La Dama de la Poesía: Ana Emilia Lahitte (1921-2013)


ANA EMILIA LAHITTE
LA DAMA DE LA POESÍA


Por Olga Edith Romero, poeta.

Cada lunes se cumplía el ritual: un grupo de personas subía las escaleras y entraba al salón en el que alguien, con la presencia de una maestra de ceremonias, se encontraba en la cabecera de una mesa repleta de libros de todos los tiempos, lugares y autores. Allí se olía y rozaba la poesía bajo “la mirada experta y sabia” de Ana Emilia según dijera Giannuzzi.


El Taller finalizó hace doce años, hoy tendría treinta y dos, habiéndose publicado 300 “Hojas de Sudestada” entre miembros y amigos del Taller y una veintena de cuadernillos.


En su casa surgieron autores como Castillo, Oteriño, Ballina, Preler y Mux (los llamados “Cinco poetas capitales”). Varias veces pasaron por allí Hugo Mujica, Teuco Castilla, María Rosa Lojo, Paulina Vinderman, Ivonne Bordelois, Joaquín Giannuzzi y muchos otros en visitas celebradas.


Ella contó entre sus amistades a Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Borges, Molinari y Orozco y una larga lista de celebridades. 


Viajó por el mundo y por nuestras provincias con su valija llena de libros de autores nuestros, llevando la poesía como quien se viste con ella. “La poesía es un préstamo de infinitud/ una zona de riesgo de lo salvado”


Escribió sobre María de Villarino, reunió la obra de Roberto Themis Speroni y la publicó y dio a conocer a través de los años a gran cantidad de poetas platenses.


Ella, la que escribió “El padre muere”, con una estremecedora mística, la que pintó en letras “El Hijo” con una ternura desmedida, trató los temas descarnados, apasionados e intensos que iluminaron su poesía.
Nos dejó un legado: “La poesía se vive, se goza o se padece, se gesta o se sublima, se humilla, se hiere o se consagra, tras la ardua batalla por el merecimiento esencial de la Palabra, que tanto se parece al silencio. “Lo demás es literatura””


Tiene más de 30 libros editados, premiados casi todos ellos y traducidos a varios idiomas. La ciudad la tiene entre sus “Ciudadanos Ilustres”.


Han quedado sin editar numerosas poesías escritas durante sus últimos días, que definen la tristeza y la ansiedad de quien se siente cerca de la muerte.


Habitaba una isla en la soledad de su casa, perfumada por los tilos, la que perteneciera a sus abuelos y luego a sus padres. Así la queremos recordar.


Ella, la que nos dijo: "A la poesía y la muerte hay que merecerlas", nos dejó su mensaje: "Sólo habrá de salvarnos/ al fin/ la inexistencia.// Inexistencia/ para el hombre/ no para lo existente.// Inexistencia/ para un discurso de arcángeles/ no para el silencio/ de Dios."




Ana Emilia Lahitte falleció el 10 de julio de 2013. 
Había nacido un 19 de diciembre de 1921 en La Plata.



AUTORRETRATO

Me miro en el espejo.


Una mujer avanza
desnuda,
sin heridas aparentes.
Es una hembra espléndida
en épocas de celo,
tal vez.


                  Pero ya muerta.



En carne y sombra altiva
despoja sus silencios.
En silencio,
un idioma de albatros
la sustenta.


Se yergue luego

                            intacta

con dignidad de hiedra.
Y aferrada a sus muros
de lumbre y soledades,

                               espera.



Poemas de Ana Emilia en Aromito.

José María Pallaoro, selección de Una piedra haciendo patito


UNA PIEDRA HACIENDO PATITO
(Selección)

Dudar de que sea así

 “Hablar es callar”.
Poner el cuerpo
para un destino.
Sostener los sueños,
mejorarlos.

 “Hablar es callar”.
Las fuerzas subterráneas,
la subjetividad y el mundo,
mantienen la inercia
en este interminable viaje
donde el aliento desalienta.

 “Hablar es callar”.
Percibir el cadáver
de la soledad.
La causa esencial
de nuestras ideas.
Las sin palabras
de los despojos.

 “Hablar es callar”.
Mirarnos en un espejo
impresionista.
Galvanizar la pena,
hacer cuentas
para un saldo
sin sentido.

¿O callar es hablar?
Cuando dice
“ha muerto
un muerto: la palabra”.

Pero quiero dudar
de que sea así.
Simplemente
es demasiado joven.

Para el encuentro,
para la celebración.


**

Massera

Cuando desperté
a las cuatro de la tarde
de un ocho de noviembre,
el monstruo ya no estaba.



La política es el bien

Los parques se vistieron  
de aquelarres.
La ciudad hoy
en la represión brutal
de los conflictos sociales.

Una cuestión de modelos.
El modelo de reprimir.
El modelo de dialogar.

La política es el bien
de todos los que amamos
a Chunchuna.


***

A Gabriel Báñez
(1951-2009)

La balada que cruza la calle
deja el amor, el odio,
la desdicha dicha de vivir.

Se pierde en una esquina cualquiera.

Sin amarguras ni resentimientos
cambia de barrio.

No se la escucha más.



Los muertos

Debemos embotellar
el pensamiento
y arrojarlo al agua
de la desmemoria.

Encontrar el lugar
y quedarnos.


****

La mañana común

Falsos poetas del mirar.

El pasado como ilusión
de lo que se quiso ver
en la ficción del vivir.

Notas al pie
que se descalza
y talca
la beatitud

de la mañana común.



Breve

El niño tira los dados.

Ya es un hombre
dentro de un cajón.



La rosa que oscurece

La rosa oscurece el pecho del perro
muerto. Llueve y el niño duerme
sin fantasmas de lo que vendrá.

Las moscas vomitan en la fugaz
iluminación. El reloj yace inerte.
Como la flor. Como un niño.


*****


Guerra y paz

Cuando entro a tu casa
dejo mis armas
en el pasillo,

y descalzo
subo la escalera,

para hacer la guerra,
para lograr la paz.



Gema

Miro
en tu espejo
y sólo veo
tu piel
de luna

y mi deseo.



Basuritas

"Nada de pensamientos"
dice la muchacha de falda liviana
que cierra y abre las piernas
como si fuesen ojos
molestos por una basurita.



Otros mundos, en éste

Aunque mis días de mal humor
se parezcan a mis días
de buen humor,

bajo la viva luz
de tus ligeros pechos

cambia el mundo.



Nadia

Entre lo todo y el todo
estás vos.

Estás vos.



Too old to rock 'n' roll

1.     Una noche en El Lobizón
Darno escribía en una servilleta,
a unas chiquilinas charlatanas
de la mesa de al lado,
su declaración de amor:
 “Siempre van a ser imposibles” o
“Ustedes son imposibles”.
Ninguna de las dos debe ser correcta.

Pero algo así escribió
en el papel que hizo girar
para que lo pueda leer.
Y después lo pasó
a las muchachas.
Ellas se pusieron coloradas
y, para atenuar la risita
ante el músico y poeta
maldito de Montevideo,
se taparon la boca
con la mano.

Lo peor de ser viejo
es recordar que se fue joven
y que podía amarme.
Esto fue casi en los 90
o en sus principios.

Pegué el último sorbo
al séptimo alcohol de la noche
y acompañado
por un terrible
dolor de vacío
me fui a tirar al Windsor.
No entiendo por qué
escribo esto ahora.

La historia del Darno
ya la conté antes.
Pero hace unos días
escuché que un pensador
había dicho que tres
días de amor verdadero
justifican una vida.
Mi chica no debe estar
enterada de estas
cuestiones filosóficas.
Hace tiempo la espero
por uno solo de los tres.


2.     En una novela de Fiodor Dostoievski
hallé la cita que el Darno
me regaló esa madrugada
de hombres lobos
a la otra orilla del río.
Cuando estaba vivo.
Y yo tenía la edad de Clara,
y era demasiado joven para morir
en la angustia y la dulzura
de toda circunstancia ajena al amor.



La clara verdad

Ni un temblor en sus ojos.

Frías esmeraldas, ajenas, implacables,
en una calle cualquiera de La Plata.



Platón

Tu cuerpo y mi alma.
Tu alma y mi cuerpo.

Lejos de la clara desdicha,
una significación nueva:

la soledad desnuda
la carencia de vos.

Una dimensión sin sentido,
el oscuro silencio.



Pensar no pensar

La soledad

Es pensar
no estás
o estás
como pozo
como vacío
y no pensar
más.


No pensar

No.



Una piedra haciendo patito

Anoche soñé con vos
y en el sueño
un apagón
cayó como manta
sobre la ciudad.

Tiré una piedra
haciendo patito
como si fuese
tu nombre
al agua:

Clara
Clara
Clara

y el abrigo 
se deshizo.


Esto no es un poema

Esto no es un poema.
Cae la nieve pero no
no es cierto ya que

no es esto un poema.



Soolaimon

Aún resuenan en mis oídos
tus palabras:
“cuando yo ya no esté
te vas a arrepentir”.

Pensaba en esto
y el teléfono sonaba.
Cuatro veces sonó.
Hasta que el contestador
repitió como lorito
alguna tontera que grabé
y un breve fragmento
de all you need is love.

No dejaron mensaje.

Y esto ocurría mientras miraba
algo por la tele
pensando en lo que dijiste
la otra noche.

Que la paz sea contigo.


******


Maderas y piedras

No sabemos qué hacer
con las maderas y las piedras.

Y quedamos en lugares distintos,
en cualquier lugar.

Una ensalada
en el sentido no vegetal,
en el sentido de la confusión.

No des crédito a todo
lo que te digan.

La búsqueda es no encontrar.




Libros de la talita dorada, 2013

Pablo Atanasiú, mirar una estrella o la mañana


POETA CON DEBERES

Amo mis obligaciones;
la dura rosa de vivir, la negra
espada de los días sobre el pecho
y esa premura de hacer bien las cosas
que me dejó mi padre en vez de rezos.

Amo el rigor de las horas
tan implacable como el martilleo
del reloj, de la gota o del cansancio;
la repetida voz con que me nombran
y el monótono nombre de lo quieto.

Amo las duras tareas:
el azar matemático del tiempo,
el futuro preciso hacia el que marcho
y el casillero eterno del recuerdo.

Amo mis obligaciones:
la hora justa, el proceder correcto,
la medida manera de las gentes,
la espera exacta, el controlado gesto.

…A veces me detengo
a mirar una estrella o la mañana
y ese deber también me reconforta.


Pablo Atanasiú nació en Ensenada el 14 de octubre de 1923 y murió en La Plata el 1 de junio de 2013. 
Poeta y traductor relacionado a Ediciones del Bosque y a la generación del `40, 
publicó su primer libro de poemas en 1946: “Rosal nocturno”.


Foto:

Ediciones del Bosque. La Plata, 1950. Pablo Atanasiú, Apolinario H. Sosa, Norberto V. Silvetti Paz, Horacio Ponce de León, Josefina Passadori, Julio Molina, Raúl Amaral, María Dhialma Tiberti, Roberto Themis Speroni, Aurora Venturini, Pedro Vidal Sarmiento, Alberto Ponce de León (Archivo Maria Dhialma Tiberti).

José María Pallaoro, selección de Una medida adecuada a todo




UNA MEDIDA ADECUADA A TODO
(Selección)

El muro

Todos los días y todas las noches
abro los ojos
con la esperanza de ver
el dorado rostro amanecido. 

Pero el muro sigue allí.

El muro sigue allí.



471 y 29

No solo es un par
de números puestos
al azar.

Es una esquina
con sauces y álamos.

Una simple esquina
de calles de tierra.
Únicas.
Imprescindibles.
Deseadas.

La entrada
a un mundo
que por un breve tiempo
tal vez nos pertenezca.

En el sentido sartreano.
En el mejor sentido.



La clave

Como la flor
que se abre.

Como la flor
que se cierra.

Eterno y fugaz.
La clara verdad.



Limones

Los limones caen
de la planta del edén.

Por el piso peregrina
la soledad y el destierro.



Fifty-fifty

Arrojar el sentimiento
y la razón
para que el círculo
de lo vicioso
se convierta
en nuestra mejor virtud.

Celebrar la ausencia
o la continuidad
de nosotros mismos.

Desentrañar el callado cielo
desde esta oscuridad
alumbra.



Alumbre

El lado oscuro del espejo: un fósforo
a punto de encenderse.



Basta de todo

Todo eso no la destruyó.
Todo eso la hizo mejor.

Más hermosa.
Más humana.

Invisible.



Me desgajo de vos

y crezco
con una claridad
insospechada.



El camino más fácil

Ella sopla las opacas nubes
de su corazón
                              y se resfría.



Por el motivo que sea

Clara
es tan clara
que no
necesita soles
para embellecer
los días.

Eso sí:
cuando cierra
sus ojos
todo hace agua
y lo que vale
la pena
se ahoga.



Yo no me llamaba Bob

Estábamos perdidos
en el extranjero,
en una ciudad como La Plata,
Lévico, Olula del Río o Tokio.

Yo no me llamaba Bob
ni vos Charlotte
aunque tenías
los ojos más hermosos
que he visto
en muchos años,

y la belleza frágil
de la muchacha del film
de Sofia Coppola.

Si todo esto fuese
como en la dolce vita
rebobinaría la cinta
en el momento
en que mi mano
acaricia tu pie
y después te beso
y logro
hacerte sonreír
susurrándote
algo de Roxy Music
o de Spinetta
al oído.

Pero no siempre
hay finales abiertos.

Un encuentro
en cualquier lugar del planeta.



Derrotas

El amor sigue
creciendo
y también
su pena.

Sos
la belleza
que duele.

La derrota
del no
avanzar
jamás.



Poesía pura

Después de la ducha
el vate cuelga
de la percha
la bata
húmeda, blanca,

y seco va,
aún desnudo,
hacia el escritorio

a trabajar
libre
de impurezas.



La utopía se nombra

El joven escuchó
a Antonio Gamoneda
recomendar
a tres poetas
que bajo el poncho
se las traen
o trajeron.

Diego Jesús Jiménez
(Madrid, 1942-2009),
Manuel Álvarez Ortega
(Córdoba, 1923)
y Enrique Falcón
(Valencia, 1968).

“Por la santísima trinidad
si tengo la más puta idea
de quiénes son”,

dice en tono de preocupación sincera.



Volví a usar polleras

Me pongo linda para vos.

Tomo sol en las horas correctas.
Camino una hora en las mañanas
contando las piedras blancas
de plaza San Martín.

Volví a usar polleras,
y a las lecturas de Simone de Beauvoir.

Señor de las frutas y las verduras,
respeto las cinco comidas
y cuando puedo me dejo acariciar
por la sombra del sauce.

Sos mi héroe mítico
entre tantas moscas y caracoles.

Mi gran pena aún es
que no me conozcas.



Un poema zen

Nada estalla de las manos
del solitario que escribe su poema
sin pájaros del deseo.



La muda

“Estoy bien
pasa que no tengo
palabras”,

dijo la muda
y se puso a cantar,

a cantar.



Rasguña las piedras

En la reunión de fin de año
nos creemos
Antonio Lucio Vivaldi
y al momento de dar
la mejor de nuestras notas
(paso a la primera del singular
para no herir susceptibilidades)

vomito sobre la mesa
el vino malo y los canapés,
los palmitos y la cerveza,
el vencido corazón,
la prosa de la poesía.

A las postres hago
plancha vacía de panza,
beso la frente
del estimado público,
y me voy
silbando una
que sepamos todos.



Elis

Ella mostró su manifiesto
y me regaló una canción
que habla de otros atardeceres
similares a los de siempre jamás.

Esa noche llovía Neil Young 
y después ella se hizo ella
y Caetano nos habló
de muchachos que se besan
en la calle.

No es extraño que el tiempo pase
y los libros viejos se reflejen
en meninas que comienzan
a hacer más de lo mismo.

Tal vez mejor, tal vez peor.

De la pasión estamos cantando.
De la pasión y no de otra cosa.



No puedo cantar

Bueno, volveré a casa, hace ya demasiado
tiempo que no escucho el gemir del álamo,
volveré, estuve ciego, volveré, estuve sordo;
volveré a casa, ese es mi deseo, volveré
a usar mis manos en el jardín, limpiaré
los rincones; hola John, hola George, sonará
otra vez la música de días mejores, hola
Raymond, hola Joaquín, hola Edgar, hola fantasmas
de mi corazón, volveré, volveré a ustedes. Ey,
adiós amigos, he estado demasiado tiempo
buscando lo que no existía, yendo hacia
lugares donde no me esperaban, bueno,
estaré pronto, allí estaré, allí, bailaremos
los dos en el río amarillo, como ayer
bailaremos y nos pondremos rojos
de dicha, con vos, la dicha de estar con vos,
allí, en mi lugar, y papeles y papeles y viento,
volveré lugar, volveré hogar, estuve tan mal
afuera, quiero, sí, quiero un poco más de luz,
volveré, amor, volveré, estuve perdido demasiado tiempo.



Apenas puedo ofrecerte

No me pidas
que compre
algún regalo.

Vivo imposibilitado
de entrar
a lugares extraños
que solo logran producir
acidez estomacal
y dolor de cabeza.

Apenas puedo
ofrecerte
este cúmulo
de vagas palabras
salidas del cascarón 
a lo largo de este año,

en este sitio,
en otros espacios.

En el corazón de mi hogar.


Libros de la talita dorada, 2012.