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MARIANA FINOCHIETTO Sentada en el patio miré caer las hojas

City Bell, 17 05 2024 / 




ESCARABAJOS 

La mujer 
que entre las flores 
esparce los venenos 
no conoce de crueldad. 
Aprende 
en el temblor de la muerte pequeña y su desgarro 
que hay formas del daño entre las rosas 
y que florecer 
exige un sacrificio.


SIMPLE 

Abrir las ventanas 
mientras el verano 
inicia 
sus rituales, 
y presentir 
en el calor del pasto 
el placer 
de la piel 
desnuda al sol. 

Cantar bajito 
una canción 
andando por la casa. 

Y sonreír.


SAUCE 

Sentada en el patio miré caer las hojas, 
enrolladitos 
bichos con frío. 

Puedo decir que son mis favoritas, 
parecen plumas que sostiene una rama 
hasta que las suelta al viento. 

Siempre las amé. 
En mi frente tuve coronas de alma verde 
cuando trenzar era oficio de tardes de verano. 

Es un árbol que no sabe de excesos. 
Cae, desde sí mismo, 
como si cediera ante asuntos más serios: 
la curiosidad, 
la atmósfera.


OTOÑOS 

El ruido de las hojas en el parque, 
agitadas apenas por el viento, 
se parece 
a la risa de un niño 
o tal vez 
-ya no lo sé- 
a su recuerdo. 

La memoria 
siempre elige a qué aferrarse.


EL PERFUME 

El tendedero 
no resistió el viento 
y la pileta 
se llenó de ropa perfumada. 

Salimos a pescarla 
los dos, 
vos sostenías un barredor de hojas, 
yo un rastrillo. 

De lado a lado nos miramos, 
nuestros cuerpos amados 
en el inicio de la vejez 
haciendo el ridículo 
solos y juntos. 
Esa intimidad 
como una flor 
sobre el agua.


PRONÓSTICOS 

A veces 
permanezco 
entre las cosas 
como si no existiera. 

Me vuelvo breve 
más liviana que el aire. 
Soy el viento más suave: 
ando sobre el mundo 
tibia y callando. 

Y otras veces 
recuerdo 
que crecí en la tormenta 
y me extiendo 
hacia la luz, 
alta 
como un relámpago.


VENDAVAL 

¿Miraste 
la ropa al sol, 
el viento 
rozando el cuello de las camisas, 
el olor de las telas perfumando el otoño, 
las mangas 
abrazándose 
impulsadas por el aire de mayo? 

¿No es el amor así, 
a veces? 


LA FLOR 

Agosto huele a pinos. 
En mi cuarto 
bajo la luz que la cortina transparenta 
extiendo 
la flor de invierno de mi cuerpo. 

Apenas recordaba mi perfume.


HIBERNACIÓN 

Algunas veces 
guardo 
en el hueco del silencio 
restos de mí, 
hilachas de palabras, 
pedacitos de olvido, hojas secas. 
Acomodo mi cuerpo 
y espero 
el tiempo de las flores 
o algún frío repentino, 
lo que llegue primero.


COSAS DEL VIENTO 

El viento 
acerca 
la sombra del sauce, 
el viento la aleja. 

En mi regazo 
su caricia esquiva. 


NATURAL 

Llueve 
y mi corazón 
que sabe de tormentas 
descansa en el ruido del agua. 

Suave 
es el sonido de la lluvia en el pasto 
suave 
es el agua que cae 
vencida por las leyes de lo natural. 

Así te he querido 
tanto tiempo. 


ORACIÓN 

Yo ya no quiero amor. 
Quiero que alguien 
roce mi corazón 
con la ternura 
de quien encuentra una flor mustia 
y se complace. 


EL REGALO 

Quiero 
escribir unas palabras 
para los pétalos blandos de una rosa 
que encontré desperdigados por el piso 
cuando los iluminó la luz de la mañana 
como si el corazón de la flor se hubiera roto 
en medio de la noche 
y esperara por mí 
para mostrarme 
la belleza del ciclo de las cosas 
la perfecta armonía de la vida 
y su tragedia. 



City Bell, sábado 4 de mayo de 2024
En Patio, Elandamio Ediciones, San Juan, Argentina, 2023 / 
Mariana Finochietto (General Belgrano, provincia de Buenos Aires, 24 de enero de 1971) / Reside en City Bell / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

MATÍAS FITTIPALDI Salario del poeta




FRONTERAS 

Cómo cruzar la frontera
donde el viento
incontrolable
remueve la marea
oscurece el horizonte.

Donde no se distingue
la proa de la popa
el sol de la luna.

Y la esperada claridad
se hunde
en mis peores pesadillas.


TEMPORADA DE CAZA

Tus ojos que deciden la presa
tus piernas que inician la carrera
tus pechos que atropellan
tus manos que desgarran
tu boca que devora.

A nuestra temporada de caza
me entrego mansamente.


SUDESTADA

En la trabajosa conquista del pasado
hay territorios ganados al río
que de pronto ceden a nuestros pies.

Fragmentos de naufragios e inundaciones
historias que vivieron en nosotros
cobran inesperada vigencia 

a través de un valle repentino
rompiendo los diques
en magnífica sudestada.


SEÑORA REPETICIÓN 

Como una reina burocrática y holgazana
te pintás las uñas.

Peinás tu pelo ensimismada
y descansás
en la meseta lánguida

de mi felicidad.


DUDAS

¿Por qué pedir permiso al cielo?

El viento no lo hace
cuando abre salvajemente
una ventana.

¿Para qué pedir permiso al cielo?

No lo hace la belleza
de esa mujer al cruzar la calle.

¿Por qué y para qué
pedir permiso al cielo?

¿Por la niebla de la soledad
y su camino de enigmas?

¿Para evitar los rastros de la equivocación
y su ciencia de desvaríos?


OTOÑO EN CITY BELL

Con la melancolía
de una tarde de mayo
una avioneta
surcó el cielo
sobre la abigarrada geografía 
de casas y piletas.

Las hojas de los árboles
caían lentamente
sobre el césped.

Otro verano
con su frágil promesa
llegará.


CUANDO CALLO

Cuando callo trago
un puente del arroyo de infancia
las veces que sangré por amor
la insoportable eficacia de la muerte.

Cuando callo trago
los destinos que no quiero transitar
las artes ocultas del miedo y la desazón
el pequeño apocalipsis del llanto.

Cuando callo y descanso
en la planicie cómplice
del silencio. 



Escribe el poeta Leandro López: 
     “A través de un lenguaje preciso, no exento de metáforas que proyectan a un equilibrio luminoso, Matías Fittipaldi trasciende la experiencia cotidiana y construye poemas que persiguen y apresan un sentido profundo “entre las interrogaciones de la noche”.
      El poeta nos propone un espacio atravesado por flechas encendidas donde “el sueño vive en una zona de melancólico fulgor” y “los sonidos dialogan en busca de un nuevo hospedaje”.
      La voz de Matías Fittipaldi aborda temas ya explorados, los temas de siempre –el amor, la soledad, el dolor-, pero lo elogiable es que va más allá con la fe, el convencimiento, de que “algunas fotos contienen universos”. De esta manera, Salario del poeta nos impulsa al descubrimiento de distintas perspectivas y de una concepción particular de la existencia.
      Podemos afirmar que este libro será, para el lector ávido de un lenguaje trabajado, sólido, personal, un enriquecimiento. Y quizá ahí está la tarea del poeta verdadero; y en esa labor, su silenciosa remuneración.”

Matías Fittipaldi nació en Mar del Plata en 1977. Vivió en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. Actualmente reside en La Plata. Es Licenciado y Profesor en Psicología. Colaboró en la revista de poesía El espiniyo (2005-2007). Publicó el libro de poemas Pájaros como palabras (Ediciones Axolotl, 2015). 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

AZUCENA SALPETER Alguna vez en otras guerras

Azucena con Néstor Mux y José María Pallaoro


I

ESTÁN ALAMBRANDO EL CAMPO, HIJA

es alambre nomás, madre
y el campo es de todos
agarrá el machete, hija
mañana van a ser bombas.


ALGUNA VEZ
EN OTRAS GUERRAS

en otros mundos
habíamos sido 6 hijos

ahora 
entretanto se discute el fondo monetario
viene la tristeza 
me pregunta
con su cara de pequeña pianista muerta de hambre

y aún así 
la negrita quiere jugar

entonces yo
con la misma cara 
pero mucho más vieja
anterior a la primavera de Praga
le vuelvo a preguntar
por qué tristeza?
de dónde venís?

y le ofrezco la sexta parte de una papa.


HOLOCAUSTO
LA HISTORIA SE REPITE
LOS TIBIOS PODEROSOS
DICEN "NI"
EL DESGARRO DICE "NO".


II

LA VIDA REAL

poesía 
amadísima mía 

es que no tenemos agua
y por más que te subas la pollera
no tenemos agua
querida

para los octogenarios o próximos a los 80
es decir
para los descalabrados
les es difícil
entenderse con el asesor virtual
de empresas fantasmas

Nos olvidamos suavemente 
qué es el cable coaxil
de la astrofísica
qué nos conecta con las raíces y el poder
nosotros nos conectamos con un abrazo
o algo que queríamos decir
lo meditamos mucho
y no lo dijimos
un cierto sueño o film "los amores prohibidos"
un después de Hiroshima o Treblinka 
y es años luz más certero 
que una central atómica

Una vez
después de las inundaciones provincianas
y perplejas
quedamos a oscuras
llamamos a la empresa fantasma
y no vinieron ni ángeles ni operarios
había compañía de muertos navegando por las calles
los armarios flotaban desvencijados
entonces vino Jorgito
el pibe que había jugado con nuestros hijos
bajo el farolito de la vid
Jorgito se trepó a los cables de la infancia 
y nos dio un poco luz
Milagro?
no
Jorgito es un pibe del barrio 
había ido de casa en casa con papá Noel 
se había disfrazado en las comparsas de Mamalela
la abuela que te compraba el pan
y te esperaba con un pollo en la mesa
cuando volvías del trabajo 
Decime poesía 
qué hacés vos
cómo, cuándo encendés 
siquiera una chispita de felicidad
qué tenés en el vientre
vos decime
no te atragantes poesía 
al menos tocá la verdulera
animá a los derrotados en el patio
un fandango de tango
un farol
para los que resistimos 
para los que no nos resignamos
al asesor virtual
querida
tenemos tomates y zapallos para mucha vida
ayer nomás mi nieta me pidió unas mentas
ésa es la esperanza, diría John Berger 
un reducto de viejas garzas atolondradas
sobrevolando los incendios del poder. 


UNA VEZ LEÍ EN EL MURO DE BERLÍN

en el océano del Neguev
en el camino de hormigas de mi casa 
usted no nace mujer hombre niño
no nace de color ni de dolor
recuérdelo
usted no nace 
hasta que abre los ojos 
y aprende a ser tierno en la mirada.

2018


TU TÉ DE YUYOS NO CURA NADA

Pitonisa con piernas de jazz 
mandarinas en la bicicleta
desorientada en los subtes en los andenes
al borde de la línea roja del planeta
nunca sé cómo te llamás, si venís o te vas, si mañana
vas a aparecer como vaquita de San Antonio en mis canas
no dejes de tejer tus redes
invisibles
tus collares de diamantes 
al fondo del bañado La Estrella
si alguna vez te pierdo
me perderé a mí misma
mejor no haber nacido sin vos
sin tu celebración de ola
vení
juntá tus cositas importantes
prestame tu sombrero con pluma de Robin Hood
tu extravío de aleluyas
tus botitas recién pintadas a la cal
tus linimentos
ya sé, tu té de yuyos no cura nada
pero huele a día nuevo en la noche absurda
y la vida
el vacío que separa los dedos hasta la exasperación
no nos deja dormir

la vida
mi pequeño amor
se cura sola.

2019


PEDAZO DE MI CORAZON

Emi no quiso fiesta de 15
juntó sus ahorros con los míos
y compró una guitarra roja
yo también 
siempre quise una guitarra furiosa
tal vez porque el corazón
ignora dónde lo hirieron
le importan mil marimbas del Pacífico
ahora toca de oído
piece of my heart
y feliz cumpleaños
tarde en la noche 
rapeamos iguanas bajo la parra 
no sabemos a dónde ir
nos estrellamos como todos
sacudimos el polvo de las polillas
los pedazos
nos damos feliz cumpleaños 
nos agarramos de la cintura de Janis Joplin.

2019


LAS AGUAS DE TU CORAZON

a la contaminación de las aguas
al pasto del rocío
recuerda
a éso se refiere la poesía

2020


GRACIAS POR EL SILENCIO 

Guardo silencio para escuchar al otro.
Guardo silencio para homenajear al otro.
Guardo silencio para respetar al otro. 
Guardo silencio para escuchar mi "sí mismo".
El sí mismo propio que es el otro.

2015


Azucena Salpeter nació en Formosa el 9 de noviembre de 1942 / Desde 1957 reside en La Plata (Tolosa) / Es médica, poeta, narradora y pintora / Los poemas seleccionados por JMP son inéditos y las fotos corresponden a un encuentro en Taller La Plata de José María Pallaoro, mayo de 2019 / 

MARÍA MOMBRÚ Buen día, sol



BUEN DÍA, SOL…

Pensar que pensaba en la muerte 
buen día, sol. 
Pensar que pensaba en la vida 
como en una agria tristeza 
buen día, sol. 
Pensar que pensaba en una larga soledad 
buen día, sol. 
Pensar que pensaba en una humanidad 
vencida 
en crímenes 
en fuegos apagados 
en gigantes descabezados 
buen día, sol. 
Pensar que no sabía 
que estabas esperándome jubiloso 
como un milagro en la ciudad 
buen día, sol, sol pleno 
pájaros 
altas hierbas 
parques 
buen día sol de Buenos Aires 
buen día amor agotador y manso 
buen día, corazón 
buen día, piel, aire, verde 
buen día…


MUCHACHA MUERTA

Ya estás allá. 
En el país de los terciopelos 
y las esquinas en fuga. 
Con la lengua azul 
y un continente de silencios. 
Con los ojos olvidados de la vigilancia. 
Con las manos hinchadas de uñas 
rojas aún por el esmalte.
Pensaste que no se iba a hospedar 
en tus entrañas 
si te encontraba con las pestañas pintadas
y el llanto reprimido. 
Pero ya ves. 
Llegó desde el fondo de la tierra, 
o del mar, o de las tumbas, 
o de los escudos heráldicos, o del 
recuerdo, o de los barcos abandonados. 
Usurera. Rabiosa. Bostezando. Girando. 
Tú pensaste que si abrías la ventana, 
el sol en su locura la atraparía. 
O que los viejos caballos 
y las voces la desolarían. 
Pero ya ves. 
Se adornó con tus senos 
apenas despuntando 
y saltó hasta tu boca espantada. 
Y ahora aun cuando todavía un llanto 
de alambre sacude a los demás 
(que no es por ti, es por ellos) 
aun cuando las viejas paredes, 
aquellas que tenían las marcas de tus diez, 
de tus once años, 
se revuelven, se confunden 
cuando escuchan tu nombre sordo, 
aun cuando todavía 
está tibia la funda de tu almohada. 
Tú estás allá. 
Sintiendo que tu cuerpo crece 
como un extraño, 
que tu cabellera es un puente 
para las orugas y los grillos, 
que tu sexo es una tortura olvidada, 
allá, en el país de los terciopelos 
y las esquinas en fuga, 
¡ah, muerta!...


CEREMONIA
(Fragmento) 

Se entretenía viendo bailar las prendas de ropa, que como enormes muñecos almidonados pirueteaban en lo azul. Pasaron cuatro gaviotas en hilera chillando, angustiosamente. El cielo estaba tan bajo que estirando el brazo podía tocarlo con los dedos. 
Era inútil que siguieran llamándola con esas voces estridentes y destempladas: -María a a a a…- ella necesitaba silencio -María a a a a… pensó las de su nombre huían vertiginosamente en el viento. Hacía muchos días que sólo quería su propia compañía; la urgencia se aplacaba estando sola como si de pronto se hubiera enamorado de ella misma. 
Rió en voz baja, apretando un poco los labios. El llamado cesó, y comenzó a escuchar su corazón contra la tierra caliente; un dulce sopor la envolvió. Miró hacia atrás y vio extendidos sus trece años  como una sucesión de libros grandes y fríos; días enormes con trenzas tirantes y problemas; una pirámide de fechas y tazas de café con leche: monotonía de lluvias y voces familiares, ficticios entusiasmos para acompañar alguna amiga; fingidos arrebatos patrióticos para justificar ser la abanderada de la escuela y por detrás, muy atrás, un aplastante aburrimiento sin principio ni miras de terminación. 
Cerró los ojos. Oyó la eterna cantilena: Es una chica triste -deletreó- triste, ua hermosa palabra; triste usaba traje negro, era delgada y corva como la luna menguante y tenía el pelo color zanahoria -bellísima- se sorprendió hablando fuerte y con desgano se incorporó y quedó sentada como un buda. Detrás del cerco de lihustrina saltaban los conejos; los miró con indiferencia pero se estremeció repugnada cuando notó que copulaban alegremente. 
(…)


El primer poema está incluido en Veinte poetas platenses contemporáneos, selección de Ana Emilia Lahitte, Ediciones Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963. El segundo poema en Primera antología poética platense, selección de Roberto Saraví Cisneros, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1956. El cuento “Ceremonia”, en América para los americanos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1980 / 
María Mombrú (Resistencia, provincia de Chaco, 24 de noviembre de 1922 - Buenos Aires, junio de 1992) / Poeta, narradora, cuentista, autora y directora teatral, maestra normal y profesora / Durante la dictadura militar de Juan Carlos Onganía (1966-1970), por su adhesión al peronismo, fue sancionada (Plan Conintes) y expulsada de su cátedra en la universidad de La Plata, en la llamada noche de los Bastones Largos. Pudo retomar su trabajo en 1973, en el gobierno democrático de Héctor J. Cámpora. La última dictadura cívico-militar (1976-1983) la incluyó en una lista negra y por propia seguridad inició un exilio interior que termina con el advenimiento de la democracia a fines de 1983 / Estudió y vivió muchos años en la ciudad de La Plata / Selección y fotos: jmp / 

PAOLA BOCCALARI Camina hacia el amanecer



Exilios
(tiempo de pandemia:
lo íntimo, lo extraño)


I

voy quemando certezas
caminos y ríos

alas de pájaro
corazón de un dios
una violeta

a lo lejos mis alaridos
acunan sombras
huesos 
cadáveres

voy quemando
la flor
nacida
en la noche
de cenizas


II

cuando el viento
arranca la piel
y arrebata aliento
los labios
que los pájaros han dejado en la ventana
me soplan

me arrojan
en las tinieblas del lenguaje
y así, arremolinada
entre hojas de otoño
me divierto


III

triturada por colinas y barrancos
mis huesos
se erizan en amistad de un pino

en la piel se contornean pañuelos
rococós, silencios y engaños
la mantilla de la abuela
la humedad del vestido de novia

los baúles
sobre adoquines

la señal del tren

el adiós


IV

la caravana de viejos espigando
esquivan mi mirada

para ellos la vida y la muerte
empatan en el mismo horizonte

¿es la hierba que se marchita en la tierra que la ve nacer
es la cruz de madera en distinto sitio, cada vez ?

¿son las ruinas de algo tan simple
como la caída de hojas de este otoño?


V

la descubro en la vereda
respiro su aire
ella
el mío

la caída de sol
indica
el minuto exacto de despertar

recoge sus bolsas
su abrigo eterno
acaricia sus pájaros
me acaricia

y camina
hacia un porvenir infinito


VI

esa mujer parece bailar
trasportada por sus pájaros
aguijonea
el hueco de mi enigma


VII

esos zapatos
vacíos
que antaño
abrevaron un cuerpo

hoy, huellas de ausencia


VIII

más tarde
abandona los zapatos viejos
los ciruelos en flor
y en calma
irradiando la humedad de la última carta
camina hacia el amanecer


IX

cada vez
que se retira
abandona
granos de arena

un caracol zumba
eternamente, en mis oídos


X

mis ojos
se desprenden
se congelan

en ese caracol que me mira
me interpela
me desnuda


XI

acobijada en su humedad
y en su beso eterno
me descubro
yo también
extranjera




En cuaderno SPERONI de poesía y otras artes, año 01, número 07, otoño de 2020 / 
Paola Boccalari es Licenciada en Psicología y poeta / Nació en 1975 en Pehuajó, provincia de Buenos Aires / Vive en La Plata / Integrante del grupo LA TALITA DORADA / Fotos: archivo de La Talita Dorada 

DANIEL SCHECHTEL Charlando con Almafuerte y otros poemas inéditos


         CHARLANDO CON ALMAFUERTE

 

Al cínico y al cansado

los place saberte triste:

cuando aflojaste no hiciste

otra que darles razón.

Entregate a tu misión:

cantá y ganate el alpiste.

 

Si tu don es el negocio

y hacer números te encanta,

usá ese encanto: no hay manta

que te dé tanto calor

y abrigo como el amor

de hacer lo que tu alma canta.

 

Si te vibra entre las sienes

una voz que clasifica,

menester es ver que indica

una mente intelectual:

no le des uso teatral,

pensá por quien de ella abdica.

 

Si te sentís responsable

de quien ignora algo hermoso,

aprovechá el generoso

afán de darles placer:

promové a quien le de ser

a lo que juzgues valioso.

 

Sea tu cuerpo o tu palabra,

o la música o la línea

la lengua que tu alma ígnea

elija para expresar

el arte que has de crear,

que alrededor todo tiña.

 

Si la música o el canto

le disputa tu desvelo

a quien te ama con anhelo

y elegís ser la canción

que sea tu composición

el próximo himno del cielo.

 

 

 

         PARA QUÉ ESCRIBIR LO QUE HAGO

 

A veces, cuando el poema me regala

los versos que describen mis quehaceres,

me digo "¿quién no ha visto amaneceres?

¿Quién no ha visto vestirse al sol de gala?

 

¿Quién no ha mirado el agua que resbala

sobre el vidrio, y soñado con ayeres?

¿Quién no ha pensado en todos sus deberes

con un tic-tac de fondo en la otra sala?

 

¿Vale el tiempo escribir la blanca espuma

que acompaña las olas de los días?

¿Acaso recordar que sobre vías

 

avanza nuestro tren algo nos suma?"

El tiempo usa una máscara invisible:

se esconde tras el hábito, infalible.

 

 

 

         DE LA ADMIRACIÓN

 

Cuanto más uno crece, más se acorta

la lista de personas que uno admira;

una a una, transitan por la mira:

su escrutinio los prueba de ala corta.

 

El artista genial de mente absorta,

que otrora fuera musa de mi lira,

ahora es un imbécil que ni mira

qué objeto su accionar (o su obra) porta.

 

¿Nace, la admiración, de la ignorancia?

¿Crecer es vocación de iconoclastas?

¿La crítica, a elevar el alma, espuela?

 

¿O condenar al resto es la arrogancia

de quien teme dar ser a obras nefastas

y halla alivio en soñar que nadie vuela?

 

 

 

         DÉCIMA

 

Si me preguntan por qué razón escribo,

al galope de una charla sobre el ego,

se me ocurre que escribir es como un juego,

pero al pensarlo bien, pierdo los estribos:

"porque quiero que otros vean lo que percibo,

por amor, por vanidad, por ocurrencia,

por dolor, aburrimiento o insistencia".

No preguntan por qué leo, y coincidimos:

más lógico es preguntar por qué mentimos

que por qué es que respiramos con paciencia.

 

 

 

         EN REUNIÓN LITERARIA POR ZOOM

 

Miré los muros de la patria mía...

Quevedo


¿Qué pensará mi viejo

mientras perpetra la invasión al sueño,

y mi voz en cadencias de Quevedo

es el muro perplejo

que impide asedios? ¿Estará risueño?

Mientras vigila, involuntario y quedo,

mi reunión literaria,

¿enlistará proyectos

que abandoné por libros y dialectos?

¿Sostendrá la esperanza

de imponerme su lista temeraria

de valores que cree que no entiendo?

No sabe ver la alianza

que sostienen mis libros con sus gestos,

mis humildes remiendos.

Su pasión militar está en los textos

de las épicas griega, anglosajona;

su ideal femenino,

en el amor cortés de los romances;

su presentir divino,

en John Donne, en Petrarca y en su Donna;

y ese triste percance

de ser hombre completo sin entradas,

esa miseria es Carver.

¿Qué pensará mi viejo

mientras Quevedo enuncia su terceto?

¿No seremos, Quevedo y yo, soldados

del muro, y el soneto,

la paz de su reloj y de mis dados?

¿No me oirá de tal suerte

que no halle “cosa en que poner los ojos

que no fuese el retrato de la muerte”?

 

 

 

         En el café

la veo

la gran necesidad de las ficciones colectivas

agitar banderas negras

habitar con otro el día

en un café la veo

la enorme facultad de creer que el tiempo nos vigila

de creer que Algo se alegra

por amar la misma insignia

la veo en el café

la gigantesca fe de que en dos seres hay poesía

de que aquello que uno alberga

tan solo en los otros brilla

del café aprendido bebo

que olvidarme un poco debo

de aquello que me obsesiona

si quiero cantar la risa de una insignia que ilusiona

religión o ciencia o arte

¡toda insignia me apasiona!

pero en este café veo

el verdadero estandarte

se refleja un rostro cómodo, curioso, cauto, abril

es la amistad la que veo

es el símbolo en que creo

para tragarme el café

de esta negra vida hostil

 

 

 

         Las locomotoras del sueño inundan los pasillos

y el humo transgresor se impregna en las paredes.

Anoche no he dormido y hay nubes que no llueven,

y al no precipitar obnubilan mis sentidos.

La puerta de la clínica resuena, carcelera;

las voces megafónicas cuestionan mi pecera;

colmenas puntillosas se agujan en mi acuario;

soy pez fuera del agua, boqueando sobre piedras.

Operan a mi hermano, acribillan mi cosecha.

Granizo se desgrana en el trigo que en mi noche

sembró, llena de amor, la punta de mis yemas  

en una espalda curva en que brota todo roce;

bajo un lucero claro y naval, bajo la esfera;

lunar, canté mi suerte cifrada en labios y alba;

perdí el tren de los sueños jugando a ser poeta,

sabiendo que al crepúsculo a mi hermano lo operaban.

Es un fantasma azul quien me llama desde el norte;

tiene forma de médico y me hace un gesto ambiguo;

la luz lo muestra grávido; el humo, solitario;

La noche manda a tragar con luz solar sus residuos:

El médico, sin párpados; y mis ojos, sin manos

para apartar tantas algas de mi camino a su encuentro.

Espero que entre el coral encuentre a mi hermano sano

y que muy pronto durmamos y el descanso no sea eterno.

 

 

 

         Sobre el rostro grisáceo de la arada,

contra un fondo de blanco amanecer,

cabalga una silueta recortada,

que tiembla en frenesí, como un querer.

 

No se escucha ni tropa ni majada,

¿qué busca conseguir con recorrer

el campo en esa marcha apresurada?

¿Será el jinete un hombre o una mujer?

 

Hace dos noches, hubo una tormenta

de viento y polvo y chapas que volaron.

Papá y mamá, teniendo los postigos,

 

al nene ir a la puerta lo dejaron...

Cabalga la pareja y se lamenta:

“¡¿Dónde está?!” “¡¿por qué, Dios, estos castigos?!”

 

 

 

         Jugar a ser los otros. Eso hago.

Me voy probando máscaras e intento

ser todos. Es así como me invento,

y en esto nada hay de brujo o mago:

 

no hay rostro verdadero tras el plástico,

no hay gesto que subyazga a tu fachada:

sos todo lo que hacés (detrás no hay nada)

pues somos más flexibles que un elástico.

 

No busqués tu verdad en un espejo,

ahí sólo está la máscara que usás

cuando querés creer que te elevás

por encima del resto. Acá te dejo

 

un último mensaje: no olvidés

que con cada segundo que se va

podés hacer CUALQUIER cosa. ¡Andá ya!

¡Salí a reinventarte de una vez!

 

 

 

         El tamiz del poeta al leer es su alegría,

es su pena, su deber, su poder y su porfía.

Qué se admira y qué se olvida:

en ello late el albur que trazará su poesía

y canta el ave secreta que elige su compañía

y moja su inquieta pluma, para escribirlo, la Vida.

 

 

 

Poesía inédita de Daniel Schechtel (General Manuel Campos, localidad del departamento de Guatraché, provincia de La Pampa, 30 de enero de 1992) / Editor de la revista literaria Gambito de papel (La Plata, 2014 hasta la actualidad) / Selección de textos y fotos: jmp

HUGO CONESE Sentado sobre mi muerte





1

El día
es un viejo demente
atado a una rama de Dios.

La noche
es una paloma sin cuerpo
encerrada en la palabra
que la nombra.

Mi alma,
pobre damasco,
se pudre
bajo el sol


2

Aquello que supe de la muerte
fue una marca de tiza roja
en el lomo del cordero.

La pupila cegada de la liebre
cuando asoma curiosa en el pastizal.

El ruido de un sólo disparo
en el galpón de las herramientas.

Nubes negras descargando agua
sobre las paredes de una casa vacía.


3

Buscamos figuras en las nubes.
Buscamos rostros en el fuego.
Buscamos mapas en la corteza de los árboles.
Forma desesperada de hablar con el todo.

Y pensar que a veces
tu alma y la mía
frente a frente
no saben qué decir.


4

Sabes,
creador de todo,
que el dolor ya estaba.

Incluso antes
de tu primera palabra.


5

Árbol de lo muerto
se curva tu espalda
buscando la luz.

Duermas donde duermas
los ruidos de la noche
son siempre los mismos.

Abre tu pecho de anillos
que viene cansado
ese viejo juglar.

¿Cuánta furia soporta una amapola en el río?


6

No supimos habitar nuestro dolor
ni hacer una fogata azul.

No pudimos hablar
durante la noche
si vivir un día, como las efímeras,
es mucho o poco tiempo.

No pudimos adivinar formas
en las manchas húmedas del techo.

No pudimos habitar nuestro dolor
ni encontrar sentido en los ruidos
de un edificio abandonado.


7

Cuando Dios nazca
lo cuidaré.
Soy un hombre aniquilado
pero guardo algo de ternura.
Me gustaría decirle
que lo azul se llama cielo
en toda su vasta extensión,
que es una casa enorme
que Él lo ha creado para ser eterno
y que mi pecho
pequeño y sin color
también es un hogar.


8

Vendrá el dolor
pétalo transparente
astillando la porcelana del día.

Vendrá el dolor
aparcando su navío
entre pájaros oscuros.

Vendrá el dolor
como un azote de napalm
en la espalda desnuda.

Vendrá el dolor
y será un enigma recibirlo
como a un hermano.


9

Son más de cien las señales de un regreso.

Esa sombra discontinua que dibuja
el níspero más alto del jardín.

El sendero orquestado por chicharras
que curvan su voz en el final.

Las marcas que el fuego deja
en la piel de una culebra.

La calandria suave del día
que la ciudad espanta con torpeza.

Tantas señales veo desde aquí,
sentado sobre mi muerte.


10

El verano huyó
dejando tras de sí
un clavel muerto de miedo.

Algunos pájaros se quedaron,
aquí hay al menos dos
que se llaman desde lejos.

No tengo adónde ir
y es lindo verlos hablar en la llovizna.


11

Hemos colgado una corona de laurel bendecido para custodiar el sueño.

La noche martilla duro
sobre el lomo de los edificios.

Hay pasadizos que salen y llegan
en la garganta con miedo.

¿Cuántos colores tenía el amanecer de mi pueblo?


12

Hoy hemos visto una gaviota
como flecha del aire
entrar al mar y no salir.
¿Qué seña de sal
flotaba en el oleaje?
¿Qué misterio de algas
acuna en el fondo
su cuerpo de ahora?
El ángel del vuelo se irá
dejando atrás lo abandonado
y entonces ahí se quedará
rayo blanco
en el agua
hasta que esta eternidad
sea devorada por otra.


13

Ya se aleja la luna,
redonda cabeza de ajo
volando sobre el tapial.

Mienten quienes dicen
conocer su corazón.

Es blanca en la noche
pero azul en el recuerdo
y así pasa
titila
y agoniza.


14

Madre,
me quedo un día más.

¿Te alegras?

Un día más
bajo tu suave sombra,
entredormido.


15

Supe que te ibas
porque hablabas todo el día
con los muertos.
Porque acariciabas
un perro negro invisible
que nunca tuviste.
Porque le decías
ya vamos,
ya vamos.


16

La estrella fugaz se desprendió
como un botón del sobretodo
que a veces se pone el cielo.

La vimos caer detrás
de los edificios del centro.

Ahí donde también cayó
mi amigo,
el más triste,
desde un balcón.


17

En este pueblo
hasta el viento huye
cuando oscurece.

Así de feroz
tiene que ser la noche
para limpiar tanta codicia.


18

En este pueblo
todos los ciclos
están alterados.

Vive una mariposa más
que la raíz
del sauce blanco.

Se acuesta la luna
sin dejar sus perros
de luz en la vigilia.

Dura tu nombre en el aire
tanto
que no se irá.


19

La raíz que crece a oscuras
cuando se supone que todo está dormido.

Las cucarachas que cruzan la mesada
cuando se supone que todo está dormido.

Los ricos que se hacen más ricos
cuando se supone que todo está dormido.

El tumor que rompe sus bordes
cuando se supone que todo está dormido.

El ojo abierto de mi padre en la tristeza
cuando se supone que todo está dormido.


20

Con garras afiladas
hiciste una cueva
para hibernar en mí.

Pero ya no hubo veranos.

Y seguís
vos
ahí
gran oso blanco muerto
en mi corazón.


21

De la nada
florece un río.

Muchas almas
en las márgenes
contemplan
quizá con dudas.

Yo me lanzo,
Señor,
sonriente
en la deriva.


22

Me siento en el borde de la cama
y acomodo tu pelo.

Digo tu nombre
después el mío
y después
uno por uno
el nombre
de todas las cosas
que quieren huir.


23

La bilis negra enloqueció
al barquero que te guía.
El mapa de las estrellas
se sacudió como un perro mojado.
Vas prendida del milagro.
Siguen tus dientes anclados
en el cuero de la noche.







Poemas del libro inédito Clarividencia
Hugo Conese (Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, 1 de noviembre de 1980) se presenta en las redes sociales como “Hugo Coneus”, es Profesor de Educación Física, poeta y compositor de canciones, reside en la ciudad de La Plata
Foto: jmp