Norma Etcheverry, Una certeza rosada y frágil



El origen

Nacerá la criatura.
Será esta tarde de agosto en que de pronto les aparezca un hijo.
Es extraño. Sentir que de pronto pueda ser de uno u otro, indistintamente.
Dos hombres, en lo más recóndito y honesto de sí mismos, esperan que esa paternidad no les corresponda.
Mientras, la mujer parirá una niña. Sola en el hospital.
Con esa niña y esa duda.
Una certeza rosada y frágil.


La ternura

La mujer siempre iba con el niño detrás, pedaleando con fuerza. Cada tarde, camino del muelle.
El niño de entonces recuerda. No el hombre que ahora es, sino el niño de antes. Recuerda las tardes del muelle. El mar.
La sombra de los barcos, siempre tan lejos. Y la mirada de la madre, más lejos aún.
Tanto como ahora, cuando nadie sabe donde está. Los ojos y las manos de esa mujer que él puede ver y tocar y, sin embargo, que no sabe, que nadie sabe dónde está.
Algunas veces, el hombre que es, le desea la muerte a esta mujer extraviada, desconocida para siempre.
Pero otras, el niño que va en bicicleta con su madre sólo siente deseos de llorar.


Los trenes

Cada mediodía, se detienen con el niño cerca del cruce de los trenes para verlos pasar. Son fabulosos. Los trenes. El sol, dando de lleno sobre el hierro oscuro del viejo puente. Ese chirriar obsceno que parte el aire, a la hora de la siesta.
Un magnífico animal de humo que todavía atraviesa las noches de mi infancia, llevando y trayendo rostros que nunca pude nombrar, mapas y fotos de países lejanos, lugares exóticos, mujeres increíbles y hombres con miradas de fuego.


El olor

Pronto, los pullóveres dejarán de tener tu olor. Pronto, nada tendrá ya tu olor sobre esta tierra. Pronto, no sabré qué hacer para guardarte, resguardarte, preservar tus tibiezas, la fuerza de tu olor. Qué haré ahora, con esta piel vacía, cuando todo desaparezca.


El manzano

Finalmente mandé sacar el manzano de la huerta. Como un amor que nace enfermo y no puede dar frutos, debía terminar y salir de mi vida.
Dirán que fui cruel, sabrán que no. Le di oportunas primaveras a sus flores blancas. Las manzanas prometían ser dulces y crecer enteras como una persona que se precie y decida ser feliz. Pero al llegar el verano caían sin fuerza antes de la cosecha. Entonces, se llenaba de palomas y cotorras que, al igual que los cuervos, venían por los restos.
Confieso que era bella la luna sobre las ramas del manzano enfermo y yo solía pegarme al cristal frío sólo para admirar su plenitud, su circular blancura en dirección opuesta. Imaginaba un pájaro que atraviesa la noche o el último avión que abordé para cruzar de un continente a otro.
Siempre con la esperanza a cuestas, lloraba sobre el hombro de un futuro cercano y volvían a nacerle flores blancas, crecía el entusiasmo y la indulgencia de otro otoño sin hacha.
No hubo nada que hacer. El jardinero no aceptó cavar la tierra para quitar la enorme raíz que el manzano ha dejado en mi huerta.
Dijo que un pozo semejante sería triste y se llevó los troncos y las ramas.
Todo parece más vacío ahora, aunque el sol da de lleno sobre el limonero.
Como un amor que nace enfermo y esperamos que cure, lo regué cada día, cada estación del año.
Cuando un amor así brota de la tierra, todos los males y todos los bienes se desparraman. Guardamos la esperanza en la caja de Pandora.



En: “La vida leve”, Ediciones La Carta de Oliver, 2014.
Selección: Jmp. Gracias, Norma, por tu libro.
Norma Etcheverry (Ranchos, 1963). Reside en La Plata.

Foto: NE en FB.

Horacio Castillo (h), Tendido a mis pies, un cuerpo ennegrecido espera


DÍPTICO

Al retirarnos, con las cabezas aún estremecidas,
dos pájaros salieron a nuestro encuentro,
cayeron de los techos de las bóvedas negras
y mientras sobrevolaban los espacios pacificados, crujieron.
Crujieron juntos y nosotros con ellos,
y no entendimos, no podíamos entender ese coro de sombras
porque no era un sonido de pájaro, ni de anunciación,
era un graznido que se escucha por primera vez, por única vez,
graznido como de virgen o padre muerto.



NIÑO SONRIENDO EN UNA FOTOGRAFÍA

Cada tanto volvemos sobre el viejo álbum,
confirmamos nuestros recuerdos, asentimos con las imágenes
la continuidad entre este tiempo y el otro.
La fotografía coagula en su enigmático magma de colores
un instante del que ahora, extrañamente, somos espectadores.
Aún así nos llama la atención la unidad del conjunto,
porque de esa playa, de esa arena, de ese niño corriendo,
nada recordamos, entonces llega y nos atormenta una pregunta,
porque verdaderamente, hoy, no sabríamos reproducir esa sonrisa, ese gesto,
como si nos faltara el músculo correspondiente a la felicidad
o los argumentos para rebatir el error.



LA MIRADA DE LOS PERROS

Hoy es un día apagado, las cosas carecen de su brillo habitual,
reconozco entre las sombras las señales de la devastación
y me pregunto inútilmente sobre esta subterránea oscuridad.
Tendido a mis pies, un cuerpo ennegrecido espera,
una materia simple, organizada sin turbulencias,
dirigiéndome esa mirada que siempre tienen los perros en los ojos.




Horacio Castillo (h) (La Plata, 8 de julio de 1968).

Textos y foto tomados de FB. 

Cecilia E. Collazo, Con los pies, con el hueso, con el carozo




No soy Bella Durmiente de las letras,
ni Guardían de las palabras.
Escribo con los pies, con el hueso
con el carozo.



ESCRIBO

Escribo
porque la palabra
nunca dice lo que quiero.

Porque los términos
no recubren los destierros,
los vacíos, los agujeros.

Poética despiadada
que no nombra
lo que porta,
sólo acontece.

Habla, se acerca,
sigilosa sin alcanzar
lo que pretende.

Nombra y al nombrar
nunca dice
cómo se llama lo que siente.



EL RESTO

He aquí
mi obstáculo presente
acechando.

Cascote, escoria,
canto rodado.
Molestia oculta de caminante.

Laberinto atascado,
parálisis, retroceso
vuelta a emprender
mi camino nuevo.

Se achica, se agranda.
se agrava, se ensancha,
     se encoge.

He aquí
siempre presente
mi piedra en el zapato.



PALABRAS COSIDAS

De mis palabras
encerradas en un ataúd.
Cosidas en sus bocas.

Que no pueden salir,
no puedo decir
que no puedo escribir.

Se me atraviesa el adjetivo.
Se me suicida el sustantivo.

¿Cómo jugar con las palabras?
Sin pelearme esta vez con el lenguaje.

Sarcófago en las letras
tienen las que escribo.

Si pudieran jugar a bailar
a cantar en el papel.

Desacordonadas, sutiles,
desnudas, sensibles.
Libres de espíritu.



UN ORGANISMO NO ES SINÓNIMO DE CUERPO…

Un organismo no es sinónimo de cuerpo, tal vez lo sea para el sentido común o para la medicina; pero no lo es para un poeta.

El poeta reconoce un cuerpo porque éste está hecho de un organismo pero atravesado por el lenguaje.

El cuerpo es una sustancia gozante cosida por la palabra.
Es materia, es pulsión, es significante.

El ser hablante tiene un cuerpo.
El poeta se inventa uno con la artesanía de la letra.



DAR LA VUELTA
(al cuerpo)

Pegada a tus decires,
aprendí a dar la vuelta
a bancarme el hueco,
a tus caprichos constantes.

A sentir el dolor que acosa
la tensión del músculo,
el cansancio,
el desgano.

A la soledad intestinal abrumadora.
Las heces amarillas.
Una columna vertebral
eternamente torcida.

Me dominabas, me ponías a tus pies.
Ahora te tengo, es decir te manejo,
te porto, te pongo a raya,
a límite.

Camino de tu mano.
Y ante tu padecer
estoy
en franca retirada.

Con el hueco,
disfruto plenamente.
Soy mujer,
tengo un cuerpo.

No es saber del médico.
Dar la vuelta,
es cosa de discurso.



ALGORITMO

De mi red tripartita
escucha, letra y canto.
Mezcla limpia de agua ardiente.

No la uso cuando tengo sed.
Tampoco cuando tengo hambre.
No es necesidad biológica lo que abastece

Se reinventa, me recrea en cada puerto.
Gira en torno de la voz con zeta.
Es una solución posible, mi posible solución constante.

Según la oportunidad
es nudo destapa hueco ó atrapa hueco,
contenedor de vacío.

No es tampoco a demanda cuando existe.

Es resultado que toma lo azaroso
Ubica lo viable.
Identifica lo que quiere.



En: “Poética despiadada”, Editorial Imaginante. 2013.
Selección de textos: Jmp. Gracias Cecilia por tu libro!
Cecilia E. Collazo (La Plata). Psicoanalista y escritora. Vive en City Bell.
Foto: Cecilia E. Collazo en Lo de Pallaoro, City Bell, 14 de febrero de 2015.

José Luis Visconti, Detrás de una ventana


LOS HIJOS QUE NO HE TENIDO

los hijos que no he tenido
no podrán reclamarme nada

son como los reyes magos
o        mejor como los ángeles
         invenciones para no hablar de la muerte

las madres que no fueron,
tampoco

han parido por allí
los dolores de otros
y las artimañas propias
         y un sucedáneo artificial
         de la felicidad
         que las conmueve

allá ellos
y los padres equivocados
que delinearon esa tragedia



QUISIERA QUE TE FUERAS

quisiera que te fueras
de mi vida
         pero no sé cómo

un aroma dulce        se sabe
no se despega con caramelos
                   ni con chocolates

en todo caso
probaría con cebollas
o con hongos que no se comen

como ves
sigo implicado en empresas
condenadas al fracaso

         como limpiar manteles de tus restos

         o desacomodar de las sábanas
         tu silueta que como sombra
         resiste
                   imperturbable a todo



TENÍA UNA BARCAZA

tenía una barcaza
que andaba los ríos
de octubre a marzo
tropezando con restos
                   del fondo

a veces los peces
         moribundos
se adherían a sus bordes
         se volvían azules

las escamas sobreviven
aún en la madera

mayormente las redes
abrazaban algas       piedras
         el verdín de lo quieto

los cuerpos aparecían
los martes o los sábados
         blancos                   ajenos
         enredados

les cortaba las cuerdas
para que se fueran

algunas veces al regresar
volvía a cruzarlos
río abajo
         enteros
         una ración impropia
         hasta para las alimañas


De “Más rojo era tu nombre”, 2010.



DESEMBOCADURA

nado en dirección contraria a mi deseo
una corriente suave me lleva

otras veces me aferré a esos islotes de caña
                       al animal lúgubre que fui

ahora todo tiene consistencia de papel

enhebro artilugios para convencerme
                     que el sonido del agua en la piel
                     que los peces carcomen mis manos

ya nada de eso tiene relevancia

apenas queda el silencio al final del recorrido
el enorme espacio en que me deshabito de mi flora y mi fauna
y una tarde que no termina



HOJARASCA

ha puesto
una hoja sobre otra

un ritual que llevó todo el otoño

          el paseo por el bosque
          la selección cuidadosa
          la combinación de colores

las bolsas despedían humedad
                      como si aún estuvieran vivas

una sobre otra
con la paciencia del cálculo
            el azar disimulado

debajo,
el cuerpo que no pudo olvidar



LAS MUJERES DE LA CASA

I

el cuerpo de papá en la cama
ya no respira
          no duerme
          no vendrá en la noche
          a cuidar mi orgullo
                     mi devoción
                     el sueño más extraño

los diarios en el desayuno
van a quedar abandonados
como yo


II

no hay nada que decir

no tuvimos niños       casa
           errores mayores

el hombre no muere cuando muere
sino cuando se va


III

hace años
felices
caminábamos el tiempo
           las formas de la huída

se fue todo
hace años

ayer      como si supiera
dijo ser infiel
           silencio
           y una cuerda que se estira
           para romperse alguna vez


IV

las mujeres de esta casa
              hijo querido
te llevaron a la ruina

hasta el humor perdiste
en ese terror

ellas      ellas

ellas te llevaron
y mataron
         brujas
         madres hijas
         de malas madres


V

que dios lo ampare, señor
y lo tenga en su gloria

yo tendré su foto
guardada en el relicario
su cuerpo en el recuerdo
                      de mi cuerpo
un vacío eterno en el vientre
y el último beso a escondidas



TRAMA DE UNA CIUDAD
(Fragmento)

una ciudad al borde del desierto
simula el entramado de una hoja

las calles se inundan
un viento de arena despeja las caras

un par de casas se elevan del plano
atalayas para ver el horizonte del atardecer

el resto es chaperío      adobe mustio
una hendidura de tierra
donde se cuelan los rezos de los creyentes
un error en la cuadrícula
el olor a incendio que se esparce de día
barrios abiertos por la sangre

a veces se ven personas
           llevan cuencos vacíos en las manos
           manojos de cristales falsos en los bolsillos

detrás de una ventana
una pareja duerme un sueño de rodillas
(…)


De “Flora y fauna”, 2014.


En: “Más rojo era tu nombre”, Editorial Algazul, 2010
y “Flora y fauna”, Ediciones del Dock, 2014.
Selección de textos: Jmp. Gracias, José Luis, por tus libros!
José Luis Visconti (La Plata, 1968). Periodista, poeta. Foto: JLV en FB. 

Fernanda Castell, No se puede vivir sin referencias


El bebé

Día 1

Salimos. Un sol nos calcina las rodillas. Con una bolsa de arpillera y un atado de papeles para los trazos de la pequeña nos encaminamos a la salida. Ella quiere conocer la casa de los gatos que durante dos años vio perfilar los techos y le gustaría llevarse las flores y el colibrí. Le explico que habrá otras flores y seguramente otro colibrí. Para ella es el único.


Día 145

las chicharras suenan como seres de carne blanda a las que les estuvieran arrancando las uñas. Yo te convenzo, es necesario cortárselas con cierta regularidad; nos despedimos de las tías y nos lanzamos
con poca ropa a la ruta, destempladas nos comemos las cutículas y vos te mirás nuevamente las uñas y me decís  -no.


Día 222

Ya somos tres. Llevamos lo necesario para el inicio del otoño. Los bulbos laten entre terrones de humus y los escarabajos depositan quitina en la cuna de los bulbos que engendran las palabras de la futura primavera. Tenemos algunas latas de miel y en el sótano el cadáver de un jabalí. Haremos lonjas a la sal en grano y licor de naranjas. Hoy he fileteado ajo para condimentar tu carne y me he rebanado la yema del dedo anular, en el que no he querido ponerme una alianza. ¿Para qué? Si ya estamos unidos hasta la muerte. Tenemos una hija que nos está alfabetizando en esto de la humanidad, claro, a mí me cuesta más que a vos porque yo tengo la cabeza llena de voces que me deletrean enigmas, me destrozan lo que soy y me reprochan lo que pude haber sido.


Día 504

Los trazos me dicen que no escriba más cosas feas. Escribir cosas feas hace que esas cosas se materialicen. Y la vida sea fea. Si una es mala retorna lo malo. Si uno miente Dios lo castiga. Yo siempre quise ser una buena chica. Mis trazos son pesimistas, no tengo sentido orgánico de la vida. Tal vez sea virgen. Qué sé yo. (…)


Apuntes-

                                              (…)
                                              Un grillo te sorprende. Es la primera intuición de dios. Todo es posible para vos. Por eso te traje al mundo el 21 de abril. Te convoqué desde las aristas de la biblioteca y te prometí un lago de dulce de leche.
                                              Mientras descargo estas ideitas tontas la tos no me deja hablar. Y una explosión en el lecho del mar de Bering me preocupa porque quiero llevarte a navegar con los Aleutas, buena gente canoera. Le dije a tu papá -dale qué vamos a esperar tenemos que tenerla ya, sino nos agarra la vejez...
                                              Cuando sea el momento de irte andate nomás no te quedes esperando a que yo te diga lo que podés hacer seguramente trataré de replicarme en vos y será injusto y doloroso desalojarme de tu cuerpo. Por eso cuando detectés la voracidad, agarrá Minna y andate a buen resguardo para que mis manos no lleguen a tu garganta. Si llegara a tocar, sólo tocarte en algún momento de esos, el daño sería irreparable y aparecerías de repente con ideas raras en tu cabeza como si te hubiera inyectado un sueño extraño; para que lo entiendas de una vez, la especie se reproduce así: no basta con la fusión de mi sangre y la de tu padre, luego de la codificación genotípica, el cuerpo de los donantes requerirá mínima reparación. Se instala la sensación de que se ha perdido algo valioso y se desencadena una pulsión irrefrenable muchas veces, la misma muerte se encarga de aplacar la desesperación, cumplo en informar.
                                             Ahora que estamos separadas y en calma, respiremos todo el aire que nos guste que puedo contarte este cuento y algunos más.


Día 480

La velocidad de pensamiento mi amor es como la luz y filosas las ideas penden de tu aorta que bombea aguas salobres y nos inunda de calma cuando hay que contar cuentos para hacer que estamos en paz y nos queremos. Un animalejo carnívoro nos hociquea los muslos y libera la feromona que te enloquece. Te digo que es invierno que el frío no da ganas pero nos succionamos el lomo, las mamas, los dientes como paletas dulces. Y el pensamiento mi amor que es veloz como la luz nos deja a oscuras, la necesaria para recuperar el viejo juego del orgasmo.


II La partida
(Fragmento)

No estarás triste mucho tiempo. Porque no hay tiempo. Todo, es vértigo. Ahora lo entiende. No le habló más. Y le tiene que seguir hablando como si nada porque tienen cosas en común. Un cuerpo que crece.

*
Manos a la obra. No resulta tan fácil. Es la primera vez que desmonta algo llamado hogar.

*
Tener ese tiempo tan preciado es algo que se escapa de la curva de precios. No tiene un valor. Y sólo adquiriría valor si cobrara cuerpo en un bien de cambio. Ve por ahí las obras de Lenin. Y libros que jamás volverá a leer. Él la ubicó en un sitio dándole una manera de leer un mundo que quedó mudo. El amor es sólo aglutinante -El amor es lealtad. Qué palabrita esa del amor. Cuando se es de alguien no se piensa mucho en nada. Porque lo piensan por una.

*
El lenguaje es nuestra casa.
Dije una vez. Y
fuimos literales.

*
Las historias de amor no me convencen.
Todas son mentirosas.
Tal vez el amor sea el gran pretexto de la historia
para justificar guerras.

*
La inocencia del escritor
es la inocencia del niño
que mastica el pecho de su madre
por amor.

*
En verdad no estará llorando por los rincones. Ni por las esquinas porque no es su estilo. Por ahí se excederá en los ansiolíticos. Esas pastillas que vuelven de piedra... Ya no está respirando su atmósfera. Un espacio para vivir con oxígeno no es mucho pedir.

*
Dicen que los humanos nos juntamos para reproducirnos. Y hacemos todo lo posible por sostener la ilusión de que la unión hace la fuerza. Pujamos hijos y esperamos resultados. Estamos la mitad el tiempo de la estadía esperando que el otro sea otra persona. Y cuando nos anoticiamos de que es un despropósito simplemente, decimos chau.

*
Amor de mi vida te digo chau porque no se puede estar toda una vida tratando de que pierdas tu sustancia para convertirte en la escultura que mis ojos acarician cuando te miran a lo lejos. Ya no hay más desayunos ni cenas. He perdido la costumbre de hacer fuegos y sentarme con otros a la mesa. Se llama libertad.


III En el camino

La lectora

(…)
Teníamos un lenguaje común.
Conversábamos largo y tendido sobre cómo sería nuestra vida.
No fue posible. El lenguaje cambió de dirección. Surgieron
idiomas disonantes.
Me tuve que ir. Lejos, con un atado de cosas
que no se pueden llevar si no atadas.
En terreno propio dije:
soy soberana de mi lenguaje.

*

"Pensé en paisajes silenciosos.
Para pasar las horas de sueño sin sueño.
Pensé en los papeles que he perdido definitivamente.
Y en el libro que me salvó la vida en la noche en que por ahí
se la puede perder por una mala decisión.
Si hay algo que me otorgaron fue la fe en la palabra escrita.
En que los libros te pueden devolver la libertad
o te hacen libre para siempre
porque donde hay un lector hay una música que se interpreta,
y un escritor que calienta el cuerpo nuevamente".


La nostálgica

(…)
Todo cuanto veo es mío y no me pertenece. Nada de lo que me
          pertenece, debería. Le preocupan el mundo y el destino de
          las letras. Garantizar la presencia de la letra es asegurar la
          continuidad de la diversión.
Mentes que leen son mentes más divertidas.
Esas que pueden reír en la adversidad y que inventaron el cine y el
          teatro en plena guerra de trincheras.

No se puede vivir sin referencias.



En: “De la Migración”, Trópico Sur Editor, 2014. Selección de textos: Jmp.
Gracias por tu libro, Fernanda.
Fernanda Castell (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 1965). Reside en La Plata.

Foto: FC en FB. 

HORACIO CASTILLO, quiso ser pintor en su amada Ensenada



CASTILLO1

Por José María Pallaoro


     “Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro. / Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel. / Pero si pones el pie donde estaba el umbral, / si te acercas con la rama de albahaca y un gallo en los brazos, / las sombras vendrán rápidamente a tu encuentro...”. 

     Horacio Castillo quiso ser pintor en su amada Ensenada (donde nació un 28 de mayo de 1934), pero había un diccionario y en el diccionario estaban las palabras, y con las palabras se podía dejar, intentar dejar a un lado la soledad, e iniciar un viaje, un viaje interior, un viaje de ideas, de pensamientos, de asombro, de alegría, de poesía. La imaginación y la organización de esas palabras. Y el mundo. Y la realidad, en el afuera. Y la realidad, en el adentro. Y las lecturas, las fundacionales: Rubén Dario, Ricardo Molinari, Hölderlin. Y la escritura, y la evolución desde la realidad, esa que percibimos, a lo que está más allá, y la ruptura en 1974 con Materia acre. Y el intento, siempre intentar, de renovar, reinterpretar, enriquecer la palabra. Y ahora sí, la poesía. Y Castillo buscó la resignificación lírica. La traducción. Elytis, Kafavis, Ritsos, Severis, Vretakos. Poeta y traductor, buscó el misterio en la luz, aunque frecuentara oscuridad y transparencia. Buscó hacer visible lo sustancial. El poema dice más, creía. Y creía. Creía en la Belleza. Creía en el arte como metafísica pura. Creía en la poesía como vía de comunicación de lo divino con lo humano; lo lejano, lo más lejano es lo que perdura. Creía en el poema como objeto estético. Creía en que enriqueciendo la forma se puede alcanzar el supremo contenido. Creía en la palabra como expresión de lo esencial. Tanto lo creyó que la llevó hasta el límite. Hasta tachar en Mandala (su último libro individual de poemas) la palabra “palabra”. Para que “hable”. Y después, estar callado. Pretender quedarse callado un 5 de julio. 

     Pero no pudo, no podrá. Sus poemas nos acompañarán siempre. Aunque nos sentemos donde antes estuvo el umbral y cerremos los brazos y encojamos las piernas e intentemos dormir en la matriz del llanto, y volvamos al sueño. 

     Hasta que el gallo cantor nos despierte, otra vez, con su voz de nuevos vientos. 



1 Publicado el 7 de julio de 2010 en diario Diagonales de La Plata.


MONO LLORANDO SOBRE UNA TUMBA

Aquí la boca se llena de espuma, el oído de truenos,
aquí fracasa la lengua prensil.
¿Pero qué prueba esta piedra? Esta opacidad, ¿qué protege?
La mano que ardió en el interior del hormiguero
acaricia ahora el lomo pardo de lo inerte,
y debajo o detrás, hondo o lejos, algo se eriza,
demasiado callado para no ser, demasiado vivo para ser,
eso que viaja para siempre de silencio en silencio,
hacia silencios que jamás acabarán.


BOSQUE EN LLAMAS

Esta intrincada red de ramas y reflejos es nuestro habitat.
Aquí edificamos, en el fuego. Y una ola más pura que el aire,
más clara que el agua, socava los cimientos.
Abre la ventana: el bosque en llamas.
Pisa el umbral: la vida camina sobre las brasas.
Aquí edificamos, en el fuego. Y alrededor,
un orden nuevo condenado a morir,
un orden viejo condenado a nacer.
Abre la ventana: la vida al rojo.
Pisa el umbral: ceniza celeste.
Aquí edificamos, en el fuego. Y el alma,
como un pavo real, abre su cola en el incendio.


Horacio Castillo (Ensenada, 28 de mayo de 1934 - La Plata, 5 de julio de 2010).
José María Pallaoro (La Plata, 1959).

Foto: Archivo de la talita dorada. Horacio Castillo, Néstor Mux y José María Pallaoro. Circa 2003.

Juan Octavio Prenz, Por la dulce colina que yo ahora remonto


AUTORRETRATO

Una muchacha istriana desciende, hace ya más de medio siglo, por la dulce colina que yo ahora remonto.

Hace ya más de medio siglo, un muchacho ansioso de albas y con mil futuros en los ojos rueda por otra dulce colina.

Hacen un nido en un país de tierras largas
Donde la mirada no tiene fin.

Y, como es de esperar,
dan a luz un pájaro.



TANGO

En la esquina el farol que inventa de amarillo el empedrado, la lluvia cómplice con sus viejos soldaditos de plomo y la noche pesarosa sabiendo a caña y a muerte.

Adentro, el chambergo pintón, el ademán viril y sereno del hombre, la entrega dadivosa de la mujer.

Y el filoso puñal en que se espejan.



GRUPOS SANGUÍNEOS

Las sangres se mezclan.

Mi árbol hemológico (claro está: hasta donde se sabe) se compone de glóbulos germanos y eslavos.

Atraído por el juego decidí mezclarlos con otros, latinos e indígenas (claro está: hasta donde se sabe).

El problema comenzó a interesarme ya en la infancia cuando, incrédulo aún, vi por primera vez al

vampiro.



RECURRENCIAS

El hombre sueña que vuela o que anda en bicicleta por el agua.
No se eleva mucho del suelo ni el agua es un mar (apenas un arroyo o quizás un mero charco).

Sueña que no está en primera fila, pero (y esta es su mínima seguridad) no más allá de la segunda.

Tiene también pesadillas menores.
De pronto se descubre desnudo en la oficina o, en la menor de las desgracias, con un solo zapato.
O alguien le pregunta por su nombre y no puede responder.

O cava sin cesar en el sitio exacto donde cree haber enterrado a su víctima.



BALADA DE LA VACA MADRINA

Mi padre trabajaba en el frigorífico Armour de Berisso.
Allí, lo dije ya, dejó su juventud y sus huesos.

Nunca hablé de su frustrado crimen.

En las sobremesas nocturnas me contaba de la vaca madrina.
Siempre al frente, oronda y feliz, conducía a las demás a la muerte.
Una vez que el largo cortejo arribaba al final del brete, la vaca madrina hacía un giro a la derecha y regresaba sana y salva por otro brete.
Las víctimas, seccionadas con esmero, terminaban después de un largo proceso en forma de salame o sobre una parrilla o…

¿Has visto alguna vez los ojos de una vaca? –me preguntó un día mi padre.
En tantos años de trabajo era imposible no terminar enamorado de las vacas.

Cuando llegó el momento del sacrificio, mi padre, por justicia o por piedad (¿quién lo sabe?) pidió ser el verdugo.
Y le dieron la cuchilla de mejor acero.

Cuenta que le miró los ojos y que nunca supo si le hubiera dado o no la cuchillada definitiva porque, así como así, la vaca madrina bajó los parpados y

se derrumbó para siempre a sus pies.  




Sabes que ya nada podrás contra ella.




Selección de textos: Jmp. En “Antología poética”, FNA, 1996.
Foto: Octavio Prenz y José María Pallaoro, Librería de Umberto Saba,
Trieste, Italia, mayo de 2013.
Archivo de la talita dorada.

Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Reside en Trieste, Italia, desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al castellano de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros (narrativa, ensayo, traducciones), publicó los libros de poemas: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, Antología poética.

Luis Maggiori, A esta hora, exactamente




LA PARTIDA
(Prólogo)

A esta hora, exactamente,
la partida se está desarrollando.
Cada paso es un acto memorable e incomprensible.
Cada pieza finge un exacto antagonista
y un oculto secreto nos ha involucrado.
Renunciar al día de hoy o vivirlo
es contribuir a su ley inescrutable.
En vano la razón recorrerá los siglos
y las mitologías.
Esta partida simula no ser real:
sólo la intuyen los humildes.


TRÍPTICO

I
El sol cae.
Un horizonte de apuntalada agua
le presta su borde Iscariote
y entran en agonía vertical
todas la cosas.
Busco mi sombra inútilmente
y entiendo que me estoy precipitando.


II
Todo acude a su partida.
Va quedando del mundo
un lugar impreciso y turbio
en el que las nubes se entrecejan
en morado desconcierto.
Allí salta mi cuerpo.
Allí mi agonizante mirada
ensaya un último pájaro
y también cae.


III
La obscuridad es de absoluta desnudez.
Yo no tengo anverso ni reverso
pero una brisa tenaz
recupera mi cuerpo soplo a soplo
y me devuelve el cenagoso curso
de las horas.
No me he salvado
y ya no sé si me alejo
o me aproximo.
Señor, ¡cuánto he de equivocarme
para merecer la luz de la mañana!


EL INTRUSO

Han golpeado la puerta.
Un ángel me está interpelando.
La charla es amable pero rehúso el diálogo:
su palabra provoca desapariciones
y no estoy preparado para la desposesión.
La ausencia de las cosas me obliga a un soliloquio
(entiendo su arte).
Mi verbo no restituye, sólo deforma.
La casa entera es un esqueleto infame.
Su última palabra me arrebata el cuerpo.
Soy sólo un pensamiento sin posibilidad de acción.
La visión dura un instante.
Mi mujer toca mi hombro y hace una seña:
han golpeado la puerta.


PRECIPICIOS

La mentira a uno mismo
tiene muchos precipicios.
El peor de todos
es  esa amable ladera
que nuestros zapatos
perciben como un llano.


EL TRATO HACIA LAS COSAS

El perfume de una rosa
puede ser el bálsamo preciso
pero de manos de un verdugo
ocasiona la muerte.


PRIVADA DE MANÁ

No quiero que tu boca resignada
se precipite en cestos de basura
ni puedo tolerar tanta impostura:
le están robando al cielo tu mirada.

Está sufriendo un hombre la estocada.
Está ensayando el hambre una figura
y en nuestras manos está la empuñadura
sin excepción por todos soportada.

Tan sólo el hambre a uno pulverice
para quedar millones degradados.
Acaso yo te tomo los costados
para que el barro no te martirice.

Mayor es la vergüenza que la afrenta
pues no tenemos deuda más violenta.


BAJO LA PIEL INTERRUMPIDA

A Juan, sobreviviente de la tortura

El destino que fija su mirada
facilitó el acero fratricida
que no se arredra un punto en la partida
para dejar la carne sublevada.

Logra la sal en mano agazapada
descender en la noche interrumpida
y corromper la víscera elegida
con implacable lluvia depravada.

Luego otro cielo aguja me propone.
Consigue calma el hilo soberano.
Las tripas soy. ¡Aún sigo latiendo!

La forma de la muerte no se impone.
Vacía está la mesa del gusano.
Destino, te degrado resistiendo.


SIN GESTO EN LA MUERTE

Tengo que imaginar que fuiste un hombre
pues no ha dejado gesto tu partida:
la bomba en cada esquirla repartida
a picotazos te arrebata el nombre.

Me piden que me aparte y no me asombre
si pasa algún retazo de tu vida:
se está llevando el agua a la avenida
las inefables letras de tu nombre.

Y viaja inevitable por los aires
y arriba a inaccesibles marquesinas
algo de tu sonrisa y de tu pelo.

Esto es Beirut, Madrid o Buenos Aires,
donde han sofisticado las espinas
y no todo tu cuerpo tendrá duelo.


TUS SILENCIOS

Tienes el pudor
de los que están llenos
de cicatrices.
Por eso callas,
para que la compasión
no sea otra daga.


BESO PRIMERO

Toco las anheladas riberas
de tu boca.
Ha concluido el naufragio.


NADA

Como la madrugada
que entra en la inexorable luz
de la mañana,
así yo en tu olvido,
sin resto.


ROSA DE LAREDO

Rosa de Laredo
venciendo al tiempo y al espacio.
Rosa irrepetible y siempre la misma.
Tu destino se reparte generoso
entre las manos que te requieren
y yo no puedo asegurar que has sido mía.
Rosa de Laredo
nunca sabré tu secreto, tu magia.
Para retenerte he debido acuñarte en una palabra
pero sólo Dios ha accedido a tu belleza.


TU PALABRA

¿Podré seguir visitándote como hasta ahora?
Mi presencia es constante
como el apego a la tierra
que dura toda una existencia.
Sin embargo,
los ojos de tu corazón
aún no me reconocen
y yo sigo habitando
el mundo de lo que no es.
Tal vez, si me nombraras,
dejaría de ser un ángel desterrado
porque tu palabra
se ha convertido en el tiempo
de mi pena y mi fatiga.


LA CERTEZA DE TU CARNE

I
Yo amo tu carne elemental:
la que no toca mi literatura,
la carne sin civilización
y sin juicio final,
la carne sin ambages
ni amagues,
la carne indispensable
que nunca es otra cosa.


II
Las águilas del sueño alzan vuelo,
queda tu carne.

Escucho el ladrido del Cerbero,
no queda nada.


CIRCULAR

Con la palabra hice de sus calles
una arena movediza.
La soledad me ha conferido ese poder.
El instante será siempre irreversible.
En vano fatigo mis razones:
ella ha cambiado de máscara
y una tragedia implacable aguarda.
El futuro aún es una palabra.
Cuando llegue,
nada dejará que me haga pie.


MADRE

Las hojas secas van al encuentro
de las raíces del árbol otoñal
en donde perdura victoriosa
la primavera.


SIEMPRE

¿Cuál es el hilo, cuál la silenciosa
hebra que recorre mi elemento,
que no me roza y, sin embargo, siento
como se siente el fuego de una rosa?

¿Cuál es la ligadura que reposa
en cada hueso, en cada filamento
y que no cede, acaso, ni un momento
y nos convierte en una sola cosa?

Tanto has viajado, Amor, por mi retina
tanto llanto he vertido por tus ojos
que aunque tu cuerpo quede, se encamina
que son todos tus muertos mis despojos.

No temas si tu carne no perdura
porque el Amor no admite sepultura.


LA CONDENA

No me define la sucesión ilusoria de los días.
No tengo una identidad real y convincente.
La senda recorrida ha sido un espejismo:
siempre estoy en mi principio.
Mi tarea es la de narrarme a cada instante
para que algo de mí exista
pero sólo la pena es sustantiva
cuando se es del tiempo.


EL PACTO

Otro día, otra moneda
con la que el tiempo
negocia con la muerte
el tamaño de mi soledad.


LA METÁFORA MALDITA

Mi camino no tiene fin.
Me traslado de palabra en palabra
indiscriminadamente.
Mi territorio no conoce límites
y todo descanso es absolutamente momentáneo
Mi Troya se funda  paso a paso
y está sitiada por mí mismo.
Mi nombre nunca será una palabra.
Sólo he conseguido engendrar una deuda infame:
más lenguaje.


EL ESCULTOR, EL TIEMPO

Porque me nombran.
yo permanezco.
Aunque no escape a la impiedad de su arte
ni resista sus minuciosas manos invisibles
ni sus múltiples ensayos,
yo permanezco.
Aunque modele en mi rostro
de la ingenuidad a la serenidad todos los dolores,
yo permanezco.
Aunque su manía de guardián de lo sucesivo
me duela en el riñón y de frente y de improviso,
yo permanezco.
Aunque modele todo el tiempo todo el almanaque,
con sus feriados, sus santos y sus manchas de humedad,
yo permanezco.
Me borrará el rostro inexorablemente
o en cualquier momento
pero ya me he salvada gracias a una palabra.


LA ESCRITURA

El camino se hace con palabras.
Nada delante.
Detrás, el juego perifrástico o acaso el eufemismo
es toda nuestra obra.
Ya se han repartido los limitados zapatos,
la silla de ruedas, el bastón
y la voz a los postrados.
Son nuestros utensilios.
Van dibujando con esmero el alfabeto insuficiente.
Aunque nos parezca un borrador
sigamos avanzando.
De algo ha de servir esta escritura.


LA OBRA

El atril está en su sitio.
Tranquilo me dispongo
a un obediente violoncelo.
Mi obra es una música segura:
cada sonido denota una justa cadencia
y el silencio es oportuno.
Los oídos están dispuestos
con la simetría esperada.
Mi final no los provoca,
es como el aplauso, atinado.


IMAGINO

Imagino un Juicio Final
en el que cesan las palabras
pero no las cosas ni los hombres.
Imagino un Juicio Final
en el que estalla
el intolerable silencio.
Silencio indispensable
a tanta palabra corrompida.


UNO
(Epílogo)

No me siento y no avanzo.
No tengo reposo ni meta alguna.
No estoy en un lugar que admita un predicado.
No me preocupa ya el lenguaje
y desconozco el sentido
de la palabra “humildad”.
No estoy solo
y no conozco a nadie
que no sea como yo.
No tengo deuda alguna
y no recibo gratificación
de ninguna índole.
No necesito ni el perdón
ni la salvación
y no deseo nada.
Estoy igualado en la ignorancia.




Edición completa de: “La Partida”, U.N.C.P.B.A., 1997. Luis Maggiori nació en 1964 en Tandil y, actualmente, reside en la ciudad de La Plata. Es Profesor en Letras. Publicó en poesía: “La Partida”, 1997; y “El amor navegante”, novela, 2005; “El sofista”, novela breve, 2007. Su último libro es: “Los frutos del Árbol Real. Diez ensayos sobre Kabaláh y Literatura”, 2011.
Foto: Guillermo Pilía, Luis Maggiori y José María Pallaoro. Encuentro en City Bell, circa 2008. Archivo de la talita dorada.