JOSEFINA MOREAU El recuerdo de la vida que viví





(…)

(¿Qué perfecto es un cuerpo:
penumbras ubicadas delicadamente
en umbrales de placer
curvaturas feraces para aplacar
labios implacables
escondites donde las manos
nutren temblores.)

Este cuerpo      como tantos otros
ha pagado con mansedumbre
su gabela.


RETRATO

Soy mujer de cintura transparente
por donde emigran las palomas

despliego abanicos
de nieblas consumadas
para sofocar
el asombro de mis grietas.


EL HUÉSPED

Lo intenté otra vez.
Ella debía salir de la fotografía
desvaída
colgada frente a mi cama.
Triunfé.
Ella también.
Ahora un ser antiguo
gobierna la casa.


(…)

Que me deje navegar el cielo de palomas
si dejo de rehén, a su costado,
mi espalda relajada en vetas de cortezas
y una mano abierta para bebedero de los pájaros.


LAS HORAS
(Fragmento)

El sedimento de las horas comienza a gotear
se desliza
cae donde el espacio se vuelve destino
no hay vuelta atrás:
la vida en memoria de piel
es el valor primordial
de la manada humana.


(…)

Me intranquiliza mirar la vida
hacia delante.

¿Cuánto tengo? ¿Podré desprenderme
y alejar
mis lugares explorados?

Prefiero y reitero  /  mandala altivo  /
el recuerdo de la vida que viví.

Tanta riqueza en mi ciudad extraña:

aceptaciones de juegos prohibidos

victorias que me diste
sobre las formas oscuras de tu cuerpo

el complot de las palabras

migraciones de memoria en
cálidos universos de soledad.

¿A qué enrejado de fragilidad soberbia
continúo atada?



El horizonte está dentro de la casa

en ella inventamos -otra forma de amor-
el sol de cada día.
Aguardamos
que sol y horizonte desmedido
se vuelvan también casa.


MESA LARGA
(Tríptico)
III

En esta mesa mía
simplemente sin nadie

ronda finísima voz que fabula
y no ocupa silla ¿Será la de aquellos
fantasmas
huéspedes invisibles
que saben que mi casa
es casa sin llaves?


Dos poemas más:

SIMBIOSIS

Con el hilado del tiempo
la casa quedó vacía.

Partieron abuelos y padres
ataviados de amor
al lugar de no regreso.

Hermanos
abstraídos
cuidaron muebles y vajillas
y cuadros.
Meditación absurda:
olvidaron
alegrías y lágrimas.

Pero en la casa vacía
la vida no pasó en vano:
las paredes conservan
las paredes exhalan
las paredes no olvidan.

Las paredes devuelven
resplandores de amor en llamas
congojas de carencias
hambre y ausencias
también
alegrías y lágrimas.


EN EL PATIO

En el patio trasero
donde fornican los insectos

con el derrumbe de luces y sonidos
recibo visitas de trasnoche. Discuto con ellas
temas puntuales.

A esa hora. En ese lugar. Con ese sigilo.
Yo pregunto. Siempre.

Siempre
me responden.

Cuando se van
ríen.

 
Selección de textos Jmp. 
En Sudestada, antología de poetas, Hojas y Cuadernos de Sudestada (colección dirigida por Ana Emilia Lahitte), 1995; El espiniyo, revista de poesía dirigida por José María Pallaoro, número 3, primavera-verano, 2005-2006; Tiempo de fuga, Ediciones Al Margen, 2009.

Josefina Moreau (Aída Zanzi Moreau de Sánchez) nació un 4 de octubre de 1924 en Cruz del Eje, provincia de Córdoba. Vive en La Plata donde desarrolló su actividad docente y musical. Fotos. Jmp. 
Mi agradecimiento a la poeta Olga Edith Romero. 

ANAHÍ LAZZARONI Son otros los pájaros que vuelan en el cielo




APUNTES DE UNA CIUDAD EN RUINAS

Esta vez los finos ecos de la ciudad no son del viento.

El fin del invierno, casi sin nieve, autoriza exclamaciones
o teorías sobre el clima.

Reverbera en las calles la malicia por un casamiento inesperado.

Un grupo de mujeres limpia las casas de fantasmas,
no conocemos sus nombres.

Mientras alguien anota estas palabras, continúa la luz prendida
en la casa de enfrente,

en medio de una noche del fin del invierno, hoy.

22 de agosto de 2004


LA CIUDAD EN VERANO

A la ciudad llegan barcos en verano
que hacen oír sirenas tristes y  roncas como la eternidad.

Viajeros que esperan estar en el fin del mundo
para poder contarlo en otros países.

Viajeros que regresan
en busca de:

la juventud perdida,
amores imposibles,
recuerdos escurridizos.

Viajeros, viajeros

que vivieron en las brumas de la ciudad

allá

en las antípodas del tiempo.

2 de  febrero de 2005


LAS CANCIONES ANTIGUAS

Tintas antiguas para describir la ciudad.
Campos de nieve y falsas arenas movedizas.

Fotografía de pobladores y viajeros muertos.

Barcos entre los bordes de las olas azules.

Miserias empujadas por los vientos del Sudoeste.

Canciones  alegres de tierras lejanas
que nadie puede cantar, ni cantará jamás.

Monedas del oro que nunca estuvo aquí.

Son otros los pájaros que vuelan en el cielo.

10 de mayo de 2005


30 DENARIOS

La ciudad está abierta al mar y a la codicia que devora incautos.

Nieva en este agosto de pocos viajeros
por momentos es la lluvia la que roza el bosque.

Los rumores son confusos:
¿quién es quién en esta ciudad de memorias delgadas?

Casi todos llegan con sus maletas hundidas y sus máscaras.

Forasteros siempre, forasteros varados.

Fugitivos quietos soñando con fiebres desconocidas y denarios de plata.

28 de agosto de 2005


APOSTILLAS

¿Qué  se puede decir de ésta ciudad complicada
como pocas, aturdida y casi sin remedio,

donde extienden sus redes tantos maleantes?

2 de diciembre de 2005


LLUVIA Y MÁS LLUVIA

Bajo la medianoche la lluvia cae sobre la ciudad.

No se detuvo en todo el día,

igual que las noticias descabelladas,
los viajeros, las gaviotas
que se alejan del mar y se arremolinan
en el cielo como pájaros con hambre.
Los barcos recién llegados de Europa.
El extranjero que tomó fotos de la casa amarilla
y del árbol junto al muro.

Este cansancio y esta melancolía.
mientras se escucha durante horas
el agua que no barre las miserias.

Bajo la medianoche la lluvia cae
sobre la ciudad arrasada por el saqueo y la desmemoria.

Es una lluvia gruesa, helada.

5 de febrero de 2006


ALTAS LLUVIAS EN LA MONTAÑA

Demasiada es el agua que fluye en las cercanías,
los caminos han sido fracturados por el temporal.

Las noticias son estridentes. Los obreros trabajan.

¿Cuándo será esta pobre ciudad una ciudad sin urgencias?

Pájaros sobre las copas de los árboles sin hojas:

Sigue su curso la vieja madre naturaleza.

4 de julio de 2006


En El viento sopla, El Suri Porfiado, Buenos Aires, 2011.
Anahí Lazzaroni nació el 30 de agosto de 1957 en la ciudad de La Plata. Su familia se radicó en Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, en 1966. Falleció ayer 28 de marzo de 2019.


A los amigos de Anahí:

Anoche (28 de marzo), en tan solo un minuto, mi hermana se fue de este mundo. Una hermana que me costó años aceptar, porque tal vez no fue la esperada y antes no se hablaba de estas cosas, pero que con el tiempo aprendí a querer y fue seguramente la mejor que pude tener. Estaba muy enferma, con pocas fuerzas. Me dejó mucho, su valentía, su creatividad, sus poemas, sus libros, su humor, la mágica atmósfera que perdura entre sus enseres cotidianos, sus papeles y anotaciones.
Un rayo de sol de otoño ilumina hoy su recuerdo.
Tristeza, tristeza y paz.

Alicia Lazzaroni

EUGENIA STRACCALI No vas a encontrarme cuando despiertes




N POR NION (fresno acuático)

Este árbol
crece
en el mar
y sus ramas
fueron remos
para las barcas
a la deriva
que recorrieron
un oleaje muerto,
un naufragio
permanente.

Sus raíces se hunden el fondo
del bosque cristalino en el que habito.


H POR UATH (espino)

Este es
un árbol infausto
de su madera
se ofrendan
antorchas a Saturno
que marca
mi pulso lento
mi tiempo
en el mundo.
Aunque
a veces
muero
ahogada
sin espasmos
cuando entro
algo narcotizada
algo turbia
en este río amarillento
de reflejos ocres
y corriente silenciosa…

Me tengo que ir.

Mirá:
este camino ondulante
te lleva a la cumbre
donde brillan los ciervos
en su estrepitosa y bella
corrida hacia el sol.
No puedo acompañarte.

Aclaración:
Las Lamias no pueden hablar,
se expresan mediante silbidos melodiosos.
pero atraen a los viajeros
lentos como vos, para devorarlos.


G POR GORT (hiedra)

Soy ceniza
en esta ánfora
coronada de hiedra
¿qué puedo decir?
Fui sacrificada
como un animal.

Cuando llegues
a tu ciudad
y sientas
la lengua
seca y agrietada
no vas a poder beber…

mis ojos de espanto
van a perseguirte.


A POR AILM (abeto)

I

Inmediatamente
desangré mi resina en el mar.

Con esta madera oscura
se hizo
el caballo de troya:
morir traicionada supone
casi siempre
la resurrección
flor que crece en el fango
rosa negra,
quebradiza.

En la intemperie de la isla
la desmesura de las estrellas
expande
la soledad de Ariadna
es tan fina la línea que separa
el agua y el cielo que
todo es un mar estelar
en la mirada.

Sé que hay que soñar
en el umbral
entre el día y la noche,
esas imágenes son
como huellas frágiles
perdidas en el follaje.

Sé que no debo
soñar con tu rostro
ni siquiera
con tu ropa
ni con tu voz
hundida en el vientre del bosque.


II

Esta misma
araña
tejió
su extensa
plateada
y leve
tela
para cubrir
mi cabeza
antes de ser decapitada.

Medusa se refleja en tu ojo quieto.


U POR UR (brezo)

Sobre este árbol
mueren
inocentes
sin saber que
las abejas
han construido
su reino.
Dentro nadie calma
el temblor
ni el zumbido
agobiante:

aguijones
cuerpo hinchado
ya estás muerto.
Es la vigilia.

No vas a encontrarme
cuando despiertes.


LA TIMIDEZ DE LOS ÁRBOLES

¿Sabías que
las hojas
de los árboles
no se tocan?
Por eso
podemos ver
fragmentos
de cielo
ahora.

Es posible
que hayas contemplado
alguna vez
que bajo las copas
de los árboles
se forma
un reguero
de líneas azules,
entrelazadas entre sí
de forma extraña,
impidiendo que las ramas
puedan intercambiarse
cuando emergen
de los troncos.

¿Conocías esa experiencia surreal?

Yo tampoco.

Los árboles parecen diseñados
en sus límites
para mantenerse
separados
los unos de los otros:

grieta de timidez le dicen,
si bien hay una lucha por la luz.


LA CAVERNA DE LAS BRUJAS
(Isla de Man)

I Afuera

¿Deja un pájaro
alguna huella de su vuelo?
Tal vez en el aire
etéreos trazos
indescifrables.

¿Por qué queremos verlo?


II. Adentro

Este miedo
se traga
el cielo nocturno
con su boca
de ballena.
Aquí estoy

grabada
sobre
la roca
cavernosa

y sé
que
la
única
realidad
posible
para
el
tiempo es
el instante,

la meticulosa
forma
que el agua
ha tallado
gota a gota
en la piedra caliza
en el centro mismo
de la tierra:
estalactitas
velos de algas
capullos de insectos
columnas rupestres
flores de cuarzo
huevos transparentes
paredes tapizadas
de agua
leves cascadas inquietantes
mantos de fósiles marinos
(amonites, bivalvos).

En la caverna
no hay horas
el tiempo es de Aión
con su rostro de viejo
y niño a la vez.


III. Afuera

Esta isla está por desaparecer.

Y vos no estás.


TESEO Y ARIADNA
(Reescritura de un poema de Robert Graves)

A través de la sombría grama bajo las viñas,
él suspira:

"Profundamente hundida en mi pasado erróneo
ella vaga por las ruinas, los asolados céspedes"

ilesa y sin embargo
torcida por el tiempo,
avasallada por los pinos
donde por primera vez
él se fatigó
de su constancia.

Él no siente culpa
es injusto.

Cuando tiemble el invierno en la isla
cubrile los hombros
con las plumas de los cisnes.
Verdades hay en el viento
y la hora es negra,
yo te amo
dice y se va
a las entrañas
de la cueva
con paso más seguro.

Antes
el miedo era más fuerte
y su odio era
trueno en el aire;
después lloró cuando los pinos
agonizaron
con ráfagas de viento.
Las flores la miraban
con frenéticos ojos,

y ella lloraba.

A él, ahora
que todo ha concluido,
ella nunca lo sueña,
mas invoca
una bendición
sobre todo aquello
que él supone
ripio y mala hierba;
jugando a ser
la habitante
para huéspedes más nobles.


Ceno en casa de un amigo. Mi amigo habla desde la cocina. Controla “el lomito” (pequeño, pequeño), “no tiene que quemarse”, dice. Cierra la puerta para que el humo que brota de la plancha no se confunda con el estar. Habla y la pared impide saber sobre qué tema (¿la poesía, la casa, los hijos?). Miro la pequeña biblioteca. Veo este libro y otro. Cuando regresa, con su permiso, le digo que “pronto te los devuelvo”. En casa leo y selecciono estos textos.
En El alfabeto de los árboles, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2018.
Eugenia Straccali (La Plata, 1970). Foto: Jmp

AZUCENA SALPETER No era tan grande la casa





EL PESCADOR DE SOMBRAS

El Paraná me trajo un niño,
un escolar a bordo de un barco,
el corazón de timonel,
los pasos
aún no descifrados.

Yo no sabía de este oficio diario
de ir amontonando los pasados,
apenas me cabían mariposas
en los mástiles del abecedario.
Era la primera voz del agua
y la primera latitud del canto.
El río fue cambiando calendarios
como un astro de papel
o un árbol
luminosamente acuático:
me tocaban sus hojas
verde a verde,
blanco a blanco
me salpicaban sus pájaros.

Después fue volver
desde tan hondo,
transvasarlo todo
desde cuándo
estirando la piel
por invisibles proas
calinas y cansancios.
Y crecer y crecer
desde uno mismo,
del que fui, del que seré
el ignorado,
el pescador de sombras
el oscilante faro
girando en los estuarios
y zarpar lloviendo desde el párpado
jubiloso de llanto y naufragios:
un escolar en popa, un solitario
a bordo de este hombre enamorado.


COCINA DE LEÑA

Azul barco y metálico
en los hilos amarillos
de las 12
del verano.
Humilde matrona
campesina
prima del arado,
abuela del almíbar
saliendo del naranjo.
Yo te di mi aliento
en las mañanas
de mis siete años
cuando el tizne te caía
por los cuatro costados
y parecías una legión de pájaros
chillones y cuadrados.
Aún tengo en las manos
tu sabor de leña
y mate amargo
y me sube a los labios
las alburas de la leche
crepitando
entre verdes y rosados
soles del tabaco,
se aprieta el maíz
en doradas explosiones,
centellean los ajos
y el maní
oscurece corazones perfumados.
Aún te amo
en los días nublados
cuando todos los azules desvanecen
y todos los puertos se parecen
a mi puerto
colorado de quebracho.
Aún te amo
cuando todos los barcos han partido
a niveles altos,
cisnes náufragos
en el río de flores de amaranto
a las 12 en punto del verano.


POMELOS

Esfera blanca esfera
redondo río, pueblo
vocal de mi agridulce
rosal de cancionero,
tu líquido asterisco
apúntame en el centro.

El ojo de tu sombra
traslúcida por dentro
derrámame en mi sombra
de hombre y misterio.

Esfera blanca esfera
reloj sin minutero
así ha de ser mi muerte
vestida de pomelo.


DIMENSIONES

No era tan grande la casa
ni huían al infinito
los horizontes del puerto.
Hasta la fábrica, cíclope
con el ojo del quebracho
siempre en llanto y muy abierto
no llegaba a los 10 metros.
Ni la barranca del río
era tan roja, ni tan recto
el clarín de los desiertos.
Ni tan espeso
el bosquerío de tordos
el campanario del centro
el puente de las orquídeas
las cruces del cementerio.
La glorieta de la plaza
se transformó en un pañuelo
y el patio de los bananos
del mango y el cocotero
es un sendero de yuyos
o aguja de un segundero.
Y los ranchitos de paja
horno azul de los esteros
no suben en dos chibatos
hacia las crestas del cielo.

De pronto, estoy sabiendo
que equivoco las distancias
las perspectivas se inclinan
como duendes con espejos
y no recupero nada
de lo que se hundió en el tiempo.
Sólo sé que mientras crezco
un niño alegre conservo
con dos ojos gigantescos
que fabulan con las cosas
y dilatan lo pequeño…
Ha de ser que el sentimiento
no lo mide con las reglas
ni los cálculos ni el metro,
ha de ser que me comprendo
como grande al fin con niño
para siempre analfabeto.




Selección de textos: Jmp. En El pescador de sombras, Talleres Gráficos Mariano Moreno, La Plata, Argentina, 1979.
Azucena Zalpeter (Formosa, Provincia de Formosa, 9 de noviembre de 1942). Reside en la ciudad de La Plata desde 1957.

LEANDRO LÓPEZ Los nombres del pasto aplastado



II

   Entonces la noche cualquier lugar es lejos
   el tiempo urna desbordada de cucarachas
   exilio en himnos entonados por las cañerías
   exilio con base en un cenicero triangular
   y los restos que la orfandad no pudo ceder
   y tanta plata dispersa hipocampos de neón
   y demasiado olvido para la palma de una mano
   para la vasija resquebrajada del iluso
   inocencia donde copula la locura sabia prostituta
   deja deja que ofrende mi córnea a las estrellas
   mi más cara maldición en el reencuentro
   fortuito inviolable del musgo en la piedra
   en el rostro compacto de raíces y después.

   Alguien ha dicho abandono fuga hoja
   huele a sexo de virgen el cielo bastardo
   o tal vez rumor de fuentes rémoras de magma
   o fiebre que late en el bulbo del vicio
   o nombre sostenidos por ojos de gato a la madrugada
   lleva esparce multiplica el golpe de puertas
   contra la castrada lógica del renacuajo
   y así partirán otros murciélagos hacia
   tumbas plenas de luz y barro hacia lluvias
   incesantes como enigmas irresolutos
   dos astros hablan del bronce corrompido
   que clausuró la parábola de tierra
   y hierba para frecuentar cortinas rendidas.

   Profundidad de ojeras cuando la muerte
   de la causa no es la muerte del efecto estampida
   de cuervos superpuestos cálices de cuarzo
   vino espeso coágulos de la tristeza
   paredes con mapas carcomidos de inadvertencia
   bogar bogar entre los residuos de lo que no fue
   los dogmas de la piel como labios abiertos
   y rieles de nubes cárdenas que abisman
   en la intuición del centro desplazado
   quiero quiero la nervadura de una resaca invicta
   para desafiar el choque eléctrico de terrazas
   oscilantes en la fantasía de un cigarrillo
   apagado en la húmeda tráquea de las calles.

   Alguien ha dicho desnudez sin retorno gota
   se prolonga el roce de aire de bahía
   entre túneles de árboles niebla cautiva
   envuelve despoja de cruces a los perros
   mientras estigmas recurrentes parasitan en los hombres
   temor de forzar los candados de la coherencia
   avidez de torres exactas precisas como arañas
   y horas dóciles platos de sopa
   para la nostalgia del amanecer imposible
   despliega despliega la lepra de tus violines
   contra tanto bar clausurado tanta erupción sofocada
   y así sumergir en alturas la cabeza
   pedazo de página roída por las ratas.

   Entonces la noche cualquier milagro un ultraje
   bello y profundo como corolas de suburbio
   mi pulso zanja anegada de inconstancia
   entre ruinas de vasos de cerveza al fondo
   sucio y claro fondo del percibir
   un brote de fuego apertura
   un saxo de párpados levedad
   un remolino de polen dispersar
   y entonces la noche que alguien dijo noche.


V

  Un grito atraviesa y permanece
  la sed: apología de la sangre revuelta
  en espesos torbellinos que hostias oscuras
  para resplandor en el borde del peñasco
  porque el asesino habla su dolor en su víctima
  quién comprendería esos encendidos jeroglíficos de la providencia
  quién leería el mar en el tajo caracol violáceo
  quién palpitaría en el mismo jadear desmesura de elegía calcinada
  porque cuánta lumbre sin cauce
  cuánta música en la inocencia de pezón descubierto
  cuánto perfume de almejas en lo inasible de pronto
  intuyo que la noche justifica cuando se nombra a sí misma
  y extinguir todo rastro del sudario primigenio
  hasta que el sueño se extravíe en cordilleras transparentes
  hasta que la vigilia tropiece con esfinges insalvables
  para renovar la peregrinación compacta de
  aves de rapiña recrudecer y escapar cómo.

  El asesino moldea el abstracto en fatalidad tangible
  la evasión de un hilera de cipreses que apuñala garabatos inconclusos
  y sublimar el fracaso que funda la pirámide
  he sido todo lo que condeno y no obstante
  aguavivas en los pómulos desertar
  en el color de la cerveza cuando el atardecer
  y las respuestas espadas rebeldes a la limpia ceguera
  y el corrosivo supurar de estribillos glebas
  antigua alquimia no tener la imaginación
  para dejar las cosas como están y no obstante
  concebir un museo de colgajos tapices de artesanos
  que se tragan su obra y con ella el viento
  el gemido incontestable de malecones vibrar
  el abierto desaparecer de viñas en espiral
  concebir la identidad que se cumple sólo en espigas truncas
  en albas desparramadas en el vértigo de oleaje
  de cables que cúmulo y eclipse de héroes en lasciva tortura
  concebir el rasgo que distingue
  al creador libre creador de las cáscaras de nuez
  a la siega de los rígidos dedos de soberbios mandatos
  concebir la empatía que salvajismo y destiempo
  y palabras repetidas en bocas inéditas
  porque la quemadura en la pausa lábil
  en los ralos cabellos del alcohol topo fatigado
  porque sólo canta lo que rompe hacia adentro
  sólo inspira lo que maldice sus propios estandartes
  y entonces el asesino babea tumores como sanguijuelas
  cumbre de un proyecto que lo punza somnolencia.
 
  Entre címbalos y valquirias la revelación como vado
  ardua tarea de trocar valvas en moscas
  porque el asesino conoce el Puente de las Mandrágoras
  y libaciones que le reservan un pliegue en
  el lomo de un gato de callejón noche cripta
  porque mesetas de asfódelos como pensamientos estancos
  y regar de ibis el horizonte nulo
  porque soy la consecuencia de la negación de la nada
  y palpo el sublime verbo que cenotes y alondras
  el diablo llora dios me envidia el azar
  me aplaude tantos badajos partidos en el campanario en do mayor
  litio para purgar la belleza animal tan testamento escarlata.

  Porque la gran obra liberta grajos
  que llueven penumbras siempre más arriesgadas
  cardúmenes perseverantes nutridos de parásitos y estar
  al abrigo de la desprotección más amplia
  por encima de toda ley tributo condescendencia
  porque soy la cisura irreconciliable la emboscada
  donde revientan los polos como vasos de ginebra
  y el asesino sonríe un as de pica y
  arroja en el descampado un títere un manifiesto
  sereno como un león satisfecho y continuar
  lo que cualquier deidad su propia leyenda
  en caracteres sargazos de amanecer a veces
  entre el odio y el amor muro de barro y paja.


XIV

EL OTRO

   el que burla cualquier tipo de definición caracterización y no obstante yo no yo pleamar y cielo en retirada quilla y viento en la dialéctica de la existencia pacto que carne estremecida por duraderos relámpagos voz que cercena el hechizo de espigas alineadas hacia el poniente


VOZ

   allí donde los símbolos han perdido su rumbo y las huellas desobedecen su memoria y verter el vino de los leones en las jarras del insomnio y alimentar con leche y fe al gato rehén de la aurora


AURORA

   racimo de nombres como hierba de ciénaga que no alcanzan a limpiar el tajo violáceo en la frente de la Noche Blanca y las campanas de las iglesias y hundir y mi primer recuerdo son alturas encapotadas bautismo de ácido pulmones como paraguas cerrados el corazón monasterio de escribas que asientan leyes apócrifas y la palabra “misterio” no me basta


MISTERIO

   el Mal como un caballo rebelde que obstruye la ruta hacia y saber la parábola y balbucear y la hermandad de la rémora con el tiburón y el Otro que retorcer y alas de peñasco


EL OTRO

   el que burla cualquier tipo de definición caracterización y no obstante yo no yo indigente en los prostíbulos de mi historia profundo satélite que domina el vacío encrespado cadena de erupciones que arrasadas aldeas como lunares lluvia sobre las cúpulas de hojas secas de las certezas


LLUVIA

   ¿a quién confiarle el magma de mis miedos los yacimientos de musgo sobre los que se estructura mi religión en constante zozobra religión de pájaros furtivos y aire viciado y plantas inclinadas y manos como hocicos de hiena?


ZOZOBRA

   para aspirar a la lucidez ir de un estado de confusión a otro de confusión todavía mayor para esculpir en mármol el fracaso intransferible que el fuego perdone las entrañas y agotar que escape la comadreja entre los silbidos del sol y permanecer que las ciudades se asqueen en el olor de los perros sarnosos y transigir que la marea se detenga en las rodillas de los dioses y malograr


DIOSES

   náusea vuelta hacia sí misma insultan su linaje redactan dogmas sellan las bodegas del Conocimiento hipócritas contra el Libre Placer Desordenado y la abundancia se cumple en lo mínimo desparramadas lámparas del universo autista


UNIVERSO

   criadero de paradojas perdurables y terribles estoy dentro estoy afuera en mi clan figuran el sol la luna las estrellas todavía inadvertidas el sueño denso imperturbable de los agujeros negros y cada brillo extinción movimiento estatismo y la tierra que sobrevuelo y el mar que surco sin dejar estela y cada forma de existencia cada proyecto cumplido cada viaje abortado y sin embargo este interior que se afirma a sí mismo y en su negación de todo lo demás interior afuera un dios enfermizo que conduce su barca sobre las simas de la Nada


NADA

   porque las costras removidas no segregan el ámbar de la Sabiduría y los escudos de tabaco y gin no bastan ante las primeras flechas del invierno y las catedrales derribadas por la deserción de murciélagos y yo tendido el Otro respirando lo que me queda de jardines nocturnos piano tristeza balcón y enredadera


EL OTRO

   el que burla cualquier tipo de definición caracterización y no obstante yo no yo pistilo ondeado por la brisa página ardiendo en la hojarasca del atardecer ventisca agitando las barcazas del porvenir martillo haciendo polvo común de la realidad y la mitología de la noche


REALIDAD

   sólo permanece en mí lo que huye más allá de los nombres del pasto aplastado por la Eterna Rueda del azar como mordedura de alimaña de la lógica que claustro y para qué y estar al amparo de mi espejismo debajo de gruesas capas de granito quién soy


QUIÉN

   si mi pulso desmiente a mi corazón si mi corazón no puede con mi sangre aquel niño agobiado que acabó haciendo suyas las Torturas Prometidas que luego desafió con vorágine de tridentes de barro sólido y ahora


AHORA

   confusión para estar permeable a cada semilla cada palabra pronunciada por el estallido de las córneas de la locura cada sistema de poleas jamás llegará a saciarme cada horizonte propuesto por el olvido única forma de la eternidad


ETERNIDAD

   quédate con ella Dios de los que te veneran de los que te niegan de los que te profesan una obstinada indiferencia déjame disfrutar este banquete de bayas amargas y corderos de jugosa grasa y vinos que desbordan los malecones de lo previsible y tanto arroyo nítido subiendo las montañas erguidas de luz y tanto pantano condenando la Inocencia y tanto acierto la tierra plena de rupturas y puentes y tanto error el reclamo por las decapitadas estatuas de yeso del absoluto y planear y morir definitivamente en las colmenas de septiembre


MORIR

   perder la identidad particular para ser el Todo la lluvia que no da tregua a las alcantarillas el pájaro que trae leyendas sepultadas la ruta que hace toser al crepúsculo el hombre en la mina de carbón el hombre en la cresta de su exilio el bosque que impregna con el olor de los árboles invictos el mar que arrastra y devuelve Mar de los Comienzos grutas que testimonian las edades recurrentes el desierto rojizo bajo cielos rojizos la ciudad recorrida por ilegibles papeles de diario el sol como brasa de cigarrillo la luna con su duende macabro y alegría en el crepitar de las langostas y angustia cuando mudan las estaciones y altura a través de los trenes sabios trenes con su cargamento de trigo y aun así los perturbadores acordes del Otro que compone su incorruptible sinfonía fuera del espacio fuera del tiempo


EL OTRO

   el que burla cualquier tipo de definición caracterización y no obstante yo no yo negación que escalones hacia lo Impronunciable.

Mayo de 2012- Abril de 2013  

Diome Ángela Gentile, en La Plata un día de julio de 2018.
En Mitología de la noche, Editorial Detodoslosmares, Capilla del Monte, Córdoba, 2018.
Leandro López (La Plata, 14 de abril de 1978). Foto: Jmp