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MATÍAS FITTIPALDI Salario del poeta




FRONTERAS 

Cómo cruzar la frontera
donde el viento
incontrolable
remueve la marea
oscurece el horizonte.

Donde no se distingue
la proa de la popa
el sol de la luna.

Y la esperada claridad
se hunde
en mis peores pesadillas.


TEMPORADA DE CAZA

Tus ojos que deciden la presa
tus piernas que inician la carrera
tus pechos que atropellan
tus manos que desgarran
tu boca que devora.

A nuestra temporada de caza
me entrego mansamente.


SUDESTADA

En la trabajosa conquista del pasado
hay territorios ganados al río
que de pronto ceden a nuestros pies.

Fragmentos de naufragios e inundaciones
historias que vivieron en nosotros
cobran inesperada vigencia 

a través de un valle repentino
rompiendo los diques
en magnífica sudestada.


SEÑORA REPETICIÓN 

Como una reina burocrática y holgazana
te pintás las uñas.

Peinás tu pelo ensimismada
y descansás
en la meseta lánguida

de mi felicidad.


DUDAS

¿Por qué pedir permiso al cielo?

El viento no lo hace
cuando abre salvajemente
una ventana.

¿Para qué pedir permiso al cielo?

No lo hace la belleza
de esa mujer al cruzar la calle.

¿Por qué y para qué
pedir permiso al cielo?

¿Por la niebla de la soledad
y su camino de enigmas?

¿Para evitar los rastros de la equivocación
y su ciencia de desvaríos?


OTOÑO EN CITY BELL

Con la melancolía
de una tarde de mayo
una avioneta
surcó el cielo
sobre la abigarrada geografía 
de casas y piletas.

Las hojas de los árboles
caían lentamente
sobre el césped.

Otro verano
con su frágil promesa
llegará.


CUANDO CALLO

Cuando callo trago
un puente del arroyo de infancia
las veces que sangré por amor
la insoportable eficacia de la muerte.

Cuando callo trago
los destinos que no quiero transitar
las artes ocultas del miedo y la desazón
el pequeño apocalipsis del llanto.

Cuando callo y descanso
en la planicie cómplice
del silencio. 



Escribe el poeta Leandro López: 
     “A través de un lenguaje preciso, no exento de metáforas que proyectan a un equilibrio luminoso, Matías Fittipaldi trasciende la experiencia cotidiana y construye poemas que persiguen y apresan un sentido profundo “entre las interrogaciones de la noche”.
      El poeta nos propone un espacio atravesado por flechas encendidas donde “el sueño vive en una zona de melancólico fulgor” y “los sonidos dialogan en busca de un nuevo hospedaje”.
      La voz de Matías Fittipaldi aborda temas ya explorados, los temas de siempre –el amor, la soledad, el dolor-, pero lo elogiable es que va más allá con la fe, el convencimiento, de que “algunas fotos contienen universos”. De esta manera, Salario del poeta nos impulsa al descubrimiento de distintas perspectivas y de una concepción particular de la existencia.
      Podemos afirmar que este libro será, para el lector ávido de un lenguaje trabajado, sólido, personal, un enriquecimiento. Y quizá ahí está la tarea del poeta verdadero; y en esa labor, su silenciosa remuneración.”

Matías Fittipaldi nació en Mar del Plata en 1977. Vivió en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. Actualmente reside en La Plata. Es Licenciado y Profesor en Psicología. Colaboró en la revista de poesía El espiniyo (2005-2007). Publicó el libro de poemas Pájaros como palabras (Ediciones Axolotl, 2015). 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

PAULA MARTINI La memoria de las frutas



MUNDO DESPIERTO 1


Círculo 

¿Por qué no muere lo que sangra 
en el segundo en que es dolido? 

Cultiva su encierro 
se lame con gusanos 
escupe su círculo 
y lo sella 
con babas cotidianas 

igual 

los ojos se van 
ignorantes 
a buscar el asombro.


Cavernas con grillos 

“Lo único irreal es la reja 
la libertad es real… 
los sueños sueños son…”. 
Paco Urondo

Las curvas de las pesadillas se demoran 
en agudos ángulos 
en alados precipicios 
en cavernas con grillos 
El tiempo sangra su macabra astucia 
no soporto el hecho de volver a verlo 
prefiero este inconsciente ambiguo 
las escaleras sin rumbo 
hablar con los muertos 
pensar que es un sueño.


Curvas 

Había una ventana en aquel ángulo, ese ángulo presenciaba los amaneceres con pavorosa linealidad, yo, me anticipaba a su sombra, la calculaba, sufría ante el terror recto con que dibujaba tan bello acontecimiento. Todo comenzó aquí, en esta cajita, una cajita más, de las infinitas que se encajan arriba, abajo, a los costados, donde nos metemos, con la soledad cuadrada a las líneas rectas de nuestra intimidad. Una tarde comencé a curvar el horizonte, el tiempo del reloj (esas manecillas derechas que marcan los segundos, como si no fuera curvo el infinito, como si existieran los segundos). Desde ese día comprendí, naufragué sin puntos donde detenerme, virando la brújula para no volver al mismo punto del delirio. 


Tiempo mudo 

Sentada en el borde de la noche 
un grito me seduce 
es el sueño una parábola 

necesito escurrir mis alas 
en un tiempo mudo 

lustro la luna 
somos dos navegantes indiscretas 
cultivando luz en la penumbra 

insistencia de melodías graves 
negros en los huesos 
sabores ocultos 

Invento un fuego 
en el borde del día 
todo el abismo me está esperando.



MASACRE DIMINUTA

Las hormigas se comen 
la cucaracha que aplasté 

Otra observa impotente el festín 

En esa masacre diminuta 
veo el mundo. 


Un insecto extraño 
canta en el fondo 

Cuando estoy sumergida 
en su garganta 
cuando lo encuentro 
y lo comprendo 

se calla. 


La mosca rebota contra el vidrio 
la ayudo a salir 

para cualquiera es terrible el encierro 
y las dos somos inocentes. 


Mientras removía la tierra 
para sacar el duraznero muerto 
encontré monedas viejas 

Quién las habrá esparcido como semillas 
o guardado como un tesoro 

Las sostengo un rato 
cierro los ojos y las tiro al azar 

Tal vez alguien 
cuando el fondo de mi casa sea un desierto 
las encuentre. 


No todo lo que una ama 
devuelve una mirada 
o envía un mensaje de derrota 

Hoy encontré muerto 
el duraznero 
le crecieron en el cuerpo unos hongos extraños 
lo supe por el sonido 
hueco del tronco 

recorrí su textura con mis dedos 

y traje como en un ritual 
la memoria de las frutas. 



Paula Martini y José María Pallaoro /City Bell, 2013
De los libros: Mundo despierto 1. Antología, VVAA, Libros de la talita dorada, City Bell, partido de La Plata, Argentina, 2013 / Masacre diminuta, Prueba de Galera Editoras, Ringuelet, partido de La Plata, Argentina, 2022 / Selección de textos e imágenes: jmp y archivo de La talita dorada / 
Paula Martini (La Plata, 10 de octubre de 1973) / Arquitecta, artista plástica y poeta / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

ADRIÁN FERRERO El poeta Néstor Mux acaba de cumplir 50 años de poesía

Foto: Griselda Mux. Archivo de la talita dorada

  
NÉSTOR MUX: EL POETA DEL LÍMITE


     El poeta Néstor Mux acaba de cumplir 50 años de poesía. Y ha publicado una antología que es un recorrido por su producción, titulada Nadie le pide que escriba. 50 años de poesía (1968-2018) (La Plata, Libros de la talita dorada, 2019).  Les propongo como hipótesis de lectura de la poesía de Mux la noción de límite. Esto es: leer a Mux es ser protagonistas de la experiencia del límite hasta alcanzar el orden de lo ilimitado. Habrá límites impuestos al hombre de distinta naturaleza que aparecen, como veremos, en su poesía. A continuación, si les parece, los iremos desgranando.

     Leer a Néstor Mux es un acto de austeridad combativa en primer lugar. Hay por un lado una intimidad que se preserva con celo (en su doble acepción de cuidado y de deseo erótico). Pero también hay un desprendimiento producto de una generosidad que se percibe en la palabra misma. No porque la palabra sea dispendiosa o se dispense de modo irresponsable. Sino todo lo contrario. Se prodiga reflexiva, meditada, selectivamente. Se deja caer con medida. Se dispensa la palabra en la medida en que nombra la experiencia humana. Porque Mux se entrevera con los asuntos del hombre. Y, más ampliamente, con los asuntos de este mundo. A partir del universo de orden material o, si así se prefiere, sensorial, conquista un vuelo brutal hacia las cumbres de lo metafísico, sin acudir a metáforas teatrales. Solo en este y no en otro sentido, me atrevería a afirmar que se trata de una poesía que de lo particular inductivamente conduce a la meditación abstracta. El pensamiento abstracto es producto siempre de una reflexión que tiene su origen en una escena y no al revés. No existe un a priori teórico en Mux (afortunadamente) que ingresa al orden de lo poético traducido en pensamiento especulativo buscando en él fundamentos o argumentos en lo humano. O como marco teórico de sus poemarios (afortunadamente también). Existe este lado del mundo, en el que los seres  humanos nos amamos con el cuerpo y con la emoción, nos dejamos cautivar los unos por los otros, cultivamos ese otro amor, el entrañable de los hijos. Y, por último, el del ocio de los domingos, en que entre manteles largos y un tiempo sin prisas conversamos distendidamente con amigos mientras arreglamos el mundo. Hasta que el domingo languidece, llega su ocaso y debemos de modo irrevocable regresar al universo del trabajo, de la alienación, de todo aquello que no tiene la gratuidad del diálogo contemplativo. Este es un límite.

     El cuerpo de la mujer se percibe en toda su sensorialidad, en toda su plenitud y al mismo tiempo en toda su belleza. Pero a esa unión sucede una distancia luego de que la cópula fugaz tan anhelada ha tenido lugar. Y ese “cuando ya nos creíamos salvados” que es evidentemente el momento de la unión más esperanzado, se disuelve como el agua en el agua. Ya no somos el uno de la cópula sino que de modo intolerable y fatal se nos restituye esa identidad en la que regresamos al yo. Pese a la convivencia amorosa más estrecha debemos reconocer una irremediable separación. El hombre está solo. Estamos solos. Todos. Pese a convivir estrechamente, amorosamente. Hay una unión imposible. Segundo límite que consterna.

Nadie le pide que escriba, Libros de la talita dorada, 2019
     La experiencia del límite nos pone frente a la experiencia del absurdo. Es aquí donde leo a Mux desde El mito de Sísifo (1942) de Albert Camus como también lo haré desde El hombre rebelde (1951), también de Camus, a su debido tiempo. En efecto, todo lo anterior era dador de sentidos para el yo lírico. Y para el hombre. De ahora en más, el límite, la experiencia del límite, será una figura recurrente que al trazar una divisoria fundamentalmente entre sujetos, postula el sinsentido. Extraviado, el hombre se debate por comprender lo incognoscible. Por lo tanto, percibe la angustia de la condición humana. La ilusión de eternidad deviene no sólo límite y sino limitación. ¿Frente a qué nos sitúa Mux? Nuevamente recorta la condición humana y la describe en su dimensión más descarnada. Somos carne arrasada. Hay un tiempo devastador. Vivimos en un tiempo que ha arrasado con los grandes relatos, según les resultaría conveniente a los agoreros. Un tiempo que ha degradado a la poesía misma. La ha bastardeado porque la poesía, que era el bastión de la palabra intacta, de la palabra preciosa, de la palabra que es gesto insurreccional por excelencia, pierde su sentido originario. La palabra que conjugada de una cierta manera, la acertada, resultaba pieza deslumbrante, ahora ha sido degradada a mercancía o, peor aún, confinada al inservible desván en el que se vuelve inofensiva. Deviene así pose fatua para algunos. Narcisismo ególatra para otros. Para los peores, objeto de desprecio. Porque, ¿cuánto gana un poeta?, ¿cómo se gana la vida un poeta?, ¿ser poeta es trabajar? Este me parece un punto culminante y pondré deliberadamente el acento en él. Porque para cualquier poeta tener en claro el fundamento de su trabajo resulta primordial. Como resulta primordial tener en claro su objetivo. En efecto, ser escritor es un trabajo. Y es una profesión. Y es un compromiso con ético/ideológico además de estético. No una afición ni un pasatiempo. Un hobby de domingo. Es un trabajo que requiere del cincel de la memoria de muchas lecturas y mucho estudio. Del entrenamiento con el estilete filoso y delicado para saber qué guardar, qué apartar, qué preservar, qué eliminar para el poema una vez que ha sido escrito o cómo será escrito. Consiste en la esgrima entre el silencio y la palabra que ha de devenir composición musical. El poeta debe administrar la materialidad de los signos, su significado y sus sugestivos sentidos. Potenciar todo ello. Y luego están para Mux, como para muchos de nosotros, los tiempos negros de la Historia. Ese territorio que preferiríamos olvidar pero que sería un acto de mala fe cometer. Ese momento retorna desde una zona soterrada e inolvidable del receptáculo de la memoria con dolor por aquellos que nos han arrebatado los sicarios. Constituye un estremecedor capítulo del sentir del poeta, que no puede borrar el shock del miedo, que perdura en el cuerpo como huella y que lo hace ingresar también en la trama de la Historia. Es el territorio de la pérdida y del duelo. Hay una borradura. Entre esos amigos que estaban en el frente y este yo lírico que se mantenía en la combativa rebelión de la escritura (Camus) junto con la desaprobación de lo que sucedía, guardándoles las espaldas de la dignidad a estos amigos. Ellos han sido liquidados. Y esta sustracción de presencia por llegada de ausencia le provoca zozobra y conmoción. Le resulta intolerable a un hombre justo, a un hombre noble y a un hombre sensible, atravesar el dolor y la prepotencia de los violentos. Sin embargo Mux publicó durante la última dictadura militar. Está luego ese largo silencio, un silencio activo diría yo, en el que el sujeto emitía un plasma para que, luego de ser debidamente macerado, llegara el momento del estallido del poema. Ni antes ni después. En el momento preciso. Y un silencio en el que por ausencia y por sustracción de palabra su presencia fue más fulminante aún. Si hizo falta ese prolongado silencio fue porque se hizo luego necesaria la palabra primordial. Y cuando en 2004 rompió el silencio, regresó el poeta al poema y de allí al libro, una celebración tuvo lugar. Dije “celebración”, no dije “fiesta”. Son cosas muy distintas. Una se realiza en el jubiloso ámbito recóndito de la lectura. La otra en la frívola reunión social. El poema restituía al poeta su condición de tal. Había habido un regreso. Sí así se prefiere, en una forma profana de la resurrección Mux ponía a consideración esos papeles cuya respiración antes que nosotros había aspirado una mujer. Y había justificado una mujer. Porque un poeta siempre escribe por amor a alguien, por más distante, imaginario, desaparecido que esté o por más que haya perecido. Le sigue escribiendo en tal caso a su memoria. Y muchos escriben desde la falta. O sobre todo por ella. Todo poeta escribe a una escucha. Y cierro con esto: la ceremonia previa a la escritura, el placer de la escritura, el placer de los lectores, imaginado en la escena de lectura indefinidamente gratificante para el poeta. Como un regalo. Como un premio. Como el don invicto al que un mortal puede aspirar. El de encontrarse y reencontrarse con sus semejantes en una ceremonia con quienes  se conocen y se reconocen en sus palabras. Ilimitadamente.


Adrián Ferrero (La Plata, 9 de noviembre de 1970)

César Cantoni, Un arte invisible



Algunos poemas de Un arte invisible

FAMILIA TIPO CON PERRO

En la foto estamos papá, mamá, mi hermana,
el perro de la casa y yo.
Papá está serio, como siempre,
mamá está linda, como siempre,
mi hermana está asida al brazo de mamá,
el perro está absorto
y yo estoy más rígido que un soldado,
pendiente de la cámara.
Papá y mamá salieron de foco hace bastante,
mi hermana se jubiló,
al perro lo mató un tranvía
y yo, momentáneamente,
me aferro a esta foto que encontré entre otras,
plena de reminiscencias
y tan implacable como el tiempo.


1976

Ese año enterramos las armas
y las municiones:
el viejo revólver de papá,
y las dos escopetas de papá,
y la escopeta rota del abuelo,
y mi rifle de caza,
y las balas de plomo
y los cartuchos.
Todo lo enterramos
prolijamente en un baldío
para que la dictadura de turno
no se sintiera amenazada.


TEMA: EL UNIVERSO. EXPLICACIÓN GRÁFICA Y SENCILLA

El universo, también llamado cosmos o simplemente mundo,
es como un bolillero lleno de piedras gigantescas
que una mano invisible hace girar sin detenerse.
Algunas de esas piedras, como la Tierra, dan cobijo a la vida
y otras yerran en la desolación más absoluta.
Para la ciencia, el universo surgió de una explosión: el Big Bang.
Para la Biblia, en cambio, el universo es creación de Dios.
La Biblia enseña, además, que el Sol se mueve en torno de la Tierra,
pero un señor, llamado Nicolás Copérnico, insinuó lo contrario,
y otro señor, muy sabio, llamado Galileo Galilei,
demostró que Copérnico tenía razón.
Galileo fue condenado por refutar lo que estaba escrito
y tuvo que retractarse para no terminar en el cadalso.
Hoy, todavía hay muchos que creen que el Sol
se mueve en torno de la Tierra.
Por eso todo sigue tan mal como empezó.


SUPERVIVENCIA DE LAS CUCARACHAS

Vienen desde el origen de los tiempos. 
Sobrevivieron al Diluvio y a la bomba atómica.
Presenciaron el fin de los mamuts y de los dinosaurios.
Y un día verán sucumbir a nuestra especie,
confirmando el proyecto jerárquico de Dios.


UN ARTE INVISIBLE

El poeta camina
desnudo por la calle,
pero la gente no lo ve.

El poeta va al cine,
sale de putas,
viaja en colectivo,
siempre desnudo,
pero la gente
mira para otro lado.

El poeta no tiene modo
de llamar la atención,
porque la poesía
es un arte invisible.

La poesía se escribe
sin palabras.


El lunes 5 de diciembre a las 19:30 hs (puntual), presentamos UN ARTE INVISIBLE (Libros de la Talita Dorada, colección Tatuaje en el Viento), libro de poemas de CÉSAR CANTONI. El encuentro es en la ALIANZA FRANCESA, calle 59 N° 626, entre 7 y 8, de la ciudad de La Plata. Nos acompañarán con su presencia y palabras, los poetas Carlos Aprea y Sandra Cornejo. Cantoni leerá poemas de su nuevo libro. Y brindaremos por este arte invisible, la poesía, que nos cobija a todos.

Juan Aiub, Tres de Subcutáneo



cuatro

F tenía mi misma edad
no llegué a conocerlo
murió la semana pasada
era un pibe normal
un día comenzó a indagar
como lo hemos hecho todos
más tarde o más temprano
la intensidad de su búsqueda creció
y la avidez de datos
tomó valor de respiración
entrevistó:
familia
amigos
compañeros de militancia
vecinos
reconstrucción total
en orden cronológico inverso
desde el secuestro de sus padres
pronto descubrió
que la información que disponía
no era suficiente
para cubrir las 24 horas de cada uno de los días
de su cuenta regresiva
se vio obligado a friccionar aquello que desconocía
continuó:
compañeros de primaria
comerciantes del barrio
el odontólogo que había atendido a su padre
                 una única vez a los 8 años
todo en grandes biblioratos
que alimentaba con hojas
escritas en una vieja Olivetti
(según cuentan había pertenecido a su padre)
escribía y escribía
solo paraba para comer
y para cumplir su cronograma de entrevistas
la desatención sobre si mismo
cada vez más evidente
no se bañaba ni afeitaba
tampoco cambiaba sus ropas
ni limpiaba su departamento
reproducir un día de la vida de sus padres
le llevaba más o menos un día de su propia vida
aprovechaba las horas que dormían en el relato
para dormir también él
muchas veces se despertaba exaltado a mitad de la noche
tomaba la máquina y describía minuciosamente
una escena de sexo entre sus padres
pronto había entrado en régimen
describir el grado de detalle que se había propuesto
le llevaría el mismo tiempo que ellos habían vivido
pero nada lo detuvo
cuando no quedaron posibles entrevistados
dejó de salir
permaneció encerrado escribiendo
con la única compañía de su gato
cuya orina terminó por matarlo de toxoplasmosis

lo encontraron días después
a causa del hedor que emanaba de su departamento
no se había dejado morir
mucho menos se sintió vencido
el convencimiento
que tenía sobre lo indispensable
irrenunciable de su obra
le habrían dado vida eterna
cuando dieron con los 114 biblioratos
descubrieron
que desde hacía un tiempo
aparecía en aquella representación meticulosa
infinita
el propio F como personaje
interactuando en su forma adulta
con sus padres
de una edad similar


seis

nuestro primer viaje en auto
en muchos años
debemos pensar epitafio
a la altura del poeta
que invoque la gesta
y el futuro

discutimos
poner cruz en tu tumba
no me río
me cuesta creer
que conserves aún
algo de aquel monaguillo

coincidimos
prisma puro
mármol oscuro
sobrio
nada de placas
tus hijos y nietos no te olvidan
cuidaremos juntos
no mojar
pequeños pies en mercurio

tu tumba entre miles
domingo
ritual de cementerio
flores plásticas
muertos de muerte natural
viudas sin entender
olor tierra abierta

solo me preparo
por si ocurre


once

él sabe qué pasó con mi madre
después de su secuestro
la historia es larga
pero sé que lo sabe sé
sé que sabe lo que yo no

expectativa púber
en tórax adulto
estalló
se hizo polvo
contra amnesia acrílica
de ropas azules
recostado en su plato
me observa
quiero saltar
balanza inmóvil
de engranajes clavados

desde aquel día
elaboro un plan
voy a extraerle
la información que me pertenece
como sea

no es miedo a parecerme
mandamiento número 11:
nunca serás como el enemigo
si temo
cruzar del otro lado de mi piel
conseguir los detalles que busco

y que
después de todo

no alcancen

para silenciar

por fin

las calandrias



Juan Aiub (La Plata, 1977).
Foto: archivo de la talita dorada. Plaza Moreno, 2 de abril de 2014.








NÉSTOR MUX: Papeles a consideración



Néstor Mux:
Papeles a consideración


Libros de la talita dorada, 2004. (c) Derechos reservados

1.
Música imprecisa


“ya es hora de que vuelvas
de que tejas otra vez tu camino”
Edgar Bayley


Conversaciones con Pallaoro
Conversamos.
Como si todo el viento en contra del mundo
no hubiera podido terminar con el aliento
desvencijado que quedaba.

No se sabe si el caos personal se ordena.
Si la pena se ordena.
No hay certeza si se alcanza
la convicción de una nueva claridad.

No se acierta del todo si tiene
mayor significación discurrir
sobre la herramienta que pule a la poesía,
sobre la gracia que salpica un dibujo de Elena
o sobre las comunes maneras
con que se construye el jardín de nuestras casas.

Pero conversamos.
Como si se tratara de empezar de nuevo.
Como si se entreabriera una puerta inesperada
al extranjero agradecido.


Otra mirada
Siente como si finalmente
apagara la luz en un sitio
que no volverá a convocarlo.

Bajo el brazo carga el envoltorio breve
que le permitió la vida:
una camisa, el resplandor de un momento,
el encendedor, el documento de identidad,
las migas de lo injusto,
sombras de la belleza que buscó,
música del amor y del mal de amores,
del abandono y del desprecio.

Escucha que el ángel deshilachado de la guarda
no quiere abandonarlo del todo
porque caminan a los costados
sus fantasmas y sus muertos.

Y trepado al ómnibus
-del que desconoce su destino-
mira la transparencia de la mañana
con lo que quedó de él.


Música imprecisa
Como se sabe,
cada uno es lo que hace
y las dificultades de la época
(mezcladas con nuestras propias carencias)
ponen en cuestión la identidad de nosotros.

Después de años, equivocaciones
y vacíos sobrevividos en silencio
vuelvo a reconocer por azar en la poesía
– aunque imprecisa – una música de mi pertenencia.

Ella me hace respirar otra vez
la convicción inocente que la intemperie
no nos alcanza del todo
si regresamos a bailar con nuestro propio ritmo.


Fotografía en el hospital
a Julieta, Juanpedro y Griselda Mux.
No era que el cuchillo
careciera de filo
o que la pera
resbalara en su propio jugo.

Eran sus manos que entonces
sólo podían saludarnos.

En la insignificancia del anillo de plata
que me entregara la enfermera
parecía caber el jugo inútil de la fruta
y toda la belleza y toda la sombra
que nos quedaba.


Preguntas de carácter personal
Si con errores y desaciertos
también pudiera construirse
hubiéramos levantado paredes
como para tapar el mediodía

si el arrepentimiento alcanzara
para retomar lo mejor de uno
es posible que volviera a despertar
a nuestro lado
el cuerpo más amado

si la sombra de la culpa nos sigue
caminando por el camino que intentemos

dónde otra construcción de nosotros
otro cuerpo único
otra sombra sin sosiego?


Acerca de lo imprevisto
Un aire inexplicable
nos hace andar por el aire puro

nuestros ojos de siempre
por primera vez
ven hasta el otro lado del mundo

la quietud de corazón
es una estación que nos faltaba
y deja en la boca el gusto
ecuánime de todas las estaciones

llueve y es como si lloviera
para nosotros

el pájaro en el hilo telefónico,
la vecina que barre, el ciclista,
los árboles de la mañana
cantan para nosotros:

la alegría.


En una fecha cualquiera del calendario
La vida, la realidad, los otros
sorprenden a cada uno
haciendo lo que puede
o lo que le dejaron.

Está quien dirige para ensanchar su espacio
y el que obedece para no sentirse
extraviado en la vastedad del mundo.

Quien ejerce la crueldad
y no espera nada porque está cumplido.
Y aquel que espera el tren, la primavera,
el correo, una silueta en la puerta
o el milagro.

El que trata de recordar
para vislumbrar el camino
y quien se desprende de toda memoria
para que el dolor no sea tan grande.

Está el hombre pleno
en su paisaje respirable
y está aquel que duerme en el umbral
tapado con cartones.

Hoy, en una fecha cualquiera del calendario,
me llegan los 58 años. Y la vida, la realidad, los otros,
me sorprenden escribiendo versos.
Digo escribiendo versos: con dudas,
con aproximaciones y desamparos,
con ventanas, flores encendidas, fracasos y alegría.
Tratando de no desafinar.
Intentando no mentirme.


Remolques y memorias
Con el cascajo llevábamos
a los chicos a la escuela;
hacíamos las compras y las mudanzas
o cargábamos las hortensias desde el río.

Un día echó un humo desinflado
y se agotó provisoriamente en las afueras.
Con su automóvil, mi padre
lo traía con una cuerda
que no dejaba de cortarse
y yo insultaba a dios y al aire.
El manejaba con el silencio natural que lo rodeaba
ya que sentía cumplir un deber más
de todos los que cumplía.

Me aseguran que el cascajo todavía recorre
los itinerarios modestos que le imponen.
Mi padre, cada tanto, me recorre
la memoria con su ausencia
y la cuerda apagada de otros días
con la que dejó de remolcarme.


Nadie le pide que escriba
Nunca llegará hasta la casa
en la que no es esperado.

No habla si no le piden opinión
porque entiende que la palabra
no modifica la historia
y en algunos casos puede ser
invasión al otro,
como de intruso que atropella la puerta.

Tampoco, nadie le pide que escriba.
No obstante, cuando nadie lo ve,
cuando todos están lejos
- con su confusión y sus convicciones,
con su sombra y sus jardines –
él coloca en la máquina el papel en blanco
como una forma de desobediencia,
de alivio o de revancha.


Ignorancias
Creí que aún desde la muerte
me guiarías de algún modo.
Pero la muerte
no sólo es ausencia cruda.
Es también señales que desconozco
o hilos que se cortaron para siempre.


El compact que me regaló mi hija mayor
En la pared de un alojamiento de Mallorca
Aurore Dupin, baronesa de Dudevant,
llamada George Sand, en 1842 anotó condescendiente:
pobre Chopin.

Ahora, solo en la casa, escucho el compact
que me regaló mi hija mayor la última navidad:
un piano prodigioso recrea sonatas de sencillez esmerada.

Algo dice que esta confortabilidad provisoria
desprende cierta atmósfera anacrónica
cuya melancolía no encaja en nuestros días.

Pero la realidad, más allá de la ventana,
suena hosca, estridente, fuera de escala humana.
Y por un rato – sólo por un rato –
aquí se está bien con uno
y con el pobre Chopin, un siglo y medio después.


Sentidos
Esta vista, a simple vista,
pudo diferenciar –algunas veces-
al hombre maligno del misericordioso.

Este oído alcanzó la catástrofe
del crujido de una rama lejana.

Este tacto tomó conocimiento
de la insólita belleza del mundo
al recorrer el cuerpo de ella.

Este gusto paladeó los vinos
del desencuentro con los otros
y los vinos fraternales.

Este olfato de animal lógico
prefiguró su ración de alimento,
la adversidad y la tormenta.

Un esquivo sexto sentido, en cambio,
no alertó que uno construía
la materia de su propia disolución
porque ciertos pasos fracasaban por su base.


2.
Contingencias



Ferrocarriles
De afuera, viene hasta las ventanillas
destartaladas la belleza de la tarde
haciendo esfuerzos por permanecer.
De adentro, la sensación desoladora
que todos aquellos cuerpos y rostros
se parecen a ganado camino al matadero.

Curiosa metáfora del país estos vagones:
basura en los pisos y en los asientos,
indumentaria raída, ambulantes miserables
ofreciendo su común miseria, puertas golpeadas
por el viento de nadie y el silencio
cada día más espeso sosteniendo la escena.

¿Tendrá destino, alguna vez, todo esto?


En el gimnasio de la escuela
La maestra apoyada en la modestia
de sus propias palabras
roza la intensidad de lo irreductible.

Si no podemos educar aun en la adversidad
y las carencias de hoy
no habremos logrado hombres sino esclavos
.

Después la tribu adolescente
repite al unísono
o juremos con gloria morir.

Uno piensa que no estamos
en condiciones de pretender la gloria
ni la muerte.
Con que nos dejaran vivir alcanzaría.
Porque la fe sin asidero de la maestra
de algún modo nos incluye a todos.


Espectros al mediodía

A la hora afiebrada y ajena de los bancos.
De los hipermercados con sus promociones convenientes,
los espectros caminan persistentes por la calle.

Pocos y solos, ni sus hijos acompañan
y los perros agotados
siguen por la vereda de la sombra.

Deteriorados por los años
y por la utopía dificultosa que alimenta la marcha
en las pancartas se leen todavía abstracciones remotas:
Solidaridad. Ética. Liberación.

Pareciera que el país, el mundo
y la vida ahora estuviesen en otro lado.

Sin embargo, uno está tentado a pensar
que si bien la escena guarda cierta naturaleza patética,
es la escena que hay.
Y que estos pocos obstinados que sobrevivieron,
a su manera siguen soñando por nosotros.


Esta tierra
Hubo una vez un rincón
que amamos: esta tierra.
Esta periferia de ahora sin incidencia
en el mundo. Este amontonamiento
en el que sobreviven
la vergüenza del excluido
con la vulgaridad de los famosos.

Ninguna peripecia le fue ajena,
ninguna usurpación dejó de sucederle.

Pero aquí estamos. Aquí somos.
En medio de una noche
de bordes que parecieran invencibles.

Tierra del dolor y del desprecio.
Tierra de nuestra pasión
y nuestras reflexiones más arduas.

Tierra de la obscenidad.
De los muertosvivos arrojados al mar
desde aviones nocturnos.

Tierra de nuestros encuentros más modestos
y más hondos. Y de todo lo que perdimos.
Tierra poblada de enemigos
y tierra de nuestros hijos desorientados.

Pero como cualquier otra tierra,
como cualquier otra historia
también torcerá hacia la mañana inesperada.
Y este rincón, esta tierra incesante
volverá a cantar por su recomienzo
y por todos nosotros.
Aunque todos nosotros,
entonces, estemos bajo tierra.


3.
Ojalá el invierno no sepa extraviarte



Una de Altman
No era la oscuridad
de quien va cayendo al fondo.
Era la oscuridad de la sala
donde veíamos una de Altman.
Pero tu mano buscó mi mano
y sentí el temblor feliz
de quien volvió a salvarse.


Soles de ella
Como casi nadie usa conmigo
alternadamente el elogio y la diatriba
con énfasis parejo.

Tocado por esa lluvia
- siempre fuera de pronóstico –
aguardo con impaciencia
la salida del sol
del modesto consuelo:
que sus gestos vuelvan a sostenerme.


Cuerpos juntados
Algunos esperan que vuelva a salir el sol,
otros esperan ser absueltos, la mayoría
espera el salario amargo de la sobrevivencia.
Nosotros, con el egoísmo inusual del deseo,
nos esperamos a nosotros.

Damos rienda suelta a la ambigüedad
de las relaciones humanas – las nuestras –
y dejamos acontecer los cuerpos juntados,
dóciles, invictos, disueltos.

Poesía subida a la otra poesía,
manos en las manos,
cielo de lo que queda para ascender
y hundirse en un mismo instante.

Y si nos fuera dado, con igual sed,
liviandad y fuego parecido:
la esperanza que los cuerpos vuelvan a juntarse.


Residuos
El último verano
fue dejando en el automóvil
tickets del peaje,
restos de comida,
un libro que nunca leí
y caracoles que ella juntó
para que el mar nos recordara.

Como podría creerse
no se escuchan en éstos
los sonidos del océano.
Sólo voces, apenas audibles.
Aquellas con las que nos esforzamos
en encontrarnos. Aquellas
con las que confrontamos con lealtad.
Aquellas con las que
uno cerca del otro
nos quedamos en silencio.


La intensidad
Después de atravesar
la sequedad del desierto hasta envejecer
quería esto y no sabía.

La intensidad de esa campana
que suena dentro. La intensidad que nos excede,
sacude, aturde y obliga
a volver a respirar hasta el dolor.

Quería esto y no sabía.


Expresiones de deseo

Los recuerdos también
son de naturaleza provisoria.
Una llovizna amable
bajo los árboles de la calle 53.
El reloj estival que me diste
y que sin sentido aparente
llevo en la muñeca.
Olores tuyos que se las arreglan
para acompañarme. Lámparas secretas
que nos escucharon en lo más alto
y en lo más común de nosotros.

Has vuelto a tus tareas,
a las confrontaciones, a la ciudad,
a los otros.

Ojalá el invierno no sepa extraviarte.


Papeles a consideración
Ella hojea lentamente mis papeles
con un afecto que hace creer
que alguna línea pudiese ser feliz.

El abismo verde de sus ojos próximos
se entrecierra como si necesitara
descubrir insignificancias de la verdad
en esas fotografías que la incluyen.

“ – El poema es la propia respiración
de quien escribe
”, dice.

Yo no digo nada. Pero respiro tranquilo.


Opciones en el abismo
En ella la impostura
brilla por su ausencia.

Alimenta el desatino
de la juventud que no tengo.

Hace creer que el corazón de todos
ha retomado el equilibrio.

No obstante uno no acierta
si camina desprevenido
- con naturalidad inusual –
hacia el patíbulo o hacia días mejores.

Sustancia de la dualidad,
opciones en el abismo:
huir para ponerse a salvo
o quedarse con ella para siempre.


Habitante excluido

La furia clausurada
de su danza mental

su propia locución
como lazo afiebrado
con el mundo

la libre arbitrariedad
de los pájaros libres
que pone en duda
sea esto encuentro,
tregua o malentendido

mientras tanto
– habitante excluido –
afuera, lejos,
yo espero
con una esperanza
con que nadie la espera.


(*) Néstor Mux nació en La Plata en 1945. Es uno de nuestros grandes poetas. Publicó: La patria y el invierno, 1965; Nosotros en la tierra, 1968; Cartas íntimas para todos, 1974; Como quiera que sea, 1978; Perros atados, 1982; Poemas, 1985; Poesía reunida, 2000 -incluye un libro hasta ese momento inédito, Cosas que nos rodean, 1986-; Papeles a consideración, Libros de la talita dorada, 2004. Tiene en preparación un nuevo libro: Disculpas del irascible y poemas anteriores, que saldrá en 2008.