ALMAFUERTE Soy un Cristo mejor, soy el que te ama




EL MISIONERO
(Poema XVI de XVII)

XVI

Todos le contemplaban descubiertos,
Cual si les atrajese algún abismo,
Y él, entonces, se alzó sobre sí mismo,
Y exclamó con los brazos bien abiertos:

“Ven a mi recua inmensa hija del llanto,
Escala del feliz, Luzbel hediondo…
¡Tengo todo el secreto de tu fondo,
Por la misma razón de qué soy santo!”

“Ven a mí, rey enfermo, vil canalla,
Quiero que con tus lágrimas me mandes:
Yo soy como aquel grande entre los grandes
Que no dobló su frente en la batalla.

“Sombra y luz, piedra y alma, seso insano
Y ángel lleno de dudas y malicia:
Yo no sé de Razón ni de Justicia...
¡Sólo quiero saber que soy tu hermano!

“Chusma ruin, que tus dedos como sondas
Hurguen en las heridas de mi brega,
Y palparás al menos, si eres ciega,
Que las hechas por ti, son las más hondas.”

“En tu árido desierto soy la palma
Que fue sombra, fue templo y fue cenáculo;
Ven a mí, que devore tu tentáculo
Los ubérrimos dátiles de mi alma.

“Mi concepto del triunfo no consiste,
Ni en lucir, ni en mandar, ni en tener suerte:
Yo soy el triunfador y soy el fuerte,
Porque no me acobardo de lo triste.

“Ven a mí, monstruo amigo, no estoy muerto,
Como no muere nunca una gran lira:
Que otros vivan la ley, que es la mentira,
yo vivo los impulsos, que es lo cierto.

“Aquí estoy, si me manchan tus minucias,
Tus terribles minucias, más me place:
El obrero mejor, el que más hace,
Tiene las manos más que todos, sucias.

“Y odie el feliz, que es bestia, ésta, mi fiebre;
Y me ultraje y repudie, y me dé coces...
¡Yo amo la libertad, como los dioses,
Y el feliz, como el asno, su pesebre!

“No me causa pavor, ni me difama,
Envolver con mi llanto tu persona:
No soy el Cristo-dios que te perdona...
¡Soy un Cristo mejor, soy el que te ama!

“Quiero que el salivazo inexorable
Que cae sobre tu testa desde arriba
Mi soberana testa lo reciba
Primero que la tuya irresponsable.

“Pise sobre mi cuerpo, no perdone,
Toda la Sociedad pise y apriete:
No habrá de conseguir que la respete,
ni logrará jamás que te abandone.

“Aquí estoy que tu enorme espumarajo
Cual una enorme injuria se derrame
¿Enorme cruz enormemente infame
Quiero llorar en ti, como un andrajo!



MILONGAS CLASICAS
(Poema VI de IX)

VI

No lo sé. Ni debo nunca
descubrirlo. y no te asombres.
la novela de los hombres
vale más que quede trunca.

Y es difícil y es ingrato
demostrar lo razonable;
y no siempre es confesable
cualquier móvil inmediato.

No hay hallazgo más traidor
que acertar consigo mismo,
ni más loco excursionismo
que explorarse el interior.

Ni trabajo ni jornada
donde un óbice no quepa;
vale más que no se sepa
los orígenes de nada.

Vale más que no analices
los misterios de las cosas:
se modelan a las diosas
sobre torpes meretrices;

se fabrican sacros panes
profiriendo sacrilegios;
y hospitales y colegios
con limosnas de rufianes…

Porque siempre ha sido escoria
la razón de lo que brilla;
y pelusa y arenilla
los secretos de la gloria.

Horrorícete de veras
las acciones más gentiles:
¡son muy necias y muy viles
las verdades verdaderas!

Pero no te desesperes
ni te abata el desconsuelo:
cuando corta el escalpelo
sólo gimen las mujeres.

Pero aguarda que mi mente
busque luz y tome bríos;
bajo túneles sombríos
no se viaja eternamente.

Sobreponte a los horrores
que mi péñola te pinta;
la verdad es una cinta
de muchísimos colores.

La verdad es camaleón
de apariencias infinitas;
ni dos veces la meditas
con la propia entonación.

Mira, pues, cómo la tomo
más amable, menos dura
y te muestro una figura
colorida cual un cromo:

Pone un joven su taller;
lo abastece y lo acicala...
¡Si es un nido, aquella sala,
que dispuso una mujer!

Transparentes muselinas
la luz rigen y difuman,
mientras todo lo perfuman
ramilletes y resinas.

Terciopelos genoveses,
pieles indias y africanas,
perezosas otomanas
y magníficos arneses;

en los muros y sitiales
mil cartones y pinturas
y marmóreas esculturas
en gentiles pedestales;

por las blancas chimeneas
renegridos bronces viejos,
reflejando en los espejos
decadentes orquídeas;

y riendo, sin control,
en cuadrilla esplendorosa,
los bambinos y la esposa,  
con el aire y con el sol.

En el rico caballete
ya la tela, virgen pura,
presintiendo la figura
se arrebola y se somete;

y los pomos de color,
en la caja, nuevecitos,
escuadrón de soldaditos,
le dan séquito de honor.

Todo es vida, todo es luz
al redor de aquella tela...
¡Tanta dicha no revela
los amagos de una cruz!

Y a la blanca desposada
viene un día su pintor,
como vino el Creador
meditando hacia la nada.

Gravemente, con receta,
va mezclando los colores:
hace nubes, hace flores,
hace tiempo en la paleta.

Y así pasa cabizbajo,
largas horas de pereza....
¡No han bajado a su cabeza
los demonios del trabajo!

¡Pero bajan! Aquel tierno
mundo azul se desvanece
y aquel joven envejece
y aquel nido es un infierno...

Suprimiendo en el pintor
facultades y pasiones,
por las mil aberraciones
de la forma y el color.

Va extendiendo su reinado
la feroz idea fija,
tan tenaz y tan prolija
como aceite derramado;

va sembrando soberana
la simpleza o la manía,
cual gusano que vacía
de su carne la manzana.

Como en hora más dichosa
ya no ríen sin control,
con el aire y con el sol,
ni los hijos ni la esposa.

De tristeza rodeada
cual tapiz a medio hacer,
reina sola, en el taller
la gran obra comenzada.

De aquel nido encantador
ya no queda ni la sombra:
salivazos en la alfombra
y humo denso en derredor.

Polvorosos trapos viejos
respirando trementina
y un espectro que camina,
reflejado en los espejos.

Pero logra terminar
su labor una mañana
y otra vez, cual una diana,
vibra y suena aquel hogar.

Y otra vez, y sin control,
como en época dichosa,
con los hijos y la esposa
corre el aire y brilla el sol.

Y otra vez... pero no creas
que aquel ser quedó sin dolo:
como el cáncer y el vitriolo
nos carcomen las ideas.

Miserables prostitutas
que nos hieren o marchitan
y nos mandan y nos gritan
como reinas absolutas.

Por debajo de la palma
que ha de honrarle por sus días
¡sabe Dios qué vesanías
le quemaron en el alma!

Sabe Dios!... Pero tampoco
te alucine su victoria:
la corona de la gloria
no la ciñe cualquier loco.

Que si Dios no lo permite
no hay calórico que baste:
por más leña que se gaste
su metal no se derrite...

Son las almas de combate
manos puercas y callosas:
no las finas y olorosas
y expresivas del abate.

No las llenas de donaire,
de tez cándida y pulida
que no hicieron en la vida
más que cruces en el aire;

sino aquellas aguerridas,
dolorosas, maculadas,
como vendas empapadas
en el pus de las heridas.

Nace el río en los breñales;
y es tan puro por un trecho,
que a lo largo de su lecho
ves rodar los pedernales;

pero invade la llanura,
la fecunda y embellece:
¡y aquel río no parece
más que líquida basura!

Así manchan su cendal
los heroicos, los amantes:
¡por un cauce de diamantes
van a dar al hospital!

Lleva el río entre sus ondas
las materias más inmundas,
y las vidas más fecundas
las vilezas más hediondas.

Y aquel río llega al mar;
tenebroso, pestilente,
cual un viejo maldiciente
que regresa de sembrar;

Y esas almas y esas vidas,
a la duda y al vacío,
como el viejo y como el río
sin vigor y corrompidas.

¡Sí! La mínima faena
nos enturbia como el agua.
¡Nunca salen de la fragua
candideces de azucena!

¡Mucho barro hay que batir
en la vía del sepulcro:
no hay oficio menos pulcro
que el oficio de vivir!

Ni más frágiles encantos
que las alas de lo puro;
ni agujero más obscuro
que las almas de los santos…

 
            Para la publicación en POESÍA LA PLATA de estos poemas he seguido dos ediciones en libro. En primer lugar Poesías. Primera y única edición clasificada temáticamente, es de Biblioteca Nueva, Buenos Aires, 1942. Con prólogo de Artemio Arán. El otro libro es Almafuerte. Poesías Completas, de Ediciones Cenit, Buenos Aires, 1959. Con estudio preliminar de Álvaro Yunque. Los textos difieren entre sí. Hay cambios en los signos de puntuación, cambios de palabras, y otras cuestiones menores. Elegí estos dos poemas porque Jorge Luis Borges, según Bioy Casares, hizo mención a ellos. Dijo Borges: “Sé que me estoy jugando la vida, pero es una lástima que Almafuerte leyera tantos diarios y tan pocos libros”. Y agregó: “De esa lectura de diarios proceden muchas de las fealdades que hay en sus versos.” En un momento lo definió como “un bruto orgánico” (después, al traducirlo, comentó que Whitman era más bruto que Almafuerte). Aun así, Borges, admiraba a Almafuerte. De estos dos poemas “elogia” algunos versos: “Soy un Cristo mejor, soy el que te ama” (“El misionero”) por lo novedoso de la idea y “No hay oficio menos pulcro / que el oficio de vivir.” (“Milongas clásicas”).
            El 13 de mayo, día de nacimiento de Pedro Bonifacio Palacios, se conmemora el Día del Escritor Bonaerense.
Pedro B. Palacios, es decir, Almafuerte (San Justo, hoy partido de La Matanza,  provincia de Buenos Aires, 13 de mayo de 1854 – La Plata, 28 de febrero de 1917). Selección de textos y fotos: Jmp

TAMARA DOMENECH Antes de morir, florecer




ANTES DE MORIR, FLORECER

         La primera vez que pensé en la muerte fue cuando tenía 17 años, leía La Náusea de Jean Paul Sartre y me invadió uno de los argumentos que él plantea allí, consistente en que un cenicero, creo que era, no me acuerdo bien, quizá era otro objeto, seguro sobrevivía la vida de quien lo tenía. En ese momento, sentí por primera vez la sinrazón de la existencia humana y enseguida se desataron pensamientos que nunca había tenido: qué sentido tenía seguir viviendo, para qué vivir, con quiénes vivir, cuál era el objetivo de la vida si la contracara era la muerte. Así como el pensamiento me había llevado a un callejón sin salida, un amigo me llevó de vuelta, me invitaba a su casa, en la que conocí el libro Los 20 arcanos de la poesía surrealista y me dijo algo así como que la vida tenía sentido porque cualquier cosa se lo daba: comer, besar, amar, leer, actuar, cantar. Sus palabras desactivaban, así, el existencialismo.
A los 24 años conocí a un hombre con quien después de 16 años me casé, con el que no me quería cuidar para tener relaciones sexuales. Entonces quedamos que cada cual se iba a ser un test de HIV para quedarnos tranquilos. Los resultados iba a estar al mes aproximadamente y cuando pedí a una amiga que los pasara a buscar porque ya no estaba viviendo en esa ciudad, me llamó por teléfono para decirme: no quisieron dármelos porque te salió +. Colgué el tubo, agarré un bolso, y tomé un taxi desde Capital Federal hasta La Plata. No tenía miedo. Tenía nervios. Mi cabeza iba más rápido que el taxi: quién me podría haber contagiado, cómo, cuándo, dónde, a quién o quiénes habría contagiado yo, cómo le iba a decir a la persona que había conocido lo que había ocurrido, en fin, una catarata de preguntas que cesó con análisis sucesivos hasta que descubrieron que era falso +. Esa frase tardó un año más o menos de drenar de mi cuerpo.
En el mes de julio del año 2003, la misma noche en la que festejé mi cumpleaños con mi familia históricamente separada, comencé a tener contracciones. Estaba embarazada de 7 meses, y hacía unos días que sentía que adentro mío se movía una piedra, no un bebé. Cuando lo ponía en palabras me decían: nada que ver, conectate con él, estará bien. Yo no me sentía bien, pero como era madre primeriza tampoco sabía cómo era sentir el movimiento de un bebé. Quizá se movían como piedras, no sé, chiquitas, calcáreas, más pesadas. Cuando fui al hospital me dijeron que el bebé había muerto. Que me fuera a mi casa para ver si tenía más contracciones y que volviera al día siguiente para que me indujeran al parto. Yo salí y era de noche, volví a casa y era de noche, al otro día de mañana para mí seguía siendo de noche y fue de noche por cinco años más. Hubo un momento de dolor total, en el que se conjugó el dolor físico y mental. Yo ya no quería tener a ese bebé adentro mío, creía que esa piedra iba a contaminarme la sangre. Esa vez le tuve miedo a la muerte pero de manera fugaz. El dolor con que cargaría, una vez externada, con las pechos vendados, iba a ser seguir la vida.
En el 2006 contraje HPV y me operaron de urgencia, yo entraba a un cuarto blanco y mi íntima amiga de la infancia, en el mismo hospital, estaba por dar a luz a su primera hija.
Hace dos años sí, fue la primera vez que me sentí aterrada. No me imaginaba nada hasta que una la palpa. Jugando con mi hijo al fútbol, abrazándonos después de un gol, sentí contra su cuerpo un nódulo en un pecho. La ecografista escribió en el informe, probabilidad de células cancerígenas. Yo me desesperé. No me quería morir. No me iba a morir así de rápido, o sí? Una se puede ir así de rápido, de una página, de sus libros, sus hijxs, sus amigxs?
Y después de hacerme análisis me dijeron que era benigno. Cada 6 meses los tengo que controlar porque, una vez que tomaron tejido para analizar cómo estaba compuesto, se hicieron dos más.
Fue un año violento no sólo por la espera, las agujas, sino y lo peor de todo fue hacerme preguntas: y si me pasara algo quién va a cuidar a mis hijos, yo los quiero ver crecer, cómo es posible que me haya enfermado, quién me enfermó, habré sido yo misma, qué podría hacer para evitar que las cosas pasen.
Y la verdad es que me di cuenta después de mucho ir y venir que las cosas pasan igual, por más controles y buenas pacientes que seamos, entonces como fue la primera vez que sentí de cerca a la muerte, no era una novela, una palabra, una idea sino que estaba desnuda, las tetas al aire, las manos de los médicos por todos lados y las ganas de que no me tocaran más, ahí no más pensé, casi en simultáneo, que antes de irme de acá, quería florecer, estar lo más presente posible en las cosas, trabajar dando lo mejor de mí, sin esperar, lo más linda posible, lo más contenta posible, que el mundo me vea comprometida en su hacer.


UN LUGAR MUY ESPECIAL

         Hace unos meses conocí, a través de mi hermana, una librería que se llama Libros que Van, la misma la lleva adelante Velu, una mujer que pasó por la carrera de diseño de la universidad de La Plata, tuvo dos hijxs, trabajó en una librería y pensó, que un modo de criar y trabajar era abrir una pequeña librería en el garaje de su casa. Así fue que inauguró este lugar encantado en el barrio de Gonnet, en una calle sin salida y a dos cuadras de un hospital abandonado.
La primera vez que fui no nos podíamos ir. Era como estar en mi casa porque me encontré con libros que nos regalaron o compré a lo largo del tiempo, cito algunos títulos: El hombre extraordinariamente fuerte de Magalí Le Huche, Los pájaros de Germano Zullo, Noticias de pintores de María Luque, El pueblo que no quería ser gris de Beatriz Doumerc, La casa de los cubos de Kunio Kato y Kenya Hirata, entre tantos otros ejemplares inolvidables.
Pienso en el trabajo incansable de escritorxs, ilustradorxs, editorxs, distribuidorxs, librerxs, y lectorxs. Porque leer también es un trabajo que tendría que ser ofrecido y estar al alcance de cualquier familia y no siempre sucede. Son libros costosos, es decir, o los compra el estado para donar a las escuelas, bibliotecas o centros culturales municipales, aumenta los sueldos para que los adultos se los puedan comprar o hay que ver cómo se tejen relaciones entre los objetos, los lectores y los espacios.
Pienso en una Biblioteca y Librería como La Nube, de la que las personas se puedan hacer socios para ver y entrar en contacto con estos tesoros. La dueña de la librería piensa en estas posibilidades, llevar los libros a un parque, una plaza, una escuela, ver la manera no de venderlos sino de mostrarlos, leerlos, verles la cara a los posibles interlocutores.
Es increíble el ritual que se despliega en torno a un libro, son infinitas las posibilidades.
Y también pienso en que estos libros tendrían que ser mostrados en otros ámbitos en los que haya adultxs, bares, asambleas, universidades, múltiples trabajos, porque quién dijo que los adultxs no queremos que nos cuenten cuentos o nos muestren dibujos, quién dijo que una frase escrita en un libro infantil no contiene doctrinas filosóficas, políticas, ideológicas, en fin, es una manera sencilla de movilizar la curiosidad, el juego, la imaginación de quienes tenemos la difícil tarea de enseñar, cuidar, guiar.
Ayer me compré tres libros, uno que se titula: Un árbol crece y nadie le pregunta por qué de Eugénio Roda y Cecilia Alonso Esteves, otro que se llama Un hoyo es para escarbar de Ruth Krauss y Pasión de enseñar de Gabriela Mistral.
Luego, volví a la casa en la que vive mi mamá y vi un grupo de karatecas, serían quince o veinte personas dando vueltas a la manzana para entrenar, quise creer que eran mariposas blancas fosforescentes en la noche, que después de cuarenta años, defendían mi niñez en el mismo lugar.


QUÉ ES UN LIBRO

         En el mes de diciembre de 2019 fui a la Dirección Nacional de Derecho de Autor, que también podría denominarse de Derechos de los Autores, quizá la falta de los plurales en los modos de denominar dependencias gubernamentales, redunde en lo que voy contar.
En ese momento, llevaba un manuscrito de un autor santafesino con sus correspondientes carátulas en las que se indicaba el número de ISBN, recibos de tasas abonadas e informaciones sobre lugares de impresión.
Cuando saqué un número y me atiendieron en la oficina de obras publicadas lo primero que me preguntaron fue: esto es un libro? sí, contesté yo. Y acto seguido se consultaron entre los compañeros si les parecía que era un libro, el sobre con hojas sueltas que les estaba presentando. Y les expliqué: hace 10 años creé una editorial que se llama Ediciones Presente que consiste en la publicación de poemas impresos sobre hojas que van sueltas dentro de un sobre, de modo tal, que quien lo adquiera lo pueda compartir o el libro adquiera distintos usos al tener la posibilidad de regalar sus páginas, pegarlas en los distintos lugares en los que una está, camina, se mueve, etc. Para qué, los muchachos cuando no esperan una respuesta distinta a la habitual, son el para qué de todo: yo no te puedo tomar esta obra así, a ver dónde hay información de tu editorial, los sobres que utilizás no son los que nos trajiste acá, tendrías que volver a tu casa y traer un sobre como el que figura en el blog. Entonces le pregunté, qué sentido tenía que me pidieran un sobre especial, aclaro que los sobres que utilizamos están hechos con papel de regalo, si sabían que este material no era regalar, por el contrario, era para archivar. Y continué: no me parece lógico ir hasta mi casa que encima queda a dos horas de esta oficina para envolver un regalo para un destinatario que será un estante. Pero mis respuestas los hacían enojar más y más entonces sacaron un código, qué código regula la actividad de un escritor, es civil, comercial, penal, la verdad es que no me acuerdo, era un tomo duro grandote y ahí no más, citó un artículo, lo cerró y me dijo: si yo aceptara esta obra tal cual la trajo ud. estaría faltando a la verdad porque el libro que deje tiene que ser igual al que luego venderá, y le pregunté por la verdad, si acaso no podía significar cierta correspondencia, nunca exacta, entre lo que dice la ley que fue redactada por un conjunto de personas y lo que a las personas les pasa. Y me dijo que no, me dio a atender que la ley es una especie de deidad del hombre, un metalenguaje incuestionable, entonces le contesté: muy bien, si tiene que haber una exactitud, un calco entre la letra del papel y el cuerpo como depositario de la palabra, haremos lo siguiente: de ahora en más, en la editorial, usaremos los sobres de papel madera que le traje, ajustaré la estética administrativa a la estética editorial. Le parece bien? El empleado me miró con zozobra y aceptó. Mientras que completaba las planillas, pensaba en que no estaba mal ajustar las estéticas si de lo que se trataba era de respetar un cuerpo, que va y viene, lleva y trae, es acarreado a realizar un sinfín de sellados, firmas, aranceles y seguros para ensanchar el cuerpo de dios, el cuerpo de los expedientes en las oficinas públicas, el dios de papel, no es un cuerpo finito, que necesita tiempo y dinero para moverse.
Desde ese momento la pregunta qué es un libro me atrapa, porque no es solamente el conjunto de letras reunidas sino fundamentalmente su funda, el vestido, su carcaza la que lo distingue de otro objeto, y me pregunto, un botella con una carta, una cajita con deseos escritos, doblados y guardados dentro, cartas dentro de un sobre, los recovecos de una billetera en los que las personas guardan estampitas, fotos y cartitas, no podrían ser pensados como libros? Para definirlos qué priorizaríamos, la estructura que contiene las palabras, la fachada o la función.


UNA PINTURA QUE NO ENTIENDO

         Una puede amar hacer algo y que sin embargo, a veces sólo se produzca un disfrute pleno, total de la cosa que haga. Una mano que cuenta con otra sobre la cual apoyarse, ya es dejarse llevar. O en la que se posa una hormiga, un caracol, una lombriz es un tiempo de unión sin rebaje de otra preocupación, agua o cualquier otro elemento que distraiga de ese instante camino.
Cuando pinto me pasa que lo hago con cronómetro interno, apurada, no me da el tiempo para pintar y hacer otras cosas que me gustan hacer y debo. Ganarme la vida, hacer dinero, tareas de la casa, responder cuando me piden.
En cambio, hoy, estoy sola en mi casa y enseguida es como si abriera una ventana alta que costaba abrirla sin la ayuda de nadie, no era tan pesada. Y me invade una necesidad que dejo estar que es pintar con el propósito de ensuciarme.
Pruebo: pintar sobre distintas superficies me enseña a entender que por algunas, la mano y los materiales se deslizan y por otras, se frena; que podemos pintar con un pincel o con la mano y que si lo hacemos con la mano la superficie nunca queda lisa, sino que parece violenta, quedan rastros humanos en algo que será un objeto, se produce una tensión entre objetos que guardan rastros humanos y otros en los que se domestican, me imagino la letra, una inscripción sobre la corteza de un árbol, sobre una columna de cemento, un poste de luz, queda una incisión conmovida.
Me gusta pensar que las palabras están debajo de los soportes sobre los que pinto, que están mezclados de manera invisible con el propio cartón, madera o papel, y que al volver la mirada sobre estos materiales, ellos las revelan, nos las dictan. A veces, me pasa que pinto un fondo y con la yema del dedo, la parte de arriba de un pincel o lo que encuentre que deje marcas, las escribo y me sorprende el lenguaje realizado con surcos blancos, las frases se vuelven caminos claros sobre fondos más oscuros a los dedos.
Desde hace un mes volví sobre el collage, una técnica que me lleva a mi habitación de juventud. Me gusta volver a ese cuarto cuando el actual no compite con aquél en relación al tiempo.
Permanecer encerrado en un cuadro, qué significa, qué quiero decir. Eso, decidir encerrarse en un movimiento que no quiere terminarse al cabo de un tiempo. Es amar y dejarse amar, una experiencia de infinito. Es mi corral, en él me alimento, no me escapo, soy dócil. Es en el único lugar. Del resto yo desconfío.
Hoy pinté primero una especie de nube con plasticola, a la que luego le eché brillantina, después pensé en dibujarle el contorno de una camisa o un tronco, y enseguida dudé. Es una pintura que me hace dudar de lo que sé: es un árbol con cabeza de nube? Una nube con cuerpo de árbol? Una inmensa lágrima con camisa? Un llanto vestido? Y si bien no sé qué pasó con este último collage, me quedo con esta última frase. Qué bien que la pintura vista una emoción para que no esté desnuda. De lo que está desnudo la gente tiende a reírse. Es humillante reírse de una persona que no está. O está en condiciones desiguales a las nuestras. Yo estuve allí y sentí que las palabras desvisten, a veces, mejor que escribir es pintar, dibujar un saco, una manta, algo que proteja a quien precise protección.
Y mejor que eso debe es que una mano lo haga, un brazo, un cuerpo en quien confiar.


En Comentarios (arte, vida, paseos, afectos, 2020), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Libro digital, PDF, 2020.
Tamara Domenech nació en la ciudad de La Plata el 23 de julio de 1976; es Licenciada en Comunicación Social (UNLP), Diplomada en Gestión Cultural (UNSAM), Profesora de Nivel Superior (UTN), escritora, editora y artista visual; vive y trabaja en Buenos Aires.
Foto: Jmp

NORBERTO ANTONIO Un camino humeante de escépticos



   NUBE

Nublada la nube que llueve sin mojar,
que no se involucra con ningún cielo,
que desconoce lo absoluto,
que tapa la luz volviendo obsoletos los espejos.
Agua que a puro arrebato cae de la frente
como un algo que requiere contemplación,
que suscita, que mortal sobrevive
en el mundo de los supuestos vivos.
Jugo de tormento que presagia:
prisa lenta para que los tumores sean visibles,
resplandor furioso para que la austeridad no sea suceso,
desmesura para mirar un lirio.


   ESCÉPTICOS

Era delito ser joven y no rebelarse,
tener lengua que habla pero no dice,
contemplar el cadáver de nuestro enemigo
con la conciencia del alma.

Hoy se ve un camino humeante de escépticos:
donde hubo cielo no queda siquiera
un azul culposo.

Debe haber para nosotros algún perdón
por habernos traicionado honestamente.


   OSCURIDADES

Vienen de los setenta
corazones oriundos de la pena,
un ramo de contradicciones marxistas,
un rumor a cadáver vivo en el fondo de los días.
Las dudas eran nuestras,
podíamos reconocerlas por un indecible olor a sombra,
verdades tan frágiles,
oscuridades no tan luminosas.
Nadie busca hoy las causas del dolor
ni tampoco será noticia mañana
la certidumbre de aquellas respiraciones agitadas.
No llegará el día en el que esta suavidad espinosa
nos depare un reposo habitable.


   PESADUMBRE

Había sido yo dos labios tristes,
un baudelaire inocuo,
me dolía aceptar la muerte de la tarde.
Ese modo de callar
por donde se cuela el inconsciente,
esa pesadumbre
de los muchos hombres que no he sido,
me trajo fríos del tamaño de lo trémulo,
y aunque siguen raptándome ciertos frenesíes
el piano de jarreth hizo reconciliarme conmigo.
Estoy solazado y no quiero dejar de estarlo,
voy camino a verme estremecido,
feliz no, estremecido.


   SARAJEVO

El fotógrafo
-que asido al brandy bosnio caminaba por el cielo-
perdió el alma en cada beso que dio,
sólo le queda la boca con la que pronuncia
el nombre de una mujer
que llora mientras toca el violín,
la que le hundía los ojos a las muñecas
y ayer fue violada
bajo las estrellas de Sarajevo.


   RESPLANDOR

Aquella mujer
que subía debajo de mi cuerpo
no era la que gemía
sino la bisagra de esa persiana
que no cerré
para que me quedara nostalgia
del resplandor que nunca tuve.
El viento hacía de ella
un quejido que gritaba por mí
la palidez de verme otro,
cada día más otro,
un clamor endovenoso
tan unánime que dolía.


En Desolación de Hopper / Desolazione di Hopper, edición bilingüe (traducción al italiano: Silvia Favaretto), 2019
Norberto Antonio (Rosario, provincia de Santa Fe, 15 de octubre de 1951). Reside en City Bell, partido de La Plata.
Foto: jmp

IMAR LAMONEGA El corazón es patria soñada, prometida





PRELUDIO: DE AMORES Y ETERNIDADES

BERISSO, NOVIEMBRE DE 1956

 

BERISSO, MARZO DE 1958

 


CON EL ROSTRO QUE MÁS AMAS

A uno le acontece debajo de sí mismo
otro, más parecido,
a juzgar por el cambio de luces en sus ojos
y el modo de volar su boca hacia la mía.
También me pasa
gente que ni conozco,
mucha cuando me asomo al nuevo corazón,
y yo encantado de serles, imaginen:
nace coral la voz, el acto, el ojo.
Claro, te hacen de todo,
menos meterte miedos, mitos de la muertita,
para que no le pierdas la vista al pueblo.


PRESENCIA DEL NIÑO

Buenas noches, amor mío.
¡Trajeron rosas! ¿En dónde?
¿Qué debo estar confundido?
Es extraño…Si no mientes,
es que perfuma el retoño
que comba ya tu vestido.


¡NACIÓ MI NIÑA!

Río
¡nació mi niña!
corre de ceibo en ceibo
por esas islas,
despierta las hortensias,
grita a la viña:
¡nuestro poeta tiene una niña!

¿Gorrión, has escuchado?
¡Nació mi niña!
vuela de nido en nido,
de orilla a orilla,
hasta que todo el monte
murmure al alba:
¡Nuestro poeta tiene una niña!


PRIMER MOVIMIENTO.
BANDONEÓN MEMORIOSO

POETA ESTIBADOR

pensás al ver los focos en clima de anfiteatro
y saltás varonil sin camisas silbando
a estibar voluntario en la panza del barco
cuando el güinche de pronto iza la tonelada
el estrobo hipnotiza penduleando carajo
alarga apergamina mi jeta de italiano


CANTO AL SUBURBIO

Suburbio triste
de la enorme pena.

Una cola de gente
baja la escalinata
del muelle
y el barquero  –Caronte,
que fuerza tienes!–
pone proa a un infierno
entre barcos ingleses.

Hay un duelo de brisas
en el ambiente:
la gris trae denso güano,
delta la verde,
y un griterío enorme
por las paredes.

Pasan blusas ceñidas,
tacos alegres
y piropos blandidos
como un ariete.
El tango Cambalache
va con las gentes.
Todos al monopolio
que mata reses.

Color pobreza el cielo.
Ningún juguete en los escaparates.
Llueve.

Suburbio, te he leído
desde purrete
con una gran canasta
por esos muelles
y sé que eres buen libro
porque no mientes



SEGUNDO MOVIMIENTO.
PARA PIANO DE RON TOCADO ANTE LAS OLAS

Cuando pisé el exilio
sentí pasar lentísimo un ojo de huracán,
pavura
al ver la equis de papel en los vidrios,
enorme y negra equis proyectada en mi alma.

Alguien me interrogaba, helándome la sangre,
con indecible voz
de acento igual oído a parturienta.

¿Era Juan quien tocaba en un piano de alcohol
a su amante, la Muerte, sentado ante las olas,
en tanto yo
bajaba
a recorrer mi infierno?

Acodado en la altura de la idea de mi muerte,
miraba hacia una austral aldea de desdichas.


DELTA DE LA NOSTALGIA

A Federico Luppi, Walter Elenco y Juan Muzzadi

Federico,
entro al ron,
taberna donde duran en curda los piratas,
a sufrirte despacio acodado en el párpado.
Telones de tristeza, de océano por medio,
garúan si apareces
a proscenio de alguna ternura de Chejov,
desbordante de talento.

Walter,
tenías la cabeza caída hacia el violín
cuando solté la guillotina del adiós.
Yo sentí por la espalda el balazo de un tango.
Tu mejilla me oprime cálida el corazón
y lo traspasa tu arco.

Juan,
en la prisión,
entre plantas carnívoras succionándome médula,
te sentí como un golpe de orgullo.
Por ustedes, malditos,
el alma se me pianta Alfonsina hacia el mar.


DIBUJO

el trazo azul de un niño
subiendo el horizonte
por encima del árbol
solito de su miedo
para el tamaño
de su asombro ante el mar.


SONRISA INTERMINABLE

Fugaz testigo y huésped del oleaje,
tuve tiempo de mito,
mi casa en la sonrisa más amplia de la Historia,
justo en la comisura de más color y ritmo,
donde luce blancura de dientes africanos
y es espuma del mar la risa de Camilo.


TERCER MOVIMIENTO.
SOLO DE BAJO

MILONGA DE LA IGUALDAD

A Nora Frómeta

Traje de Cuba, compadre,
para no olvidarlo nunca
un recuerdo de mujer
que pronuncio con mayúscula.

Fidel la eligió ministro
porque el brillo de sus actos
le dieron la magnitud
de un talento extraordinario.

¿Alguna vez se enteró
de que un ministro burgués
festejara un fin de año
en casa e’pobre?. Ya ve.

La grandeza de principios
que animan a esta mujer.
En la casita de Pablo
(Pablo Pueblo, igual a usted).

Cantó hasta tangos conmigo,
bailó de pronto muchacha,
besó a mujeres y niños
como madre derramada,

y al ofrecerle a mi Rosa
sus cuidados y su casa
si peligraran los hijos,
la emocionó hasta las lágrimas.

Presumo que en el Gobierno
su carga de humanidad
es radar sensibilísimo
frente al reclamo social.

¡Cómo no voy a cantar,
con la pampa a mis espaldas,
a ese ejemplo de mujer,
a la ministro cubana!

Que esta milonga propaguen
las guitarras y el pampero;
que se quede en la memoria
y en el cariño del pueblo.

Octubre de 1974


MAREA DE ELEGÍA

El aire de la marcha es nuevo para todos.
Tengo aún la palabra; la ejerceré más alto.

Llegué con los escombros de un cielo sobre el rostro
y escucho crepitar hogueras de fervor,
fuegos poniendo en fuga bestias que me asolaban.

Nada impide que vea pasar incandescencias,
que sienta una península como siento a mi padre,
que vaya a mirar rostros que quiere la ternura
o el azogue de nada que me revela vida.

La marea está alta, acumula en Los Andes
Nilos como el de Cuba con limo para todos.

El corazón es patria soñada, prometida,
del vuelo vagabundo de la sangre del hombre.

Todo obliga a explorar hasta el adiós final.



Selección de textos y fotos: Jmp

Gracias a Eduardo Manso que hace unos días, en un encuentro de poetas, me obsequió el libro de Imar.

En Banderas reunidas, Edulp (Editorial de la Universidad de La Plata), La Plata, 2010
Leemos en la solapa del libro:
“Imar Miguel Lamonega nació el 3 de Julio de 1934. Escritor, poeta, militante y gremialista. Fue trabajador de YPF en la destilería de Ensenada, delegado del personal, padre de tres hijos y berissense. Abrió con otros compañeros el centro cultural "Caprex" en La Plata. Participaron artísticamente en él músicos como el Tata Cedrón, Quintango, Quinteto Tiempo, entre otros. Publicó artículos en la revista "Crisis". Como a tantos otros compañeros lo despidieron de YPF luego de la huelga de 1968 y lo apresaron por sus actividades gremialistas. Se exilió en el año 1970 en Cuba. Allí se desempeñó como director de la revista "Normas y metrologías". Es nombrado "Responsable de los argentinos" por el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos). Perteneció a la "Brigada Hermanos Saíz", grupo de jóvenes escritores cubanos. Realizó varias publicaciones en la revista "El Caimán Barbudo". Ganó en 1972 el primer premio de la Federación de Mujeres Cubanas con su poesía "Milonga al machismo". En 1971 presenta su libro en Casa de las Américas por el cual recibió una mención especial entregada por Nicolás Guillén. El premio consistía en un manuscrito del "Che” Guevara, que se pierde junto con todas las pertenencias familiares enviadas por barco al país. En 1973 fue finalista del Premio David de Poesía. Retornó a la Argentina en 1974. Recuperó su empleo en YPF del que fue despedido luego del golpe de estado. Jamás abandonó sus actividades políticas y artísticas. En la madrugada del 23 de diciembre de 1976, en presencia de su familia, fue secuestrado por los militares de su hogar de Berisso. Desde entonces no se supo de él. Su esposa Rosa Del Rabal y su hija Gabriela declararon en el Juicio por la Verdad el 24 de Mayo del 2000. En el 2010 su hija Gabriela, luego de un trabajo de recopilación, arte y armado, logró presentar el libro Banderas Reunidas que contiene gran parte de sus poesías en una sucesión de movimientos y musicalidades. Los familiares siguen su lucha por saber qué ocurrió desde su desaparición. No hay cifras oficiales, pero se estima que entre 400 u 800 son los compañeros desaparecidos en Berisso. Zona combativa, obrera, de lucha, de inmigrantes, de sueños… Imar es uno de ellos.”