: la guerra. Pero Gustavo Caso Rosendi además comprende, a decir de Daniel Samoilovich en un artículo titulado “Poesía y Memoria”, que “El tema no es más que un color de la paleta, un instrumento de la orquesta.” En el mismo artículo, el autor sostiene que “Nunca, por el contrario, la sinceridad o la potencia garantizan el logro de una obra. La Memoria es la madre de las musas, pero como buena madre debe dejarlas partir después de parirlas y educarlas… A veces se tira de un hilito – una hilacha podría ser – y enormes pedazos de la propia historia empiezan a surgir diez, quince, veinte años después.”
Y a más de veinte años de la guerra de Malvinas, Gustavo comienza a tirar de la hilacha, si bien ya había participado en el libro “El viento también recuerda”, antología de escritores ex combatientes de Malvinas. Y de esta hilacha comienzan a descender poemas como estrellas desde el cielo oscuro de su memoria.


SOLDADOS


El libro comienza con un poema que tiene un acápite de Apollinaire, el poeta conocido por sus caligramas y sus poemas de guerra. Gustavo Caso Rosendi construye un poema devastador, que bien podría ser una de las escenas del film “Los Sueños de Akira Kurosawa” del mismo artista: aquélla en la cual los soldados ya sin vida reclaman volver a sus hogares, y su General, quien es el único que ha sobrevivido a la masacre, se ve obligado a devolverlos a la muerte, de la que vienen y de la que creen poder huir: “Se asoman cada noche / uniformados de musgo / desde la tierra parturienta / Miran las luces del muelle / y todavía sueñan / con regresar algún día / Oler de nuevo el barrio…”.
En el segundo poema también recurre al recuerdo de otro poeta que pasó por la experiencia de la guerra: el italiano Giuseppe Ungaretti. Al conocido poema del italiano “Soldados”: “Se está como / en otoño / las hojas / en los árboles”, Gustavo contrapone dos versos contundentes, obtusos y delicados: “Hojas perennes en la rama / Florcitas de ceibo incendiadas con la tarde”.
Algunos lectores le harán un gesto de complicidad al autor luego de leer el poema “Momento”, en el cual recuerda una tarde en las islas bebiendo “unas scotch ale” junto al soldado Villanueva y escuchando “Let it be”, mientras en el continente, tras el fervor chauvinista del dos de abril, las radios comenzaban a difundir rabiosamente el rock nacional.
Los poetas argentinos de las dos últimas décadas, sostiene el escritor e investigador Jorge Monteleone, lidiaron con una situación extrema: reconstruir el idioma social contaminado por el discurso punitivo de la dictadura militar. “No hay crisis, no hay creencia que la poesía no pueda nombrar.”

¿Pero acaso nosotros
no veníamos del país de
las picanas sobre panzas
embarazadas?
¿Quién le tenía que tener
miedo a quién?

En sus diferentes alcances, la palabra remate significa coronar, consumar, darle un final acabado a alguna realización. El remate en un poema debe ser iluminador. En este sentido, he aquí uno de los poemas más representativos del libro: el del soldado Aguilera que trae el sol “bajo la rama verde de su brazo”. El sol, que en un final típicamente “casorosendiano”, se revela como una lata de dulce de batata.
Entre las esquirlas del libro, se suceden escenas conmovedoras. Cara y cruz de una moneda, la comedia y la tragedia, que son la vida misma: “Era terriblemente bello / mirar en pleno bombardeo / la suavidad con que caían / los copos de la nieve.” El poeta también es capaz de recurrir al humor en el campo de batalla. Su casco, que baila un “fox trot” sobre su cabeza, en alguna ocasión sirvió como olla (“Una receta para el Gato Dumas”).
Algunos truenos y una tímida lluvia en las sierras cordobesas me acompañan en la lectura de estos poemas y la escritura de su prólogo. Un humeante té de hierbas del monte acompasa la escena. De repente, sin embargo, un relámpago ilumina los versos y la calma se eriza porque “Aguardaba Caronte/ en su bote inmundo / Mientras la Libertad rostro tiznado / gorro frigio ensangrentado / besaba a un soldado moribundo.” Otro relámpago y su trueno le ponen oscura melodía al poema dedicado al soldado Martínez, que hace referencia a la canción Cantata de Luis Spinetta: “Pasa la esquirla / y al soldado Martínez / le salen puentes / amarillos de la mediaoreja”. Ahora, los truenos braman como morterazos en la imagen stokeriana de “...esas dos islas rojas / como mordida de vampiro”. Poemas viscerales, un tanto alejados de aquellos de sus comienzos, cuando al autor lo desvelaba el estudio de la mitología griega al punto de construir un árbol genealógico que relacionaba el amplio mundo de los seres mitológicos. Poemas pertenecientes a una de las voces más significativas de la poesía de los últimos veinte años en la ciudad de La Plata.
Por último, muchos ex combatientes repiten la idea de regresar alguna vez a las islas argumentando que “algo profundo va a terminar de cerrar”. Gustavo finaliza su libro diciendo:

los que todavía soñamos
con regresar algún día

Si ese día llegara, sería mi deseo poder volver con el autor de este libro para interrogar al viento (si es que aún recuerda). Para recordar a nuestros compañeros con el silencio que nos debemos cada 14 de junio, fecha de la derrota y la recuperación de nuestra incómoda realidad, a decir de Carlos Gamerro. Para comprobar ante los fantasmas de la turba que jamás podremos huir del drama de la vida o del “agrio sabor de la existencia” que alguna vez bebimos en una cantimplora. Para confirmar, quizás, que nada queda de nosotros en las islas, sino lo que las islas guardaron para sí.


(*) Martín Raninqueo es músico y poeta platense. Publicó “El viento también recuerda” (1996), “Poemas al Flautista” (2003) y editó el c.d. “Poemas” junto a Gustavo Caso Rosendi. Como músico, grabó “Después del incendio” (1998), “Ffffff….” (2001), Adentros (2005) y Gorrión criollo (2006).

JUAN OCTAVIO PRENZ: La muerte de un pequeño poeta de bien y otros poemas


Selección de textos: José María Pallaoro


Fechas Memorables

Enciendo el cigarrillo
y el humo es una rosa

Enciendo la rosa
antes de que muera la ceniza

Muere la ceniza
y quedan mis dedos
con la rosa en V


Destierro

Una rosa de los vientos
que gira como una ruleta
sin detenerse jamás

Sur


Buenas costumbres

Cómo hacer rosa para elevarte
o caer hasta ese placer
que no destruye

Cómo caes o te elevas
sin que nada en ti semeje
una caída o una ascensión

Sobre todo
cómo haces para levitar
sin ir de una ventana
a la misma ventana


Armas tácticas

Por algo te han puesto allí
en el tallo digno
para protegerla

Eres partidaria de la paz
y tu táctica es defensiva

No te le subas a la cabeza
y la destruyas


Expansionismo de la Rosa

No te basta tu jardín
te atrae también el jardín vecino

Rompes el cerco
y la tarde se llena de sangre
por el combate de los pétalos

Afortunada te apropias de pétalos ajenos
y los cargas sobre tu arruinado color

A tu regreso el color te pesa
como el universo

aunque esté vacío

De: Apuntes de historia, 1986

---

Elementos de botánica

Las plantas carnívoras (celebradas más por
la literatura que por la botánica)
no devoran a los seres humanos

Se trata en realidad de una especie
que posee órganos para atrapar sólo a los

insectos


Éxodos

Se emigra para volver (o no) y contar
la historia

Durante veinte años el hombre en soledad
envía a sus padres retratos de su mujer
y su hijo inexistentes

Ahora sólo quiere estar seguro
de que sus padres han muerto ya

Para que la historia quede intacta


Torcaz

Un día prohibieron la caza de
palomas

A ti te excluyeron

No te queda más que seguir anidando
en los árboles más altos


Diccionario de dignidades

1.

Allende: Voz proveniente del latín ellum inde que
significa como adverbio de la parte de
allá y como preposición más allá de y de
la parte de allá de

2. (Omisión ética)

Pino: Árbol de la familia de las abietáceas
con flores masculinas y femeninas que tiene
por fruto la piña y por semilla el piñón
Su tronco es elevado y recto

-------
_____

Pinocho: Muñeco de madera de nariz puntiaguda y por
cuyo rostro pueden correr lágrimas de condena
o de vergüenza


Diana

Toque de clarín al amanecer para despertar a
la tropa

Punto céntrico de un blanco de tiro

Nombre de muchacha argentina


Primero de Mayo en Piazza Goldoni

Por Corso Italia viene el cortejo
de los trabajadores

Al frente la banda de policía
con la música de la Internacional

Hay otra plaza
la lluvia y los paraguas metidos
para siempre en la retina infantil

y aquellos pañuelos blancos

que queman

Trieste, 1980


La muerte de un pequeño poeta de bien

Cuando yo muera (escribió) mi polvo
se confundirá con el polvo del cual
germinará la rosa y el eco de mí voz
se renovará con cada música

Toda la noche atronaron los cañones
y el aire se volvió multicolor
con las luces de bengala

Pero la batalla era pequeña y el hombre
cayó en tierra yerma


Decisiones mínimas

Transplantaremos branquias a los hombres
¿Para qué río o mar?

Les pondremos alas
¿Para qué cielo?

Llegaremos a eliminar la muerte
¿Para qué vida?


De: Cortar por lo sano, Libros de Tierra Firme, 1987

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Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Vive en Italia desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al español de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros publicó los libros: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, etc.
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Juan Octavio Prenz / El señor Kreck

El poder y el absurdo


De cómo alquilar un departamento derrumba súbitamente el concepto de normalidad.

Por Veronica Bondorevsky
Página 12 / Radar Libros Domingo, 15 de Abril de 2007

El señor Kreck / Juan Octavio Prenz / Losada 312 páginas




Los modos de identificación social –las huellas dactilares, el registro de firmas, el archivo policial, el fichaje– son una de las tantas formas que tiene el poder para contrarrestar el anonimato de los ciudadanos. Así, cada individuo deja de ser anónimo para el Estado y, por extensión, cesa, en tanto incógnita, de representar o guardar un secreto. Ahora bien, si esas coordenadas propias de las sociedades modernas se ven atravesadas por la lógica de la sospecha y de la conspiración con la que los regímenes totalitarios (y democráticos también) identifican a lo diferente, es factible preguntarse sobre la naturaleza de esa lectura conspirativa. El señor Kreck parecería retomar esa cuestión, enmarcada, en este caso, en el contexto de la última dictadura militar en la Argentina. Rodolfo Kreck, el protagonista, es un hombre cercano a los sesenta años que trabaja desde hace largo tiempo en una empresa de seguros. Casado, fiel, buen vecino del barrio de Ensenada, discreto en los comentarios y un tanto solitario... lo que se suele decir un hombre con una vida “normal”.
Un día, Kreck decide alquilar un pequeño departamento en La Plata, ciudad en la que trabaja. No hay una razón explícita para su decisión. Pero Kreck llevará a cabo esta iniciativa –un acto personal, inusual– en secreto. El protagonista no la comparte con nadie; ni siquiera su esposa sabrá que él pasa una cantidad de horas a la semana en ese lugar. Esta decisión oculta –anónima, si se quiere– se hace pública por un hecho policial.
Y Kreck –un ciudadano que a lo largo de los años no se ha involucrado en nada que no haya sido su trabajo y su familia– es apresado, ya que la policía –el Estado– lo considera sospechoso –un “subversivo”– por alquilar un departamento.
La novela de Juan Octavio Prenz plantea una paradoja a través de este protagonista: un ciudadano apolítico que termina siendo leído por el poder como alguien políticamente amenazador... Y, por el otro, también subyace la idea de que un ciudadano apolítico, en cualquier sistema, es una entelequia.
La novela reconstruye la historia de Kreck y la de su detención. Pero, en tanto policial, establece –a sabiendas– un significado incierto, enigmático, de los sucesos. No hay una justificación ni una razón sobre lo que ocurre: no se argumentan las conexiones lógicas de los hechos; básicamente, porque carecen de sentido (en la historia y en la vida).
Prenz –un argentino que hace treinta años vive en Europa– ha preferido describir ese sin sentido a partir de una pluralidad de voces: la del narrador, la de la víctima y la de su entorno. Pero asumiendo lo inexplicable y lo absurdo de la detención y la sospecha. O, en un punto más extremo, lo inefable de toda historia de vida, en este caso la de Kreck, y las lecturas incompletas o falaces sobre ella.
Así, El señor Kreck se sumerge, a la manera kafkiana, en una búsqueda por lo incomprensible de la experiencia, en la que la lógica del poder es enigmática para el protagonista, para su entorno y también para el lector.



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En: Revista Literaria Azul@rte: Editor y Poeta, Jaime SEREY /
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com /
Traducción: Hugo BeccaceceArticulo:
http://www.lanacion.com.ar / 29/04/2007

Elogio de la ausencia

Por Claudio Magris



El señor Kreck (Losada), del escritor argentino Juan Octavio Prenz, residente en Trieste, es, en apariencia, una novela de tema histórico sobre los años de la última dictadura. En verdad, se trata de una notable parábola sobre la vida invisible en cuya miseria uno se refugia para buscar abrigo contra la vacía insensatez de la condición humanaDostoievski decía que sus libros y personajes habían nacido, al igual que casi toda la gran literatura rusa de su tiempo, de una manga de "El capote" de Gogol; análogamente, El señor Kreck , la singular y potente novela publicada recientemente por Juan Octavio Prenz, desciende, con inconfundible originalidad, de aquel brevísimo cuento de Hawthorne, "Wakefield", que hace años Borges, en una página genial, había arrancado de la sombra y resaltado en toda su grandeza.
.
En el cuento de Hawthorne, el protagonista desaparece un día de su casa y se va a vivir, ignorado y dado por muerto, en un escuálido barrio limítrofe, en una especie de universo paralelo e incoloro; desaparece no para huir de la gris cotidianidad burguesa y abandonarse a exaltantes experiencias vitales, sino, por el contrario, para existir un poco menos, para confundirse con el lento fluir de los días, para ser Nadie.
.
Esas cinco o seis páginas de Hawthorne son una parábola de la ausencia, de la vida invivible en cuya miseria uno se refugia para encontrar, como en una terapia homeopática, un abrigo contra su cruel y vacía insensatez. Una parábola puede permitirse -si tiene la fuerza poética- la grandeza pero también el lujo de condenar lo esencial del significado, separado de su épica integración en los hechos históricos de la realidad humana, social y política. Esa tarea -en este caso, la tarea de enfrentarse con la nada que chupa la vida, apresándola en la realidad cotidiana, en las relaciones familiares y sociales, en la historia que siempre exige o pretende tener sentido- espera a la novela y es una tarea poéticamente ardua. Con El señor Kreck , Prenz ha logrado traducir la parábola en novela, convertir en novela -o sea en una concreta historia política y moral- la ausencia; ha logrado, con gran intensidad, hacer hablar a la negación, a la negativa; dar voz a la opacidad de la nada.
.
Como su autor, que desde hace muchos años vive en Trieste, también el señor Kreck es un argentino de origen istrio-croata, de aquella Istria plurinacional poéticamente evocada en la novela, sobre todo por medio de la figura del padre y de la ciudad de Pisino, Pazin, célebre en una época por su liceo. Kreck es un hombre tranquilo; un padre de familia felizmente casado, un asegurador que desarrolla su trabajo con una meticulosa seriedad, nacida probablemente de la indiferencia pero más eficaz y escrupulosa que la pasión. Aborrece -pero pacíficamente, sin siquiera reparar en ellas- las discusiones; es contrario a los compromisos políticos; absolutamente confiable, parece encontrar en el silencio y en la elusión, en el correcto, indiferente respeto a las normas y a las formas, el modo más decente de atravesar aquel polvo de los días, los equívocos, la extrañeza, que es la vida.
.
Con mano ligera, con una sabia y poética ligereza de toque unida a una precisión protocolar de fisco austríaco o de diario kafkiano, Prenz logra representar la vida (afectos, trabajo, pensamientos, sentimientos) en su normalidad, no por cierto amada pero profundamente respetada, y en la misteriosa penumbra que la vacía de sentido y le confiere una mitigada, pero no por ello menos delirante irrealidad.
.
Un buen día, el señor Kreck les alquila, a espaldas de todos, un departamento a dos ancianas hermanas que viven en el culto del padre, ilustre ornitólogo, de su orden y de su buen nombre. Todo eso se aviene perfectamente a las exigencias del señor Kreck, a su anarquismo tan profundo que evita cualquier gesto de rebelión, cualquier desorden transgresor. Nunca se sabrá por qué el señor Kreck ha alquilado ese departamento; la motivación más obvia -una relación extraconyugal- es la mentira que él quizá dirá, al final, a la mujer, para salvar las apariencias de una normalidad (aunque en este caso sea burguesamente desdoblada y censurable) y esconder su verdadero, inaccesible silencio, esa soledad y esa extrañeza sabiamente enmascaradas, por respeto a los otros y a sí mismo, detrás de las formas más tradicionales.
.
Nunca se sabrá verdaderamente el motivo de esa segunda doble vida -vacía, pero más regular, habitual e irreprensible que la de su casa-. Su secreto llega a saberse, más aún, se convierte en una asombrosa noticia pública, porque se entrelaza con la lucha política argentina, con los choques entre militares y terroristas y con la feroz represión del régimen de los generales. Kreck es arrestado porque se sospecha que su departamento es una guarida para los terroristas y sus rehenes. Prenz enlaza genialmente un suceso metafísicamente privado, la odisea de un yo que se vacía manteniendo decoro y dignidad, con la virulenta epopeya de la sangrienta y siempre excesiva historia sudamericana, con la crónica de las brutales violencias policiales, con las criminales y angustiosas detenciones abusivas de los asesinos de Estado. La verdadera historia sanguinaria alcanza dimensiones míticas, como en la grandiosa escena del funeral del terrorista hijo de un alto oficial que forma parte de los represores, una grotesca escena en la cual los verdugos y los perseguidos rinden el mismo homenaje, pero por razones opuestas, al difunto, con esa cínica e irónica poesía de la muerte que es una pietas frecuente en la literatura sudamericana.
.Un hecho "apolítico" por excelencia se enlaza con la política más candente, de la que por otra parte -y en eso consiste la más creativa originalidad del libro- la primera es el revés, como el negativo de una fotografía. Prenz no ha escrito una novela sobre la dictadura militar argentina, a la que se opuso (escribiendo sobre Diana Terugi, una desaparecida, y dejando el país cuando el régimen triunfó); ha escrito una fábula seca y, al mismo tiempo, mítica y grotesca, como lo hizo ya con la espléndida Favola di Innocenzo Onesto, il decapitato . También en su nuevo libro la historia está contada desde múltiples puntos de vida, por un narrador omnisciente y desde la perspectiva subjetiva de la mujer del señor Kreck, por voces que se integran y se superponen, en el vocerío mismo de la vida, que inventa y deshace todas las historias así como el agua corroe las barcas y los mascarones en la Ensenada de Barragán de su infancia, inmortalizadas en su Figura di Prua. La novela concluye con más verdades posibles, pero sobre todo con una no explicación, con un diálogo que no tiene lugar entre el señor Kreck, finalmente liberado de la cárcel, y la mujer. Cierto es que Kreck, salido de prisión y vuelto a casa, no abre la boca, sale de nuevo y no vuelve más. Pocos libros hacen tocar con tanta fuerza y sobriedad la ausencia que nos envuelve y hace de cada uno de nosotros, en muchos momentos de nuestra vida, alguien que en realidad se ha ido, que ha salido para siempre.

GUILLERMO LOMBARDÍA (1952-2007): Mi Marilyn

Mi Marilyn


I

Desde un balcón sin mar aquí en Copacabana
-apenas verdecido por sus manos-
pueden verse las casas más altas del morro Cantagalo
ruidosas de pagode, domingos y feriados;
el cielo fluminense, nunca igual a sí mismo;
los fondos de una mansión carioca de otros tiempos
y cientos de janelas.
En todas ellas puedo leer novelas ejemplares:
cada pequeña vida es la historia del mundo en miniatura.
Pero, antes que nada, en primer plano,
un muro despintado hace las veces de pantalla
sobre la cual el proyector viajero de mis neuronas doidas
imprime las imágenes de un romance inconcluso.
Marisa Monte canta “Chocolate” a mi derecha
y describe la ironía de los años:
aquel cara careta,
a punto de subirse a su cincuentenario,
escribe ahora en el espacio entre las letras
que, según ella, le deja la maconha en el cerebro.


II

Ella de espaldas, cambiándose la blusa,
desvistiendo el tesoro de sus hombros de pájaro,
la curvada columna,
el perfil embriagante de sus pechos,
la nuca prodigiosa sobre la que mis dedos
tocarán algún día el concierto en mi bemol de la lujuria,
me promete en silencio, cerca del aeropuerto,
un exilio dichoso y un puñal placentero
que se hundirá en mi carne hasta besar mis huesos.


III

La guerrillera que duerme a la intemperie
con su mochila leve junto a los pies pequeños y ultrajados,
insolente, altanera, erguida, desafiante,
indócil, imprudente, desmedida, soberbia;
la nadadora contra la corriente,
con sus cabellos de mutantes colores
y esas manos nacidas para empuñar las armas,
se sube al escenario para ser violada
y entre
mostrar los magullones de su almita
tan frágil, ella, detrás de sus trincheras irredentas.


IV

Ella en las tardes de diagonal ochenta,
en un acuario entonces clandestino,
narrando con la gracia de un juglar
el prólogo, la prehistoria que la trajo hasta mí,
no por acaso sino por designio,
del modo en que la vida urde la trama.
Su risa, su risa inolvidable, bailando con la mía
sobre la pista que dibujan en el aire con aroma a café
las cicatrices de dos corazones
que se reencuentran después de un cautiverio
que duró lo que miden varias generaciones.


V

La princesita primogénita de Pringles,
el capricho dilecto de aquel conservador
que se bebió la vida demasiado de prisa.
La heredera del trono
obligada de pronto a asumir un mandato,
a dejar sus muñecas, sus músicas, sus ensueños románticos,
su breve adolescencia,
para enterrar el cuerpo de su padre y cuidar de la tribu,
se entibia ahora en la tarde platense
a la sombra de un árbol centenario,
frente a las fauces de las fuerzas del orden,
y se abre para mí,
para el ansia deseosa de mi lengua
que penetra su boca misteriosa
donde los jugos más sabrosos de la tierra se mixturan.

Se desarma, se desviste, se descalza,
se relaja, se expande, se olvida, se acurruca,
y, después de ese beso interminable,
sus ojos y sus manos, en un lento alejarse,
dibujan la promesa del paraíso eterno.


VI

Escribo ahora desde la tarde diáfana,
bebiendo agua de coco,
sentado en las ondas blanquinegras del calzadón de Copa.
El sol arde en los cuerpos encremados y en la arena
pero el mar está frío, turbulento, ceniza,
Olor a peixe frito, a camarón,
a choclo, a pororó, a sudor penetrante,
a limón, a alho-oleo, a yerbita, a café.
(Mi expreso cotidiano se enfría inexorable
mientras busco palabras como piedras preciosas).
Miro a lo lejos y contemplo el fuerte
detrás del cual la piedra de Arpoador
sostiene la sonrisa de Amy Irving
que se arroja a las aguas encrespadas
para cruzar a nado hasta Leblón y el morro Vidigal.
Otra vez Marisa Monte me distrae:
“Deixa eu dizer que te amo
Deixa eu pensar en vocé
Isso me acalma me acolhe a alma
Isso me ajuda a viver”.
¿Me hospeda el alma?, ¿me guarece el alma?, ¿me la alberga?
Tan solo ella podría decidirlo
desde mi corazón y mi silencio.


VII

En albergues o automóviles franceses
que se mecen al ritmo de la carne caliente,
de pie en una cocina que se pinta de rojo,
en lo hondo del bosque o camino del río,
en la afiebrada cama que alza vuelo en la casa materna,
ella y yo repetimos la antigua ceremonia
como dos animales fabulosos
que se incendian olvidados del mundo,
como fieras sedientas que se beben el agua salina de los cuerpos,
como reptiles que se quedan sin aire en el abrazo,
como bestias que se huelen despacio
y se emborrachan con el olor del otro,
como una nueva especie que se gesta de pronto
desde la comunión sagrada de dos seres.
¿Es un reencuentro, entonces, después de un cautiverio?
¿Es una antigua cita entre dos almas
que fueron separadas hace siglos?


VIII

Una excursión al corazón secreto del placer
en el invierno marplatense
(...ay ciudad del verano que nunca me embelsa
como cuando el frío la enjoya de glamour...)
para arder sin testigos, sin tiempo, sin intrusos,
y escalar hasta la cima de la entrega.
“¿Lo querías? Es tuyo...”
me dice, me grita, me susurra,
y me voy mansamente,
me exilio de mi cuerpo para entrar en el éxtasis del aire.


IX

Y hablar hasta que el sueño vence.
Inventar un dialecto privadísimo
para nombrar las cosas y los seres
como si fuera la primera vez.
Enumerar heridas invisibles.
Sentir la mano tibia del amante sobre la carne viva.
Apagar las distancias a obstinada negación del silencio.
Matar la soledad.


X

No hay nada como verla en trance
frente al brillo nocturno de mis ojos azules
cuando la observo caminar por la arena
buscando la escollera donde rompen las olas
y se bate la espuma.
Nada como mirarla prender un cigarrillo
como si fuera Marilyn
y musitar con su aire de muñeca lujosa:
“si vamos a beber, que sea champagne...”.
Ese gesto de reina destronada que recuerda su estirpe
apenas con los párpados, los pómulos,
o un leve movimiento
de los labios que clausura el pasado.
Esa manera suya
de hurgar en las vidrieras de todos los mercados de la tierra
y elegir indefectiblemente la piedra más preciada
como un diamante puro entre los desperdicios.
La gentil elegancia con que ilumina el mundo cuando pasa.
Ella que ensaya ahora su primera verónica galante.
Deja que el toro embravecido se acerque hasta su cerco áureo,
alimenta la hoguera en que su sangre hierve,
y, en el instante exacto,
desplaza el manto rojo del deseo
con su gracia torera y su cintura experta.
“Querido: la fiesta ha terminado.
El juego ha sido hermoso
y mis pechos recordarán el hambre de tu boca.
Los huecos de mi cuerpo que tus manos enormes descubrieron
guardarán el aroma de estos días para siempre.
Pero hasta aquí llegamos.
No puedo ya pensarte en otra cama
ni imaginar la forma en que otra piel se roza con la tuya.
¿Soy egoísta, posesiva, loca, terrorista?
Pues bien: esa soy yo, me tomas o me dejas”.


XI

Qué ganas de lloraren esta tarde gris.
En su repiquetearla lluvia habla de ti.
Hay días en los que sólo un tango triste se acomoda en el alma
por más que la ciudad maravillosa nos invite
a estallar en la fiesta.
En los botiquines de los morros
rolan cerveza y reina a discreción.
Miles de dedos batuquean en las ruedas de samba.
Las cabrochas alegres prueban sus fantasías.
Las pasistas ensayan su penúltima acrobacia.
La Navidad se anuncia en los barracos.
En el teatro flotante que navega
de Río a Niteroi,
un elenco de jóvenes actores representa una tragedia griega:
“el amor es invencible en las batallas”, dijo Sófocles.
En prosa y verso aturden las conversas en los bares
de la travessa dos poetas frente al Municipal.
Hay baile de salón en el Cordao da Bola Preta.
Y Beth Carvallo homenajea a Nelson Cavalquinho
en un sótano todo en verde y rosa.
Pero yo sólo escucho un bandoneón
sombrío en mis arterias
y recuerdo una estrofa de Noel:
“Quando eu morrer,
nao quero choro nem vela,
quero una fita amarela
gravada con o nome de ela”.


XII

Se sienta frente a frente con la otra
y anuncia que la batalla ha comenzado,
con la hidalguía de los viejos guerreros que eluden
la deshonra del ataque a traición.
“Amo a ese hombre y pelearé por él”
argumenta con la sencilla lógica de su sangre italiana.
Nunca una gladiadora de su altura
salió a la arena con armas más hermosas.
Jamás brilló una espada con tanta transparencia
ni se oyó en el Olimpo una historia más bella.


XIII

Allí está ella ahora con su melena de oro
caminando a mi lado por la Plaza Moreno fascinada
por los tanguitos reos que le canto
y que la llevan sin escala a la infancia,
a su niñez del sur, a la casa paterna,
al edén que duerme en su memoria.
Allí estará ella eternamente:
en la lágrima-perla que rueda por su rostro
cuando lee el retrato de Maú
y siente que por fin
alguien consigue atravesar la linea Maginot,
correr el velo que oculta su tesoro,
comprender su miedo atroz a la locura
y acariciar sonriendo su dolor ancestral.


XIV

Ella se llama ahora con un nombre secreto
y resplandece como una marquesina en el desierto.
Un nombre agudo, brillante, estilizado,
cuyo filo atraviesa la yugular del sueño.
La busco en las guaridas más altas de la noche.
La persigo como a un ciervo que huye.
La estudio en sus mil y una maneras de jugar en el mundo.
La leo como a un mapa de las islas perdidas,
como a una enciclopedia del alma femenina.
Quiero fijar esas proteicas formas
en imágenes claras, en retratos certeros,
pero incesantemente se me escapa.
La nombro entonces con el puñal de las tres letras
para tenerla para siempre en mi piel.


XV

Ella, como artesana que pule las facetas del cristal,
cincela mis aristas sobre la piedra en bruto.
Se ríe a carcajadas de mis contradicciones.
Se enternece cuando asoma la criatura
desde las fauces mismas de la bestia.
Se rebela con furia cuando niego la verdad evidente.
Se desvela en las nochespor mi respiración entrecortada.


XVI

Desde el Santos Dumont,
en el margen carioca de la bahía de Guanabara,
mi avión decola en dirección al sur,
se inclina a la derecha para decirle adiós
a los veleros en Marina da Gloria,
y describe una curva en semicírculo
igual a la que forma el mar sobre la playa,
la línea de edificios paralela a la avanzada de los morros,
y las luces que se encienden y se apagan.
Así vió Caetano lo que ella llama ahora “esa ciudad maldita”.
Así la veo hoy:como una gargantilla de brillantes
que se ciñe sobre el cuello marino,
como una ofrenda que los vastos suburbios le hacen a Yemanyá,
como una inmensa tela surreal en la que estallan
los colores de la vida y de la muerte.
Ahora que llueven sobre mílos helados aceros de la ausencia,
quisiera, como madame Satá,
un cuerpo inexpugnable y un alma guarnecida.


XVII

Ella ahora en el faro que divide los mares,
piedra de Mascaró, arena gruesa
donde los pescadores limpian su cosecha,
cielo de La Paloma, bosquecito,
espumoso cortado de la tarde,
y ese quincho uruguayo que soñamos para nuestro refugio.
La intrépida tigresa
que oye rugir al ogro destemplado,
que ve los ojos rojos de la bestia
cuando el azar se niega y el marfil escapa de sus manos,
acaricia en la noche la enfebrecida frente del amado.


XVIII

Y antes, y después, Montevideo.
La ciudad junto a un mar que no lo es,
y sin embargo sí,
cuando pardos y negros descienden del suburbio
para homenajear a Yemanyá
cuya estatua pintada de celeste
lleva la firma de un verso de Molina.
Frente a Playa Ramirez,
junto al Parque Rodó,
en la ventana del antiguo hotel,
ella y yo abrazados para siempre
guardando ese paisaje en la memoria de un amor insensato.


XIX

Ella se pierde por las transversales de Tristán Narvaja
excitada como una muchacha entre las chucherías.
Su paraíso es una feria interminable
con tesoros secretos escondidos en las tiendas más simples.
Después la ciudad vieja, gardeliana,
la de Isidore Ducasse, la de Delmira,
la de Figari y Onetti y Felisberto,
y por fin el Mercado,
con sus papas al plomo, sus pamplonas,
su bullicio de tambores y guitarras,
sus sobremesas cargadas de candombe
y el medio y medio que se sube a sus ojos con un brillo
que atraviesa como un dardo mi alma.


XX

¡Ay Río de la Plata,
melancólica cuenca que me nombra su nombre
en las amplias ventanas de Pocitos,
en los cañones sobre el empedrado
que custodian la entrada a la Colonia,
en las glorietas de Costanera Sur,
en la selva final de Punta Lara,
en el vapor que une las dos orillas,
en los veleros que dibujan sus sueños sobre las aguas grises!


XXI

Mañana, allá en el sur, me aguardará la Patria.
La tierrita querida devastada,
sumergida, exangüe, recorrida de una punta a la otra
por los cuatro jinetes tenebrosos.
¿Podré ver con mis ojos
la llegada de la hora de los justosa ese confín del mundo dónde canta el zorzal
y la tarde se inclina entre sollozos?
Sólo sé que mañana me esperarán mis hijos,
las estrellas más claras de ese cielo argentino,
mi madre, mis hermanos de sangre y elección,
los valsecitos criollos,
las guitarras que lloran en la noche,
la leña ardiendo en el fogón del fondo,
el roble, la magnolia, el rosal, la glicina,
la azalea, el aromo, las palmeras,
el limonero en flor,
los trapos rojos ondeando en la visera
(orgullo nacional que será siempre)
y las calles porteñas,
callecitas pobladas de poesía,
donde lloré una tarde el primer desengaño.



XXII

Ella temblando ahora de frente al Malecón,
en los jardines del Hotel Nacional,
mecida por los sones de unas lágrimas negras,
escultura de un sueño caribeño
que se desmaya por los callejones de La Habana vieja.
Un bolero romántico, meloso,
nos envuelve de amor allá en la Bodeguita
y el daiquiri del gigante suicida
nos calienta la sangre entre luces de vela.
Y esa niña habanera
que nos sigue por las calles del Vedado
hasta hacer florecer en sus entrañas
la semilla de la madre universal.


XXIII

No encuentra ella manera de evitar
la descarada seducción que desparrama
de solo presentarse frente al mundo
erguida, libre, leve,
plantada en su dos pies,
con ese aura de princesa encantada.
El perfume a batalla sin respiros
que nace de la unión de sus aromas exquisitos
baila a su alrededor
y despierta pasiones encendidas.
Ella, almita en celo
que agita con sus ojos las uvas del deseo,
cocina a fuego lento la cena del amor
y se viste de fiesta para la ceremonia.
Amazona sublime
que cabalga mezclando sus sudores con los de su corcel
y gobierna la danza de los cuerpos rendidos
hasta estallar en el aullido mutuo
y tatuar en la piel de nuestras soledades
un verso para la eternidad.


XXIV

Ahora estoy viajando por los verdes
que rodean a la casa amarilla.
Escucho los sonidos del viento en el ramaje
o en cañas y metales y cristales
que ella supo ubicar para las siestas
bajo ese toldo espeso de glicinas
(mi lugar en el mundo).
Fumo con parsimonia un parisién.
Y espero que suene ese teléfono.
¡Qué bien vendría un matecito amargo para entibiar la tarde!
La busco en vano en sus lugares predilectos
y ella juega a aparecer junto a las cosas:
en una librería de París con el Corto Maltés,
en los manjares de la Zi Teresa en el puerto de Nápoles,
entre los papagayos caribeños
y granadinas castañuelas gitanas
que guardan el rumor del Sacromonte,
en los proverbios en dialecto de Sicilia
y en el orden secreto que reina en los objetos.
Los perros, echados a la sombra,
parecen aguardar sus manos tibias.
Cobra coral
(meu extraño amor)
está cantando para mí desde tan lejos,
pero tan claramente
como esos coros cadenciosos que ondean
sobre las playas limpias de la vida.
Todo lo que fue y será
se mece mansamente en el aire
denso como la historia de este romance antigüo.


XXV

Ahora que me alcanza la luz crepuscular
y un impiadoso invierno muerde el alma
una tras otra se me imponen
las instantáneas de su gracia infinita:
allí está ella bailando junto al Támesis,
empapada de amor en Pêre Lachaise,
muñeca brava en las alturas célticas,
chula en Granada, rebelde en Cataluña,
sultana de la Alhambra,
misteriosa pasajera veneciana,
madama en lupanares de Pompeya,
y diosa del Olimpo en Taormina.


XXVI

Y después el Arraial bahiano
exhuberante edén donde la reina de los mares
la convocó para borrar con lágrimas
tantas horas de ficción o desencanto
y mostrarle en el espejo de las aguas
su belleza esencial
de criatura criolla,
de princesa plebeya iluminada.
En terrazas floridas que se asomana esos arrecifes tropicales
la luna roja regó nuestro reencuentro.
Pasajera de nieve que me hechizó
una noche en los mandalas
para que el niño que llevo se extasiara
con la coreagrafía de los astros
bajo el cielo más cielo que haya visto.


XXVII

Tocamos con los dedos la locura
en la esquina del mundo.
Un viaje sin escalas hacia lo más oscuro
en el que se quedaron pedazos de nosotros.
Pero también llegamos a puertos imposibles
como esa madrugada en Río da Barra
cuando ella fue testigo silencioso
de mi conversación con las estrellas.
Y comprendimos definitivamente
la antiquísima estirpe de este amor
que perdura en la historia
como una melodía inolvidable.

XXVIII

Una danza de fuego entre dos almas
que no saben de pasado o futuro
y viven en un presente eterno
de amante intensidad.
Por eso Maú es mi Marylin,
señora de mi sangre,
mi loca devoción,
dama de corazones de mi alma.


Guillermo Lombardía nació en Avellaneda en 1952 y murió en La Plata en 2007. Trabajó en la Agencia Noticias Argentinas. Escribió para el diario El Día de La Plata y el vespertino La Gaceta de Buenos Aires. Fue fundador y codirector de la revista Talita. Publicó tres libros de poemas: El Juego Insensato (1996), Eterna marea (1998) y Mi Marilyn (2005), que presentamos en su totalidad.