Carlos Martín Eguía, Villa Castells y otros poemas


VILLA CASTELLS

1
La sierra serrucha la corteza dura
y el cielo puro entre dos pinos secos
se traga el reflejo
de algo que va a romperse

Braulio
el perro del vecino
mea la sierra

dos piñas ruedan
por el impulso de una brisa helada
que manda el invierno

nunca se me hizo tan evidente
la descompostura como ahora

cuando un brazo
de la raíz del pino vivo
ata las patas traseras de Braulio

parece una incongruencia en la imagen
pero se trata más bien
de una relación que puede crear el lenguaje

él me mira mientras saca el ladrido
y la raíz se comporta como el tentáculo
de un error que me descoloca

quiero creer en el pino
no desea que lo talen

aunque la ilación no recae en su interior
se desvía
pinchando un caño de agua

logrando imponer una materia fluida
a nuestra mirada frágil
enferma

Quién podría situar esto
¿un psicólogo? ¿un filósofo? ¿un profesor de letras?

en esta secuencia importa menos
sufrir una lógica tajante
que actuar

hay que esquivar la sierra
antes que potencie su locura
y nos corte la yugular

2
Jamás pensé que la contra
se iba a presentar así
con esa prepotencia:
che vos… inercia
decime cuántos fracasos más
te vas a permitir

por un tajo de luz
humedecido
Braulio me muestra los dientes
ladra
mueve la cola
consigue aliviarme el milagro
que le desata las patas

en el fondo nacen
y el líquido amniótico con trazos de sangre
es tragado por la tierra

Chaska lame la nuca de la cría

¡Braulio! ¡loco!
tuviste un montón de hijitos

una cría predestinada
que ahuyentará al enemigo

le acaricio la cabeza
mirando hacia la calle

pasa Celina y me arremolina el alma
el alma viborea en su entrepierna

algo deja de pedir lo cotidiano
cuando el presente impregna la sintaxis
pasa lo que se ve
un avión plateado
el cartero y en fumo
los pibes de la villa de divididos
en dos bandos
los que limpian parabrisas al costado del Liceo
y los que tienen que hacer
de inmediato ese camión de lácteos
estacionado frente al almacén

percibiendo mejor
en el muro se lee:
LIBERTAD A CASTELLS

3
La contra reaparece
haciéndome dudar de los poemas que escribo
siento el cuero cabelludo
como si me hubieran arrancado los pelos

estoy entre animalitos
que me miran asustados:
Braulio parado
Chaska herida
las crías esperando del amor

el ruido nazi de la sierra no deja
que ningún sentido sobreviva
la sierra milica quiere hacernos desaparecer
roguemos que la mañana
se incline hacia nosotros
y anestesie este dolor

4
Sólo un perro corajudo
puede tomar impulso y mear
por segunda vez la sierra

Braulio efectivamente lo hace

5
El caño sigue perdiendo
y los cachorritos van a beber del chorro:
Chaska los mira
ya los empolló
ya les dio
ya exprimieron sus tetas
ya afirmaron un rostro
en su mirada centelleante
ya sobreviven solos
los perros

si se quiere es el punto más dramático de la ley

6
Inercia… sería necesario
que te instalen una hélice en el pecho
para vivir
internamente hay algo que hacer
ante ese miedo vago que deja constancia
en la ausencia de peligro aparente

Chaska sueña profundo
Braulio entierra el hueso
los cachorros ya son personajes
yo trago saliva me vuelvo autista
y espero el paso de los trenes
para mirar el ruido de las máquinas
después camino hasta Tolosa
soñando con paraísos que cambian
¿cuánta felicidad puedo encontrar en los
chispazos
epifánicos de los que se prende ese jirón
de alma que todavía reverbera?
no te sabría decir
trato de juntarla en una bolsa


OBSERVACIONES

II
Debe ser algo de lo real
lo que dan esas nubes escamosas
barridas por el viento bajo el cielo
azul condensado
que la boca del subte transitoriamente enmarca.
Dato ciertamente intrincado
por la intuición afásica de que todo pasa.

VII
Libre de historia y analgésicos
el espejo devuelve
pelo lacio y rasgos duros,
nada del aparato digestivo
del dolor de la muela de juicio,
nada de esa antigua narración
que pregunta adónde,
adónde carajo conducirá todo esto.


INMEDIACIONES DE INVIERNO

Bajo una bombita de sesenta watts
la oscuridad está excluida,
ella dice que se aburre horrorosamente,
yo ni siquiera extraño el remiendo
que produce una palabra lúcida,
afuera el invierno transcurre sin interpretación.


Selección de textos JMP, de los libros: “El sacatrapos” (2001, poema “Villa Castells”), “Repertorio” (1998, poema “Observaciones” II y VII) y “Anotaciones y otros poemas” (1993, poema “Inmediaciones de invierno”).
Carlos Martín Eguía (Castelli, Provincia de Buenos Aires, 22 de agosto de 1964). Desde la adolescencia reside en el partido de La Plata. Imagen: detalle tapa “El sacatrapos”.

Gustavo Caso Rosendi, poemas de Lucía sin luz



En el camino a la pieza tres viejas
me dicen cosas que no entiendo
—o que no quiero entender—.
Ella se asoma como si todavía flotara
en una panza reseca. Sin ni siquiera luchar
por salir, porque no recuerda cómo.

Todos los días me espera, y desespera, como si
aún estuviera pataleando dentro suyo.
Ahora que la beso me doy cuenta: estoy viniendo
porque de alguna manera también
la estoy esperando.

Me da su ropa sucia para que lave, pero nunca me dará
lo que quiero que verdaderamente limpie.
Hablamos de que no fue al baño o de que fue
mucho al baño. Pero no hablamos de él, de mí
de nosotros (yo caí de pie —casi no nazco—; mi padre
murió solo y borracho). Todo esto me lo contó
antes alguien, no mi madre.

Sería muy fácil odiarla, pero tomo el camino
más difícil. Porque cuando me voy sé que está
mordiendo un tiento demasiado duro. Y que hace
fuerzas para abajo mientras yo sigo haciendo fuerzas
para arriba.



Hoy tu voz está oscura
como el goteo de una caverna.
Te paso la mano como si limpiara
un mueble viejo. Pongo una carpeta
al crochet y ahí encima, un adorno.
Para que vuelvas a estar,
a ser hermosa.



Hubo una cueva, no cariño.
Un agujero.
Y el cielo, allá en el fondo. Salir.
Sólo se trataba de salir.
Y no olvidarse de esa primera visión.
Mi madre ha sido el mundo, y todas las cosas
que ella ha desechado, me criaron.

Hubo una cueva, hacia allá voy.
Chapaleo en el guano.
Llevo una vela.

Y tengo miedo.



Nadie me ha preguntado si quiero estar aquí.
Es el sitio donde la gente hace fila para morir.
La única que parece eterna es la enfermera del cuadro.

Silencio, silencio.

Mi madre está sentada y yo detrás.
Soy un torpe fantasma que aparece en los estudios.
Algo entre la luz del tubo fluorescente
y el ojo del médico que se pone a predicar
mientras señala
como si fuera un dios.



El jacarandá que un día me diste
ya tiene más de seis metros de alto.
¿Te acordás que era una plantita
de no más de diez centímetros?
No recuerdo muy bien cuántos años
hace de ese día en que vos, sonriendo,
lo pusiste entre mis manos. Pero me
acuerdo de que esa fue tu última sonrisa.
Un día voy a llevarte a casa
para que lo veas. Quizá en noviembre,
o diciembre, cuando se pone más lindo.
Vamos a mirar hacia arriba, los dos juntos.
Yo te voy a ayudar a mirar hacia arriba.
Y vas a verlo, acunándose como un niño
en el regazo de una pollera celeste.
Porque por algo fue que me diste
aquel jacarandá aquella vez. Algo que aún
no alcanzo a comprender bien del todo.
Solamente he aprendido que la belleza,
algún día, cae. Se va. Y que la flor fecundada
en esta especie, se torna dura; muy dura.
Como una boca semiabierta, reseca;
que no sabe muy bien qué decir.
Pero un día de estos, voy a traerte, mamá,
para que veas la inmensidad de lo que hiciste,
casi sin querer.

Allá arriba, buscando el sol,
está tu árbol, ahora.



Te tiré un puñado de tierra
para no enterrarte del todo.
Manito sucia que no se despide.
La misma que tomaba tu garra
hace muy poco.
Tengo algo en la nuez que sube y baja.
Como en la plaza Belgrano, aquella vez
que había sol
y contemplábamos aquel jilguero
balanceándose en el medio de la tabla,
cantándonos el mundo.


Mirando ahora, retrospectivamente,
eras toda una niña para mí.
Subíamos y bajábamos,
mirando al cielo.
El juego se detuvo.
No sé si vos estás arriba
y yo abajo. O al revés.


Sólo escucho aquel último chirrido
que me dice que hubo una tarde
en la que alguna vez fuimos felices.



Selección de textos: Jmp. En: “Lucía sin luz”, Ediciones El Mono Armado, 2016.
Gustavo Caso Rosendi (Esquel, provincia de Chubut, 3 de agosto de 1962). Reside en la ciudad de La Plata.
Imagen: Lucía. Detalle de tapa.

Néstor Ponce, Pero esa es otra historia, poesía inédita



GIUSEPPE UNGARETTI

En la vacía inmensidad de la ausencia
caben mares selvas y tréboles de diez hojas

Se pueden rascar las costras del tiempo
y alisar los callos del perjurio

Y como si esto no alcanzara
se abren las arrugas de la piedra en el agua


SAFO DE LESBOS

Señora infinita
me someto al arrullo
de tu viento
me acurruco
lleno de voces
en el campanario
de tu brusca boca

No queda tiempo
para la ciénaga del olvido
tampoco para la aurora
de dedos rosados

Viaja el carbón
hacia el alba imprevista
la sorpresa
de los pájaros remotos

Tu huella perdura
en la ausencia de mis manos


N’DEYE COUMBA MBENGUÉ DIAKHATÉ

El hilo de oro
une al contrabandista
con el filibustero
al bandido con el criminal

Rayo de oro
que va al puerto
al huerto de tu vientre

Lágrima de oro
por siempre reúne
al contrabandista
al ruin al genocida
que fue el fruto de un amor


JUAN GELMAN

Ese poeta
llevaba un caballo fosforescente
que le cabalgaba los ojos
Desde algún rincón de la retina
se le caía la tristeza
en forma de vocales
era tan numerosa
que cobraba la forma de un tsunami
de intemperies perdidas

Las vocales se pegaban al alma
y con sus uñitas sucias
nos arrancaban las costras
y todos los silencios

Nunca vi un poeta
con tantos andamios en los hombros
cargaban botines de fútbol
un kilo de yerba
un barrilete de bandoneones

Uno se lleva la infancia
atada con un piolín al cuerpo
Los años caracolean
como jaurías perros callejeros
ladran versos de muchedumbre
esquinas con almacén
o pelotas de cuero

Nunca conversé con un poeta
tan lleno de silencios
la irreverencia
se le caía a puñados de los labios
y le servía
para arañar la luz

Un domingo lluvioso
me lo encontré
a las doce
en la puerta de mi casa
duerma usté ciudadano
sin la conciencia tranquila
por supuesto
y pórtese mal
me dijo voluntarioso
mientras los escuerzos
escarchan los deseos

Llevaba un abrigo gris
fumaba un particulares sin filtro
que ya no se fabrican:
vengo de otro lugar
confesó
arrugando la lengua

soy poeta
y se fue
rastrillando la noche
con sus pasos
llenos de versos insomnes


JUAN CARLOS ONETTI

Siempre hubo otros miedos
de pozo y leche negra
vahos de telarañas lentas
y una ciudad que arde
tal crepúsculo que quema
los recuerdos

Fueron rutas de vidrios quebrados
con ecos de pasos distantes
transpirando cuervos
y otros fragmentos de polvo

Cierta noche perdida
se dijo:
toda mi vida fui pichón
de cabeza salpicada de rocío
burlón ante las amenazas
de los oscuros del mundo


ALEJANDRA PIZARNIK

De tan triste tu reflejo
el espejo se fue solo
por el amargor del adiós

Fue el lugar de la infancia
un primer beso
las manchas mojando el hombro

Gotas secas
cayendo en la piedra
horadando
el fin de un atisbo

No quedan horizonte
ni brumas cómplices
ni abismo

No hay tiempo
el tiempo es hoy


FERNANDO PESSOA

El silencio
dice más que la palabra
su hueco cobija
el deseo del beso
el milagro de la dicha

No digas nada no
no es necesario
el silencio habla
trae el tiempo
la niebla del ayer
el desvelo de tu boca


LOUIS ARAGON

Los ojos de mi mujer son de menta y miel
don Luis
Una mañana vi cabalgar por sus niñas
una multitud de yeguas enfurecidas
Iban pidiendo piedad
los animales
enroscaban sus colas húmedas
a la furia escarlata del amanecer
Mi mujer pestañeaba indolente
y la secuencia siguiente
era un andamio de faroles fosforescentes
que caían en la bahía de Río de Janeiro
La diosa Yemanjá se ponía celosa
y no era para menos
porque los iris de menta y miel
empañaban todos los solsticios

Otra vez en un cine
me colé en sus pupilas
y anduve navegando intrépido
entre huracanes y torbellinos
y me desperté en una cresta de espuma
con la espada del capitán

Los ojos de mi mujer
don Luis
son de menta y miel
y con ellos
atravieso
todas las montañas
y descubro
lo que respira por detrás


EUGENIO MONTALE

Amanece de nuevo
lo presiento
restaña la claridad
las heridas nocturnas
en las paredes

Nada se mueve
todo es ausencia de aromas
el sendero el techo los muebles sordos

Mi cuerpo
extendido insensible de partida

¿Amanece o es el fin?


DULCE MARÍA LOYNAZ

¿Cuáles son los recuerdos
del viejo espejo desconchado?
¿Cuántas lágrimas reflejó su brillo
qué amarguras su dolor?

Pasaron por sus nervios cristalinos
las sonrisas los perfumes
las distancias y los días
los arrebatos de una noche
las agonías de las tía solteronas

¿Qué colores tendrá de mí?
¿Qué arabescos de mi talle?

Hasta que el peso de tanto tiempo
lo derrumbe
y se marche con nosotros
perdido en las estrías


ANNE HÉBERT

Nada más abismal
que la pena de un niño
en un prado

Llanto que se acuesta
en la breve tarde
mientras acecha la nevada

Lágrimas que se hielan
en la hierba dura
Lágrimas que vuelan
y se hacen rocío
para verter
la más honda
tristeza del mundo


CESARE PAVESE

¿Eran rojos, fueron azules, serán negros todavía?
A veces los olvido
me arrullo en lianas
escurridizas interminables

Busco su color, interrogo sus formas ocultas

A veces los recuerdo
pero cambian
se hacen fulminantes
se deshacen y crepitan
otras lloran y se enternecen

¿O son de menta y miel
y será la muerte
y será tu compañía?


OCTAVIO PAZ

Doradas curvas
al sur hasta la grupa
de vello azul


HENRI MICHAUX

¿A quién se le ocurrió encerrar a los Zapallos? Cuando es sabido que no toleran el roce de las bolsas de arpillera, las ecuaciones de más de diez dígitos o las canciones de cuna desafinadas? El desconcertado victimario produjo más de un accidente con tan poca calculada actitud: grupos de Zapallos ocuparon estaciones de ferry en parajes tan diversos como Colón, Santa Bárbara, Jersey o Rade de Saint-Michel; otros –no menos pertinentes- se dedicaron a organizar conciertos soplando en papel de celofán, acompañados por alas de abejas y gruñidos de toros en celo. La amenaza fue terrible y los gobernantes promovieron medidas anti-Zapallos. Ignorantes: cuando un Zapallo se larga a galopar bajo cielo abierto, nada ni nadie dejará de sonreír. De hecho, las arpilleras fueron carcomidas por el desdén y la vergüenza y hoy en día ya no es tan extraño toparse con un Zapallo leyendo en tu cama a poetas surrealistas belgas o buscando en un huerto frutos tropicales en pleno invierno. Pero esa es otra historia.



Del libro inédito “Vos es (el libro interminable)”. Selección: Jmp. 
Foto: José María Pallaoro. City Bell, entrada, 5 de abril de 2012.

Néstor Ponce nació en el año 1955, en la ciudad de La Plata, Argentina. Reside, desde 1979, en Francia, donde es catedrático de Literatura y Civilización Hispanoamericana en la Universidad Rennes 2. Es director de la revista electrónica Amerika. Autor de siete novelas: El Intérprete (1998), La bestia de las diagonales (1999), Hijos nuestros (2004), Una vaca ya pronto serás (2006), Azote (2008), Toda la ceguera del mundo (2013); El lado bestia de la vida (El asesinato de Néstor Kirchner) (2016). Dos libro de cuentos: Perdidos por ahí (2004), Funámbulos, vampiros y estadistas (2016). Tres libros de poesía: Sur (1982), Desapariencia no engaña (2010), La palabra sin límites (2014). Desapariencia no engaña fue seleccionado en 2013 por el Ministerio de Cultura para ser distribuido gratuitamente en todas las escuelas y bibliotecas públicas de Argentina (con un tiraje de diez mil ejemplares). Ha publicado varios libros de ensayo. Sus libros han sido publicados en Argentina, Colombia, Cuba, España, México, Alemania, Francia. Desapariencia no engaña ha sido traducido al inglés y será publicado en Londres. 

Norberto Silvetti Paz, Lo primero es el viento


CANTO

Lo primero es el viento,
que recoge el suspiro de tu boca,
y lo lleva —profético—
por sobre los desiertos del aire, hasta los muros
donde la eternidad es una hiedra
que pende hacia el azul, y donde el día
florece a lo alto entre la antigua nieve,
y va la vida en calma
como por su jardín que el sol envuelve
de silencioso fuego.

Y luego el canto, el frágil
señor de cuanto dice
por ti la tierra, el cielo, y el infierno,
cuando te aprieta, último, solidario
el frío anillo de la muerte
clavado en ti como la misma vida:
oculto y tenso
señor de cuanto miras, es el canto;
señor de cuanto dices es el viento
que repite tu nombre y te propaga
como un ídolo extraño
que golpea tu frente, y lanza el eco
de tu nombre al olvido.


ARTE DE AMAR

Penetro en la mujer y escucho
si la voz interior soñada
debajo de álamos y sauces
es nuestra voz, y si la imagen
que el Amor inventó coincide
con el rostro que en mí reposa,
con la respiración suspensa
y el mar cerrado de los ojos suyos,
y el ritmo de su mente.

Furtivamente bajo a ella, escucho
el asiduo rumor marino
que el choque del mar con la arena produce,
cuando náufragos despertamos
de algún interrumpido sueño:
costa independiente y lejana
—dorada costa, acógeme—
egoísta de pura entrega,
me parece de pronto, sin árboles,
sin nada maternal, rocosa.

En tinieblas mi mano
quisiera ser la tuya: el rostro
que acariciaba era de pronto el mío,
y ese caer de toda ligadura
que definí en secreto cual esencia
del puro Amor, era mi abismo,
porque en el fondo de él estaban
las sucesivas muertes,
los golpes numerosos, el pasado
en la clausura frágil de una idea
de pervivencia personal, y el lento
ritmo de un corazón
cuyo motivo era su nombre. (Oscuros
son los caminos del Amor, oscuros
y circulares.)
                       Tras el vuelo
descubres que tenías
tu propia mano aprisionada, el beso
besó tu propia boca, y el reposo
eran tus propios músculos cansados,
sus voces tu palabra y ella misma
tu nombre y tu figura, su sonrisa
cualquiera de las tuyas
cuando, al atardecer, sentado
frente a un antiguo texto o frente
al espejo que te devuelve
más viejo que quisieras,
fina, secretamente le sonríes
al rostro imaginario, imaginado
de la que más lejana que tú mismo
en tu propia soledad reposa.




En: “Naranjos de fascinante música. Poesía contemporánea de amor en La Plata”, Libros de la talita dorada, 2003. (De “El mundo extraño”, 1956). (De “Ensayos elegíacos”, 1968).
Norberto Silvetti Paz (Tucumán, 6 de junio de 1921 – La Plata, 3 de febrero de 2005). Traductor, poeta. Vivió en City Bell. Publicó en poesía: "El mundo extraño", 1956; "Las noches y la pena", 1957; "La tribulación y el Reino", 1959; "Poemas", 1961; "Ensayos elegíacos", 1968; "Cifras, signos, estaciones", 1976; "Y nadie me responde", 1982; "La noche de Odiseo", 1995.

Entrevista a Irina Bogdaschevski por José María Pallaoro


En la madrugada del jueves 14 de enero, en una clínica privada de La Plata, falleció la querida Irina Bogdaschevski. Comparto este pequeño homenaje a su memoria, una entrevista que le realicé hace unos años para un número de la revista de poesía El espiniyo.

“La poesía es un gran río que arrastra nuestros sentimientos y pasiones...”

Irina Bogdaschevski, hija y nieta de rusos, nació en Belgrado, Yugoslavia, en 1927. Es lingüista, especialista en idiomas eslavos, traductora, escritora, poeta. Ella y su familia en 1944 fueron llevados por los nazis a trabajar a Austria, haciéndolos pasar antes por el campo de concentración de Matthausen, donde murió su madre por falta de atención médica. Después de la guerra comenzó sus estudios universitarios, se casó con Igor y en 1949 con su esposo y su pequeño hijo viajaron a Argentina. En nuestro país trabajó para el diario La Opinión, para el Centro Editor de América Latina y luego para otras editoriales. Escribió estudios preliminares y realizó traducciones de muchos escritores y poetas rusos de todos los tiempos: Pushkin, Turgueniev, Goncharov, Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Ajmátova, Blok, Maiacovski, Tzvetáieva, Mandelstam, Pasternak, Tarkovski, Bródski, Ajmadúlina. En sus traducciones Irina siempre intenta preservar la rítmica armonía y el estilo de la prosa y de los poemas originales. Publicó en 1991 un libro de cuentos cortos, Imágenes al negativo, y en 2001 la plaqueta Impreso por ardor. Desde 1966 vive en Villa Elisa, partido de La Plata.

 

Rusos en Yugoslavia
Mis padres, muy jóvenes, emigraron con sus familias desde Rusia a Yugoslavia y se conocieron estudiando en la universidad de Belgrado. Mi madre se recibió de médica y mi padre de ingeniero. Tuvieron dos hijas, yo soy la mayor; mi hermana Natalia vive en Estados Unidos. Entre los emigrados rusos en Belgrado había importantes personalidades: científicos, escritores, pedagogos, músicos, y el gobierno de Yugoslavia, además de darles la posibilidad de trabajar en los colegios y en la universidad, les adjudicó un gran edificio céntrico de cinco pisos en Belgrado, donde se ubicó: abajo un gimnasio, una enorme biblioteca en la planta baja, un gran teatro, luego los pisos de la escuela primaria y el colegio secundario, y en un ala del edificio, aparte, una pequeña Iglesia. Las jóvenes generaciones de los emigrados rusos en Yugoslavia pasaban prácticamente toda su vida en este edificio, estudiando, visitando la biblioteca, acudiendo a las misas y presenciando los espectáculos teatrales. El idioma ruso se preservaba en su mayor pureza, pero se estudiaban también, en primer lugar, el idioma del país, serbo-croata, luego el francés, el alemán y el inglés, además del latín y del griego. Los profesores del colegio secundario eran todos profesores de la universidad, era un privilegio tener como director del colegio al historiador y profesor de la universidad de Moscú L. Sujotín (yerno de Lev Tolstoi, ya que estaba casado con su hija Tatiana); la profesora de historia era una famosa egiptóloga que había trabajado como curadora del departamento de egiptología del Museo Británico; la profesora de Idioma (y preceptora mía) era una importante poeta rusa, Lidia Alexeieva, que ocupó después de la guerra el puesto de directora del departamento de lenguas eslavas en la biblioteca de Washington. En aquella época empecé a escribir poesía y también cortos trozos de prosa poética, fui muy estimulada y apoyada por mis padres y profesores.

La guerra no sabe

Después de estallar la guerra, en abril del año 1941 Yugoslavia fue ocupada por las tropas alemanas. Y en 1944 un gran contingente de profesionales fue llevado a trabajar a Alemania y a Austria. Nos llevaron por la fuerza a mi familia y a mi a Austria, donde en una aldea llamada Matthausen, en octubre, murió mi madre, y mi padre con nosotras, sus dos hijas, hemos sido mandados a trabajar en el campo a una aldea de la provincia de Alto-Danubio llamada Weng bei Altheim. Después de la guerra, ya bajo la ocupación de los aliados, hemos ido a Salzburgo para que mi hermana y yo termináramos nuestros estudios secundarios; como a mí me faltaba sólo un año egresé en 1946, junto con Igor, también ruso, mi amigo del colegio yugoslavo, con quien me encontré en Salzburgo. Allí nos casamos en agosto de 1946 y nos fuimos en seguida a la ciudad de Innsbruck, porque la Universidad de Salzburgo no tenía facultad de Medicina, ni de Ingeniería que eran las carreras que pensábamos seguir. Además, allí vivían los padres de Igor. En la Universidad de Innsbruck hemos estudiado ambos hasta el año 1949, hasta nuestra partida a la Argentina.
En Innsbruck, además de las materias de medicina, yo he cursado materias de la facultad de Filosofía y Letras y trabajé un poco en las traducciones del alemán al ruso y del ruso al alemán. Tuve la suerte de que me ofrecieran darle clases de ruso al ex rector de la universidad de Innsbruck, quien además de pagarme, me permitió usar su biblioteca. Así pude leer en original todo Goethe, Schiller, Hölderlin, Rilke, Kafka, entre otros, y el último año antes de irnos, todo Nietzsche, con los comentarios del viejo rector, quien era un “nietzscheano”.

Rusos en Argentina
Partimos hacia Argentina con Igor, nuestro pequeño hijo de un año y medio, los padres de Igor y su hermano menor, Mijail. El traslado en barco al nuevo mundo estaba a cargo de la Organización Internacional de Refugiados (IRO). El barco era un antiguo transportador de tropa americana a Europa, se llamaba General Langfitte. Nosotros éramos seis personas. No sabíamos aún el castellano, no teníamos medios ni lugar donde vivir, y había que buscar cualquier trabajo para subsistir, las circunstancias conocidas por todos los exiliados del mundo.
En Argentina al principio tuve diversos trabajos: fui remalladora de los pulóveres del negocio James Smart, costurera que terminaba a mano las prendas de vestir de Gath y Chaves y Harrods. En los primeros años hice el curso en la municipalidad de Buenos Aires de Asistente Técnica de Laboratorio y trabajé en el laboratorio clínico del Hospital Rawson. A fines de los años 50 egresé de la Escuela de Bibliotecología, en la Biblioteca Nacional, cuyo director era Jorge Luis Borges, quien daba clases brillantes de traducción. Con el apoyo de Igor y de un gran amigo nuestro, Eugenio Bulygin, el futuro decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, que llegó a Argentina en el mismo barco que nosotros e hizo con nosotros nuevamente todo el colegio secundario libre, ya que nuestros diplomas austríacos no tenían validez en Argentina en aquella época, porque Austria no estaba libre aún, estaba ocupada todavía por las tropas aliadas. Con el acicate de ellos empecé a traducir primero del castellano al ruso, luego del ruso al castellano, a los escritores y poetas; me atreví a escribir pequeños ensayos y comentarios sobre la literatura rusa. Así tuve suerte de que el diario La Opinión me ofreciera colaborar en el suplemento cultural del domingo. Poco a poco, leyendo y trabajando mucho, he mejorado mi castellano.

En casa de Irina, José María Pallaoro y Eduardo Bechara
Algunos amigos

Conocí en aquellos años a unas cuantas personas maravillosas y con muchas de ellas trabé una firme amistad que dura hasta hoy. Para nombrar sólo algunos, me hice amiga de Luis Gregorich y Alicia Dujovne Ortiz, de La Opinión; de Odile Barón Supervielle, la gran amiga del padre Carlos Mujica, de La Nación; de Enriqueta Muñiz, de La Prensa (diario en el que también trabajé); de Josefina Delgado y de José Luis Mangieri. Un entrañable amigo mío fue el poeta Rogelio Bazán, que murió en 1987. A principios de los años 60 conocí al poeta, mi vecino en Villa Elisa, Arnaldo “Cacho” Calveyra, y a través de él a dos grandes poetas: Mario Porro y Juan Gelman. En la década del 70 me hice amiga de mi vecina en Las Toscas, Uruguay, la maravillosa poeta Idea Vilariño. Estos últimos tres poetas: Porro, Gelman y Vilariño, más la poeta Olga Orozco, fueron traducidos por mí al ruso para una selección de los mejores poetas hispano hablantes de la revista rusa La Literatura Extranjera.

Algunas traducciones
En los años 80 pasé como legado del diario La Opinión a las huestes del Centro Editor de América Latina, donde hice los estudios preliminares para su colección de los clásicos rusos en la “Biblioteca Básica Universal”. Para los florecientes medios periodísticos rusos durante los cambios de la Perestroika empecé a preparar entrevistas y traducciones de sus obras de grandes escritores argentinos como Abelardo Castillo, Juan Gelman, Ernesto Sábato, quien estaba incluido a propósito del libro Nunca Más, en un especial programa de radio y televisión moscovita sobre el “Juicio a los responsables del genocidio argentino durante la dictadura militar”. Traduje cuentos de Abelardo Castillo para la Gazeta Literaria de Moscú. Y para esta misma revista hice una entrevista y traduje algunos poemas de Juan Gelman al ruso. También traduje al ruso la novela de Mempo Giardinelli Luna Caliente para la editorial de la Gazeta Literaria, que tuvo dos ediciones de 10.000 ejemplares cada una.
Para las revistas literarias Neva de Petersburgo y Gazeta Literaria de Moscú traduje también a narradores contemporáneos argentinos como Leopoldo Brizuela, Pablo De Santis, Griselda Gambaro, Sara Gallardo, Paulina Juszko y Gabriel Báñez.
En lo que se refiere a las  traducciones del ruso al castellano, trabajé para diferentes editoriales, como Galerna, A–Z, Editorial de la Universidad de Montevideo. Traduje para ellos e hice estudios preliminares a las obras de Antón Chejov, de Iván Alexándrovich Goncharov, de Lev Tolstoi...

Y en el 2000 también
En esta primera década del segundo milenio trabajé para Santiago Arcos Editor. Publiqué allí la traducción y un breve estudio de la obra en prosa de la gran poeta rusa Marina Tsvietáieva: Mi Pushkin. Y se publicó allí también la antología Simbolistas Rusos (ver comentario en este número de ee) con introducción de Laura Estrín, la profesora del departamento de Lenguas Eslavas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y con mi traducción de setenta y cinco poemas de diez poetas simbolistas rusos (ver comentario). Para el trabajo de cátedra de Laura Estrín, Victor Shklovski, traduje del ruso algunos fragmentos de los artículos y ensayos de Shklovski. Recientemente, en julio de 2006, se publicó en la editorial cordobesa Alción un importante trabajo de Marina Tsvietáieva, sus tres poemas grandes, traducidos por mí, con la importante introducción de Laura, junto con el ensayo crítico del poeta Joseph Bródski, Premio Nobel de Literatura 1987, escrito como comentario para uno de los poemas de Tsvietáieva, que se presenta en ese libro: “Poema Del Año Nuevo” (“Novo godneie”).

Lo que vendrá
Tengo muchos trabajos terminados que despiertan interés en algunas editoriales pequeñas, exquisitas, que publican poesía. Tengo selección de Osip Mandelstam y de Vladimir Maiakovski; una gran selección, prácticamente las obras completas, de Velemir Jlébnikov; un poemario de Boris Pasternak y otro de Arseni Tarkovski. Tengo traducidos los poemarios de Anna Ajmátova y de Bella Almadúlina. Todo esto, desde ya, del ruso al castellano.

Irina Bogdaschevski y José María Pallaoro en Las Toscas, Uruguay
No existen traducciones perfectas

A pesar de que no existen traducciones perfectas, ideales, hay que hacer todo lo posible para acercarse al ideal, valga la paradoja, sentirse imbuida en el texto que estás traduciendo para poder, con mayor dedicación y delicadeza transmitir no sólo las ideas y el estilo del escrito, sino también la sonoridad y, especialmente, el ritmo. Es una gran responsabilidad, traduciendo tanto prosa, como poesía, depende mucho del traductor la impresión que pueda tener el lector de dicha obra. En poesía, que en pocas líneas contiene todo un mundo de ideas, a veces abstractas, es bastante más difícil de ser fiel a la metafísica del poeta; pero, por suerte, los idiomas que yo manejo tienen un riquísimo vocabulario, infinidad de sinónimos que facilitan la búsqueda de la aproximación al original. Trabajo siempre con tres o cuatro diccionarios, comparo con otros idiomas: alemán, francés... Todas las teorías sobre la traducción artística no son válidas si la obra no le interesa al traductor. Es un trabajo creativo y hay que leer muchas veces el texto, sentirse identificado con el poeta o con el novelista o cuentista. ¡No hay duda que si el traductor también es poeta, esto le ayuda mucho en la tarea! Se produce entonces como una simbiosis entre el traductor y el poeta que se traduce, el espíritu, la intención se hacen propios, y la transmisión puede llegar a ser muy cercana a la perfección.      
Desde los comienzos hasta hoy, mi meta era siempre hacer que los argentinos amantes de la literatura universal conozcan  a los mejores poetas rusos, tanto a los clásicos como a los modernos, nuestros contemporáneos. Esa era mi misión y en mi selección juegan un papel muy importante mis conocimientos y preferencias en este ámbito. Este mismo criterio prevaleció en mi elección para traducir a los poetas de habla hispana y algunas veces del alemán al ruso. Me guiaban, desde ya, preferencias personales, pero basadas siempre en la mayor excelencia de calidad e importancia para la literatura en general.

Porro, Gelman, Orozco y Vilariño
De los poetas de habla hispana hice una selección de los poemas de mi maestro, Mario Porro, de Juan Gelman, de Olga Orozco y de la uruguaya Idea Vilariño. Consideré que dentro de su original diversidad son los mayores representantes de la poesía contemporánea latinoamericana. Juan Gelman es un gran innovador del idioma poético, la riqueza de sus imágenes es enorme, él une la osadía formal con la emoción honda y sincera. Su libro titulado Dibaxu, poemas escritos en español-ladino y “traducidos” por él mismo al castellano contemporáneo, es una joya de sonoridad e imaginación. La poesía de Mario Porro es también la maravillosa combinación de dos elementos sugestivos: de la sencillez y de la profundidad metafísica, corroborando así la idea de Heidegger de que los poetas son en realidad más filósofos que los mismos filósofos, ¡y los aventajan exponiendo las finas ideas metafísicas con la increíble economía de medios! Tanto para Gelman como para Porro, no hay nada en la vida y en el mundo que les sea indiferente, todo es digno de atención, todo puede ser importante, pero... son como Tolstoi y Dostoievski (considerando la distancia): Gelman, como Tolstoi, vuelca sus experiencias anímicas, interiores, hacia el exterior; Porro, como Dostoievski, guarda todas las vivencias y conocimientos exteriores en el alma. Y estas dos formas de sentir y emocionarse se reflejan en su correspondiente poesía.
En lo que se refiere a las dos grandes poetas, Orozco y Vilariño, aquí también me guié por sus tendencias tan divergentes y al mismo tiempo tan sugestivas. La poesía de Olga Orozco es como un gran río, a veces violenta y tempestuosa, otras veces pacífica y mansa; pero que siempre arrastra nuestros sentimientos y pasiones, así como arrastra el río los camalotes y hasta piedras a lo largo de todo su trayecto. Las dimensiones de sus poemas son grandes, con largos períodos, con abundantes analogías esotéricas. Sin embargo Idea Vilariño es parca y muy severa, sus metáforas son insólitas; pero al mismo tiempo sobrias, templadas como acero de una espada. De pronto uno siente que algo como un sollozo le bulle en el alma, lo sacude y lo deja sin aliento. Los cuatro responden perfectamente a la exigencia que siempre nos mencionaba Mario Porro como calidad imprescindible de una obra de arte: ¡Uno se siente muy cambiado después de haberla conocido, es otra persona, se ha enriquecido imperceptiblemente!
Es interesante que la poesía de cada uno les gusta o les gustaba (en caso de Olga Orozco y de Mario Porro que ya fallecieron) a los otros, pero la reacción de Orozco, Gelman y Vilariño a la poesía de Mario Porro era igual: “¡Pero es un genio! ¿Cómo puede ser que no lo conozcamos suficiente?”. La especial característica de Mario consistía en no preocuparse por ser publicado (yo suelo decir que en Argentina hay dos clases de escritores, unos que escriben y otros que publican..., claro que siempre hay excepciones).
Los cuatro son poetas del siglo XXI o quizás como dice Marina Tsvietáieva: “¡Son de todos los siglos!”. Viven ahora, en este mundo de hoy, aceptan el mundo de hoy con todas sus contradicciones. Nada de lo que importa a la humanidad contemporánea les es ajeno. Y además los cuatro tienen una cualidad muy importante que destaca el filósofo griego Heráclito que a mí me parece fundamental en todo artista: “Conviene sin duda que tengan conocimiento de muchísimas cosas los hombres amantes de la filosofía” (a lo que yo le agregaría: “¡y del arte!”). Sin embargo debo destacar que mis cuatro poetas preferidos, a quienes todo les parece digno de atención, son además ¡inteligentes!, y cumplen también con el otro precepto de Heráclito: “La mucha erudición no enseña a tener inteligencia”. Los cuatro son seres metafísicos que se preguntan por el sentido de la existencia, por el sentido del universo. ¡Saben que van a morir y tienen plena conciencia de ello!, pero se lanzan igual a la aventura de pensar y de aceptar su finitud en el mundo infinito.

Escribir y publicar
Es cierto que escribo poesía desde los nueve años, pero la escribía en ruso a pesar de tener antes muy pocas probabilidades de publicarla. En los años 80 me atreví a empezar a escribir en castellano, aunque jamás soñé publicarlo. Sin embargo Igor, mi marido, mi mejor amigo, hizo todo lo posible para que un librito con una docena de mis cuentos cortos se publicasen en 1991 con el título Imágenes al Negativo. Algún relato de este librito lo publicó Mempo Giardinelli en su revista Puro Cuento.
Tanto Reflejos como otros trabajos (Instantáneas y Enfoques) son escritos inclasificables: miradas, observaciones emocionales que indagan y reflexionan sobre el mundo y la vida, sobre el ser humano y la eternidad.
En lo que respecta a Reflejos, algo así como poemas en prosa, es cierto que comencé a escribirlos en 1999, pero llegue a tener sólo seis o siete fragmentos. Sólo después de la enfermedad y la muerte de Igor completé los cincuenta fragmentos y así los consideré terminados. No he pensado en publicarlos todavía… Bueno, hasta este momento en que me estás obligando a dar a conocer a los lectores de el espiniyo algunos de ellos… ee

Las Toscas (Uruguay), Villa Elisa (Argentina), 2006
City Bell, 2007
José María Pallaoro
En revista de poesía El espiniyo, número 5/6, verano otoño de 2007.

Fotos: Archivo de la talita dorada.