Juan Octavio Prenz, Rock duro y otros poemas


Prólogo necesario

Con la palabra hay que ser cruel cínico, maltratarla.
No concederle la caricia que te convertirá en su esclavo.

Si la has creado impíamente para que te sirva
¿a qué vienen ahora estas debilidades de eunuco?

En la mano derecha la pluma,
en la izquierda el látigo.

No le dejes levantar cabeza,
porque estarás perdido.


Cuentas claras

Un día más es un día menos.

Es decir,
que cada día es más
y cada día mes menos.

Por ende,
no hay suma que no reste,
no hay resta que no sume.

Queda,
limpio como una aventura,

el día.


1984

Es imprescindible cierta práctica de la medicina.
Treinta y siete hombres y tres mujeres aspiran a verdugo en N. J.
Algunos tienen diplomas universitarios.
Sólo cuatro serán los afortunados.

Actuarán en pareja.
Cada uno aplicará su inyección al condenado a muerte.
Sólo una contendrá la sustancia letal.

Por la noche besan a sus hijos y los cubren
con una manta más porque ya ha comenzado
el invierno.


Cosas en su lugar

El régimen ordenó degollarlo
legal y dignamente
por escribir versos inarmónicos
y alentar contra nuestro modo cristiano
de vida.

Hoy tres estudiosos demuelen sus palabras
descuartizan sus textos diseccionan sílabas
para demostrar la armonía de sus versos
y su modo cristiano de vida.

Vuelven a asesinarlo.
Esta vez

ilegal e indignamente.


Comedia de equívocos

Durante meses ensayan la obra
revolucionaria.

Han elegido una sala de los suburbios.
Ningún obrero debe faltar.
La victoria está cerca
se lee en la pancarta.

La lluvia golpea con fuerza
el fatigado techo de zinc.

Hace dos horas que estamos aquí.
No tiene sentido seguir esperando.

La función se suspende por falta de

público.


Rock duro

En los últimos tiempos decido ocuparme
de la música moderna (todo aprendizaje es difícil).

Asisto a un local nocturno.
En las alturas (no lo distingo bien)
un joven dios manipula extraños aparatos
que producen sonidos enormes.
Abajo
otros jóvenes (¿nuevos ángeles?)
callados se agitan sin cesar.
Algunos tienen crestas azules, verdes, doradas.
Luces de titilantes colores me hacen perder el paso.

Siento la necesidad de pronunciar una palabra.
Cualquiera.

Imposible.
Si lo hago soy hombre muerto.


Vigilia

Es fácil con el largo vino perder la cabeza
y la memoria.

Recuperar con el largo vino la cabeza
y la memoria inexistentes.

Es fácil la ausencia, el arrebato, el olvido.

Y qué no decir de los cuerpos que inventa
el vino o la oscuridad.

Naturalmente,
menos cuerpo y menos invento
que la piel que te espera.

Hay que hacer el amor con los ojos bien abiertos.


Mariposa de noche

La miro girar solitaria y alocada en torno a mi lámpara.
Me distrae y me impide tomar la pluma.

Hoy ha nacido y hoy morirá
ajena a cuanto me sucede.

Soy el único testigo de su vida.

Cada tanto hace una pausa como si quisiera
posarse sobre mis papeles
pero desconfía.
Tengo medios eficaces para abreviar
su única jornada

Nada y todo nos une en esta triste noche mía.

Renuncio a la pluma para contarle
cuanto contaría en el poema.
Pero ella no se distrae y sigue girando,
ajena y alegre,

en esta única noche suya en que estoy solo
y quisiera girar en torno a mi lámpara


Buenas maneras

Parte de nuestra riqueza se nos fue en
medallas recordatorias trofeos alusivos
dádivas ocasionales para vivos y muertos.

Nuestro tiempo no tuvo mejor suerte.
Los minutos de silencio se fueron multiplicando
hasta hacerse años.

La piel se nos ajó de tanta sonrisa o
contracción solemne.
¿Quién sabe cuánto costó el educado gesto
de dolor o alegría?

Poca riqueza poco tiempo poca piel nos fue quedando.

Las lápidas se obstinarán en decir que hemos vivido.


Descubrimiento

Cuenta el Inca que las profecías sobre el arribo del dios blanco
no incluían el asombro.

En otras latitudes, el mismo Colón se había asombrado de encontrar indios buenos, aunque ya figuraban en sus profecías.

Concluido el primer intercambio de asombros,

empezó la lucha.


Apuntes de infancia  

En mi Ensenada natal el aire se ha enrarecido.
Ya no hay libélulas ni mariposas.
Es una venganza, dice el niño que aún me habita

Estamos en tiempos ya lejanos y el campo se colma de mistos, libélulas, mariposas.

Nadie puede ver a dos dedos de sus narices.

El tren de La Plata supera con paciencia centímetro tras centímetro.
Libélulas y mariposas se hacen grasa bajo la rueda de la locomotora, que comienzan a girar en el vacío.


Humillada, la enorme mole de hierro se resigna a aguardar el atardecer cuando la miríada de libélulas y mariposas sobrevivientes

se retiran a reposar.


Canción popular

Es bello ver marchar a los jóvenes, con ese brillo especial
en los ojos y esa audacia de porvenir.

Entonan himnos proféticos, cantos insolentes o, si lo quieres
marchas vegetarianas.

Algunos son futuros héroes, otros futuros santos.

Entre tanta algarabía y cantos, lo más difícil es reconocer a los

verdugos.


Duermes sobre un cuerpo de mujer…

Duermes sobre un cuerpo de mujer.
Es como un lecho infinito, único en el tiempo y en el espacio.
No hay otro debajo.

Sabes con certeza, además, aunque tengas la cabeza un poco trastornada, que no se trata de una levitación.

Sientes como que te sobran los pies.
O no te alcanzan los pies ni la cabeza.

Es (esto sí lo sabes bien) el único lecho del que querrías salir

entero.







Algún precio hay que pagar.




Selección de textos: Jmp. Referencia para cotejar diferentes versiones, los libros: 
“Cortar por lo sano” (antología, Tierra Firme, 1987) y “Antología poética” (FNA, 1996).

Foto: Octavio Prenz y José María Pallaoro, Universidad de Trieste, Italia, mayo de 2013. 
Archivo de la talita dorada.


Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Reside en Trieste, Italia, desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al castellano de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros, publicó los libros: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, Antología poética, etc. 
“El mundo es un lugar muy extraño,  pero acá estamos…”

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