Mario Porro: Mundo despierto, 1983


analógicamente
un sutil movimiento
de la naturaleza
despierta otro
en nuestro ser profundo



solidez.
la informe soledad en derrotero
desliza el fondo del amanecer.
despierta el pez contento.
hay un salto sigiloso sensible
un derivar envolvente.
los ojos irritados híspidos
intercambian el viento y la luz.
la límpida señal
curva pacientemente la bruma.
acudes
sin saber todavía.



temblor.
la escasa linfa verdosa lúcida
ha reconocido.
es inútil el grito
llega lentamente aplacado
apacible ya.
tu carne es un pez
tiempo queda apenas sostenido
luego asombrosamente sube.



sorprende la brisa
caracolea un aire
restalla el torso ocre
de la cansada espuma.
inseguro palpitante horizonte
y arena.
entre ellos la antigua recelosa
amistad del agua y del silicio.
un pie estremecido
demora
busca
eterniza el signo.
el mundo se abre
a un sencillo respirar
pleamar de dos ámbitos.



el silencio sólo
aguardando en la playa.
un vuelo pesado de soledad
se corta y cae
sobre el pez alucinado.
cada gaviota con su pico desgarra
encarnizadamente el abandono.
todos se han ido.
una silueta muy lejana los recuerda.
lampos de sol amarillo
reúnen un poco de calor
mucho menos que sombra.
el mar asiduo
teje y desteje nuestros nombres
que alguien sin saber
dejó en la arena.
-¿estás ahí?.
va y vuelve la ola
como cada acudir
de la sangre a mi corazón
dejándote y llevándote.
la sal y el hierro endurecen
los deseos anhelantes del mar.
y allí dejan esos bordes exangües
sucios
olas quietas para siempre
que sin embargo tú rompes
tan fácilmente con tus pies
buscándome.



el mar desposa su silencio
en un vuelco sereno
de cristales verdes
sobre tu piel irisada.
cósmico intento húmedo de mi mano
que inicia la forma tangible
de tu amor recogido.
un enamorado bullicio
estremece el aire.
anuncia el despertar
sensible interior
que fuga y crece
por las voces anónimas
y las alas olvidadizas
de las gaviotas indiferentes.
nuestro mirar se adivina y extravía
en los milenarios reflejos de sol.



vive el mar casi ausente.
toda la luz se apoya en una roca
espléndida y segura.
sufre el agua
el corte ávido de las valvas pardas
que realizan su rutina nutricia.
la calma es tan profunda y sosegada
como si dos niños
tomados ya de eternidad
se cantaran la infancia.
- yo tenía en el fondo de mi casa
un sauce
que aplacaba el verano de mis juegos.
- yo una muñeca con los ojos abiertos
que mostraban
el asombro de la vida
¿pero dónde estamos
tú y yo ahora
con este estremecimiento
de ternura
que el mar paciente
acopia y acumula?
viene otra vez la ola y cubre plena
el lomo hiriente, soleado de la roca
después escurre
su ensimismado blancor
laciamente
como una mano maternal
que regresa de amor
hacia su propio ser
atento y clausurado.
tu pie es eco de mi pie.
habita ya el rumor grávido
de la amorosa arena.



la mar también ensimismada
reverbera serena
su cantar en la noche.
ágil el viento atraviesa
el interior húmedo del aire
y enciende sobre el cielo
la ansiedad
de los rostros predestinados.
en tu mano y mi mano
tiembla
un reservado amor absorto
que reconoce tímido
la pura oscuridad.
¿quién espera?
- ¡amor mío, amor mío!
se oyen las voces altas
que despliegan
temblorosas, iridiscentes
su infinitud indefinible.
la canción es ahora
un incierto sonreír,
blanquísimo, que rueda
acaricia la arena
y se deja estar
reteniendo su amor con regocijo
nuestras manos se desean
se rozan
en los últimos dedos de la noche
casi en el horizonte
ceñidor extasiado
de un mundo despierto en el amor
ingrávido - ámbito de gratuidad-
que humildemente espera el alba.



en el dudoso equilibrio
de la más alta ola
-arrolladora espuma
verde, blanca, inocente-
afloran las voces todavía.
- amor mío, amor mío -
bogan, vuelan, se deshacen
teñidas aún de oscuridad
aureoladas de espera.

hace frío en la playa.
la soledad es destino implacable.
toda la vida
teme y fluye angustiada
permanece indecisa.
los moluscos y las algas muertas
trasuntan vértices temblorosos
reducidos puntos
de anterior alegría.
el lento cambio
de los azules profundos
remonta la antigua señal.

¿la gran centreidad
- pleamar del espíritu-
es ser uno en el último ser
o ser dos
en la diversidad para la vida?

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El poema “Mundo despierto” (quinto libro de Mario Porro) fue editado en La Plata por Ediciones El Búho en abril de 1983 (hay una versión anterior de 1963, publicada en la revista “Espacios”, dirigida por el propio Porro).
Dibujo de tapa y diagramación: Hugo Mario de Marziani.
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1 comentario:

Alexandra Einstein dijo...

Es un placer leer estos versos,y recuerdo las palabras del poeta
"¿Será ese un rito diario
o el azar del mundo
juntó sus soledades.."
Luego miré al cielo y le dijo
"Nubes
Te llevarán
por el tiempo
hasta que el universo
nube
tu amor
¿Y Dios?"

Maravillosa selección de poesia