Anna Pinotti, Estrategia de supervivencia


PARA EL ORDEN DE LA ORDEN
(Selección de textos)

A Laura, mi camarada.

Puedo abortar sin desangrarme.
La escenografía es gris con el
horizonte intenso cuando la
corriente arrastra mucho más de
lo que muestra la superficie.
Freno pegada al cordón. Dejo
que pasen.

(…)

Sangro por el único lugar permitido. La
fórmula formula con exactitud la
franja condicional haciendo
contrapeso. Coincido en ese punto
erecta. Eyaculo por el pezón derecho
y descarto el ombligo. Boca abajo. Las
perspectivas son intuitivas. Escucho.

(…)

La manifestación sobre acero
inoxidable. Diez segundos para el
desarme. El conteo intravenoso la
anestesia. En una pose frontal
sostengo el nervio distendido. En
teoría. Sólo eso se ve. El contraste
define a la hora de apuntar.

(…)

No supe tirar de ese cordón a tiempo.
El nudo es la dermis ahora. De
adentro hacia afuera una terminal
concreta. Trastoco. La respiración
abajo del agua creyendo adaptarme
al medio. Y no llego a comprender el
asco que me provocan los pájaros.

(…)

Tomé las armas arremetiendo

ametrallando contra los vidrios del
supermercado chino. Se dispersaron
como hormigas y todo chorreó de las
góndolas y patinaron y el horror fue
brillante. Afuera es la mañana. Sin
sospechar lo contrario el ritmo de los
pasos se condensa en los brotes de
estación. Confirmo el asco humano en
el cuello de la camisa a cuadros. Con
esta cuchilla no se puede cortar. Las
articulaciones resisten en la bolsa de
consorcio colmadas de esperanza. A
buen entendedor un tenedor
biodegradable de bolsillo. Me
adelanto a la ficción. Lo que digo es
otra cosa. La raíz del árbol cuelga a
destiempo. El claro en la ventana no
ayuda a ordenar cromáticamente los
números primos. Dudo del comienzo.
Lo que rige es la corriente incolora
filtrándose en el lagrimal más animal
de todos. Para que respire. Repito.


(…)

Veo a las mentes pobres de mi
generación minúsculas. Aplastadas
por la velocidad. La imagen de sí
mismos en el retrovisor cada vez más
lejos. Prediseñados por novedosos
colosos de la comunicación dentro del
cuadro virtual. Una simple
transacción fuera de hora o un intento
fallido en el afán de coincidir en el
espacio. Sponsors. El nombre sin más
pretensión que la memoria indiferente
a los cambios climáticos. Hago un
guiño después de fumar.

(…)



DE MALA GANA
(Selección de textos)

A Laura, mi camarada.

Y después
Siga el cartel luminoso
El cartel luminoso que hay arriba
A la derecha del otro que está
Un poco inclinado
No
Ahí no
Ese no es el cartel que indica
Lo que busca
Retroceda
Un paso
Otro
Otro
Defina nuevamente el objetivo
Que busca
Qué busca
Le recuerdo
La época es incontablemente más veloz
En el invierno y participa directamente
Sobre los huesos
Siga
La línea amarilla y el contorno
Vacío
Cuidado
Le grité
Se puede lastimar sin modificar sin sangre
No contestó
Y no
No supe los horarios exactos
Pero los ensayos siguen
En el mismo lugar
Siga
Unos pocos pasos más
Hasta la puerta
Y abra
Empuje
Insista
Hasta que
Entre


Corra me dijo por esa medianera
Y corrí
Atento a los virtuosos
A los átomos de hidrógeno y al maíz
Bajo ningún concepto
Como es de esperar
La noche
Y no le importó o no le pareció prudente
Especuló en el último tramo la trama
Y dejé de repetir para no repetirlo me dijo
Silencio
Salga
Por ese hueco suyo y respire la diferencia
Adentro
Afuera
Casi a la par las piernas afirmaron en el suelo
La consigna asignada corroída y sin virginidad
Le dije
Estuve a punto esa vez
Lo recuerdo
Los órganos en orden
Mí ejecución fue perfecta o casi
Silencio
Silencio
Para empezar
Pare
No se distraiga no permita que lo tenso
Sea la dignidad
Entre las cuerdas
Entre


Y seguí
Con un resto de todo eso pegado a la suela
Devenido
Eso
Pegado al suelo
Que antes había significado algo
A alguien
Le dije
Pero generalmente el malentendido se reserva
El derecho a admitir los pequeños detalles
Que no voy a enumerar
Que no voy a decir
Lo que se espera mientras el pronóstico
Sea reservado.

*

Sentí un alarido que no era animal
En mi propia lengua y
Cerré la ventana
Lo irremediable del prójimo
En mi propia lengua un animal
Sentí
Un grito que no era yo
Para calmar lo que reclama
Me dijo
No hay que buscar más
Esa huella
A nadie pertenece o si
Antes
A alguien
En la misma lengua
Masticada
Por ese alarido que no
Ese prójimo que no
Era un animal.

*

Lo dije en voz alta
Lo confirmé
Pero no pero no
La probabilidad de llegar al fondo de eso
Al fondo mismo
Del invento y las cartografías por no decir
De todo el resto que resta por una parte
Contar y en consecuencia ya dije
Me dijo
No lo voy a exponer
Entero sólo un borde para completar el sentido
De eso
Qué será lo que será
De qué ser independiente
Se propaga ésta confusión que ataña
Directamente

Todos contra la pared el paredón contra
Todas
Las razones al ras del pelo
Por insistir en el tendón menos hábil
Por creer que eso era un tendón
Cayó rápidamente en la cuenta otra vez
En un conteiner medioambientalista
Encontraron sus huellas tus huellas
Y las mías me dijo
Con los ojos enteros no alcanza no se completa la mirada
Ni el responsable
Porque la risa es contagiosa
Y propicia pero la claridad del tono es por sobre todo el conductor
Y la marcha se marcha así
Y marchamos
Y manchamos el suelo aquel
Y limpiamos el suelo aquel
Y aquel cuerpo ya no es una evidencia
Después de las medidas
El resultado y la consecuencia
Es una oferta
Epocal de eso
Que no puedo decir que digo
Que es una estrategia de supervivencia
Dejar de respirar
Eso de tomar eso
Entre las manos como a un recién nacido.

*

Pero
Ese
Éste
Animal nos compromete a todos
Y no muerde
Y no ladra
Y tal vez nunca
Supongamos
El sentido
En ese aire que se cuela
Permanente
Imposible seguir hurgando
La realidad se esconde
Me dijo
Vertiginoso y en pleno desamparo
Se escuchan las campanas
Que no son campanas
Que no son campanas

*

Selección de textos: Jmp. En: “Para el orden de la orden” (2013) y “De mala gana” (2015). Ambos libros publicados por Ediciones La mariposa y la iguana.
Anna Pinotti (Montevideo, Uruguay, 1973). Reside en La Plata. Foto: Anna Thrash. 

Adrián Ferrero, Palabras para Néstor Mux



PALABRAS PARA NÉSTOR MUX

Es hora, viejo amigo,
de que vuelvas al poema como se vuelve al vino
a la sal, al pan y a la virulencia de la vida
O como se regresa a una mujer que se ha amado
cuando nos reprocha
que aún su cama hospitalaria
nos espera
las mieses te aguardan
y una multitud rabiosa
necesita escuchar tu voz amable
que nos empapa de la belleza del mundo
para que canten
las cosas primordiales
y el dolor sea una hierba
que se arranque con más prisa

Septiembre de 2016


(Poema inédito).
Adrián Ferrero (La Plata, 1970). Foto: Jmp. Casa de hornero caída de sauce.


VUELTA A CASA

     Néstor abre el portón de su cochera para que pueda sacar mi auto, antes, un par de horas antes, dice: “Entralo. Afuera está peligroso. Lo pueden robar o hacerle cualquier cosa”. Dejo el bolso y una botella de vino en la puerta de entrada. Néstor, después de mover su auto, para que el portón cierre, lo cierra. Y ahí, nos abrimos, “al charlar”. Reímos de las anécdotas que van apareciendo. Anécdotas de amigos poetas, de personajes de la ciudad, todo bendecido con una de sus especialidades (carne al horno y chorizos, papa hervida con perejil y aceite, ensalada de lechuga y cebolla. Pan. Alanis, tinto, fueron dos los del encuentro). “Hace unos días, un chico me regaló un poema”, dice. Se refiere a Adrián Ferrero y su texto “Palabras para Néstor Mux” que transcribo más arriba. Recordamos la reseña, “Cuando no es posible callar”, que Adrián escribió, en 2005, para el número 1 de la revista El espiniyo. Contamos historias. Algunas posiblemente se acerquen a atisbos de verdad. No importa. No nos burlamos de nadie, en todo caso nos divertimos y reflexionamos sobre nosotros en el mundo. Comento una novela, de un escritor platense. “Sí, la leí”, dice, “un amigo me la dio a leer, está como personaje”. Comento que se la di a leer hace algunos años. “Ah, entonces fuiste vos”. Pero no aparezco como personaje. ¿Te acordás del Anarquista Estatal? “No, no, ¿quién era?” (…).
     Néstor abre el portón de su cochera para que pueda sacar mi auto, poco más de las 14 hs. Vuelvo a casa. A las 14: 30 estoy escribiendo estas palabras.


José María Pallaoro, City Bell, 14: 30 hs., 26 de septiembre de 2016

Carlos Martín Eguía, Villa Castells y otros poemas


VILLA CASTELLS

1
La sierra serrucha la corteza dura
y el cielo puro entre dos pinos secos
se traga el reflejo
de algo que va a romperse

Braulio
el perro del vecino
mea la sierra

dos piñas ruedan
por el impulso de una brisa helada
que manda el invierno

nunca se me hizo tan evidente
la descompostura como ahora

cuando un brazo
de la raíz del pino vivo
ata las patas traseras de Braulio

parece una incongruencia en la imagen
pero se trata más bien
de una relación que puede crear el lenguaje

él me mira mientras saca el ladrido
y la raíz se comporta como el tentáculo
de un error que me descoloca

quiero creer en el pino
no desea que lo talen

aunque la ilación no recae en su interior
se desvía
pinchando un caño de agua

logrando imponer una materia fluida
a nuestra mirada frágil
enferma

Quién podría situar esto
¿un psicólogo? ¿un filósofo? ¿un profesor de letras?

en esta secuencia importa menos
sufrir una lógica tajante
que actuar

hay que esquivar la sierra
antes que potencie su locura
y nos corte la yugular

2
Jamás pensé que la contra
se iba a presentar así
con esa prepotencia:
che vos… inercia
decime cuántos fracasos más
te vas a permitir

por un tajo de luz
humedecido
Braulio me muestra los dientes
ladra
mueve la cola
consigue aliviarme el milagro
que le desata las patas

en el fondo nacen
y el líquido amniótico con trazos de sangre
es tragado por la tierra

Chaska lame la nuca de la cría

¡Braulio! ¡loco!
tuviste un montón de hijitos

una cría predestinada
que ahuyentará al enemigo

le acaricio la cabeza
mirando hacia la calle

pasa Celina y me arremolina el alma
el alma viborea en su entrepierna

algo deja de pedir lo cotidiano
cuando el presente impregna la sintaxis
pasa lo que se ve
un avión plateado
el cartero y en fumo
los pibes de la villa de divididos
en dos bandos
los que limpian parabrisas al costado del Liceo
y los que tienen que hacer
de inmediato ese camión de lácteos
estacionado frente al almacén

percibiendo mejor
en el muro se lee:
LIBERTAD A CASTELLS

3
La contra reaparece
haciéndome dudar de los poemas que escribo
siento el cuero cabelludo
como si me hubieran arrancado los pelos

estoy entre animalitos
que me miran asustados:
Braulio parado
Chaska herida
las crías esperando del amor

el ruido nazi de la sierra no deja
que ningún sentido sobreviva
la sierra milica quiere hacernos desaparecer
roguemos que la mañana
se incline hacia nosotros
y anestesie este dolor

4
Sólo un perro corajudo
puede tomar impulso y mear
por segunda vez la sierra

Braulio efectivamente lo hace

5
El caño sigue perdiendo
y los cachorritos van a beber del chorro:
Chaska los mira
ya los empolló
ya les dio
ya exprimieron sus tetas
ya afirmaron un rostro
en su mirada centelleante
ya sobreviven solos
los perros

si se quiere es el punto más dramático de la ley

6
Inercia… sería necesario
que te instalen una hélice en el pecho
para vivir
internamente hay algo que hacer
ante ese miedo vago que deja constancia
en la ausencia de peligro aparente

Chaska sueña profundo
Braulio entierra el hueso
los cachorros ya son personajes
yo trago saliva me vuelvo autista
y espero el paso de los trenes
para mirar el ruido de las máquinas
después camino hasta Tolosa
soñando con paraísos que cambian
¿cuánta felicidad puedo encontrar en los
chispazos
epifánicos de los que se prende ese jirón
de alma que todavía reverbera?
no te sabría decir
trato de juntarla en una bolsa


OBSERVACIONES

II
Debe ser algo de lo real
lo que dan esas nubes escamosas
barridas por el viento bajo el cielo
azul condensado
que la boca del subte transitoriamente enmarca.
Dato ciertamente intrincado
por la intuición afásica de que todo pasa.

VII
Libre de historia y analgésicos
el espejo devuelve
pelo lacio y rasgos duros,
nada del aparato digestivo
del dolor de la muela de juicio,
nada de esa antigua narración
que pregunta adónde,
adónde carajo conducirá todo esto.


INMEDIACIONES DE INVIERNO

Bajo una bombita de sesenta watts
la oscuridad está excluida,
ella dice que se aburre horrorosamente,
yo ni siquiera extraño el remiendo
que produce una palabra lúcida,
afuera el invierno transcurre sin interpretación.


Selección de textos JMP, de los libros: “El sacatrapos” (2001, poema “Villa Castells”), “Repertorio” (1998, poema “Observaciones” II y VII) y “Anotaciones y otros poemas” (1993, poema “Inmediaciones de invierno”).
Carlos Martín Eguía (Castelli, Provincia de Buenos Aires, 22 de agosto de 1964). Desde la adolescencia reside en el partido de La Plata. Imagen: detalle tapa “El sacatrapos”.

Gustavo Caso Rosendi, poemas de Lucía sin luz



En el camino a la pieza tres viejas
me dicen cosas que no entiendo
—o que no quiero entender—.
Ella se asoma como si todavía flotara
en una panza reseca. Sin ni siquiera luchar
por salir, porque no recuerda cómo.

Todos los días me espera, y desespera, como si
aún estuviera pataleando dentro suyo.
Ahora que la beso me doy cuenta: estoy viniendo
porque de alguna manera también
la estoy esperando.

Me da su ropa sucia para que lave, pero nunca me dará
lo que quiero que verdaderamente limpie.
Hablamos de que no fue al baño o de que fue
mucho al baño. Pero no hablamos de él, de mí
de nosotros (yo caí de pie —casi no nazco—; mi padre
murió solo y borracho). Todo esto me lo contó
antes alguien, no mi madre.

Sería muy fácil odiarla, pero tomo el camino
más difícil. Porque cuando me voy sé que está
mordiendo un tiento demasiado duro. Y que hace
fuerzas para abajo mientras yo sigo haciendo fuerzas
para arriba.



Hoy tu voz está oscura
como el goteo de una caverna.
Te paso la mano como si limpiara
un mueble viejo. Pongo una carpeta
al crochet y ahí encima, un adorno.
Para que vuelvas a estar,
a ser hermosa.



Hubo una cueva, no cariño.
Un agujero.
Y el cielo, allá en el fondo. Salir.
Sólo se trataba de salir.
Y no olvidarse de esa primera visión.
Mi madre ha sido el mundo, y todas las cosas
que ella ha desechado, me criaron.

Hubo una cueva, hacia allá voy.
Chapaleo en el guano.
Llevo una vela.

Y tengo miedo.



Nadie me ha preguntado si quiero estar aquí.
Es el sitio donde la gente hace fila para morir.
La única que parece eterna es la enfermera del cuadro.

Silencio, silencio.

Mi madre está sentada y yo detrás.
Soy un torpe fantasma que aparece en los estudios.
Algo entre la luz del tubo fluorescente
y el ojo del médico que se pone a predicar
mientras señala
como si fuera un dios.



El jacarandá que un día me diste
ya tiene más de seis metros de alto.
¿Te acordás que era una plantita
de no más de diez centímetros?
No recuerdo muy bien cuántos años
hace de ese día en que vos, sonriendo,
lo pusiste entre mis manos. Pero me
acuerdo de que esa fue tu última sonrisa.
Un día voy a llevarte a casa
para que lo veas. Quizá en noviembre,
o diciembre, cuando se pone más lindo.
Vamos a mirar hacia arriba, los dos juntos.
Yo te voy a ayudar a mirar hacia arriba.
Y vas a verlo, acunándose como un niño
en el regazo de una pollera celeste.
Porque por algo fue que me diste
aquel jacarandá aquella vez. Algo que aún
no alcanzo a comprender bien del todo.
Solamente he aprendido que la belleza,
algún día, cae. Se va. Y que la flor fecundada
en esta especie, se torna dura; muy dura.
Como una boca semiabierta, reseca;
que no sabe muy bien qué decir.
Pero un día de estos, voy a traerte, mamá,
para que veas la inmensidad de lo que hiciste,
casi sin querer.

Allá arriba, buscando el sol,
está tu árbol, ahora.



Te tiré un puñado de tierra
para no enterrarte del todo.
Manito sucia que no se despide.
La misma que tomaba tu garra
hace muy poco.
Tengo algo en la nuez que sube y baja.
Como en la plaza Belgrano, aquella vez
que había sol
y contemplábamos aquel jilguero
balanceándose en el medio de la tabla,
cantándonos el mundo.


Mirando ahora, retrospectivamente,
eras toda una niña para mí.
Subíamos y bajábamos,
mirando al cielo.
El juego se detuvo.
No sé si vos estás arriba
y yo abajo. O al revés.


Sólo escucho aquel último chirrido
que me dice que hubo una tarde
en la que alguna vez fuimos felices.



Selección de textos: Jmp. En: “Lucía sin luz”, Ediciones El Mono Armado, 2016.
Gustavo Caso Rosendi (Esquel, provincia de Chubut, 3 de agosto de 1962). Reside en la ciudad de La Plata.
Imagen: Lucía. Detalle de tapa.

Néstor Ponce, Pero esa es otra historia, poesía inédita



GIUSEPPE UNGARETTI

En la vacía inmensidad de la ausencia
caben mares selvas y tréboles de diez hojas

Se pueden rascar las costras del tiempo
y alisar los callos del perjurio

Y como si esto no alcanzara
se abren las arrugas de la piedra en el agua


SAFO DE LESBOS

Señora infinita
me someto al arrullo
de tu viento
me acurruco
lleno de voces
en el campanario
de tu brusca boca

No queda tiempo
para la ciénaga del olvido
tampoco para la aurora
de dedos rosados

Viaja el carbón
hacia el alba imprevista
la sorpresa
de los pájaros remotos

Tu huella perdura
en la ausencia de mis manos


N’DEYE COUMBA MBENGUÉ DIAKHATÉ

El hilo de oro
une al contrabandista
con el filibustero
al bandido con el criminal

Rayo de oro
que va al puerto
al huerto de tu vientre

Lágrima de oro
por siempre reúne
al contrabandista
al ruin al genocida
que fue el fruto de un amor


JUAN GELMAN

Ese poeta
llevaba un caballo fosforescente
que le cabalgaba los ojos
Desde algún rincón de la retina
se le caía la tristeza
en forma de vocales
era tan numerosa
que cobraba la forma de un tsunami
de intemperies perdidas

Las vocales se pegaban al alma
y con sus uñitas sucias
nos arrancaban las costras
y todos los silencios

Nunca vi un poeta
con tantos andamios en los hombros
cargaban botines de fútbol
un kilo de yerba
un barrilete de bandoneones

Uno se lleva la infancia
atada con un piolín al cuerpo
Los años caracolean
como jaurías perros callejeros
ladran versos de muchedumbre
esquinas con almacén
o pelotas de cuero

Nunca conversé con un poeta
tan lleno de silencios
la irreverencia
se le caía a puñados de los labios
y le servía
para arañar la luz

Un domingo lluvioso
me lo encontré
a las doce
en la puerta de mi casa
duerma usté ciudadano
sin la conciencia tranquila
por supuesto
y pórtese mal
me dijo voluntarioso
mientras los escuerzos
escarchan los deseos

Llevaba un abrigo gris
fumaba un particulares sin filtro
que ya no se fabrican:
vengo de otro lugar
confesó
arrugando la lengua

soy poeta
y se fue
rastrillando la noche
con sus pasos
llenos de versos insomnes


JUAN CARLOS ONETTI

Siempre hubo otros miedos
de pozo y leche negra
vahos de telarañas lentas
y una ciudad que arde
tal crepúsculo que quema
los recuerdos

Fueron rutas de vidrios quebrados
con ecos de pasos distantes
transpirando cuervos
y otros fragmentos de polvo

Cierta noche perdida
se dijo:
toda mi vida fui pichón
de cabeza salpicada de rocío
burlón ante las amenazas
de los oscuros del mundo


ALEJANDRA PIZARNIK

De tan triste tu reflejo
el espejo se fue solo
por el amargor del adiós

Fue el lugar de la infancia
un primer beso
las manchas mojando el hombro

Gotas secas
cayendo en la piedra
horadando
el fin de un atisbo

No quedan horizonte
ni brumas cómplices
ni abismo

No hay tiempo
el tiempo es hoy


FERNANDO PESSOA

El silencio
dice más que la palabra
su hueco cobija
el deseo del beso
el milagro de la dicha

No digas nada no
no es necesario
el silencio habla
trae el tiempo
la niebla del ayer
el desvelo de tu boca


LOUIS ARAGON

Los ojos de mi mujer son de menta y miel
don Luis
Una mañana vi cabalgar por sus niñas
una multitud de yeguas enfurecidas
Iban pidiendo piedad
los animales
enroscaban sus colas húmedas
a la furia escarlata del amanecer
Mi mujer pestañeaba indolente
y la secuencia siguiente
era un andamio de faroles fosforescentes
que caían en la bahía de Río de Janeiro
La diosa Yemanjá se ponía celosa
y no era para menos
porque los iris de menta y miel
empañaban todos los solsticios

Otra vez en un cine
me colé en sus pupilas
y anduve navegando intrépido
entre huracanes y torbellinos
y me desperté en una cresta de espuma
con la espada del capitán

Los ojos de mi mujer
don Luis
son de menta y miel
y con ellos
atravieso
todas las montañas
y descubro
lo que respira por detrás


EUGENIO MONTALE

Amanece de nuevo
lo presiento
restaña la claridad
las heridas nocturnas
en las paredes

Nada se mueve
todo es ausencia de aromas
el sendero el techo los muebles sordos

Mi cuerpo
extendido insensible de partida

¿Amanece o es el fin?


DULCE MARÍA LOYNAZ

¿Cuáles son los recuerdos
del viejo espejo desconchado?
¿Cuántas lágrimas reflejó su brillo
qué amarguras su dolor?

Pasaron por sus nervios cristalinos
las sonrisas los perfumes
las distancias y los días
los arrebatos de una noche
las agonías de las tía solteronas

¿Qué colores tendrá de mí?
¿Qué arabescos de mi talle?

Hasta que el peso de tanto tiempo
lo derrumbe
y se marche con nosotros
perdido en las estrías


ANNE HÉBERT

Nada más abismal
que la pena de un niño
en un prado

Llanto que se acuesta
en la breve tarde
mientras acecha la nevada

Lágrimas que se hielan
en la hierba dura
Lágrimas que vuelan
y se hacen rocío
para verter
la más honda
tristeza del mundo


CESARE PAVESE

¿Eran rojos, fueron azules, serán negros todavía?
A veces los olvido
me arrullo en lianas
escurridizas interminables

Busco su color, interrogo sus formas ocultas

A veces los recuerdo
pero cambian
se hacen fulminantes
se deshacen y crepitan
otras lloran y se enternecen

¿O son de menta y miel
y será la muerte
y será tu compañía?


OCTAVIO PAZ

Doradas curvas
al sur hasta la grupa
de vello azul


HENRI MICHAUX

¿A quién se le ocurrió encerrar a los Zapallos? Cuando es sabido que no toleran el roce de las bolsas de arpillera, las ecuaciones de más de diez dígitos o las canciones de cuna desafinadas? El desconcertado victimario produjo más de un accidente con tan poca calculada actitud: grupos de Zapallos ocuparon estaciones de ferry en parajes tan diversos como Colón, Santa Bárbara, Jersey o Rade de Saint-Michel; otros –no menos pertinentes- se dedicaron a organizar conciertos soplando en papel de celofán, acompañados por alas de abejas y gruñidos de toros en celo. La amenaza fue terrible y los gobernantes promovieron medidas anti-Zapallos. Ignorantes: cuando un Zapallo se larga a galopar bajo cielo abierto, nada ni nadie dejará de sonreír. De hecho, las arpilleras fueron carcomidas por el desdén y la vergüenza y hoy en día ya no es tan extraño toparse con un Zapallo leyendo en tu cama a poetas surrealistas belgas o buscando en un huerto frutos tropicales en pleno invierno. Pero esa es otra historia.



Del libro inédito “Vos es (el libro interminable)”. Selección: Jmp. 
Foto: José María Pallaoro. City Bell, entrada, 5 de abril de 2012.

Néstor Ponce nació en el año 1955, en la ciudad de La Plata, Argentina. Reside, desde 1979, en Francia, donde es catedrático de Literatura y Civilización Hispanoamericana en la Universidad Rennes 2. Es director de la revista electrónica Amerika. Autor de siete novelas: El Intérprete (1998), La bestia de las diagonales (1999), Hijos nuestros (2004), Una vaca ya pronto serás (2006), Azote (2008), Toda la ceguera del mundo (2013); El lado bestia de la vida (El asesinato de Néstor Kirchner) (2016). Dos libro de cuentos: Perdidos por ahí (2004), Funámbulos, vampiros y estadistas (2016). Tres libros de poesía: Sur (1982), Desapariencia no engaña (2010), La palabra sin límites (2014). Desapariencia no engaña fue seleccionado en 2013 por el Ministerio de Cultura para ser distribuido gratuitamente en todas las escuelas y bibliotecas públicas de Argentina (con un tiraje de diez mil ejemplares). Ha publicado varios libros de ensayo. Sus libros han sido publicados en Argentina, Colombia, Cuba, España, México, Alemania, Francia. Desapariencia no engaña ha sido traducido al inglés y será publicado en Londres. 

Norberto Silvetti Paz, Lo primero es el viento


CANTO

Lo primero es el viento,
que recoge el suspiro de tu boca,
y lo lleva —profético—
por sobre los desiertos del aire, hasta los muros
donde la eternidad es una hiedra
que pende hacia el azul, y donde el día
florece a lo alto entre la antigua nieve,
y va la vida en calma
como por su jardín que el sol envuelve
de silencioso fuego.

Y luego el canto, el frágil
señor de cuanto dice
por ti la tierra, el cielo, y el infierno,
cuando te aprieta, último, solidario
el frío anillo de la muerte
clavado en ti como la misma vida:
oculto y tenso
señor de cuanto miras, es el canto;
señor de cuanto dices es el viento
que repite tu nombre y te propaga
como un ídolo extraño
que golpea tu frente, y lanza el eco
de tu nombre al olvido.


ARTE DE AMAR

Penetro en la mujer y escucho
si la voz interior soñada
debajo de álamos y sauces
es nuestra voz, y si la imagen
que el Amor inventó coincide
con el rostro que en mí reposa,
con la respiración suspensa
y el mar cerrado de los ojos suyos,
y el ritmo de su mente.

Furtivamente bajo a ella, escucho
el asiduo rumor marino
que el choque del mar con la arena produce,
cuando náufragos despertamos
de algún interrumpido sueño:
costa independiente y lejana
—dorada costa, acógeme—
egoísta de pura entrega,
me parece de pronto, sin árboles,
sin nada maternal, rocosa.

En tinieblas mi mano
quisiera ser la tuya: el rostro
que acariciaba era de pronto el mío,
y ese caer de toda ligadura
que definí en secreto cual esencia
del puro Amor, era mi abismo,
porque en el fondo de él estaban
las sucesivas muertes,
los golpes numerosos, el pasado
en la clausura frágil de una idea
de pervivencia personal, y el lento
ritmo de un corazón
cuyo motivo era su nombre. (Oscuros
son los caminos del Amor, oscuros
y circulares.)
                       Tras el vuelo
descubres que tenías
tu propia mano aprisionada, el beso
besó tu propia boca, y el reposo
eran tus propios músculos cansados,
sus voces tu palabra y ella misma
tu nombre y tu figura, su sonrisa
cualquiera de las tuyas
cuando, al atardecer, sentado
frente a un antiguo texto o frente
al espejo que te devuelve
más viejo que quisieras,
fina, secretamente le sonríes
al rostro imaginario, imaginado
de la que más lejana que tú mismo
en tu propia soledad reposa.




En: “Naranjos de fascinante música. Poesía contemporánea de amor en La Plata”, Libros de la talita dorada, 2003. (De “El mundo extraño”, 1956). (De “Ensayos elegíacos”, 1968).
Norberto Silvetti Paz (Tucumán, 6 de junio de 1921 – La Plata, 3 de febrero de 2005). Traductor, poeta. Vivió en City Bell. Publicó en poesía: "El mundo extraño", 1956; "Las noches y la pena", 1957; "La tribulación y el Reino", 1959; "Poemas", 1961; "Ensayos elegíacos", 1968; "Cifras, signos, estaciones", 1976; "Y nadie me responde", 1982; "La noche de Odiseo", 1995.