Sandra Cornejo, El diálogo y otros poemas


FÁBULA

En días primitivos
días de maderos
encendiéndose en la medianoche

dibujabas monstruos

monstruos de verde sin piernas
con ojos grandes y huecos
bajo un cielo de negro

les pintabas un cielo de negro y no tenían pies.

Sobre la cresta cortante de la cueva
los dedos chirriaban.

En ese azote que bate todavía
habría que empezar
a construir
la frase.



CACERÍAS

Cuando tus ojos fueron semejantes
migró el paisaje hacia los tonos
naranjas.

Era invierno.

Los gatos salvajes desgarraban
sus cacerías.
Quietos
en una
enrarecida hierba
los alerces desamparaban el gemido.

En la mañana
algún tendón, una brizna
un órgano minúsculo
emparentaba la sangre
con la sangre.

Donde se suponía debían de
crecer
las amapolas
los perdigones estallaban

dura edad
en esos ojos.



ENCUENTROS

Si el encuentro arriba
a un destino
incierto

huye

como debería la liebre
huir de la luz.



AHORA

Ahora
que nuestras presencias transitan
descalzas, inermes, casi libres
lo que no es un sendero

no sentimos miedo.

Miedo era presuponer qué ocurriría.



IN NOMINIS

Hay un extremo,
un camino medio,
seres diversos,
mínimas indulgencias. Hay más.

Hemos discutido acerca de nuestras
pertenencias duramente.
Hora tras hora nos hemos encargado
de señalar lo que a cada uno corresponde.
La casa,
como a niños arrojados,
nos observa.

Nuestro perro al sol en la ausencia
me acompaña
hemos macerado su crianza juntos
pero recuerdo que
del Amor
en el extremo
en el camino medio

surgió la Gracia
y el animal creció
y algo
comprendimos.

De “Partes del mundo” (2005)



EN LA CASA...

En la casa
los ruidos
y el reflejo de la luna
se hunden
en la noche
    
Los niños
los hijos de las sombras
de la casa
juegan
al filo de la luna



CRIABA CONEJOS...

A Piojo, siempre

Criaba conejos
En cada pata
un fantasma de cabellera
blanca
En cada oreja
una veta de pelo gris,
casi plateado

Criaba conejos
Ponía el trébol
en la jaula de alambre tejido
del invierno
Su mirada
era el límite del habla
la textura de una frase
nunca dicha

Criaba conejos que le sonreían
¿Qué haría con ellos
qué conmigo?
Me dejó una casa
con un pozo ciego
¿lo sabía?

Olía a resina
a canto rodado de julio
a naranjas



UN ABEDUL

Un abedul
cuando llueve,
una arboleda que aclara
al arañar la pista
y desciende el avión en un aeropuerto
donde las mujeres beben vodka
a las seis de la mañana hora local

Era acogedor el frío
aunque temible
Cantabas en mi idioma
pero con otro acento
Afuera la hilera de abedules
los aviones solos sobre el cemento mojado

Detrás de las cabinas
los soldados
te miraban cantar

Algunas veces, por un instante
la historia debería sentir compasión
y alertarnos

De “Sin suelo” (2001)



MASKERS

Fuimos una de esas calles
que jamás se vuelven a cruzar
–como Damrak
y su pequeña prostituta
con manecitas de ausencia–.

Fuimos
porque está escrito
y será invierno
y es imposible que la estrella que caerá
no caiga.



NOCHES

Ciertas noches
cuando se aleja el tiempo de la niebla
y es verde gris el bosque
en la ladera,
quisiera velar,
por última vez,
tu antigua despedida

      sin embargo

reabro los postigos
enciendo una vela en la cabaña
y aguardo
              en tinieblas.



EL DIÁLOGO

En cuál diálogo descansaremos
si aprieta el frío:
Nunca es bueno el tiempo para despedirse
ni justo.

Es buscar salidas a la angustia, decías.
Y hablabas de un modo diferente.

Llegar a casa y dar al hijo el pan
caliente/ maduro/
soplado de luz.

El diálogo:
   el hijo.

De “Ildikó” (1998)



CLASE 62
(1983)

Llegó el verano
pero no estabas bajo la nieve.

Jamás te olvidaremos.



EN NOMBRE DEL ERIZO

A José María

Cómo puedo explicarte humanamente claro
“el erizo sonríe en su cuevita”
“no tirita miedo”
                       “espigas en los torreones
comparten el aire”
                         “se lleva fusiles,
dolores, la noche”.
Cómo humanamente claro
                                  “el erizo aún ama defender
tu miel de los endriagos”
                                   “sus ojitos te cuidan”
    “tu poema lo sabe despojado de púas”
Vos
(cuya inmensidad lo quiere así de torpe
así tan dulcemente)
                              contame
                              ¿Cómo puedo explicar
su corazón de animalito agradecido?

De “Borradores” (1989)


Sandra Cornejo (La Plata, 1962).-
Selección de textos (Jmp) de los libros: “Borradores” (1989); “Ildikó” (1998); 
“Sin suelo” (2001) y “Partes del mundo” (2005).

Foto: Ana Emilia Lahitte, Rafael Felipe Oteriño, Sandra Cornejo y José María Pallaoro. 
Presentación antología “Naranjos de fascinante música”, 2003. 
Archivo de la talita dorada. 

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